Una Asamblea anti-universitaria

De espaldas a las aulas, sólo para defender al ajuste y a las camarillas

23/06/2022

Este 24 de junio se realizará una nueva asamblea universitaria en la UBA. Los consejeros de cada facultad se juntarán pero no debatirán sobre ninguna de las problemáticas de las trece facultades de la Universidad. 

Solamente elegirán al rector, que en realidad ya fue designado a dedo de forma antidemocrática, sin la representación genuina de la inmensa mayoría de los docentes y los estudiantes, y con la nula participación de los no docentes en ese debate. 

Se sumarán en el Teatro de la Ribera una gran cantidad de frases que destaquen el “orgullo”, la defensa de rankings internacionales y otras cifras. 

Buscarán que no esté presente en la discusión la problemática de miles de docentes ad honorem y varios más que tienen un salario básico por debajo de la línea de indigencia y cuyo Convenio Colectivo no es respetado. También intentarán que se evite el debate sobre los déficits de infraestructura, la falta de calefacción en invierno, los cupos que excluyen de la cursada a miles de estudiantes, la deserción y tantos problemas que degradan día a día la tan mentada “calidad universitaria”. Buscarán embellecer los lazos con organismos multilaterales de crédito y empresas privadas, entre ellas compañías contaminantes que se meten en las currículas de nuestras cursadas. 

Esta asamblea antidemocrática tiene un objetivo claro: una puesta en escena estatutaria que sigue avalando los presupuestos de miseria año a año liquidan nuestra educación. Es un aval a que los fondos de la educación pública vayan a las arcas del FMI y el capital financiero. Esta perspectiva la comparten tanto el Rectorado (Franja Morada/ Nuevo Espacio en alianza con el PJ) como los decanos y representantes kirchneristas, que no hacen nada para defender la educación no por impericia sino porque forman parte del gobierno ajustador. 

Desde la UJS, como representantes estudiantiles de Farmacia y Bioquímica, Veterinaria y Filosofía y Letras, rechazaremos esta asamblea anti-universitaria e iremos con la agenda de  defensa de la educación pública. Para luchar por el salario docente, por las becas para quienes no puedan estudiar, para que haya calefacción para cursar en invierno, para que nadie se quede afuera de la cursada, para el aumento del presupuesto nacional, contra los convenios con empresas contaminantes.

Es el camino para defender la UBA. En eso estamos. 

Por una salida de los trabajadores a la crisis. Construyamos un movimiento popular con banderas socialistas

Abajo el pacto con el FMI. Por un paro nacional y plan de lucha.

20/06/2022

El XXVIII Congreso del Partido Obrero sesionó el 17, 18 y 19, de junio con la presencia de cientos de delegados y delegadas de todo el país. El Congreso debatió en el marco de grandes movilizaciones del movimiento piquetero contra el hambre, de las huelgas por el salario en las fábricas del neumático y en diferentes gremios del país. Y de una ofensiva de todo el arco político patronal contra estas luchas que desafían el ajuste y particularmente contra el Partido Obrero. 

El Congreso debatió las perspectivas abiertas por la guerra, el fracaso del gobierno de Fernández y la enorme crisis nacional en desarrollo, y resolvió una campaña por una salida de los trabajadores y por un nuevo movimiento popular con banderas socialistas, que está planteado por el agotamiento del peronismo, embarcado en un plan de ajuste y un pacto con el FMI. Los delegados y delegadas resolvieron redoblar, por último, la campaña por un paro nacional y un plan de lucha para que la clase obrera intervenga en la situación con todos sus reclamos, desarrollando la unidad entre ocupados y desocupados y reforzando todas las luchas en curso. 

A pocos meses del pacto con el FMI, la prometida estabilidad no existe. Al contrario, el cuadro económico y social es explosivo. La inflación es la más alta en 30 años y apunta al 80% anual. Los grupos económicos remarcan como quieren y el Estado festeja las recaudaciones. Un festival a costa del bolsillo popular para los que se la llevan en pala y para pagarle a los usureros internacionales y al FMI.

Pero nada alcanza para superar la quiebra del Estado nacional y estamos al borde de un “reperfilamiento” de deuda como el de Macri, cuyas consecuencias conocimos.

Aunque le concedieron todo al capital financiero con el famoso canje de deuda en dólares de Guzmán, el riesgo país argentino vuela y no tenemos crédito internacional.

Hay una huelga de inversiones cuya contrapartida es la fuga de capitales. Se llevaron en las últimas décadas 400 mil millones de dólares del país y lo siguen haciendo en las narices del gobierno “nacional y popular”.

Por eso el riesgo de devaluación del segundo semestre se adelantó llevando la brecha cambiaria para arriba. Paradójicamente, esto ocurre cuando vuelan los precios internacionales de los alimentos que exporta Argentina. Y como la exportación es un negocio fabuloso de veinte cerealeras, acá pagamos el pan al precio de la guerra en Ucrania, que no tiene nada que ver con el costo de su elaboración.

La promesa de Alberto Fernández de aumentar a los jubilados con la plata de las Leliqs terminó en un bochorno. Le reventaron la movilidad a los jubilados y esas letras del Banco Central ascienden a 5 billones de pesos. Los bancos ganan fortunas que pagamos con inflación.

Para la tribuna, La Cámpora, el Evita y la CGT hablan contra los formadores de precios a los cuales jamás le abrieron un libro para ver las cuentas. Pero el Estado es un gran formador de precios con las tarifas, las tasas de interés, los combustibles, el precio del dólar, los impuestos al consumo.

Le entregaron Vaca Muerta a los Techint y compañía, y no tenemos gas. Entregan el litio y Jujuy, Catamarca y Salta se mueren de hambre.

El descontento popular es enorme y el gobierno se hunde en divisiones internas que solo tienen por objetivo salvar la ropa de unos u otros. Pero todos son responsables.

Y no nos referimos solamente al gobierno peronista. La oposición de Juntos por el Cambio también es responsable de esta crisis y saqueo al pueblo trabajador. Votaron en masa el pacto del gobierno con el FMI.

Es falso que no hay políticas de Estado, están a la vista: sostener el endeudamiento usurario, bancar la fuga de capitales, ajustar mediante la inflación, licuar los ingresos de la población mediante devaluaciones, mantener el régimen de saqueo de los recursos estratégicos con las privatizaciones, degradar sistemáticamente el sistema previsional, flexibilizar las condiciones laborales, reducir los costos desvalorizando el salario y atacando las conquistas sociales. Y la lista podría seguir.

La crisis es culpa del conjunto de los partidos que nos vienen gobernando y de la clase social que es su responsable, los capitalistas. Tienen el Estado a su servicio, es un Estado del capital, para sus negocios y para los chanchullos políticos de los que participan de esos negocios.

Planteamos frenar este saqueo. Terminar con el pago de la deuda usuraria y fraudulenta a la banca internacional y el Fondo Monetario, y destinar esos recursos a las necesidades populares. Establecer una banca pública única bajo control de las y los trabajadores. Nacionalizar el comercio exterior, para destinar el ahorro nacional a la industrialización y el desarrollo nacional.

Los de arriba -los peronistas, pero también la oposición macrista- están divididos. La desorganización económica es gigantesca: necesitamos una intervención histórica de las masas trabajadoras.

Hay ya un proceso en marcha en esta dirección: el movimiento piquetero independiente irrumpe con centenares de miles de trabajadoras y trabajadores desocupados y precarizados en todo el país. Pero también las huelgas como las del Neumático en el movimiento obrero industrial, los docentes autoconvocados de distintas provincias o la docencia universitaria, entre otros conflictos fabriles y provinciales, empiezan a mostrar de manera activa el descontento popular.

Fede Imas – Ojo Obrero Fotografía

Luchamos por un paro activo nacional, por un salario igual a la canasta familiar actualizado por inflación mes a mes, por el 82% móvil para las jubilaciones, por un plan masivo de viviendas e infraestructura para generar un millón de puestos de trabajo. Por la apertura universal de los programas sociales y por la duplicación de emergencia del salario mínimo vital y móvil.

Enfrentamos la persecución a las luchas obreras y populares. Vamos por la absolución de Cesar Arakaki y Daniel Ruiz, el desprocesamiento de todos los luchadores; en defensa de la libertad de organización, de huelga y de movilización.

“Fin de ciclo populista” o fracaso de la burguesía y sus partidos

Los empresarios se reúnen frenéticamente porque se dan cuenta que pueden estallar las contradicciones económicas y sociales. Siempre con la presencia del ministro Guzmán, a quien sostienen por ahora por ser el garante del pacto con el FMI.

Después de las caídas de Feletti y de Kulfas, crece un debate en esas reuniones: el gobierno está debilitado, esto no va más, se impone un giro. Y, aunque parezca sorprendente, el latiguillo que la clase capitalista introduce bajo distintas formas es el del “fin del ciclo populista”.

Es sorprendente porque gobiernos neoliberales o autopercibidos como antineoliberales mantuvieron por décadas los hilos conductores de los ’90 que nos llevaron a la decadencia actual. Estamos en el 40% de pobreza. ¿Qué nos están diciendo entonces?

Vienen por nuevas “reformas estructurales”, como las llama el FMI.

-Nuevos ataques al sistema previsional, contra los más de 50 regímenes especiales, elevación de la edad jubilatoria, ataques a la movilidad como ya hizo Macri primero y Alberto Fernández después, rebaja de aportes patronales que desfinancien aún más el Anses, bloqueo de las demandas judiciales ante la confiscación y, por supuesto, nuevos manotazos al Fondo de Garantía y Sustentabilidad de la Anses.

-Nueva y mayor reforma laboral. Tal vez este es hoy el tema top en la agenda de los ataques a la clase obrera. La excusa es que las Pyme e incluso grandes empresas no toman trabajadores por el elevado costo laboral y por la “industria del juicio”. El ataque brutal desde todos lados –Clarín, Grupo América de Massa, C5N de Cristóbal López, Larroque, Máximo Kirchner- a los planes sociales tiene el objetivo de fondo de eliminar toda competencia a los salarios de hambre y a las condiciones del trabajo en negro o mediante el sistema fraudulento del monotributo.

El ataque a los convenios colectivos y las indemnizaciones es un punto central de esta agenda. Lo plantean para los nuevos trabajadores, que son la mayoría. Porque si contamos los que están en negro, los precarizados contratados y los monotributistas, más los desocupados, claramente es una mayoría. Para los que todavía tienen convenio, obras social y derechos jubilatorios, les reservan los planes de retiro voluntario, jubilación adelantada o el simple despido.

Vienen también por la salud y la educación pública, en especial la universidad pública. Aunque el único que lo diga sea Milei, que cumple el papel de decir lo que los otros harían pero no se animan a decirlo en esos términos. Vienen por tarifazos masivos, siempre asegurando los negocios de Pampa Energía y las demás.

La dolarización que se discute significaría un ajuste sin precedentes. Implicaría una megadevaluación, una hiperinflación, y utilizar los depósitos en dólares para llevarla adelante. Más que corralito, un corralón de aquellos.

La agenda del saqueo ambiental y la primarización incluye al litio, a la megaminería que desató rebeliones en Mendoza y Chubut, y a la explotación petrolera de ultramar resistida en la costa. Es una cuestión clave en la disputa con China, en la pelea geopolítica del imperialismo en América Latina.

Desde luego, semejante agenda y “reformas estructurales” requiere profundizar el régimen represivo que hoy ya tienen con los Berni, con los Bullrich, con los Aníbal Fernández.

En conclusión, lo que llaman el “fin de ciclo populista” son las décadas de gobiernos de ellos mismos, para los mismos intereses de los grupos económicos que saquearon y saquean el país. El fracaso de una clase social y sus partidos, la clase capitalista.

La defensa de las conquistas obreras amenazadas por esta agenda nunca puede quedar en manos del peronismo que viene siendo un agente del ajuste y de la entrega nacional. Menos aún de la burocracia sindical. Es preciso oponerle a este programa un salida obrera a la crisis, y una perspectiva de lucha consecuente.

Un régimen en descomposición

Este régimen político de saqueo del país y de sus trabajadores está en descomposición. La bronca popular contra los partidos que gobernaron las últimas décadas no deja de crecer. Con total razón la población los identifica como responsables de sus padecimientos. Por eso en las últimas elecciones esos partidos perdieron millones de votos, especialmente el Frente de Todos que está a cargo del gobierno.

El peronismo, que siempre presumió ser la fuerza que representaba a los trabajadores, es quien hoy aplica de modo directo el acuerdo con el FMI. Es el mismo peronismo que ya gobernó con Menem y antes, incluso, formó la Triple A para exterminar físicamente a la vanguardia obrera y popular de los ’70.

Solo la izquierda se planta contra el saqueo de la deuda externa, contra el Fondo Monetario, contra la entrega de los recursos naturales incluyendo la megaminería.

El kirchnerismo, que ahora critica el acuerdo con el FMI, fue quien llevó a Alberto Fernández a la presidencia. En el 2019 Cristina Fernández de Kirchner justificó su elección argumentando que tenía mejor llegada que ella a los grupos de poder. ¡Es decir que lo eligió para hacer lo que está haciendo! El kirchnerismo promete un Frente de Todos sin Alberto Fernández, una nueva capitulación ante la liga de los gobernadores e intendentes del peronismo que apoyó el acuerdo con el FMI y el ajuste en marcha.

La derecha macrista también se divide. Los choques internos tienen que ver con el balance del fracaso del gobierno de Mauricio Macri. Existe un ala que cuestiona el llamado “gradualismo” y plantea que de llegar al poder deberán ejecutar un programa de ofensiva contra los trabajadores desde el primer día. Macri y Bullrich “chocan” con Larreta y la UCR que se declaran partidarios de un acuerdo más de fondo con el peronismo para poder aplicar ese ataque a los trabajadores.

Milei y los llamados libertarios aprovechan este cuadro de divisiones y descrédito de los partidos y coaliciones principales. Encarnan planteos fascistas contra los trabajadores y sectores populares. Quieren eliminar toda protección laboral, la educación y la salud pública, e incluso son partidarios de eliminar la moneda nacional para transformarnos en colonia directa de los EE.UU. Milei es la reacción contra las mujeres, la diversidad y los sectores más empobrecidos. Llegó al extremo de defender la venta de los órganos, que llevaría a que los sectores más acomodados puedan quedarse con parte del cuerpo de los pobres.

El llamado de Milei a formar un movimiento antipiquetero muestra que su verdadero enemigo no es la casta política sino los trabajadores que se organizan y luchan. Su reciente acuerdo en Tucumán con Ricardo Bussi (el hijo del genocida) y su diputada acompañante Victoria Villarruel (defensora de militares con causas de lesa humanidad) lo demuestran. La temprana división de su entorno también demuestra que se trata de un grupo de aventureros. Su función real por ahora es imponer una agenda antiobrera y proimperialista a ultranza.

La búsqueda de contener la bronca obrera lleva a la integración de todas las alas de la burocracia sindical al gobierno, pero tiene un costo enorme para ellos. Los burócratas sindicales se desprestigian aún más al integrarse al gobierno del FMI y su ajuste. Esto vale particularmente para el moyanismo y para la centroizquierda que posaron en distintas etapas como combativos. Tenemos que luchar contra esta burocracia sindical que nos entrega, y por una nueva dirección en el movimiento obrero.

Fede Imas Ojo Obrero

Por un movimiento popular con banderas socialistas para derrotar el saqueo

La Argentina de los Macri, Larreta, Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner es la del 60% de las pibas y pibes pobres, los salarios de miseria, la falta de vivienda y la crisis de la salud y la educación. Son los que han gobernado para los grandes empresarios que se llenaron los bolsillos mientras el pueblo retrocede en su nivel de vida.

Son los gobiernos de la violencia de género que crece al amparo del Estado, mientras profundizan la precarización laboral más extrema de las mujeres trabajadoras y de la comunidad LGTBI+. De quienes gobiernan con las iglesias promoviendo el oscurantismo contra mujeres y diversidades y con la policía que hostiga y persigue a la comunidad LGTBI+ y desapareció a Tehuel De La Torre.

Del narcotráfico que copa los barrios con complicidad policial mientras la represión se descarga sobre la juventud. De la destrucción del ambiente para alimentar las ganancias empresariales.

No es el fracaso de la Argentina sino de la Argentina capitalista. Un país que produce alimentos pero millones de personas tienen hambre, un país extenso pero donde millones de familias no tienen vivienda, un país con necesidades de infraestructura y producción pero donde millones de personas están desocupadas o subocupadas.

La guerra imperialista que azota a Europa agrava esta situación con un aumento de los precios de los alimentos o de la energía. Los choques internacionales entre las principales potencias refuerzan la presión en América Latina para que los países se ubiquen en uno u otro campo. La reciente Cumbre de las Américas formó parte de la ofensiva yanqui para alinear América Latina detrás del imperialismo en la guerra que promueve en Europa y en sus amenazas contra China. Las críticas presidenciales ante Biden fueron la coartada para hacer pasar este apoyo del gobierno a la Otan.

Desde el Partido Obrero queremos compartir con los trabajadores una conclusión de fondo: la crisis de la Argentina es la de un régimen social de saqueo y explotación en decadencia que solo puede traer más crisis, retrocesos sociales y guerras.

Las fuerzas políticas que nos gobernaron las últimas décadas, incluida la burocracia sindical, son responsables directos de la crisis que vive el país. Nada podemos esperar de ellos.

Todas las variantes de los partidos capitalistas tienen fuertes lazos con la Iglesia. Se vio en la lucha de la ola verde por el aborto legal. Se ve en los lazos de la burocracia sindical. Por eso dan la espalda a toda la lucha por los derechos de la mujer de los cuales el clero reaccionario es enemigo.

Por esta razón en el Partido Obrero planteamos que tenemos que construir un nuevo movimiento popular con banderas distintas a las del pasado. El peronismo terminó aplicando el ajuste con el FMI porque su estrategia es la defensa del capitalismo decadente. Aprendiendo de la experiencia, el nuevo movimiento popular que debemos crear debe ser independiente del Estado y de los gobiernos, basado en un programa anticapitalista y socialista.

Bien visto, la creación de este movimiento ya está en marcha. Lo vemos en la lucha incansable del movimiento piquetero por pan, techo y trabajo, que adquiere cada día mayor masividad en todo el territorio nacional y se eleva como un organizador de nuestro pueblo. El movimiento piquetero le disputa a los punteros del peronismo las barriadas más pobres, pero lo hace con una política y un método opuestos. Allí donde el puntero quiere la sumisión al poder, el movimiento piquetero organiza para que sean protagonistas los propios trabajadores y vecinos. El movimiento piquetero defiende el debate y la organización democrática de la población, porque solo así los trabajadores pueden ser protagonistas de su propio destino.

Las posibilidades de un movimiento guiado por la independencia política de los trabajadores se expresan en la gran campaña por el paro nacional y el plan de lucha que pusieron en la calle y en la agenda política el Polo Obrero y nuestro partido, acompañados por la Unidad Piquetera y el Plenario del Sindicalismo Combativo.

También lo podemos ver en marcha en el movimiento sindical, con el surgimiento de luchadores clasistas que han conquistado sindicatos, como es el caso de los compañeros del neumático con el Sutna, que están a la cabeza de una gran lucha salarial, o como sucede también con los docentes de AGD-UBA, Ademys, Aten Neuquén, los Sutebas Combativos, la Unión Ferroviaria Oeste o en seccionales y fábricas. La lucha obrera desafía a la burocracia sindical integrada al Estado y plantea una reorganización integral del movimiento obrero sobre nuevas bases políticas.

También está en marcha en diferentes movimientos populares que luchan consecuentemente en el movimiento de la mujer, de la juventud, del ambiente y de la cultura.

La creación de un movimiento popular con banderas socialistas necesita de la unidad de trabajadores ocupados y desocupados, y de la participación activa de todos los sectores populares que luchen contra el saqueo capitalista en curso.

Llamamos al Frente de Izquierda-Unidad, que integramos desde su creación en el año 2011, a sumarse a esta tarea, impulsando la lucha del movimiento piquetero, la acción del sindicalismo combativo y de clase, las iniciativas de lucha independiente de las mujeres, la juventud y todos los sectores populares.

Con esos objetivos, organicemos asambleas para debatir esta perspectiva y tomar las iniciativas que extiendan de manera masiva la influencia del movimiento político obrero y socialista.

La participación electoral e incluso en los parlamentos debe estar subordinada al impulso de la movilización popular y a la construcción de una salida política de los trabajadores. La historia enseña que todas las grandes gestas se dieron en las calles y en abierto desafío a las instituciones del régimen que se enfrentaba.

Esta vez no será la excepción.

PARTIDO OBRERO

19/6/2022

Informe Internacional para el XXVIII Congreso del PO

01/06/2022

En el Informe Internacional elaborado por el Comité Nacional del Partido Obrero para su 27° Congreso Nacional (EDM N° 54, marzo 2020) su título central planteaba: “De la crisis mundial a las guerras y rebeliones”.

La guerra entre Rusia y Ucrania que hoy domina el escenario mundial concentra las contradicciones explosivas que se vienen acumulando y que se abren paso cada vez en forma más cruenta y convulsiva. Si bien ya en las últimas décadas hemos atravesado por conflictos bélicos, la guerra en curso no es una simple repetición de las anteriores como Iraq, Yemen Libia o Mali. En estos casos asistimos a guerras que han tenido lugar en la periferia del planeta y alguno de cuyos actores principales son potencias o países de segundo orden. Podemos hablar, en muchos casos, de guerras de procuración, en la que las grandes potencias operaban y hacían valer sus intereses a partir de terceros países. El teatro de operaciones esta vez, en cambio, es la propia Europa, uno de los corazones del capitalismo; y los contendientes centrales son en forma directa Rusia y la Otan. Zelenski actúa como un peón y correa de transmisión de la Otan. De modo tal que estamos ante un salto cualitativo en la situación internacional. De una sucesión de guerras regionales, locales que, por supuesto, tenían un alcance internacional, hemos pasado a un enfrentamiento directo, aunque por ahora solo en territorio. Pero el carácter del enfrentamiento abre las puertas a una tercera conflagración mundial.

Esta nueva guerra es inseparable del desarrollo de la bancarrota capitalista. Recordemos que las dos anteriores guerras mundiales estuvieron precedidas por depresiones mundiales acompañadas por grandes tensiones y conflictos económicos y políticos de alcance internacional, que terminaron dirimiéndose con el uso de la fuerza. En la actualidad, la bancarrota capitalista está tomando la forma de un escenario de recesión con inflación. La economía mundial carga con las consecuencias de la crisis financiera de 2008 que no ha logrado revertir que empalmó el estallido de la pandemia que está lejos de haberse cerrado. El freno de la actividad económica se combina ahora con una explosión inflacionaria, que se ha acelerado a una velocidad sorprendente a partir del estallido de la guerra y que está provocando una catástrofe alimentaria a escala planetaria.

La crisis capitalista mundial que enfrentamos es una expresión del agotamiento y decadencia histórica del capital. Estados Unidos, en su condición de primera potencia, concentra en su interior, como ninguna otra, estas tendencias y se constata en su declive económico y su retroceso en su papel hegemónico. La guerra actual se inscribe en la tentativa del capital internacional y en particular de EE.UU. por superar este impasse. La vía para ello es avanzar en la colonización de Rusia y China bajo su tutela y control y usufructuar, para su provecho, el proceso de restauración capitalista. El conflicto bélico pone de manifiesto que el impasse histórico del capital no tiene vía de salida por medios económicos y políticos tradicionales. La integración de las execonomías estatizadas a la economía capitalista no puede ser completada por medios pacíficos.

Al mismo tiempo, la guerra es una tentativa por parte de Washington por recuperar su liderazgo en retroceso en Occidente. Pero más allá del entusiasmo que se vive en la Casa Blanca frente a lo que se consigna como una resurrección de la Otan y la hegemonía norteamericana, la situación está lejos de un retorno al status quo anterior. La guerra actual no anula las profundas rivalidades interimperialistas. La bancarrota capitalista ha puesto en crisis la globalización del capital y ha producido un repliegue nacional, entendido como instrumento de guerras comerciales, fiscales, financieras y monetarias. La crisis capitalista le ha recordado a los países imperialistas que su primera obligación es rescatar de la quiebra a los capitales de sus propios países. Esto se manifiesta en una quiebra de las relaciones internacionales de conjunto. De modo tal, que el alineamiento actual de Occidente con Washington de ningún modo clausura las tensiones y enfrentamientos que están llamados a profundizarse. Por un lado, la Casa Blanca no se priva de meter una cuña mayor en Europa y avanzar en su penetración económica en detrimento y a expensas de las potencias del viejo continente, lo cual provoca recelos y choques con la burguesía de dichas naciones. Por otro lado, la colonización del ex espacio soviético y, más allá de ello, de China, es un terreno de disputas por quién lidera y saca más provecho de la transición de esas economías hacia la restauración completa del capitalismo. La escalada bélica actúa como un factor de presión para debilitar las trabas reinantes a una colonización del espacio de los ex Estados obreros y crear las condiciones para una alteración de un su régimen político o un desmembramiento, como ocurrió con Yugoslavia, y representa un escalón superior en que se desarrollan y se dirimen las disputas interimperialistas.

Las burocracias dirigentes china y rusa alientan y promueven la restauración capitalista, pero pretenden ser el vehículo principal de ella y no que sea implementado en forma unilateral y en detrimento suyo por el imperialismo. La reacción del Kremlin contra la escalada imperialista y el cerco militar tendido en sus fronteras apunta a defender su lugar en este proceso. Putin concibe al este ucraniano como una pieza de ajedrez geopolítica y prenda de negociación con Occidente, no como parte de un combate de los pueblos del mundo contra el imperialismo. Están a la vista las atrocidades que viene llevando adelante el ejército ruso, que tiene como antecedentes otros ataques despiadados, como la carnicería contra el pueblo checheno o, más recientemente, su intervención contra la rebelión en Kazajistán. La invasión militar pretende someter a Ucrania en función de los intereses y apetitos de su propia camarilla y la nueva burguesía oligárquica restauracionista rusa, en su pulseada con Occidente.

El escenario actual, más aún si se prolonga la guerra, abre el peligro de un dislocamiento de la economía mundial y eso incluye el sistema financiero internacional. La guerra de Ucrania que abre las puertas de una confrontación bélica mundial es un síntoma inconfundible de putrefacción del régimen social capitalista. Ninguno de los actores plantea llegar al extremo de un enfrentamiento bélico mundial en forma inmediata, pero la lógica de la escalada a la que estamos asistiendo nos conduce en esa dirección. La catástrofe ya la tenemos ante nuestros ojos. En lugar de la expansión de las fuerzas productivas, que ha sido históricamente el motor del progreso de la humanidad a lo largo de su existencia, se abre paso, en una dimensión sin precedentes, un crecimiento de fuerzas destructivas y el peligro de la destrucción del planeta y la extinción de la humanidad. El catastrofismo del que viene siendo históricamente acusado y estigmatizado el Partido Obrero se revela como la única visión realista del presente.

Por lo pronto, ya tenemos en desarrollo una nueva catástrofe humanitaria. Por los millones de evacuados, por las miles de víctimas y heridos que se registran en Ucrania, pero también por la nuevas penurias que están sufriendo los pueblos del mundo entero a partir de los estragos que está provocando esta carestía imparable. En particular, la suba de alimentos ha potenciado con una velocidad increíble el hambre en el mundo, que azota a los países emergentes de África, Asia y América Latina. El FMI en un reciente informe alerta sobre la perspectiva y el peligro de estallidos sociales. Es necesario tener presente que, así como la crisis capitalista genera las guerras, simultáneamente, es el caldo de cultivo y el laboratorio de la rebelión de los pueblos y la revolución social.

La irrupción de la guerra en esta escala no anula sino que brinda un nuevo escenario a los alineamientos y crisis de las formaciones políticas que gobiernan desde la Segunda Guerra, en general en completa disgregación. De esa disgregación han surgido fuerzas por derecha y por izquierda. Por un lado, los Le Penn, los Trump, los Bolsonaro, los Salvini, los Vox, los Orban, como aquí los Milei. Se trata de una tendencia a la polarización política que expresa en el plano político la tendencia al choque violento entre las clases, en este caso bajo la forma de experiencias autoritarias que den paso a Estados represivos reforzados –y a su turno a grupos paraestatales- para descargar la crisis sobre las masas. Por el otro, la emergencia de nuevas corrientes colocadas en la centroizquierda y/o en el nacionalismo burgués (Perú, Chile), que se abren paso como dique de contención o preventivos de rebeliones populares. El caso francés es hoy mismo un laboratorio para los revolucionarios, puesto que vuelven las tendencias al frente de colaboración de clases en función de la “lucha antifascista”, como ha sido el voto de los Insumisos (Mélenchon) a Macron y ahora la alianza de ellos con el viejo PS y el PC francés y los verdes, fuerzas probadas en la administración del Estado imperialista galo. Otro tanto se plantea en el debate para enfrentar a Bolsonaro en Brasil.

Este escenario replantea la discusión sobre la estrategia, el programa y los métodos para enfrentar esta catástrofe y dar paso a una salida superadora y favorable desde el lado de los explotados. Esto aumenta los desafíos de la izquierda que se reclama revolucionaria, que debe actuar en un marco de una aguda crisis de dirección de los trabajadores. Mientras la bancarrota capitalista tiende a agravarse, la línea dominante en la izquierda y en las direcciones obreras es acentuar sus compromisos y sometimiento al orden social vigente. Esto ha vuelto a ponerse de relieve con motivo del presente conflicto, en que el llamado progresismo mundial ha terminado alineado de un modo general en el campo de la Otan. La condena de la invasión militar rusa, sin embargo, no puede hacer perder de vista ni encubrir el rol estratégico de las grandes potencias occidentales en su calidad de instigadores y responsables primordiales de este conflicto. Una franja minoritaria del arco de la izquierda, a su turno, ha salido a apoyar al régimen ruso contra las planes expansionistas y guerreristas de la Otan. Pero ni la Otan es la abanderada de la democracia, la libertad y menos aún la causa nacional; ni Putin es un exponente de la causa antiimperialista. Ambos bandos apuntan a un desguace y sometimiento de Ucrania en función de sus propias apetencias, desconociendo y pisoteando el derecho a la autodeterminación del pueblo ucraniano que es utilizado como carne de cañón del conflicto. Zelensky está utilizando el repudio que provoca en Ucrania la invasión rusa y su política de exterminio para reforzar un alineamiento con EE.UU. y la Unión Europa. Estamos frente a una manipulación política del sentimiento de defensa nacional que anida en el pueblo ucraniano, en un sentido proimperialista.

La llamada izquierda radical, incluida la que se reivindica trotskista, ha terminado acompañando esta onda mayoritaria del progresismo alineada con el campo occidental. La guerra de Ucrania ha puesto a prueba, como no podría ser de otra forma, la consistencia de la izquierda que se reclama revolucionaria que ha terminado sucumbiendo frente a la presión democratizante del imperialismo. Esto no debe sorprender si tenemos presente que la balanza en su militancia cotidiana está inclinada a favor del democratismo y lo que predomina es el electoralismo y parlamentarismo y no una perspectiva revolucionaria.

La guerra ha puesto de manifiesto nuevamente una divisoria de aguas en la izquierda y pone a la orden del día, la discusión sobre la estrategia que debería presidir su accionar. Si va a quedar confinada a actuar meramente como un grupo de presión y de búsqueda de un progreso a la sombra del Estado capitalista o si se erige en un canal para que entre la clase obrera en escena, irrumpa en la crisis y se transforme en alternativa de poder. Se tratan de dos perspectivas enfrentadas que a su vez ponen sobre el tapete otra cuestión clave. La política de adaptación al orden social vigente ha llevado a alentar partidos amplios y alianzas políticas con fronteras de clases difusas. Esto deber ser superado y abrir paso a la construcción de partidos revolucionarios, de combate, militantes, que agrupe a la vanguardia de los trabajadores en torno a la lucha por gobiernos de trabajadores y el socialismo y que en su accionar, vaya entrenando y formando los cuadros capaces de liderar esta tarea, que se inscribe en la lucha estratégica dirigida a la reconstrucción de una internacional revolucionaria, la IV Internacional.

Esta cuestión se pone al rojo vivo en América Latina si consideramos que el proceso de rebeliones populares ha dado paso, sin embargo, a gobiernos de colaboración de clases que a poco de andar se revelan como recursos últimos del sistema y enfrentan a los propios trabajadores y juventudes que les abrieron paso en las calles de Chile, Perú o Bolivia.

Escalada imperialista

Esta guerra ha sido preparada y alimentada, largamente, por el imperialismo yanqui. Desde el golpe reaccionario que desencadenó el proceso de la caída del gobierno de Yanukovich en 2014y más tarde de Poroshenko, instaurando a un gobierno títere del FMI y la UE. Ya de la mano de Poroshenko el imperialismo avanzó en una colonización económica y financiera de Ucrania bajo la bandera de la lucha contra la corrupción de la burguesía “oligárquica” surgida de la vieja burocracia, que se constituyó en receptora de las privatizaciones salvajes que llevó adelante el régimen restauracionista en beneficio del capital extranjero y sectores oligárquicos asociados. Los sucesivos acuerdos de Ucrania con el FMI, que lo ubicaron como el tercer país del planeta más endeudado con el organismo, tuvieron como contrapartida los despidos de decenas de miles de empleados públicos, el aumento de los impuestos al consumo, tarifazos en los combustibles y la devaluación de la moneda ucraniana, entre otras cosas. Para destrabar el último envío de fondos, provenientes de un nuevo acuerdo stand by con el Fondo, el gobierno ucraniano, con Zelenski a la cabeza, debió comprometerse a reducir el déficit fiscal en el Presupuesto 2022 y a privatizar los bancos PrivatBank y Oschadbank. Estas políticas terminaron por transformar a Ucrania en el país más pobre de toda Europa.

Junto a la colonización económica y la devastación social, el imperialismo y los gobiernos de Ucrania llevaron adelante una política guerrerista y fascistoide. El golpe contra Yanukovich contó con la organización y movilización de milicias paramilitares, llamadas de autodefensa, reaccionarias. Esas mismas organizaciones paramilitares son las principales promotoras de la integración de Ucrania a la Otan. Kiev violó sistemáticamente los acuerdos de Minsk de 2014 y 2015, que le otorgaban una relativa autonomía a las regiones de Donetsk y Lugansk. Por el contrario, Poroshenko primero y Zelenski después desarrollaron en forma ininterrumpida un asedio a la población del este ucraniano, a través del ejército y fuerzas paramilitares neonazis, como el Batallón Azov que recibió instrucciones militares de países miembros de la Otan. A su vez, el gobierno central avanzó en una “ucranización cultural” eliminando las lenguas no ucranianas -especialmente la rusa, que es utilizada por un 30% de la población, pero también la húngara y rumana- como lenguas oficiales. Entre 2014 y 2021, la política represiva y guerrerista del gobierno ucraniano, especialmente contra la población de las regiones separatistas, se cargó la vida de 15 mil personas. El gobierno de Zelensky ha ilegalizado y proscripto ahora a una docena de partidos opositores y de izquierda.

En todo este período, el gobierno norteamericano ha invertido –en el proceso previo a la guerra misma- 600 millones de dólares anuales en apoyo al gobierno ucraniano, y ha aportado armas y asesoramiento militar. La Otan ha realizado sistemáticamente ejercicios militares en el Báltico y el Mar Negro, que se recalentaron desde fines de 2021.

La implosión de la URSS en lugar de provocar la disolución de la Otan -creada en 1949 con el propósito declarado de defenderse de una eventual invasión soviética sobre Europa occidental- catapultó un proceso de extensión a la misma. Incorporando a los ex Estados obreros que rompiendo con la centralización de la burocracia moscovita y desarrollaron su camino de restauración capitalista. La Otan ha sumado a 30 naciones europeas en un verdadero cerco sobre Rusia, alimentado por bases militares, armas y tropas de los EE.UU. y otros apuntando a una guerra contra Moscú.

Es evidente, en este marco, que el gobierno de Ucrania opera como un peón del imperialismo mundial en el Este europeo. Ha confirmado reiterada y abiertamente su propósito inminente de incorporarse al pacto militarista de la Otan y rechazado todas las propuestas de Rusia para que no dé ese paso.

Pero lo hecho por las potencias de la Otan, luego de que Rusia invadiera Ucrania, termina por confirmar esta caracterización. Esto desmiente las afirmaciones de la IS y la UIT-CI, el MST y la LIS y el PSTU y la LIT-CI que sostienen que “no existe, hasta el momento, una intervención de la Otan ni de fuerzas militares de Estados Unidos” en Ucrania.

Después del inicio de la guerra directa, el Senado yanqui ha autorizado al envío de misiles antitanque Javelin y misiles antiaéreos Stinger, que se suman al nuevo despacho de armamento por valor de 350 millones de dólares que la administración Biden aprobó el mes pasado.

Josep Borrell, alto representante de la Unión Europea (UE) para la política exterior y de seguridad, anunció en una reunión plenaria realizada en Versalles que se duplicará a 1.000 millones de euros la “contribución” “en forma de material militar” del imperialismo europeo al gobierno de Ucrania. Simultáneamente, se ha dispuesto pasar de 40.000 a 100.000 el número de contingentes de la Otan que serán estratégicamente distribuidos a lo largo de las fronteras del este europeo con Rusia.

Biden acaba de hacer aprobar en el parlamento norteamericano un presupuesto de 33 mil millones de dólares extra de “ayuda” a Ucrania. Y también ha resucitado la ley de “arriendo” que utilizó en 1941 para vender a crédito armamento a los aliados en la Segunda Guerra Mundial contra Hitler. Lo cual constituye al mismo tiempo un fabuloso negocio para la industria armamentística yanqui. A esto se suma, fundamental, la batería de sanciones económicas tomada por el imperialismo contra Rusia.

Los países miembros de la Otan eliminaron a los bancos rusos del sistema Swift, congelaron los activos del Banco Central de Rusia, se apropiaron de depósitos rusos en el exterior, pretenden congelar también los activos de todos los principales bancos rusos y excluirlos del sistema financiero del Reino Unido. Establecieron fortísimas restricciones a las exportaciones/importaciones a y desde Rusia. EE.UU. y Canadá ya han bloqueado las exportaciones de petróleo y gas desde Rusia a otros países y Gran Bretaña prometió ponerlo en práctica antes de fin de año. Países de la UE como Alemania o Francia no pueden adoptar esta medida por completo, porque dependen de esta importación de hidrocarburos para mantener en marcha sus economías. Pero los yanquis que ya han impuesto la cancelación de la habilitación del costosísimo gasoducto Nord Stream 2 –completamente terminado- que traslada gas de Rusia a Alemania han anunciado planes para armar un esquema alternativo para que llegue petróleo y gas a Europa, beneficiando seguramente a sus monopolios. También buscan que la UE al sumarse al boicot pierda independencia y pase a depender energéticamente del imperialismo yanqui. La UE anunció la prohibición general de los vuelos rusos, etc. Solo por estas medidas económicas se consideraría que se ha declarado la guerra contra Rusia.

Por otra parte, el estado de guerra contra Rusia que ha impuesto la Otan ha sido el puntapié del relanzamiento general de una política armamentista. Todos los gobiernos capitalistas han votado presupuestos con fuertes aumentos en el gasto militar. El gobierno alemán ha puesto fin a la doctrina que prohibía el envío de armas a países en conflicto y aumentó su presupuesto militar en ¡100 mil millones de euros!

Esto ha sido acompañado por una política general imperialista en materia de censura de informaciones desde Rusia, de persecución a quienes abogan contra el militarismo, llegando a imponer una rusofobia en materia cultural (proscripción de artistas, deportistas, científicos, etc. de esa nacionalidad). Es una política de censura política y cultural (Rusia ha sido proscripta del Mundial de Futbol, etc.) tendiente a alinear a la opinión pública mundial en forma incondicional con una posición bélica, justificadora eventual de ataques imperialistas directos. Se trata efectivamente de la reacción en toda la línea.

Sobre el “imperialismo ruso”

La responsabilidad principal de la guerra está a cargo del imperialismo que viene preparando hace largo tiempo este conflicto bélico. Esto no implica que Rusia esté en el lado “progresista” de la barricada. El ejército ruso no encarna una fuerza liberadora, sino es un vehículo de las apetencias de la oligarquía y la élite dirigente de Moscú apuntando a sojuzgar Ucrania en su provecho, reproduciendo los métodos de opresión nacional que viene desarrollando en las naciones que han quedado bajo su control y órbita de influencia. El régimen hoy liderado por Putin representa la contrarrevolución directa contra las conquistas de la revolución; es guardián de una superexplotación de los trabajadores donde los contrastes y desigualdades sociales están entre los más altos del planeta; es un eslabón de la cadena de dominación mundial del capital. El nacionalismo ruso, restauracionista, es reaccionario.

Partiendo de estas evidencias, muchas corrientes de izquierda caracterizan que Rusia es una potencia imperialista. Pero estas evidencias no nos pueden hacer perder de vista que Rusia ha quedado relegada como una potencia de segundo orden en el concierto mundial. En la jerarquía del capitalismo global, la hegemonía y el lugar protagónico le corresponde indiscutidamente a las principales metrópolis capitalistas, empezando por EE.UU.

Otras corrientes de la izquierda afirman que Rusia es una semicolonia que está resistiendo el avance imperialista de la Otan, justificando así el “ataque preventivo” de Putin contra Ucrania. La pretensión de equiparar a Rusia como una simple semicolonia del imperialismo mundial es errónea. Rusia se ha forjado como la segunda potencia militar del mundo (particularmente por la herencia del arsenal atómico recibida de la disolución de la URSS), solo atrás de Estados Unidos, y ha consolidado su esfera de influencia en varias de las antiguas repúblicas soviéticas, donde marca la agenda política en función de sus intereses. Rusia lidera la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, que integra junto a Bielorrusia, Kazajistán, Armenia, Kirguistán y Tayikistán. El gobierno de Putin actuó para sofocar y reprimir las rebeliones populares en Bielorrusia y Kazajistán, en 2020 y 2021, respectivamente. Más atrás, jugó un papel decisivo en el sostenimiento del régimen de Bashar al-Assad en la guerra Siria, en colaboración estrecha con los regímenes iraní y chino. A su vez, Rusia ha firmado, en los últimos años, numerosísimos acuerdos de colaboración militar con países africanos. Y, al mismo tiempo, ejerce una influencia en algunos países latinoamericanos, como lo demuestra la estrechez política y comercial con los regímenes de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Pero Rusia tampoco puede ser caracterizada como una potencia imperialista en el sentido marxista del término. Con la disolución del Estado obrero y la restauración capitalista, se ha venido abajo casi por completo. La industria rusa ha sido fuertemente destruida. Se ha transformado básicamente en un país rentista cuyos ingresos provienen de la exportación de commodities, especialmente gas y petróleo.

En 1989, inicio de la implosión de la URSS, esta ocupaba el 2° lugar desde el punto de vista del PBI en la economía mundial. Hoy, ocupa el 12°, habiendo retrocedido no solo relativa, sino absolutamente de 2,6 billones de dólares en 1989 a 1,3 billones en el 2020. Mientras que EE.UU. pasó de 5,9 billones a 19 billones, Japón creció de 3,1 billones a 4,4 billones. La Unión Europea está en 12 billones. Rusia está por debajo de Corea y de Brasil. Forma parte del llamado grupo de los países emergentes Bric constituido también por naciones como Brasil, India, Sudáfrica. ¿Ellos también se han transformado en potencias imperialistas?

Rusia entró en un caos y disgregación total con la implosión producida bajo el régimen de Yeltsin, que privatizó en forma salvaje y anárquica la propiedad estatal a favor de una nueva oligarquía burguesa surgida en gran medida de la vieja “nomenklatura” de la burocracia stalinista. Putin, proveniente de los servicios de seguridad estatal, emergió como un golpista, que instituyó un fuerte régimen bonapartista, sustentado en los servicios de seguridad. Se vio, incluso, obligado a reestatizar ciertos sectores económicos para, con mano dura, restablecer equilibrios y frenar el estallido ya no de la URSS disuelta, sino de Rusia. La restauración capitalista fue un desastre para Rusia. A duras penas fue contenida la tendencia a la disgregación nacional para no repetir el camino de Yugoslavia dividida-balcanizada, en el marco de fuertes guerras azuzadas por el imperialismo que, bajo el eufemismo de la “autodeterminación nacional”, impulsó la constitución de republiquetas subordinadas a la Otan y los imperialismos de la UE y EE.UU.

Putin ha proclamado su propósito de restaurar el viejo imperio ruso (de la época del zarismo), basándose en su poderío militar. Se trata de una ilusión reaccionaria. Estaríamos frente al intento de recreación de un imperialismo atrasado, de ocupación militar, hoy superado por la historia. Estos imperialismos antiguos como el imperio otomano no pudieron resistir el embate del imperialismo moderno actual, que es el imperialismo de los monopolios y el capital financiero. Como resultado de la Primera Guerra Mundial, el Imperio Otomano fue descuartizado por las potencias imperialistas (Francia, Gran Bretaña). Y el imperialismo zarista fue derrocado por la revolución proletaria, que destruyó la Rusia “cárcel de naciones” y puso en práctica realmente el derecho a la autodeterminación nacional. El de Putin es un intento imperialista con débil peso del débil capital financiero ruso y predominancia militar. Pero esta crisis ha servido para evidenciar que el proceso de restauración capitalista en Rusia, si bien destrozó la base de una economía estatal y planificada, no ha permitido desarrollar completamente a una clase burguesa nativa. Estamos, en ese sentido, frente a un proceso de restauración inconcluso.

En Rusia, al igual que en China, el Estado oficia como un gran árbitro que le ha permitido a un puñado de capitalistas selectos, en vínculo estrecho con la burocracia dirigente, un crecimiento extraordinario. Es lo que permite catalogar al régimen de Putin como un régimen bonapartista. Putin, en defensa de los intereses generales de la oligarquía capitalista local, choca con el capital extranjero, que pretende avanzar en una amplia colonización económica y financiera de los negocios que detenta hoy la burguesía rusa. Y, al mismo tiempo, oficia de árbitro de las disputas internas de la clase capitalista y no se priva de recortar los intereses de alguna de sus fracciones e incluso llegar al extremo de desapoderarla, si hiciera falta. Entretanto trata de mantener regimentada a la clase obrera, evitando que prospere una política independiente y socialista.

Putin busca un lugar para insertarse en el imperialismo mundial. En el 75° aniversario de la derrota del hitlerismo, en el 2020, Putin organizó un gran desfile militar en Moscú, mostrando su equipamiento militar, pero con un planteo de búsqueda de un acuerdo con el imperialismo. Haciendo un llamado a las potencias imperialistas a una negociación “para fortalecer la amistad, la confianza entre los pueblos y estamos abiertos al diálogo y la cooperación en los temas más esenciales de la agenda internacional, incluido el tema de la creación de un sistema de seguridad común fiable, que afronte rápidamente las necesidades del mundo cambiante actual”. “Es una respuesta directa al acrecentamiento de las guerras y sanciones comerciales que está imponiendo el gobierno de Trump y a las amenazas guerreristas que se están desarrollando” caracterizábamos (Prensa Obrera, 30/6/2020).

El ataque a Ucrania no fue entonces una acción repentina de Putin, sino largamente planteado por el gobierno bonapartista (pero acelerado por el curso de los acontecimientos). Lo que no quiere decir que no sea aventurero y que los actuales problemas militares (logísticos, etc.) no partan incluso de una baja moral de los soldados rusos llevados a defender los intereses de la camarilla restauracionista. Putin enfrenta la amenaza yanqui-Otan no con una política obrera, socialista e internacionalista, sino como un aspirante a “zar”. Se presenta como lo que es: el más furioso antibolchevique y contrarrevolucionario, con aspiraciones de colocar bajo su égida el futuro de Ucrania y de los pueblos de la ex URSS. Pero su acción militar ha reforzado el nacionalismo ucraniano, no ha logrado apoyo dentro del pueblo de Ucrania, a pesar de los sufrimientos que venía soportando con los ajustes fondomonetaristas. Y dentro de Rusia se calcula en más de 15 mil los presos políticos que se oponen a la “guerra de Putin” y por el respeto a la independencia de Ucrania. Es difícil constatar –por la fuerte censura informativa imperialista y del régimen putiniano- la existencia y envergadura de tendencias obreras independientes o marxistas revolucionarias que estén interviniendo con planteamientos socialistas internacionalistas.

Pero la guerra se ha desenvuelto en sentido contrario al que había manejado Putin. Las fuerzas rusas no consiguen terminar de quebrantar al régimen de Zelensky, que es el que está al frente de la resistencia a la invasión, armado fuertemente por la Otan.

El imperialismo yanqui es el más enemigo de arribar a un rápido tratado de paz. Ha visto en el empantanamiento de las fuerzas rusas, la posibilidad de ir más allá de su propósito de sumar a Ucrania a la Otan y colocar nuevas bases militares apuntando a Moscú. Cree que está dada la oportunidad para provocar una crisis política en el gobierno ruso que destituya a Putin. Una parte de la burguesía oligárquica rusa (y ucraniana) que era la base de sustentación social de Putin está virando hacia un compromiso con los yanquis, apretados por las sanciones que han lesionado sus intereses.

Crisis capitalista y estrategia imperialista

El documento internacional del XXVII Congreso del PO (marzo 2020) planteaba: “más allá de los avatares más inmediatos, el auge belicista responde a una razón de fondo. Por un lado, hunde sus raíces en las rivalidades y tensiones crecientes interimperialistas, potenciadas ahora por la recesión mundial. Por el otro, la tentativa de superar el impasse capitalista sobre la base de avanzar en una colonización de los Estados obreros y completar en su provecho, el proceso de restauración capitalista. El principal destinatario es el ex espacio soviético y el gigante asiático. La hegemonía política, económica y militar en Medio Oriente es parte del cerco tendido contra ambas naciones. Esto en el contexto del rearme general de las potencias capitalistas, en primer lugar, la norteamericana. El armamentismo, lejos de atenuarse, ha crecido sensiblemente”.

A dos años de nuestra caracterización, estas tendencias no solo se han confirmado en la realidad, sino que se están desarrollando aceleradamente. El hiperactivismo yanqui en la guerra de Ucrania tiene como uno de sus objetivos doblegar y disciplinar al imperialismo europeo detrás de su dirección. La perspectiva de Alemania, Francia, Italia y otros integrantes de la UE era transformar al este de Europa y a Rusia en SU patio trasero, estableciendo acuerdos “privilegiados” de inversión en sectores clave. Los yanquis vienen tratando de limitar este desarrollo. El método de aplicar sanciones económicas internacionales a países con los que se enfrenta EE.UU. no solo perjudica, en primer lugar, a estos, sino también a empresas europeas que tienen capitales invertidos en ellos (Irán, etc.). Frente a Rusia, Obama primero y luego Trump hicieron una oposición cerrada a la construcción del largo gasoducto Nord Stream 2 desde Rusia a Alemania (construido con capitales rusos, alemanes, etc.). Biden al ascender al poder anunció que abandonaba esta oposición, pero… ahora la presión yanqui-Otan ha llevado a que, ya terminado el gasoducto, el gobierno alemán -a regañadientes- aceptará no habilitarlo en solidaridad con el boicot contra Rusia. Empresas francesas se niegan a abandonar Rusia (Danone, Total, etc.) donde se han instalado ventajosamente. Un año atrás, el presidente francés, Macron, denunciaba la muerte de la Otan e insinuaba la formación de una Otan europea sin EE.UU. Hoy día, Biden ha conseguido en gran medida alinear al imperialismo europeo detrás de su dirección en la Otan. Pero las tensiones interimperialistas permanecen.

Fundamental a considerar es que la preparación de una guerra colonizadora sobre Rusia y China es política de estado yanqui. Pasan los gobiernos republicanos o demócratas, pero esa orientación estratégica del Pentágono y el Departamento de Estado va avanzando y profundizando. Las dificultades para salir realmente de la crisis económica mundial llevan más que nunca, que aparezca a los ojos de los monopolios y sus gobiernos imperialistas, como una salida la colonización total de los dos grandes conglomerados de China y Rusia. Que desplace a las burguesías oligárquicas surgidas de la restauración con las que han tenido que compartir la propiedad y explotación de sectores claves, para reemplazarla por la dominación directa del imperialismo, por la colonización imperialista.

Más allá de la actual guerra contra Rusia, el objetivo central es, sin embargo, China. Los EE.UU. están constituyendo un Otan del Pacífico. Biden le ha entregado submarinos atómicos a Australia y firmado un acuerdo militar que se extiende a Gran Bretaña, India, Japón y otros países de Asia. Constantemente se plantean provocaciones yanquis en el Mar de China. Y está usando la amenaza de declarar la independencia de Taiwán (parte integrante históricamente de China, reconocida en su momento por EE.UU.) –y rearmándola masivamente- como está usando el “derecho” de Ucrania de incorporarse a la Otan.

La emergencia de la guerra contra Rusia ha modificado parcialmente los pasos guerreristas del imperialismo yanqui. Ahora, está presionando a China para que no apoye a Rusia y se pliegue al sistema de sanciones imperialistas contra Rusia. Caso contrario, amenaza de ir incrementando sanciones similares contra China. Si bien la burocracia dirigente China hizo buenas migas con Putin antes de la invasión, en la actualidad se nota una “solidaridad” restrictiva. No se ha definido contra Rusia (en el Consejo de Seguridad de la ONU se abstuvo), pero reclama el respeto de la integridad territorial y mantiene relaciones con Ucrania con la cual tiene firmados acuerdos económicos en el marco de “la ruta de la seda”.

La burocracia gubernamental china y su burguesía oligárquica surgida del proceso de restauración capitalista, ponen las barbas en remojo, frente a la ofensiva de la Otan sobre Rusia, en lugar de salir a enfrentarla. El viaje de Biden al encuentro en Europa con la Otan pretende, también, sumar a la UE a una política de presión más activa contra China.

El imperialismo yanqui ha venido perdiendo gran parte de su poder hegemónico. El golpe más reciente y profundo fue que tuvo que abandonar, con el rabo entre las patas, Afganistán después de una década de ocupación militar. La guerra comercial con China ha tenido éxitos relativos y también perdidas para los EE.UU.; las grandes revueltas de masas en los propios EE.UU. de fines del gobierno de Trump; las rebeliones latinoamericanas e internacionales contra los ajustes fondomonetaristas; la persistencia del impasse capitalista y su crisis. Son síntomas de este retroceso hegemónico. El propio hecho de que Putin se animara a la invasión de Ucrania tiene que ser incorporado a este deterioro y retroceso de la hegemonía yanqui.

Biden no consigue remontar en las encuestas y ve acercarse una derrota electoral en noviembre próximo. A pesar de los diferentes subsidios otorgados a las masas, el deterioro social es creciente. Parecido a la Argentina, los “planes” no resuelven el empobrecimiento estructural de amplios sectores de las masas, en que han entrado los EE.UU. La derecha de Trump mantiene un fuerte peso electoral y actúa rearmando sus posiciones (incluso en el ámbito internacional: foto con Macri, etc.).

Pero la instrumentación de la guerra de Ucrania es, también, un intento de Biden de retomar una iniciativa estratégica. Ha logrado unificar al conjunto de las potencias imperialistas europeas detrás de la política de confrontación de la Otan propugnada por los EE.UU. Ha sumado a naciones que se declaraban “neutrales” como Suecia y Finlandia, que están estudiando también el ingreso a la Otan. Ha ganado a la mayoría de la “opinión pública” europea mundial detrás de su política guerrerista de “defensa de la soberanía de Ucrania” contra el imperialismo ruso. Esto ha sido posible también por el carácter reaccionario de la política de Putin.

Nuestro planteo es rotundo y militante: “Guerra a la guerra”. Fuera la Otan de Ucrania y de toda Europa del este. Disolución de los grupos paramilitares fascistoides de Ucrania. Disolución de la Otan. Repudiamos la invasión de Putin. Cese inmediato de los bombardeos. Retiro de las tropas rusas. Por una Ucrania independiente, única y socialista, única forma posible de su autodeterminación. Libertad a los presos políticos rusos por oponerse a la guerra. Derecho a manifestación y organización política independiente de los trabajadores en Rusia y Ucrania. Llamamos a oponer a la guerra fratricida que promueve la Otan y Moscú, la unidad, solidaridad y confraternización de los pueblos ruso y ucraniano para frenar la carnicería de la guerra y acabar con sus responsables y agentes locales. Es necesario impulsar esta predica en toda la región yen todos sus ámbitos, incluido los campos de batalla. Por gobiernos obreros en Ucrania y Rusia. Por la unidad internacionalista de las clases obreras en toda Europa. El principal enemigo es el imperialismo y los regímenes reaccionarios que nos gobiernan en cada país. Por la unidad socialista de Europa, incluyendo a Rusia.

Las bases de las guerras imperialistas

El estallido de la guerra en Ucrania evidencia la falacia de quienes decían que con la restauración capitalista se ahuyentaba definitivamente la guerra fría y la posibilidad de una guerra caliente entre los ex estados obreros y el imperialismo. O de los que propagandeaban que la globalización imperialista, terminaría definitivamente con las guerras de todo tipo, porque la economía mundial estaría integrada y sería interdependiente. Este planteo presupone que una especie de “gobierno mundial” de los monopolios, un ultraimperialismo, podría armonizar el desarrollo económico-social y evitar los conflictos y guerras. Pero esto es una utopía y un arma de propaganda de los planes imperialistas. La época del imperialismo no elimina la competencia entre capitalistas, sino que la concentra, la eleva y la hace mucho más peligrosa, porque la transforma en competencia entre monopolios con Estados y ejércitos nunca antes vistos en la historia de la humanidad. Ahí están como demostración las dos guerras mundiales del siglo XX, expresión de la disputa interimperialista por el reparto del mundo. Y las guerras imperialistas contra las semicolonias que muchas veces terminan siendo guerras por procuración donde, aunque no en forma directa, terminan enfrentándose diversos monopolios apoyados por diferentes potencias imperialistas (Libia: donde el ENI italiano y la Total francesa, ambos con una serie de aliados capitalistas, apoyan a distintos gobiernos por el control del petróleo; etc.).

La base está en la crisis capitalista mundial que ha agotado las posibilidades de desarrollo progresivo del sistema capitalista. Se trata de una crisis de sobreproducción capitalista, donde “sobran” las mercancías, los capitales, la mano de obra y de la verificación de las dificultades de valorización del capital, que se ve acuciado por la tendencia a la caída de la tasa de ganancia.

La crisis financiera del 2008 fue un salto en calidad en el proceso de agotamiento del sistema capitalista. Fue comparada con la de 1929 que originó la “gran depresión” de la cual el capitalismo solo pudo “salir” con la Segunda Guerra Mundial.

La guerra es parte inevitable del proceso de agotamiento histórico del capitalismo y de la tendencia a su descomposición y estallido.

China y restauración capitalista

La restauración capitalista no abrió una ruta de progreso y desarrollo ni para los ex Estados obreros de Europa Oriental, ni para Rusia. Los primeros se han transformado en colonias del FMI y la Otan y han sido arrastrados a acompañar la política belicista del imperialismo contra Rusia.

Pero, algunos analistas, particularmente en la izquierda, plantean que China no solo ha logrado superar el atraso nacional (que el Estado obrero burocratizado no pudo resolver), sino que se ha transformado en una potencia imperialista, que está luchando por superar a los EE.UU. en la hegemonía mundial. Sucede que China ha tenido un extraordinario desarrollo, particularmente en los últimos 20 años, que la ha llevado a contar con una participación en el PBI global del 7,9% en 2001 al 19,2% en 2019, ubicándose solo por detrás de EE.UU. No solo eso, sino que ha incursionado en el desarrollo tecnológico y en otras áreas, lo que ha motivado un mayor enfrentamiento y choques con los EE.UU.

Pero una comprensión del lugar que ocupa China en el terreno internacional no puede limitarse a una mirada superficial o impresionista y debe ahondar en un análisis concreto. La afirmación, por ejemplo, de que China ocupa el primer lugar en el comercio exterior no informa que más del 80% de este es obra de empresas privadas y que más del 70% corresponde a las corporaciones transnacionales. Que a su vez los grandes destinos de exportación están dirigidos a los EE.UU., Japón, Corea, entre otros. Es decir, que en muchísimos casos se trata de un intercambio de una misma empresa imperialista radicada en China, con su casa (o país) central instalado en la metrópoli. Empresas imperialistas radicadas en China para explotar la mano de obra asalariada muy barata allí existente (cosa que ha ido disminuyendo por mejoras salariales y que está derivando en nuevas deslocalizaciones del capital hacia países más baratos salarialmente: Vietnam, etc.) y acrecentar la valorización de sus capitales. Y usarla incluso, para chantajear e imponer reducciones de salarios y conquistas a los trabajadores de las metrópolis. Lo mismo frente a la característica esencial del imperialismo de exportación de capitales. La inversión imperialista directa en China era en el primer semestre del 2021 de alrededor de 900 mil millones de dólares (acercándose al ¡billón! de dólares) y hacia sectores productivos claves. En cambio las exportaciones de capital de China están dirigidas generalmente a la financiación de obras públicas (en el marco del plan de “la ruta de la seda”) y/o en algunos sectores de materias primas (exportación de granos, etc.)

La publicitada creciente superioridad tecnológica de China se está viendo abruptamente frenada por las medidas de control y guerra económica desarrolladas por EE.UU. La norteamericana Apple es, en la actualidad, el principal vendedor de aparatos de telefonía inteligente y móvil del mercado chino, por encima de Huawei, la empresa estandarte de la República Popular. Las exportaciones desde EE.UU. se elevaron hasta superar los 50 millones de unidades, dejando atrás a Huawei en casi 10 millones.

Debido a la persecución comercial de Trump, Huawei redujo en más de 30% su presencia en el mercado mundial. El mayor instrumento de dominio que tiene EE.UU. sobre Huawei es el control absolutamente hegemónico que ejerce sobre el mercado global de semiconductores (“chips”), que son el insumo esencial para la fabricación de equipos de smartphones en la economía global.

EE.UU. prohibió a Huawei el acceso a los “chips” de patente norteamericana en cualquier lugar del mundo, medida que ha demostrado ser notablemente eficaz, evidenciando de paso que esta empresa era en sectores claves una armaduría. Huawei ha enfrentado esta ofensiva concentrándose en los segmentos de menor valor agregado y precios inferiores.

Mientras Huawei es perseguida en todo el mundo por el imperialismo norteamericano, Apple se instala plenamente en China. Apple ha adquirido un virtual monopolio en el mercado de equipos medios y finales de smartphones en el mundo, que son los más redituables.

Por supuesto que no es el único caso.

Tesla, el principal fabricante yanqui de automóviles eléctricos, vendió en el mercado chino casi 500 mil coches construidos en su planta instalada en Shangai, en el último quinquenio. Esta gran fábrica se ha convertido en el principal centro exportador de Tesla al mundo. Tesla es en China una empresa 100% de capital norteamericano y actúa con total autonomía y en igualdad de condiciones que las otras empresas de China. El mercado chino de automotores se ha abierto por completo a la competencia y al capital extranjero en los últimos tres años, con un auge fenomenal de la presencia de compañías alemanas, japonesas, y estadounidenses.

“Las multinacionales extranjeras están redoblando sus inversiones en China, estableciendo miles de nuevas empresas y ampliando las existentes. A pesar de las tensiones económicas y financieras y de una serie de restricciones extranjeras a la transferencia de tecnología a China, este país sigue atrayendo cantidades récord tanto de inversión extranjera directa como de flujos de inversión de cartera en acciones chinas cotizadas en bolsa y bonos del Estado chinos…” (Estudio del Banco Santander basado en un Informe del Ministerio de Comercio de China, noviembre de 2021). Para The Economist del 5 de septiembre de 2020, “China está creando oportunidades [que el capital extranjero no esperaba, al menos no tan rápido]”. La magnitud de las entradas de capital de Estados Unidos en China es difícil de estimar porque “muchas empresas chinas que emiten acciones tienen filiales en paraísos fiscales extraterritoriales”. Según un informe de Investment Monitor del 13 de julio de 2021, China tiene más filiales en las Islas Caimán que cualquier otro país “después de Estados Unidos, Reino Unido y Taiwán”.

Como potencia militar, China está lejos de EE.UU. El presupuesto militar yanqui es de 770 mil millones de dólares. El de China: 250 mil millones. Las ojivas nucleares norteamericanas son 3.750, las chinas 272. Los chinos tienen 2 portaviones, los yanquis 11, etc. Respecto a las bases militares, los yanquis tienen unas 260 alrededor de todo el mundo (4 en España, 6 en Japón, etc.), mientas que los chinos tienen unas 4 (una de ellas no armada, declarada como estación de seguimiento-radar de satélites espaciales, en Neuquén). En términos geopolíticos, pese a los avances económicos, no ha logrado una hegemonía en su propia zona directa de influencia asiática. Más aún, asistimos a una escalada imperialista de alianzas militares regionales contra Pekín, que agrupa a potencias de la zona, por un lado y a un impulso renovado, acicateado por Washington, del separatismo de Taiwán, por el otro.

Desde el punto de vista teórico y proyectando estadísticas, China se podría convertir en una potencia imperialista. Eso hacía la burocracia del Estado obrero soviético degenerado en épocas de Stalin y Kruschev, proyectando en cuánto tiempo podría superar el nivel de las fuerzas productivas imperialistas y entonces declarar el triunfo del socialismo. No olvidemos que la URSS era también segunda potencia mundial y primera en una serie de sectores (aeroespacial, etc.). El maoísmo la caracterizó entonces como el “socialimperialismo ruso”.

Pero no se pueden tomar las estadísticas en abstracto.

Trotsky explicó que la superación del imperialismo en el plano productivo por parte de un Estado obrero no se podía dar solo por medio de un crecimiento económico. El dominio imperialista del mercado mundial podía golpear fuertemente al Estado obrero aislado con el peso de su productividad superior, con los precios más baratos y la mejor calidad de sus mercancías (y, por supuesto, con el manejo y control financiero mundial). La “globalización” imperialista ha acentuado este dominio como lo acaban de demostrar las sanciones económicas aplicadas a Rusia (exclusión del Swift de intercambio interbancario, etc.).

Esto ya se fue aplicando sobre otros enemigos que el imperialismo yanqui quería someter. Habiéndose obligado a retirarse de Afganistán, el gobierno de Biden incauto más de 7 mil millones de dólares de las reservas monetarias de este país, que él mismo dictaminó debían ser depositados en bancos del exterior bajo control imperialista; y directamente ha confiscado una parte considerable de esos fondos para subvencionar a las víctimas del atentado a las Torres Gemelas, liberando al gobierno de esa carga. Esto está condenando al hambre de amplias masas afganas. Pero la “solidaridad” del gran capital mira para otro lado sobre este genocidio en marcha. La defensa de la autodeterminación nacional ha sido archivada para Afganistán.

En el plano de las finanzas internacionales, la distancia que separa a China de las naciones más avanzadas es sideral. El reimibi apenas representa un 2 por ciento de los pagos internacionales y un escaso 1 % de las reservas de los bancos centrales mundiales. Viene teniendo una tendencia declinante. A pesar del declive de EE.UU., el 75 % de las transacciones se sigue realizado en dólares. Se trata de una contradicción cuya superación plantea una reestructuración del sistema financiero que no puede ser indoloro.

La expansión de China a través de las rutas de la seda, a su turno, no nos puede hacer perder de vista que el 80 % del comercio se realiza por vía marítima. Si bien Pekín ha hecho progresos en ese rubro, la supremacía de las principales metrópolis sigue siendo considerable.

El dominio del mercado mundial por el imperialismo plantea la guerra o la revolución, no una evolución pacífica de la acumulación económica. La guerra de Ucrania permite constatar esto con certeza. Un estudio publicado en el diario Clarín, antes que se iniciara el conflicto armado, señalaba que Rusia estaba en su mejor momento económico: llena de reservas muy superiores a su deuda externa, altos precios de sus materias primas exportables (hidrocarburos, granos, metales, etc.) que garantizaban para el próximo período un flujo constante superavitario de divisas, etc. Pero las sanciones que tomaron los diversos imperialismos siguiendo la orden de los yanquis contra Rusia redujeron de un plumazo sus grandes reservas de divisas a la mitad, bloquearon sus exportaciones, decretaron una estampida de capitales.

En el análisis, no puede estar ausente el creciente intervencionismo estatal en China. El gobierno de Xi Jing Ping dio a conocer regulaciones para erradicar prácticas monopólicas que apuntan fundamentalmente a reducir la influencia de las corporaciones como Alibaba, Tencent y otras empresas tecnológicas líderes. Estos anuncios empalman con un renovado impulso a la injerencia partidaria en el mundo empresario, que se extiende también al universo de empresas privadas en las que la presencia del PCCh era reducida comparada con las estatales.

El panorama aquí descripto corrobora que la burguesía todavía no ha logrado consolidarse como clase dirigente. Sigue oficiando de segundo violín en un escenario en que el Estado chino sigue concentrando las principales decisiones del país. El proceso de reconversión capitalista es extremadamente desigual y aún está en pañales en el campo donde predominan relaciones sociales y de propiedad preexistentes. Todos estos hechos dan cuenta del carácter inconcluso de la restauración capitalista

A la hora de caracterizar si China es un país imperialista no se puede hacer una abstracción del hecho que las potencias imperialistas adquirieron esa condición en una etapa de ascenso del capitalismo. China, en cambio, inicia este proceso a partir de una economía estatizada donde el capital fue expropiado y en el marco de una decadencia histórica capitalista. En este contexto, la restauración capitalista está llamada a ser peculiar; de ninguna manera va ser una réplica de la experiencia del pasado. El contexto internacional, en el marco de un mercado saturado y con sobreabundancia de capitales, condiciona la emergencia de una nueva potencia y menos aún de carácter hegemónico, lo cual supone una restructuración total, generalizada y violenta de todo el sistema capitalista que no puede equipararse con los casos previos en que el liderazgo pasó de manos de Holanda a Gran Bretaña y luego a los Estados Unidos En resumen, teóricamente no se puede descartar una transformación de China en un país imperialista pero la misma no podrá ser indolora sino convulsiva, con confrontaciones no solo en el plano económico sino bélico. Un escenario de guerra internacional abre un terreno para que pueda colarse e irrumpir la clase obrera china y mundial. La suerte de China, en definitiva, está condicionada por la lucha de clases al interior del gigante asiático y a escala global.

Quienes proclaman que China es imperialista dan por resuelto estos escollos y contradicciones. En realidad, sin advertirlo, terminan adjudicándole una capacidad al capitalismo de regeneración y superación de su impasse cuando es, precisamente, lo que no ha logrado resolver. Si China lograra completar su desarrollo capitalista y transformarse en un país imperialista en forma relativamente pacífica, el capitalismo, a su modo, habría logrado remover las trabas con que tropieza al proceso de acumulación capitalista y que actúan como un freno al desarrollo de las fuerzas productivas. La emergencia de China como sustituto de EE.UU. expresaría la vitalidad de un régimen social y no su decadencia. El gigante asiático sería el ancla para un nuevo florecimiento del capitalismo. Esta premisa económica, sin embargo, no se compadece con la realidad capitalista que enfrentamos.

El capital internacional tuvo inicialmente al Estado chino como un aliado para integrar al gigante asiático al proceso mundial de acumulación capitalista; lo mismo puede decirse de la burguesía nativa china que creció a la sombra y bajo la protección de la elite dirigente del PCCh. Pero con el tiempo se ha ido transformando en un escollo para ambos sectores. El imperialismo, por un lado, y la burguesía nacional, por el otro, cuyas aspiraciones, intereses y apetitos no son siempre coincidentes -y resulta en muchos casos antagónicos-, vienen pugnando por llevar a la práctica las reformas que pongan fin a las regulaciones y proteccionismo estatal aún vigente y, por esa vía, acelerar la restauración capitalista. Uno de los aspectos es afianzar la seguridad jurídica en materia de derechos de propiedad que está sometido en muchos casos a la discrecionalidad del gobierno chino.

“El dinamismo (económico) convive aún con los tentáculos de un Partido Comunista que lo abarca casi todo. China tiene unas 150.000 empresas estatales. Es una cantidad ínfima en comparación con el total de compañías que existen en el país, pero su poder es abrumador. Actúan en un régimen de casi monopolio en industrias clave, de las telecomunicaciones a la energía, y pese a ser menos eficientes y productivas nadie puede competir contra ellas por la protección del Partido” (El País, 8/1/20).

Las tensiones Estado-capital privado dominan la vida económica y política del país. Esta situación es reforzada por el hecho que la restauración capitalista no se abre paso en un país colonial sino en el marco de un Estado que es un producto residual de una revolución social y que logró preservar la unidad nacional del China. Esta circunstancia le otorga a la elite dirigente del PCCh una margen de maniobra y autonomía incomparablemente mayor que cualquier otro país de la periferia.

El Estado chino no solo está sometido a las presiones del imperialismo y la burguesía nativa sino también potencialmente a la presencia de la numerosa y concentrada clase obrera que viene reclamando por sus derechos contra la superexplotación. El imponente desarrollo capitalista ha ido acompañado de un crecimiento espectacular de la clase obrera. Esta circunstancia condiciona todos los pases de la burocracia, que oscila entre adaptarse a las exigencias de una mayor apertura económica, por un lado, o recurrir al intervencionismo estatal para evitar un descalabro económico y que la situación social se desmadre, por el otro. La presión del capital a favor de una liberalización choca con el temor fundado que provoca la posibilidad de que un clima de una mayor relajación de la rígida regimentación que reina en la vida política del país sea el disparador de una irrupción del proletariado chino. La conflictividad sindical, por más que se la oculte, es creciente.

Los factores que señalamos vuelven a reafirmar la caracterización de Trotsky que la restauración capitalista no se podrá terminar de consumar sin grandes convulsiones sociales y guerras. La represión de Tiananmén ayudó a consolidar al gobierno bonapartista, pero no cerró el doloroso proceso restauracionista.

La capacidad de arbitraje del régimen bonapartista de XiJin Ping quien ha pasado concentrar en sus manos un poder excepcional va ser puesta a prueba. Ingresamos en una nueva etapa convulsiva de la historia china, cuyo desenlace estará signado, como ya ocurrió en el pasado, por la lucha de clases nacional e internacional.

Cuál es el momento actual de la crisis económica capitalista

Políticos y economistas burgueses afirman que la pandemia volvió a hundir al mundo capitalista en la recesión, luego de haber salido de la gran crisis del 2008. En realidad, la recesión comenzó a desarrollarse antes del estallido pandémico. La intervención anárquica de las potencias y gobiernos capitalistas en la crisis pandémica profundizó la crisis sanitaria y también la recesión. Ahora vuelve a afirmarse que habiendo superado la pandemia (cosa que no es verdad) definitivamente estamos saliendo vigorosamente de la contracción económica mundial.

Según datos del FMI la recesión iniciada a fines del 2019 y estimulada por la pandemia de Covid desde fines de febrero 2020 produjo una contracción económica mundial del 3,5%. Informes de la ONU señalan que el 2021 terminó, en cambio, con un crecimiento mundial del 5,5%. Pero esto ha sido totalmente desigual para los diferentes países. Un informe de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) señala que sobre 44 naciones, 17 han crecido pero aún no han logrado retomar el nivel económico prepandemia del 2019.

¿Hay luz al final del túnel de la crisis?

Pronósticos de la ONU hablan de un “estancamiento” de la actividad económica mundial en el 2022. De una desaceleración que empezó a evidenciarse desde fines del propio 2021. Según su estudio –de principios de año- la actividad económica crecería un 4% en el 2022 (menor al crecimiento del 2021) y volvería a bajar a un 3,5% de crecimiento en el 2023. Para América Latina es más preocupante, pasaría de un crecimiento del 6,5% en el 2021 a un 2,2% en el 2022.

No estamos, evidentemente, frente a una reactivación consistente de la economía mundial capitalista, sino frente a un rebote natural de la fuerte contracción del 2020. A esto hay que sumarle las consecuencias que va a generar la guerra de Ucrania, que profundizarán el retroceso.

El freno del repunte económico mundial se combina con una inflación que se ha disparado mundialmente y que no tiene perspectivas de ceder.

La inflación en los EE.UU. en el 2021 fue del 6,8%, el peor dato registrado en los últimos 39 años. Pero el Bank of America informa ahora que este año superará el 7%. Revisa su propio pronóstico de que bajaría respecto al 2021 a un 6,3%. The Economist indica que ya en febrero el índice de los precios al consumidor se coloco en los EE.UU. en el 7,9% de crecimiento interanual.

La misma tendencia se evidencia en la Zona Euro: la inflación subiría al 6%, superando el 4,9% del 2021 (y los pronósticos iniciales para el 2022 que daban 4,4%). Incluso para Japón, una potencia sumergida en la deflación desde hace largo tiempo, la inflación subiría por arriba de un 2% este año. El incremento de los precios de la energía (petróleo, gas, carbón) y de los alimentos venían a la cabeza de esta escalada inflacionaria.

La guerra de Ucrania repercutirá directamente en acelerar el aumento de precios de alimentos y energía, que son los que más repercuten sobre el bolsillo de los trabajadores. El FMI advierte que este “es un golpe duro para la economía mundial y en especial para Latinoamérica”. La inflación en las cinco economías más importantes de este continente (México, Chile, Colombia, Perú, Brasil) superaría el 8%. La Argentina es la “excepción” porque con un 53% de inflación ya se coloca en las puertas de la hiperinflación.

Siendo Rusia uno de los mayores productores mundiales de hidrocarburos, el boicot imperialista a sus exportaciones ya ha llevado el barril de petróleo a superar la barrera de los 100 dólares. El precio del gas se ha más que triplicado en Europa, lo que le está dando un impulso fenomenal a la carestía que golpea al consumidor popular. (En la Argentina también se notará con la importación en los barcos gasíferos con el inicio del frío invernal.) Pero, donde se está generando una verdadera crisis mundial es en torno al problema alimentario. La guerra y el boicot imperialista a las exportaciones rusas (y la imposibilidad de exportar de Ucrania) elevan fuertemente el precio del trigo (y su producto directo: las harinas) y los demás granos alimenticios y/o forrajeros.

Según la FAO (organismo de la ONU para la agricultura y la alimentación) los precios de los alimentos batieron en febrero los récords históricos en 61 años. Subieron más incluso que el anterior récord histórico en febrero 2011. Entonces estos aumentos de los granos y los combustibles y los límites capitalistas de los gobiernos del norte de África que no contaban con los fondos para importarlos, detono una tempestuosa ola de luchas de masas conocida como la Primavera Árabe que volteo gobiernos y desarrollo procesos revolucionarios (Túnez, Egipto, etc.).

Hoy se vislumbran panoramas similares. Egipto está al borde de la masacre social del hambre y del estallido popular. Importador neto de granos alimenticios, a pesar de altos subsidios gubernamentales, los precios que debe pagar el pueblo trabajador han aumentado arriba del 50%. El mismo panorama se dibuja en Túnez, Siria, Argelia y Marruecos.

El levantamiento popular, con gran participación de la clase obrera organizada, en Sri Lanka cuyo gobierno ha declarado el default y no tiene divisas para comprar alimentos, indica una tendencia al caos que irá produciendo la guerra y a la intervención protagónica de las masas.

El responsable ¿es el capital o el trabajo?

Los economistas capitalistas y sus entidades financieras afirman que la causa del alza de los precios viene por el exceso de demanda, por el hecho de que bajo la pandemia una parte de la población trabajadora que tiene ingresos, ahorró estos porque no tenía en qué gastarlos, estando en cuarentena. Ahora habrían inundado el mercado con sus ahorros y como el capital no se preparó se ha provocado esta inflación de precios. La imprevista excesiva demanda sería entonces la causa del aumento de precios.

Pero no es así. La inflación actual no viene por el lado de la demanda sino de la oferta. Ya antes de la pandemia se registraba una caída de la oferta, con el ingreso en la recesión, con su curva descendente en el comercio mundial y la producción. Una de las causas fundamentales de la falta de oferta que hace aumentar los precios, en el inicio de un ligero reanimamiento económico, es lo que llamamos la “huelga de inversiones” de los capitalistas. La causa de esta falta de inversiones capitalistas productivas se encuentra en la crisis de sobreproducción y la caída de la tasa de beneficio del capital. Esto frena la inversión -y por consiguiente el crecimiento económico- cuyo motor de impulso principal es el lucro capitalista.

La escasa perspectiva de un reanimamiento sostenido del crecimiento económico y la sobreabundancia de capitales invertidos que están semiociosos hacen que no sea “rentable” construir nuevas empresas o expandir la capacidad de producción por demandas transitorias y coyunturales. Esta es la causa por la que una gran masa de capitales ociosos se vuelca a la especulación no solo en torno a la recompra de sus propias acciones en la bolsa, aumentando artificialmente sus “ganancias”, sino también con la creación acelerada de nuevos instrumentos financieros (mercados de materias primas a futuro, etc.) que “valorizan” los capitales sin intervenir directamente en el desarrollo de la producción. Las “correcciones” crecientes de caídas catastróficas en los valores de las acciones en las bolsas y luego, en muchos casos, nuevas alzas espectaculares indican el carácter especulativo de las mismas y el peligro de una crisis financiera en toda la línea.

Frente a la falta de “oferta” que ellos provocan por la falta de inversiones, los monopolios prefieren ganar beneficios por aumento de los precios aprovechando la escasez relativa de las mercancías requeridas y la cartelización de importantes ramas de la producción.

Ya antes del inicio de la guerra de Ucrania, los precios de los hidrocarburos subieron aceleradamente. Esto se debe al control oligopólico de los pulpos petroleros que han decidido en la Opep (Organización de Países Exportadores de Petróleo) autolimitar sus cupos de producción para volcar al mercado. En nuestra revista EDM N° 58 publicamos el ejemplo de la caída de las inversiones petroleras de 750 mil millones dólares en el 2014 a un estimado de 350 mil millones para el 2021

La huelga de inversiones reinante en la actualidad es expresión y consecuencia de la crisis de sobreproducción. El capital ha puesto un freno a la producción que no satisface las expectativas de rentabilidad esperadas. Hay ¨demasiados” capitales, “sobran” capitales en relación no a las necesidades sociales sino a las posibilidades de lucro. La declinación de la tasa de ganancia a la que venimos asistiendo (y que ahora se acentúa) actúa como una traba para el desarrollo de las fuerzas productivas; y está en la base del presente impasse capitalista.

Las crisis de sobreproducción no se deben al subconsumo, o la insuficiencia de la demanda -como plantean keynesianos y neokeynesianos. La superación clásica de las crisis capitalistas de sobreproducción se “resuelve” eliminando el capital “sobrante” y abriendo nuevas oportunidades para las inversiones capitalistas. Sin embargo, paradójicamente, ese mecanismo clásico fue relativamente inhibido y neutralizado a través de los rescates puestos en marcha por los Estados capitalistas, temerosos de las consecuencia económicas, sociales y políticas que podría provocar una limpieza de esas dimensiones.

La pandemia, también, contribuyó a la baja de la oferta capitalista. La interrupción de la actividad productiva derivada de la propagación el virus se vio potenciada por los escollos inherentes a la propia organización de la producción que predomina en el mercado capitalista. Las cadenas capitalistas, que integran en muchos casos un mismo grupo monopólico, funcionan cada vez más, sin stocks, bajo las premisas del “just on time”. Así bajan costos y frenan, ultraparcialmente, la caída de su tasa de beneficios. Pero al producirse un cortocircuito de uno de los elementos de la cadena se terminan deteniendo ramas enteras de la producción. Es lo que está sucediendo ahora, nuevamente, con el relanzamiento de una nueva cepa del coronavirus en China que ha llevado a la cuarentena de ciudades enteras y el cierre de sus puertos de exportación (Shanghai, etc.).

Un factor clave es la gigantesca emisión monetaria que ha sido destinada a los rescates gubernamentales de los capitalistas al borde de la quiebra. La compra subsidiada de activos en situación de bancarrota por la Reserva Federal yanqui ha pasado de un billón de dólares, en el 2008, a 9 billones en el momento actual. Esto se une al crédito barato, regalado, al bajar la tasa de los bancos centrales prácticamente a cero. Esta es una de las causas centrales de la actual escalada inflacionaria. Ha llevado al agotamiento de los recursos públicos y un endeudamiento monstruoso de los Estados.

Viene al caso señalar que la especulación que se nutrió de los fondos públicos no solo fue a parar a los activos financieros, sino que se desplazó al mercado de los comodities y es responsable del aumento experimentado por las materias primas ya antes de que estallara la guerra.

Estos factores, que se retroalimentan entre sí, han roto los equilibrios existentes: está provocando una desvalorización del dólar, que sumado a la conmoción política internacional (guerra de Ucrania, etc.) puede precipitar un abandono de esta y otras monedas-divisas y el refugio en el oro o en otros activos que funcionen como reservas de valor. La creación de las criptomonedas son un intento de salir al paso a esta tendencia, ya que las mismas no estarían reguladas por los bancos centrales. Pero por ahora han jugado un gran rol especulativo y amenazan con convertirse en reas de grandes fraudes.

Si se confirmara esta tendencia, estaríamos ante una dislocación monetaria del mercado y la economía mundial y un salto cualitativo en la crisis capitalista.

Como señaló la revista The Economist, las sanciones económicas tendrán consecuencias: “Cuanto más se utilicen, más países tratarán de evitar depender de las finanzas occidentales. Eso haría que la amenaza de exclusión fuera menos poderosa. También llevaría a una peligrosa fragmentación de la economía mundial. En los años ’30, el miedo a los embargos comerciales se asoció a una carrera hacia la autarquía y las esferas de influencia económica”.

China “estará examinando cuidadosamente las implicaciones de las sanciones rusas, porque en una guerra, o incluso en un conflicto por Taiwán o algún otro asunto, Estados Unidos y las potencias occidentales podrían congelar sus 3,3 billones de dólares de reservas de divisas. Otros países, como la India, pueden preocuparse por ser más vulnerables a la presión occidental”, según The Economist (extraído de WSWS, 20/3).

El panorama creado por la guerra podría acelerar la búsqueda de sustitutos a la divisa norteamericana. El escenario bélico pone en el centro del debate la sustentabilidad y consistencia del dólar como moneda internacional, surgido de los acuerdos de Bretton Woods.

A diferencia de la crisis del 2008, China no solo no actúa como “locomotora” para una salida reactivadora con su excepcional demanda mundial de materias primas, sino que está ralentizando su producción. La reciente crisis del monopolio inmobiliario Evergrande en China es la punta de un iceberg de sobreendeudamiento de numerosas empresas chinas.

Para enfrentar estas tendencias inflacionarias la FED norteamericana (Banco Central yanqui) elevó las tasas de interés. El aumento inicial ya estaba recontraanunciado, pero sorprendió por lo modesto ya que se circunscribió apenas a 0,25 puntos porcentuales cuando la expectativa de los mercados era más elevada. Se terminó confirmando esta “expectativa”: la FED aumentó 0,50 puntos nuevamente, a principios de mayo (y se insinúa nuevo aumento en junio). Indica la preocupación frente a la persistencia de la inflación en las metrópolis imperialistas. Pero al mismo tiempo, existe el temor fundado en los círculos de poder políticos y económicos que un aumento de la tasa de interés pueda terminar de acelerar una recesión que ya asoma la cabeza con el desinfle de la actividad económica que ya se constata con más razón con el estallido de la guerra y los efectos de la pandemia que está lejos de cerrarse. No se nos pueden escapar las llamadas “empresas zombis” que con sus ganancias no consiguen pagar los intereses de sus deudas y que se mantienen refinanciándolas con fondos casi gratuitos del Estado. Un aumento de las tasas de interés las llevaría directamente a la quiebra.

Agreguemos, por otra parte, que el solo hecho de que se hayan dispuesto subas de la tasa de interés y se anuncien nuevos aumentos ya ha sido suficiente para provocar grandes turbulencias financieras. Recientes sucesivas caídas de las Bolsas han “evaporado” capitales por billones de dólares. Esto habla de la extrema volatilidad de la economía internacional.

Ni que hablar de los efectos que plantea sobre los países emergentes. El aumento ya dispuesto de las tasas de interés más los que están analizando los bancos centrales de las potencias imperialistas están teniendo una repercusión directa en el aumento que se viene de los montos a pagar por parte de los países atrasados por sus “deudas externas” y por la fuga de capitales hacia la metrópoli que alienta; lo que desestabiliza más profundamente estas economías, las colocan en muchos casos al borde del default y las obligan a llevar adelante políticas ajustadoras contra las condiciones de vida de sus pueblos (tarifazos, reformas laborales, etc.). Estos “ajustes” impulsados por el FMI están en la base del estallido de las rebeliones populares en América Latina y el mundo.

Lo paradójico es que probablemente estas subas de las tasas de interés tengan todos estos efectos funestos, pero sin que logre detener la inflación. Aun con los ajustes de la tasa de interés escalonado que prevé la FED para todo el año  las tasas seguirán siendo negativas (muy por debajo del incremento que se espera de los precios). Por otro lado, la eficacia de las restricciones monetarias tropieza con la inmensidad del capital ficticio que circula. De modo tal que el escenario más probable es una mezcla de recesión con inflación.

Este panorama plantea un cuadro de situación violento y convulsivo. Los partidarios del estancamiento secular -que también tienen sus adeptos en las filas marxistas- sostienen, en lugar de un derrumbe, un declive más sereno que iría digiriendo los capitales sobrantes. Pero es imposible que se pueda esquivar la crisis cuando ha llegado a este extremo sin provocar la destrucción de una parte del capital instalado a través de los medios que le son propios: colapsos, defaults, quiebras y bancarrotas. Lo cual es el caldo de cultivo para grandes conmociones políticas nacionales e internacionales y guerras, como la que estamos enfrentando en Ucrania y para levantamientos populares

Quién paga la crisis

Al echar la culpa de la inflación sobre la “demanda”, es decir sobre los gastos “extras” de los ahorros de la clase media y los trabajadores, los capitalistas pretenden morigerar la recuperación salarial que debiera venir de la mano de una reactivación, aunque esta sea limitada. Ya han salido todas las entidades financieras y sus voceros economistas a reclamar prudencia en los reclamos salariales para no alimentar la inflación. Esta “ideología” económica ha penetrado en sectores de las burocracias sindicales que afirman ser partidarios de “acuerdos de precios y salarios” y de concertaciones con las patronales y, como máximo, de controles estatales sobre el aumento injustificado de los precios. Afirman que grandes aumentos salariales finalmente se trasladan a los precios y van creando una espiral inflacionaria. Debemos rechazar estas falacias por propatronales. Los salarios no son responsables del aumento de los precios. El aumento de salarios afecta la ganancia del capitalista, no el precio de las mercancías. Es el capitalista el que aumenta el precio para resarcirse de los salarios que ha debido pagar.

Frente a la inflación y la carestía, los trabajadores deben reclamar no solo aumentos salariales, sino también la indexación automática de los salarios acorde con el costo de vida: la escala móvil de salarios, como plantea el Programa de Transición de la IV Internacional.

La guerra agudiza la descarga de la crisis por parte de los capitalistas sobre las espaldas de los trabajadores. La inflación está creando un cuadro social cada vez más explosivo. Los aumentos de combustible y alimentos incentivaran drásticamente –en las metrópolis imperialistas se trata de una novedad la inflación (acostumbrados a estabilidad o deflación de precios durante un largo período)- las huelgas por aumento salarial. En los Estados Unidos está en curso -hace 2 semanas- una huelga de los docentes de Minneapolis por aumento salarial (también por reclamos de defensa de la educación pública, etc.) con gran apoyo de padres de estudiantes y de la población. Es parte de la ola de huelgas que se viene registrando en Volvo, John Deere, Dana, Kellogs, enfermeros, etc. Muchas de estas luchas se realizan por fuera del aparato de los sindicatos que por años de inacción, impuestos por las burocracias, han caído fuertemente en el número de afiliados. Hay una reacción frente a los bajos salarios y a las condiciones de precarización laboral, especialmente de la juventud. Se ha planteado la particularidad de lo que se ha dado en llamar “la gran huelga” que es el abandono completo del trabajo de centenares de miles, porque no aguantan cobrar salarios tan bajos y condiciones laborales negreras. Por un lado, indica la debilidad de la organización obrera que no ha salido a luchar contra esta reducción salarial. Pero preocupa al gobierno y a las patronales, porque es un indicador del fuerte malestar social en la base más explotada de los trabajadores, que puede transformarse en un volcán de luchas. En consonancia con este ascenso de la lucha obrera se destaca la importante ola de sindicalización en los EE.UU. The Washington Post señala que “muchos líderes del movimiento tienen poco más de 20 años; se inclinan por el apodo de ‘Generación U’, por Union [sindicato]. La aprobación de la existencia de sindicatos es la más alta desde 1965, con un índice de popularidad del 68 %, que aumenta al 77 % entre los estadounidenses de 18 a 34 años, según una encuesta reciente de Gallup”. En este marco, el propio gobierno busca alentar la constitución de cierto movimiento sindical para tomar la iniciativa de contar con burocracias capaces de contener una radicalización de la lucha juvenil y obrera (Walmart, etc.).

En Europa las huelgas aún son moleculares, pero la carestía ha creado una gran agitación popular que preanuncian luchas con fuerte radicalización. También en Gran Bretaña hay un abandono del trabajo de obreros que no quieren trabajar por miserias salariales (chóferes, etc.). La gran huelga general de 10 días de los siderúrgicos de Cádiz fue acompañada activamente por piquetes y la participación popular, enfrentándose a las fuerzas represivas. En Italia la lucha de la GKL de Florencia, una fábrica metalúrgica mediana (500 obreros), que se desarrolló desde fines del 2021 ha ganado gran eco porque ha apelado a métodos clasistas combativos (ocupación de la fábrica frente al cierre, asambleas permanentes, etc.). Y ha galvanizado a la vanguardia obrera y sindical (plenarios, actos, marchas) que se movilizó para apoyar esta lucha -contra el cierre de esta autoparte para deslocalizarla en algún sitio de la UE con menores salarios y conquistas- y coordinar a las corrientes combativas.

La carestía llevará a un reanimamiento de la lucha de clases que empujará por colocar a los trabajadores en el centro de la situación política. El visceral repudio contra las burocracias sindicales, subjetiva y objetivamente propatronales, se ha desarrollado masivamente en las bases obreras. Es probable que muchas próximas oleadas de luchas se basen en la constitución de comités fabriles independientes. Pero no podemos decretar la muerte del sindicalismo, sino plantear la expulsión de las burocracias de los sindicatos y recuperar los mismos, como arma de organización y lucha independiente de los trabajadores; sin dejarse maniatar por el corsé burocrático, por un fetichismo de la forma sindical. Es necesario estar abiertos a todas las iniciativas de lucha y organización independiente que vayan creando los trabajadores en sus necesidades combativas. El planteo de congresos obreros y sindicales con representantes electos por las bases es necesario como orientación de búsqueda de reagrupamiento de los trabajadores para superar las parálisis de las burocracias sindicales. Va acompañado por el reclamo a las direcciones que convoquen a asambleas y plenarios de delegados para romper con el colaboracionismo de clases, para que los trabajadores se puedan pronunciar y votar sobre la política y los planes de lucha a seguir.

Una de las dificultades que encuentra el movimiento obrero para romper con la parálisis de sus sindicatos es que gran parte de estos han estado históricamente ligados a partidos socialdemócratas, estalinistas o nacionalistas burgueses integrados a la defensa del Estado burgués con políticas de colaboración de clases. La acentuación de la crisis vuelve más conservadoras y represivas a estas burocracias sindicales. En Gran Bretaña el Partido Laborista, que históricamente se formó sobre la base de los sindicatos, viene de expulsar a miles de activistas y pegar un giro más directo hacia la centroderecha.

La CUT brasileña no ha dirigido una huelga general desde hace años y ha venido dejando al garete las que fueron emergiendo (Correos, petroleros, etc.). Ha dejado pasar las reformas laboral y previsional reaccionarias. Está sometida al PT, concentrando su energía en obtener el voto para las elecciones presidenciales de octubre contra Bolsonaro a favor de Lula. Plantear la lucha por la independencia política de la clase obrera y de sus organizaciones es estratégico.

La crisis ha venido impulsando el ascenso de partidos derechistas, algunos de ellos fascistoides, especialmente en Europa, pero también en la India y otros países. En Europa muchas de estas formaciones fascistoides declararon ser partidarias de romper con la UE y declarar la “autonomía” nacional. Esto ha limitado un apoyo abierto de sectores del gran capital que ven a la UE y su Banco Central como el FMI de Europa, como quien puede votar paquetes de rescate para los grupos capitalistas en crisis que, lógicamente, después deberán pagar los pueblos. España e Italia son de los más dependientes de estos paquetes de rescate. España ha recibido un gran giro de euros que está condicionado -por la entrega en cuotas- a que lleve adelante hasta el final la reforma laboral y jubilatoria y otras medidas de ajuste, a las que el gobierno del PSOE, apretado por su base popular-sindical, venía demorando en una aplicación integral. Periódicamente el BCE –igual que el FMI en Argentina- irá evaluando la marcha del ajuste.

El surgimiento y desarrollo de estos partidos derechistas y/o fascistoides son parte de la crisis y descomposición capitalista y producto directo del desgaste histórico de las formaciones políticas tradicionales. Pero estos también después de un primer rápido auge han comenzado a ser erosionados porque sus declaraciones amenazantes “contra el sistema” no se podían concretar. Le Pen, en Francia, abandonó su planteo de romper con la UE y reemplazar el Euro por una moneda nacional.

Tienen igualmente un peso en sectores de clase media y hasta de la clase obrera atraída por un planteo verborrágico de acción e impugnación del Estado liberal. En Francia la formación derechista tradicional dirigida por Le Pen se vio en competencia con el surgimiento de la candidatura “ultraderechista” de Zemmour. En el campo de la derecha se impuso –para la segunda vuelta electoral- Le Pen con sus planteos moderados y su coqueteo demagógico con reclamos de las masas trabajadoras contra el gobierno de Macron. En España también el avance de la derecha está ralentizado. La división existente (Partido Popular, Vox, etc.) ha permitido que gane la elección un frente del PSOE con Unidas Podemos (integrada por Izquierda Unida-PC, Podemos).

En Italia se rompió el frente derechista. El populista 5 Estrellas se abrió y se integró a un gobierno de centroizquierda. La ultraderecha que amenazaba con ser mayoría está dividida: Salvini de la Liga integra el gobierno de “unión nacional” con el primer ministro Mario Draghi, un “técnico” apartidario, sugerido directamente por el BCE del cual fue presidente largos años. En cambio “Los Fratelli de Italia” no quisieron integrarse y han quedado fuera en minoría.

También la ultraderecha de Alemania, AFD, retrocedió en las últimas elecciones.

La integración o no de la UE es el problema que ha frenado el crecimiento de la ultraderecha. El gran capital de cada país es mayoritariamente “europeísta” y se opone, por ahora, a cualquier aventura “nacionalista” que lleve a la ruptura con la UE. Lo cual deja pedaleando en el aire a la ultraderecha, que solo puede levantar sus posiciones racistas, antiobreras y represivas.

La salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (Brexit, enero 2020)–en búsqueda de una alianza “privilegiada” con los EE.UU. de Trump- ha agravado el retroceso económico-social. En recientes elecciones, el Partido Conservador en el gobierno ha sufrido un fuerte golpe, perdiendo 300 municipios que dirigía. Y en Irlanda del Norte, triunfó en elecciones parlamentarias, por primera vez, el Sinn Fein, el partido que representa al IRA, la organización armada que se enfrentaba al gobierno británico luchando por la unidad independiente de Irlanda. Tanto en Irlanda, como en Escocia, hay fuertes movimientos para abandonar el Brexit y volver la UE.

Este empantanamiento-fracaso –que trata de ser revertido por un mayor protagonismo en la guerra de la Otan contra Rusia- es el que ha, también, desinflado el progreso de las derechas “autonómicas”.

En América Latina también la derecha ha sido batida en las calles y electoralmente. El golpe de Áñez en Bolivia fue derrotado por la huelga general primero y por las elecciones después.

El intento de Keiko Fujimori -la ultraderechista hija del dictador Fujimori (en la cárcel)- de ganar las elecciones presidenciales fue derrotado por la aparición sorpresiva de la candidatura populista de Pedro Castillo que fue tomada como un canal de oposición popular al ascenso del agrupamiento fascistoide.

En Chile, Piñera fue batido con el poderoso levantamiento del 18 de octubre del 2019 primero y luego el intento de reagrupamiento de la derecha detrás del pinochetista Kast fue derrotado por la candidatura de Boric del Frente Amplio.

Ahora en Brasil, las encuestas indican que Bolsonaro no sería reelecto en las elecciones de octubre, ganando las mismas Lula, del centroizquierdista PT.

También los pronósticos indican que el combativo levantamiento popular en Colombia, si bien fue contenido, fuerte represión mediante, no fue aplastado. Las recientes elecciones internas para elegir los candidatos para las presidenciales de fines de mayo dieron un holgadísimo triunfo al candidato de la “izquierda” contra la suma de los candidatos de la derecha y del centro. Un anticipo de las elecciones presidenciales con el triunfo que se vaticina de Gustavo Petro, probablemente en la primera vuelta.

Tomada de conjunto, la situación internacional ha evidenciado los límites de un auge de la ultraderecha. El gran capital, en la actualidad, no privilegia esa variante pero esa circunstancia no nos debe hacer perder de vista la novedad que representa –y prestarle la atención política que merecen- el surgimiento y desarrollo de nuevos sectores de derecha (Milei en Argentina, Kast en Chile, Zemmour en Francia, etc.) que realizan una crítica “antisistema” verborrágica (contra la casta política, etc.) con posiciones ultraliberales y fascistizantes que se plantan como alternativa superadora al fracaso y descrédito del sistema político y de los partidos tradicionales

Es necesario tener presente que la burguesía se vale de todos los métodos de contención, no solo de la acción frenadora y dislocadora de las burocracias sindicales. Se plantea una fuerte lucha política-ideológica contra los instrumentos del Estado burgués y la acción de propaganda y agitación que impulsan la burguesía y sus partidos, que se potencia a través de su dominio de los medios de difusión (prensa, redes, etc.).

En este contexto, las iglesias –con gran dinamismo de las evangélicas- están jugando un papel importante en el disciplinamiento de sectores de masas en América Latina. Están a la vanguardia de la lucha contra el derecho del aborto y todo cambio progresista (derechos de LGBTI, etc.) y se postulan sistemáticamente como factor de de domesticación ideológica de los pueblos y de desvió y bloqueo en la radicalización que se registra en los movimientos de lucha que se vienen abriendo paso. Y pasan a constituirse en soportes de diferentes tentativas políticas a izquierda o derecha que se abren paso en un marco de deterioro muy agudo de los regímenes políticos tradicionales.

La caldera latinoamericana

¿Se viene una nueva “ola rosa” en Latinoamérica, con preeminencia en los gobiernos del nacionalismo burgués y el frentepopulismo de conciliación de clases?

Ante la oleada de levantamientos populares que se vino desarrollando (Chile, Bolivia, Ecuador, Colombia, etc.), el imperialismo yanqui ha aceptado en América Latina la convivencia y asociación con los gobiernos nacionalistas burgueses. Ya lo había hecho con AMLO en México en el 2018, que fue aceptado porque aparecía como una válvula de escape frente a la descomposición-corrupción de los partidos derechistas y para contener las crecientes movilizaciones populares contra la corrupción y los crímenes de los gobiernos derechistas. AMLO se comprometió a mantener a México integrado a la Zona de Libre Comercio donde hacen sus superganancias los monopolios maquiladores de EE.UU. Jugó eficientemente el papel de gendarme reprimiendo el acceso de los inmigrantes centroamericanos a la frontera yanqui. La lucha contra la corrupción y los crímenes contra el pueblo (la masacre de Ayotzinapa, etc.) no ha avanzado. AMLO usa una demagogia democratizante para tratar de mantener una imagen progresista. Hizo votar un referéndum para poder enjuiciar a los expresidentes derechistas, proceso que será más político que penal. Algo típico de las maniobras centroizquierdistas: Alfonsín fue más lejos con la Conadep y viabilizó un enjuiciamiento a responsables de la represión dictatorial que llevó a varios de ellos a la cárcel. AMLO realiza un fuerte trabajo de cooptación de dirigentes sindicales, sociales e incluso de sectores de la izquierda. Propuestas de “soberanía energética” fueron bloqueadas parlamentariamente –como era previsto- por la derecha. AMLO no habilitó transformaciones antiimperialistas, evitando la movilización popular (diferencia sustancial con el nacionalismo de Lázaro Cárdenas en la década del 30 del siglo pasado, que expropió las petroleras imperialistas).

El gobierno yanqui levantó el pulgar, para que el ignoto Pedro Castillo, presentado como candidato por Perú Libre (pequeño partido centroizquierdista que se reclamaba marxista), pudiera asumir la presidencia que ganó por escaso margen en una elección polarizada contra la candidatura de un frente de todo el derechismo peruano. Pero subió terriblemente condicionado: se le puso al frente del Banco Central y como ministro de Economía a reconocidos representantes del liberalismo financiero. Castillo respetó y fortaleció toda la estructura represiva de las FF.AA. y policiales. No tomó ninguna medida que lesionara los intereses de los poderosos pulpos mineros. Actúo en forma pusilánime: rompió con la Mesa de Lima formada por iniciativa de Trump con los gobiernos derechistas de Latinoamérica contra Venezuela, para inmediatamente ante la crítica de la derecha hacer renunciar al ministro de Relaciones Exteriores y colocarse nuevamente en una posición proimperialista.

La posibilidad del ascenso de Lula a la presidencia de Brasil no está mal vista por el imperialismo. Lula viene de hacer una gira por las metrópolis europeas donde fue recibido como un estadista y próximo presidente. Su oposición a Bolsonaro ha sido de tibia discursiva, mientras el PT y la CUT han bloqueado cualquier movilización de carácter obrero y/o popular. Ha elegido –como señal al imperialismo y al gran capital- de candidato a vicepresidente a Gerardo Alckmin, reconocido político derechista, que viabilizo el golpe que destituyó a la presidenta del PT, Dilma Rousseff. Ha anunciado que reformas antiobreras, como la laboral, no serán derogadas, sino revisadas y “actualizadas” tomando como ejemplo la del PSOE en España que dejó en pie lo central de esta legislación antiobrera.

Gustavo Petro, el candidato presidencial centroizquierdista en Colombia, concilió y desmovilizó a las masas en la calle que estaban protagonizando enfrentamientos históricos contra el gobierno del derechista Duque. Su plataforma es un rosario de “intenciones” sin que se comprometa a ningún cambio radical.

Boric junto con Lula son quizás dos exponentes emblemáticos de esta política contemporizadora. Pactó con el derechista presidente Piñera un plan-cronograma para bloquear la lucha por su derrocamiento; y desmovilizar los enfrentamientos masivos -que la represión no lograba hacer retroceder- a través de un prolongado proceso de sucesivas elecciones. Ha declarado que no liberará a todos los presos políticos, gran parte de ellos detenidos en las multitudinarias jornadas de lucha del 2019/21 y/o de la resistencia del pueblo mapuche a la expropiación por la fuerza de sus tierras para ser tomadas por oligarquías explotadoras de los bienes naturales (madera, etc.) del sur chileno. Ha reforzado a las fuerzas represivas que continúan con sus acciones salvajes contra los sectores populares que salen a la lucha por sus reivindicaciones. En una situación difícil, dado que aún está vigente la posibilidad de grandes movilizaciones populares, está tratando de pilotear el desarme de las reivindicaciones populares (anulación de la jubilación privada, universidad estatal gratuita, etc.). Y la Asamblea Constituyente en manos de un gobierno burgués (primero el de Piñera, ahora el de Boric) se ha evidenciado como un ámbito gatopardista que deja en pie todo lo esencial del sistema de dominación capitalista.

En Bolivia, el nuevo gobierno de Arce, que subió luego de la derrota del golpe derechista, no ha tomado ninguna iniciativa superadora, de carácter antiimperialista, manteniéndose dentro de los límites que agotaron al régimen de Evo Morales.

Esta nueva “ola rosa” está llevando al poder al nacionalismo burgués y el frentepopulismo de conciliación de clases, en sus términos históricos más conservadores. Ellos no han estado al frente de las sublevaciones populares, han trabajado para desmovilizarlas (Boric, Lula, Petro). Se han enancado en las lucha de sus pueblos con programas de contención, con pequeñas y cosméticas reformas. Todos ellos van a llevar a la práctica los planes de ajuste que negociarán con el FMI, en primer lugar, garantizar el pago de la deuda externa.

El gobierno peronista de Alberto Fernández y Cristina Kirchner es el que está ejecutando el ajuste contra las condiciones de vida de las masas que el derechista Macri no pudo terminar de imponer. Y es el que viene de firmar un pacto con el FMI (con el apoyo de toda la burguesía y sus partidos) para imponer un ajuste mayor, transformando al gobierno argentino en un títere del capital financiero internacional.

Pero Latinoamérica es un polvorín social. La crisis ha llevado a un estancamiento económico y a una reprimarización de su economía exportadora de materias primas. La industrialización ha retrocedido, mientras crecen las inversiones en la minería extractivista. Esto viene acompañado por un crecimiento de la pobreza estructural y de la polarización social.

El problema fundamental que se presenta para los trabajadores del continente y para sus vanguardias de lucha y políticas es constituirse en alternativas de izquierda independientes y revolucionarias a estos gobiernos que se postran frente al imperialismo. El peligro político no viene, en lo inmediato, directamente de la derecha, sino de las políticas de contención llevadas adelante por los gobiernos centroizquierdistas y nacionalistas burgueses que explotan las ilusiones que las masas depositan en ellos y de las que se aprovechan para ir ejecutando un ajuste en toda la línea. Se plantea desarrollar una fuerte delimitación y crítica de estas formaciones “rosas” y defender con un programa clasista y la independencia política de la clase obrera respecto a los partidos y gobiernos burgueses. Se trata de recuperar los sindicatos y centrales obreras como instrumento de lucha independiente de los trabajadores, expulsando a las burocracias sindicales. Y de la formación de partidos obreros, socialistas, internacionalistas, de acción militante. No se nos debe escapar que el fracaso del nacionalismo burgués conservador y la centroizquierda frentepopulista, incapaces de enfrentar la crisis capitalista que se descarga sobre los pueblos latinoamericanos, amenaza ante la falta de alternativas obreras y revolucionarias con traer de vuelta al poder a los derechistas y fascistoides. Es lo que amenaza a Pedro Castillo en Perú, a menos de un año de su asunción, con un parlamento dominado por la derecha que constantemente obliga a renunciar y cambiar ministros y pide la “vacancia” del presidente.

La experiencia de Argentina es el espejo para la evolución de estos gobiernos de contención de clases. El gobierno peronista-kirchnerista ejecuta –con dificultades- las reformas reaccionarias que el macrismo no pudo, ni podía llevar adelante. El kirchnerismo perdió las elecciones de medio término y ganó la derecha macrista (con fuerte disminución de votos de ambos). Pero hay también una oposición de izquierda, con un planteamiento de independencia obrera, y salió como tercera fuerza electoral. Bien que, siguiendo el panorama internacional y latinoamericano, ha surgido, también, una derecha ultraliberal de discurso fascistoide (Milei).

Los partidos políticos históricos de las burguesías se hunden o retroceden, emergiendo nuevas alternativas (de derecha y de “izquierda”) que incluso se presentan como antisistema.

La agudización de la crisis capitalista empujará una nueva ola de movilizaciones a nivel continental contra los ajustes fondomonetaristas. Esta tendrá más inconvenientes para estructurarse porque ahora deberá enfrentar los ajustes no de los gobiernos derechistas, sino de aquellos que se reclaman nacionales, populares, progresistas y/o antiimperialistas.

Las tendencias a la insurgencia popular surgen de agudización de la crisis capitalista. A este proceso se suma Cuba, donde el 11J se produjo también una irrupción de protesta frente a las medidas antipopulares que tomo el gobierno de Diaz-Canel, primera manifestación con presencia dominante de sectores populares combativos, que tuvo gran repercusión en la Isla y el continente. El gobierno respondió con una fuerte represión. Ahora ha juzgado declarando “culpables” a una veintena de manifestantes de aquella movilización. Se ha abierto un fuerte debate sobre los pasos a seguir para poner en pie una oposición de izquierda, que se reclama trotskista. Cuba se suma a la lucha por la revolución social contra la burocracia prorrestauracionista.

La reacción en toda la línea

La guerra está potenciando todos los aspectos reaccionarios del capitalismo imperialista.

El boicot a la exportación de gas y petróleo rusos en Europa ha vuelto a reactivar la explotación del carbón (el insumo energético más nocivo del medioambiente) y, de un modo general, de todas las fuentes de energía contaminante, entre otras, el fracking, y también la proliferación de proyectos de la peligrosa energía nuclear.

Esto termina de asestarles un golpe letal a todos los “planes” en defensa del medioambiente. No olvidemos que las “cumbres” de gobernantes por el clima han fracasado. No se han cumplido, incluso, sus débiles y verborrágicas resoluciones. Los presupuestos comprometidos por los países desarrollados para encarar la lucha contra el cambio ambiental en las naciones atrasadas no se han cumplido. Y la masacre ambiental sigue acelerándose. Se ha constatado que continúa el acrecentamiento de la temperatura planetaria, con su secuela de desastres climáticos (inundaciones, sequías, etc.). Los hielos del Ártico y la Antártida se están derritiendo. Pero el capitalismo en lugar de enfrentar este atentado al ambiente, piensa en cómo desarrollar nuevos procesos de inversión y rentabilidad para sus capitales (rutas de navegación que unan Europa y Asia por el Ártico deshelado, explotación de petróleo y minerales en esa zona, etc.).

El movimiento de lucha ambientalista está atravesando por una crisis. Las grandes movilizaciones internacionales contra la depredación ambiental en lugar de incrementarse contra la guerra y sus consecuencias en el ambiente, han refluido. Los gobiernos burgueses han ido cooptando a parte de las direcciones de los movimientos ambientales que de un modo general se han plegado al campo de la Otan.

Esto se suma a la integración de los “partidos verdes” a los frentes populares centroizquierdistas de defensa del orden social capitalista. En el país galo, los “verdes” se acaba de integrar al frente popular con Mélenchon, el nacionalista de Francia Insumisa.

No se trata de levantar un “ecosocialismo” vulgar (cierre de todas las ramas productivas que contaminen el ambiente). Sino de buscar una alianza con la clase obrera para imponer un programa de transición bajo control de los trabajadores. La lucha contra la explotación del trabajador y la agresión capitalista al ambiente está unida. Hoy en día, la izquierda anticapitalista debe plantearse este terreno de batalla que se podrá ir imponiendo al compás de la evolución de la lucha contra la crisis capitalista. Sumando, especialmente, a la juventud a un frente de lucha contra la barbarie capitalista.

Situación similar se produce en el movimiento de lucha de las mujeres. La ilusión de que bajo el capitalismo irá progresando la situación de las mujeres y de los LGBTI es una expectativa infundada. Hoy en día vemos cómo el derecho al aborto es cuestionado en los EE.UU., que lo había conquistado hace décadas. Y como los derechos del colectivo LGBTI son rechazados en países europeos. No hay derechos “permanentes” dentro de la sociedad capitalista en crisis. La situación de la mujer trabajadora ha empeorado. Es el sector más explotado de la clase trabajadora. La crisis en desarrollo incrementa exponencialmente su superexplotación. Es necesario retomar el objetivo de poner en pie al movimiento de la mujer trabajadora, que adopte como objetivo estratégico, en su lucha contra la explotación y la persecución patriarcal-capitalista contra sus derechos democráticos, uniendo la organización independiente a la lucha por gobiernos de trabajadores y el socialismo.

Las persecuciones y discriminaciones raciales en Europa, a su turno, no son cosa del pasado nazi-fascista. Lo evidencia la persecución a los trabajadores y jóvenes musulmanes, que son el sector más explotado de la clase trabajadora, usado para los trabajos más duros y peores pagos. Sin ellos, en Francia, Alemania, etc., la clase capitalista no tendría los suficientes asalariados para mantener activa su producción. La organización de su rebeldía será un terreno de grandes luchas en la que los revolucionarios debemos intervenir en primera línea. Trump fue volteado electoralmente, porque primero fue azotado por las grandes movilizaciones de masas norteamericanas contra la represión policial y la superexplotación de la “minoría” negra. Este no es solo un problema vigente en los países desarrollados. También se reproduce en los semicoloniales: en el Brasil donde la población negra es mayoritaria (49,6%) y es el sector más perseguido por la represión del “orden” policial; en Perú donde se descarga sobre las comunidades campesinas indígenas la polución creada por la explotación descontrolada de las mineras; en el Chile contra los mapuches; etc. Ni hablar en Palestina, donde los sionistas tienen encerrados en guetos y superexplotan (y reprimen salvajemente) al pueblo, con el apoyo activo del imperialismo yanqui y mundial.

Los socialistas revolucionarios deben intervenir en todos estos terrenos de lucha contra la barbarie capitalista, que ha pegado un nuevo salto con la guerra de Ucrania, condición sine qua non para ganar su ascendiente en la masa trabajadora con un programa socialista.

Los desafíos de la izquierda

Se ha convertido casi en una muletilla de los partidos de izquierda afirmar que grandes levantamientos populares no devinieron en el triunfo de una revolución socialista por la inexistencia de un partido revolucionario que hubiera ganado influencia de masas. Se trata de una verdad de Perogrullo, de una “verdad empírica”. Pero no avanza en explicar por qué no lo hay. No orienta a su superación.

Lo que prevalece mayoritariamente en la izquierda es una tendencia democratizante, que expresa un acomodamiento al orden social vigente. Aunque se reivindique –a veces- formalmente de la lucha estratégica por un gobierno de trabajadores, la orientación y la práctica política cotidiana tienen como eje un progreso a la sombra del Estado capitalista. Por supuesto, el espectro de organizaciones es muy amplio y variado, pero, de un modo general un denominador común es el electoralismo y parlamentarismo.

Un caso emblemático por cierto es el del PSOL brasilero. Se trata de un partido de tendencias, que funciona meramente como un sello electoral, ajeno a la acción directa y organización de la clase obrera, que congrega a una gran parte de la izquierda. Incluida aquella que se dice crítica de la orientación de esta formación política que nació como una ruptura con el PT pero que transitó un largo recorrido de evolución hacia la derecha.

El PSOL llama directamente a votar por Lula en las próximas elecciones (y su dirección se prepara hasta para participar en un eventual gobierno de este). Sectores de la izquierda en el seno del PSOL han conformado una coordinación contra esta política de la dirección. Levantaban el planteo de un candidato propio del PSOL (Glauber Braga), quien rápidamente ha acatado la orientación de la dirección del PSOL y cambió su precandidatura presidencial por otra para diputado. El rumbo del PSOL ha sido sancionado por su reciente reunión ejecutiva: frente de unificación con la RED (un partido burgués que apoyó activamente el golpe contra el gobierno de Dilma Rousseff), votar a Lula en la primera vuelta electoral y apoyar la fórmula de este con Gerardo Alckmin como vicepresidente (líder derechista opositor y golpista del anterior gobierno del PT). Eso ya ha sido sancionado, lo saben todos los de izquierda, pero, de todos modos, no sacan los pies del plato. Se mantienen en el PSOL, negociando candidaturas. Esta conducta se viene prolongando en el tiempo, convirtiéndose en una vía de adaptación política, que se disfraza con un planteo crítico, y que ya lleva 18 años. Lo que explica la permanencia en el PSOL es la especulación y el cálculo por rasguñar algunos cargos en el reparto (gran parte de su preocupación gira en torno a las candidaturas a diputados y concejales). En Perú también, IS-UIT militó largo período dentro del Frente Amplio centroizquierdista de corte derechista.

Esta confrontación “internacional” con la izquierda democratizante se refleja directamente también en la Argentina. En el reciente acto unitario del FIT-U del 1° de mayo, el MST planteó, abiertamente, la disolución del frente en un “partido único de tendencias”, abierto a “nuevas realidades” (personalidades, etc.).

El electoralismo atraviesa al propio FIT en Argentina. La lucha que de entrada planteó el Partido Obrero apuntó a extender la acción del FIT no solo al campo electoral, sino a todos los terrenos de la lucha de clases. La reciente iniciativa de convocar a todas las fuerzas a una acción común para enfrentar el pacto del gobierno con el FMI rompió con la parálisis entre elección y elección que lo dominó –con nuestra oposición- desde su fundación. Pero el viraje es parcial y subsisten divergencias de fondo. La propuesta del Partido Obrero de convocar a un Congreso el FIT-U recibió una negativa de las otras tres corrientes. Lo que está en discusión es si el FIT-U se catapulta como un canal, que apunte a la irrupción política y una intervención protagónica de la clase obrera en la crisis nacional -y que involucre y organice en esa lucha a los trabajadores- o quedar confinado como una coalición electoral. El PTS se caracteriza por su hostilidad al movimiento piquetero, que ellos no construyen. Esto representa una divergencia muy seria pues no es posible proyectar al FIT-U como un polo alternativo si se da la espalda al movimiento de lucha más pujante y dinámico del país.

El MST, a su turno, es el que ha ido más lejos en una orientación democratizante. Los planteos expuestos por el MST fueron claramente de disolución del FIT a favor de un frente de colaboración e clases con el centroizquierdismo. Es una nueva vuelta de tuerca a la construcción de una “izquierda amplia”, de la cual nunca se desdijo y que opone al supuesto sectarismo que adjudica a las otras fuerzas que integran el FIT-U.

Estamos en presencia de un debate clave y de una relevancia extraordinaria si tenemos presente que las salidas institucionales y electorales se han convertido en el recurso que más viene usando la burguesía para desviar, desactivar y encausar los estallidos sociales y levantamientos populares. La izquierda revolucionaria tiene el enorme desafío de contribuir a neutralizar y hacer naufragar estas maniobras, defender la continuidad de la lucha y movilización popular en curso para llevarlas la victoria.

El estallido de la guerra en Ucrania ha sacado a relucir divergencias estratégicas en el seno de la izquierda que se reclama revolucionaria a escala internacional. Es claro que la posición ante la guerra ha sido siempre una piedra de toque para las organizaciones del movimiento obrero y socialista en el terreno internacional. La actual guerra en Ucrania replantea el debate sobre cuál debe ser el campo y la acción política revolucionaria de los trabajadores.

Un amplio sector de la izquierda ha colocado todo el peso de su denuncia en la condena de la invasión rusa. En tal orientación se ha hecho público un “Llamamiento” firmado conjuntamente por corrientes internacionales que se reclaman cuarta internacionalistas –la UIT que integra IS de Argentina y la LIT en cuyas filas está el PSTU de Brasil- y la Corriente Comunista Revolucionaria Internacional (CCRI) que lucha por una quinta internacional y en Argentina integra Convergencia Socialista. Se colocan en el campo de la “resistencia” a la invasión rusa, en un frente objetivo común con el gobierno de Zelensky y de la Otan. Critican al imperialismo por no desarrollar una acción punitiva mayor. Propugna “¡por la ruptura de relaciones diplomáticas con Rusia de todos los gobiernos”. Esto es una incitación a que todos los países de mundo –imperialistas y semicoloniales- se sumen a la guerra de la Otan contra Rusia. Confluye así con el planteo de la oposición macrista en la Argentina: “Por la invasión, la oposición quiere que el gobierno corte lazos con Rusia” (Clarín, 15/3).

Las organizaciones que firman este llamamiento no se oponen, por supuesto, al envío de armas por parte de la Otan al gobierno y al ejército de Zelenski, sino que las reclaman a viva voz.

Estas posturas de la izquierda están en la misma longitud de onda que las movilizaciones que se están desarrollando en Europa, que apoyan la embestida militar de la Otan contra Rusia y reclaman incluso más medidas punitivas. Esto es toda una involución de la izquierda europea que históricamente se ha movilizado contra las bases militares de la Otan en sus territorios (España, Alemania, etc.). Ahora ese reclamo ha sido reemplazado por la presión sobre la Otan para que incremente su intervención en la guerra. La izquierda renuncia a uno de los principios centrales del marxismo revolucionario frente a las guerras imperialistas, que es colocar al enemigo de los trabajadores dentro de las clases dominantes de su propio país.

Esta posición del “Llamamiento” es mayoritaria en la izquierda internacional. Esta acompañada –con variantes- por el mandelista llamado Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional, por la LIS (que integra el MST argentino), por la corriente Socialismo o Barbarie (que integra el MAS argentino), por el NPA de Francia, el PSOL de Brasil, etc.

Hay una tendencia que se repite en gran parte de estas corrientes. Hacen causa común con las ofensivas derechistas e imperialistas contra regímenes que el imperialismo quiere derribar para instaurar más abiertamente su dominio colonial. Es lo que sucedió en Venezuela, Siria, incluso en Ucrania con el golpe derechista del Maidán en el 2014 y se insinuó en Bolivia con el apoyo inicial que tuvieron ante el golpe de Áñez o en Brasil donde revistaron en el proceso que se planteo el golpe que derribó a Dilma Rousseff y abrió la ruta para la asunción de Bolsonaro. Toman algún elemento aislado como es la lucha contra la represión o la corrupción y lo transforman en absoluto, al margen del proceso real de la lucha de clases, de cómo se agrupan las clases en esa lucha. El imperialismo ha hecho una gran escuela en usar la lucha por la democracia, contra el autoritarismo, contra el terrorismo, contra las armas químicas, etc., como justificativo para emprender sus aventuras militaristas reaccionarias.

Una minoría de la izquierda internacional (el Centro Rakovsky que integran el EEK de Grecia, el DIP de Turquía, organizaciones rusas, etc.) se coloca en la vereda opuesta. O sea, en el campo de Rusia, apoyando la invasión de Putin a Ucrania, porque –aducen- estaría enfrentando a la coalición de la Otan. Directa o indirectamente asemejan la invasión de Putin, con una cruzada antiimperialista. Tanto los otanistas, como los putinistas de la izquierda, se conforman-justifican con colocar en algunos textos una crítica genérica a la Otan o al putinismo. Pero se embanderan directamente con alguno de los dos campos reaccionarios.

La caracterización de una guerra imperialista tiene implicancias prácticas y políticas muy claras, que se diferencian de las tareas que plantea una guerra de liberación nacional. Una guerra de liberación nacional es una guerra justa, y es necesario apoyar, sin vacilaciones, al país oprimido. Pero en una guerra actual, el enemigo fundamental de cada pueblo está en su propio país. En este caso, la liberación nacional de Ucrania es una tarea que requiere no solamente la lucha contra el ejército de Putin sino también terminar con el gobierno de Zelenski, que actúa como agente directo de la Otan. La izquierda debe llamar a luchar contra la guerra y contra los gobiernos que la llevan adelante, por medio de la unidad internacional de los trabajadores, en primer lugar, de Ucrania y de Rusia, por la caída de sus respectivos gobiernos y por gobiernos de trabajadores. Es necesario, a su vez, desenvolver una enérgica campaña internacional contra la escalada armamentista de las principales potencias, que ha puesto objetivamente en la agenda la cuestión de una nueva guerra mundial.

No se trata de levantar posiciones pacifistas y/o de desarme abstractas. En Alemania hay que plantear la derogación del presupuesto de 100 mil millones de euros extras para el presupuesto militar. Y así en todos los países. El retiro de todas las bases de la Otan en cada país, la ruptura con la Otan y con el FMI. El no pago de las deudas externas que obligan a “ajustes” de ataque contra los trabajadores y sirven se usan para financiar la guerra de la Otan. Hay que exigir el levantamiento de todas las sanciones económicas y bloqueos contra Rusia, China, Irán, Venezuela, Afganistán y demás países agredidos por el imperialismo.

La guerra como tal y más aún la perspectiva de una guerra mundial, de un modo general, han estado ausentes en gran parte de los análisis internacionales de la izquierda. En la Conferencia Latinoamericana que se realizó en el 2020 entre más de 50 organizaciones y partidos de izquierda, la UIT rechazó, explícitamente, la perspectiva de guerra, señalando la vigencia del “acople” entre los EE.UU. y China. No se trata solo de insuficiencia o errores de caracterización por parte de la izquierda democratizante (sobre si Rusia es o no una potencia imperialista, etc.), sino que vehiculizan y se adaptan a la presión del imperialismo sobre el campo del “progresismo” y la izquierda (como sucedió en los inicios del proceso abierto de restauración capitalista con la “glasnost”, etc.).

La guerra es la corroboración más contundente del carácter catastrófico de la época, opuestas a las caracterizaciones que la mayoría de la izquierda vienen levantando, mientras tildan despreciativamente de catastrofistas a quienes reivindicamos esta postura. Lo que ha predominado es una visión sesgada de la crisis capitalista, amputando su alcance y envergadura, ignorando o relegando a un segundo plano el carácter explosivo que encierran las contradicciones capitalistas y la tendencia inevitable del capitalismo a resolverlas a través del uso de la fuerza. La catástrofe capitalista abre las puertas a las guerras, pero también a la revolución social. Lejos de abrirse paso un sendero de estabilidad, lo que tenemos por delante es un periodo convulsivo, proclive a la creación de situaciones revolucionarias. Esto pone a la orden del día la creación de partidos de combate que sean una herramienta para intervenir en todas las facetas de la lucha de clases y que apunte a transformar la clase obrera en alternativa de poder. Un camino distinto y opuesto a la política vigente en la izquierda en la que ha prosperado el movimientismo, o sea partidos amplios y formaciones políticas difusas en que se borran las fronteras de clase. “En oposición a la proyección de meros referentes o figuras electorales, impulsamos la formación de los cuadros políticos de la clase obrera. En oposición a la edición de meros informativos de izquierda, impulsamos la puesta en pie de órganos políticos de partido, que sean el instrumento para desenvolver la agitación y propaganda revolucionaria. La próxima etapa reclama una lucha de partido –es decir, una lucha que debe ser desenvuelta por medio de la agitación, la propaganda y organización de la vanguardia obrera y juvenil” (“Un programa y una estrategia revolucionaria para la intervención en América Latina y los Estados Unidos”).

Estas premisas extraídas de la contribución que presentó el Partido Obrero junto a varias otras organizaciones latinoamericanas en la Conferencia Latinoamericana conservan toda su vigencia.

Somos conscientes de los escollos y dificultades con que nos tropezamos. No hemos permanecido inmunes al impacto de la crisis de la izquierda en nuestras propias filas. La crisis de la CRCI fue analizada y caracterizada en nuestros congresos y materiales. Reivindicamos la resolución aprobada por el 27° Congreso (“La CRCI y la lucha por la Internacional Revolucionaria”). El reagrupamiento que logramos con motivo de la Conferencia Latinoamericana ha refluido. Las organizaciones que nos acompañaron no han logrado salir de la marginalidad y algunas de ellas han abandonado el campo de independencia de clase. No han estado exentos de las presiones del nacionalismo burgués, de la centroizquierda y de un modo general la presión que ejerce el Estado capitalista.

Somos conscientes de estos límites, pero al mismo tiempo, de las oportunidades y potencialidades de la situación. El mismo método con que estamos interviniendo en nuestras propias fronteras (frente único, acción directa, independencia de clase y en ese marco, el debate franco y una clarificación y delimitación de posiciones) lo replicaremos en la labor y acción internacional en la etapa que se abre en vistas a un reagrupamiento de fuerzas de carácter revolucionario, o sea, la refundación de la IV Internacional,

El XXVIII Congreso, tanto sus deliberaciones previas como la instancia misma del Congreso, es un campo para desenvolver esta tarea en la que apostamos interesar a la vanguardia obrera y juvenil del país e involucrar a corrientes y tendencias de América Latina y a escala internacional, con las cuales venimos teniendo un intercambio y tomando iniciativas políticas en común.

Aprobado por el Comité Nacional del Partido Obrero el 21/5/22

Todos con el Sutna, todos con los trabajadores del Neumático

27/05/2022

Por estas horas se vive la mayor lucha salarial en el movimiento obrero industrial, la de los obreros del neumático en las tres grandes plantas argentinas: Fate, Bridgestone y Pirelli.

Su significación es de múltiple impacto para el movimiento obrero.

Primero porque su reivindicación es el aumento del salario real por encima de la inflación: el reclamos es 5 puntos sobre la inflación del período 21/22 en la revisión que abarca los tres últimos meses de la paritaria del sector. El Sutna reclama esos puntos sobre una inflación estimada (si se repite la de los últimos dos meses) en 66,3%.

Segundo, porque responde a la estrategia obrera de ir recuperando poder adquisitivo real para que el inicial de todo compañero vaya alcanzando la verdadera canasta familiar.

Tercero porque en ese mismo camino, los compañeros reclaman las horas de fines de semana al 200%, de trabajo normal y habitual en el sistema de turnos americanos que rige en las plantas,. Lo que significa valorizar el esfuerzo del trabajador que no tiene el descanso los fines de semana junto a su familia. No se trata de horas extras, sino de un aumento del salario real de acuerdo a este sistema de trabajo.

Cuarto, porque estos reclamos paritarios han sido votados en Asamblea General del gremio y son refrendados en planta mediante asambleas y movimientos de sección.

Quinto, porque no se trata de una mera discusión de escritorio, sino que el Sutna ha organizado varios paros para sostener el reclamo ante la intransigencia patronal. Que no solo han tenido cumplimiento masivo, sino que son acompañados por los trabajadores por la no realización de horas extras, ni en días normales ni en los recientes feriados del censo y del 25 de mayo.

Sexto, porque ante la decisión de las patronales de no dejar entrar a la dirección sindical en Bridgestone y en Pirelli, las plantas pararon de inmediato mostrando una reacción formidable ante la prueba de fuerza que presentaron esas patronales.

Los trabajadores del neumático denuncian las súperganancias patronales que facturan en dólares, con precios altísimos aún en esa divisa, mientras los salarios son una mínima parte de la facturación.

Se trata de un punto de ruptura en el movimiento obrero ante paritarias a la baja que vienen castigando a todos los trabajadores de la mano de la escalada inflacionaria y de los acuerdos perdidosos que firma la burocracia sindical.

La lucha por un salario equivalente a la canasta familiar y por encima de la inflación enfrenta el ajuste general que sufrimos como consecuencia del pacto del gobierno y la oposición con el FMI. Que se traduce en tarifazos, en la inflación como mecanismo de confiscación del salario, las jubilaciones y los planes sociales.

El Sutna se transforma hoy en la vanguardia de la lucha que dan otros sectores como la docencia universitaria con los paros de Conadu Histórica, los trabajadores de Página 12 y Perfil, los docentes sanjuaninos o los rurales de Ledesma en Jujuy. Todas luchas que entroncan con el gran movimiento de los desocupados que tuvo expresión en la Marcha Federal y en la reciente jornada del 26 de mayo.

Mientras la CGT y las CTAs se siguen declarando apoyos del gobierno ajustador, aunque lo hagan desde distintos discursos.

Desde la Coordinadora Sindical Clasista llamamos a todos los sectores al apoyo a la lucha del Sutna y llamamos a unirnos en la campaña por el paro nacional y el plan de lucha para llevar todas las luchas a la victoria contra el pacto del gobierno y el FMI.

Coordinadora Sindical Clasista- Partido Obrero

27/5/22

Declaración de mujeres y disidencias del Frente de Izquierda Unidad hacia el 35° Encuentro Plurinacional

26/05/2022

Semanas atrás se hizo conocida la ruptura de un sector de la Comisión Organizadora de San Luis, alineado con el PCR y otros sectores que integran el Frente de Todos, con el histórico Encuentro Nacional de Mujeres, el evento más masivo e importante del movimiento de mujeres que se realiza desde 1986 y que desde 2019 pasó a nombrarse, por voluntad de una enorme mayoría, como “Encuentro Plurinacional, de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries”. El mismo, como fue históricamente, tendrá lugar del 8 al 10 de octubre en esa provincia.

La ruptura, que se materializó en el llamado a un “Encuentro Nacional de Mujeres”, un mes después, desconoce la voluntad masiva manifestada en los Encuentros de 2018 en Chubut y de 2019 en La Plata (los últimos dos Encuentros presenciales, previos a la pandemia) y se inscribe en el marco de la crisis política más general que atraviesa el gobierno de Alberto Fernández, con un amplio abanico de organizaciones integradas al Frente de Todos en el campo del Encuentro Plurinacional y otro integrado al campo que proponen realizarlo el mes de noviembre.

La pelea por la independencia política de los Encuentros, que nos aúne en base a nuestras demandas sin subordinarlas al apoyo o la conveniencia de los gobiernos de turno, sigue siendo una reivindicación central.

La decisión de romper con esta historia, preocupa al activismo y las organizaciones de mujeres y disidencias, porque a pesar de la conducción burocrática, los Encuentros han sido punto de apoyo para el desarrollo del movimiento que masificó, a nivel nacional e internacional, el grito de Ni Una Menos contra la violencia de género, que conquistó la legalización del aborto e instaló la demanda de separación de la Iglesia del Estado.

Nuestras demandas siguen siendo motivo de luchas urgentes mientras asistimos a una escalada de femicidios y trans-travesticidios sin que se adopte ninguna medida elemental de protección. Sufrimos un ajuste agravado por la sumisión del gobierno al Fondo Monetario Internacional, que cuenta con el apoyo de la oposición de derecha, y que empobrece brutalmente a las y los trabajadores y en especial a las mujeres y disidencias, que somos mayoría entre las más pobres y las desocupadas y que hoy son blanco de ataque de funcionarios como Zabaleta, Berni y Larreta, que las atacan por participar de las masivas movilizaciones piqueteras contra el hambre, por el trabajo genuino, la tierra y la vivienda.

Mientras el gobierno nacional y los provinciales refuerzan sus alianzas con las cúpulas de las iglesias, en defensa de una política de sumisión de las mujeres y diversidades y de ofensiva contra derechos elementales como la ESI, o persiguiendo a profesionales que los garantizan, como la médica Miranda Ruiz, buscan que nuestra voz no se alce ni se escuche.

La decisión de llevar a la ruptura de los Encuentros es el punto cúlmine de una metodología que hemos cuestionado insistentemente durante muchos años, en el que unas pocas mujeres de contadas organizaciones como el PCR-Frente de Todxs, que integran la Comisión Organizadora, se arrogan el poder de tomar decisiones por sobre decenas de miles de mujeres que participamos cada año, incluida la imposición de las sedes ya acordadas entre cuatro paredes, en un simulacro de ovación. A la vez, impiden que estas y otras resoluciones, puedan ser votadas libremente por miles de participantes en cada uno de los talleres, para impulsar la lucha por nuestros derechos contra el Estado y los gobiernos. Advertimos que estas prácticas burocráticas tienen que ser desterradas en este Encuentro Plurinacional.

Repudiamos esta ruptura, que busca defender el método con el que el PCR y el PJ han buscado regimentar históricamente estas instancias., y llamamos a participar masivamente del XXXV° Encuentro Plurinacional, de Mujeres y Disidencias. Las compañeras de las diferentes agrupaciones que integramos el Frente de Izquierda – Unidad, seguiremos peleando para que estos sean masivos, verdaderamente democráticos, amplios, participativos e independientes políticamente de los gobiernos de turno y las iglesias, basados en la soberanía de los talleres, que sirvan para potenciar la organización de las mujeres y diversidades, para reforzar la deliberación y organización de todas las compañeras que luchamos contra el hambre y la violencia, contra los femicidios y crímenes de odio, por el derecho al trabajo y el salario, por la ESI y contra el oscurantismo clerical.

Llamamos a organizarnos en todo el país, desde cada lugar de estudio, de trabajo y desde cada barrio, para lograr que, después de dos años de pandemia y en medio de la política de ajuste y sumisión al FMI que promueven el gobierno nacional y los gobiernos provinciales, el próximo Encuentro Plurinacional de mujeres y disidencias del 8 al 10 de octubre en San Luis nos encuentre siendo miles y miles en los talleres, las actividades y la marcha para seguir organizadas y peleando por nuestras demandas contra este sistema capitalista y patriarcal.

Mujeres y disidencias del Frente de Izquierda-Unidad

 

¡¡¡A luchar por un paro nacional y plan de lucha!!!

Desarrollemos una campaña nacional desde abajo. Declaración del Partido Obrero en el FIT-U y el Polo Obrero

17/05/2022

La Marcha Federal piquetera de Ushuaia a la Quiaca, que también incluyó importantes sectores de trabajadores ocupados a través de sindicatos, comisiones internas y delegados, sumó más de 300.000 trabajadores en todo el país y colocó en todos los medios la cuestión del paro nacional y el plan de lucha. Arrancarlo desde abajo, como dijimos ante 100 mil compañeres en la Plaza de Mayo.

Una fracción enorme de la clase obrera, la desocupada, precarizada y en negro puso en la agenda nacional la cuestión del trabajo, el salario, el hambre y la pobreza, como significaron de manera potente sus consignas centrales.

La inflación y su impacto demoledor sobre los ingresos de la población trabajadora en su conjunto, lo que se combina con la falta de trabajo para millones de trabajadoras y trabajadores y la precarización e informalidad contribuyen a la enorme pobreza que se extiende cada mes.

Ya está claro que con la línea de pobreza en no menos de $95000 en abril después de la publicación del 6% -más del 30% en alimentos en el primer cuatrimestre del año- son millones de trabajadoras y trabajadores con trabajo y conveniados los que caen en la miseria!

El salario mínimo, con el adelanto, del aumento de diciembre, quedará en junio en 45 mil $, por debajo de la indigencia!!!

¡Y AHORA TARIFAZOS!

Los tarifazos que acaban de aprobarse en audiencias públicas golpearán más aún a los trabajadores.
Es el plan del FMI en acción, porque semejante transferencia de ingresos de los trabajadores al capital y al Estado vía recaudación es funcional al repago de la deuda.
El kirchnerismo maniobra con proyectos como el “ingreso universal” de Grabois, una miseria que supone que no hay otra salida que los planes.

El gobierno, por toda respuesta largó los bonos para trabajadores informales y para jubilados aunque millones no logran acceder.

¡¡¡Paro nacional y plan de lucha!!!

La CGT y las CTAs no están para apoyar un gobierno ajustador y el pacto con el FMI.

Una acción capaz de derrotar el ajuste en curso es un paro nacional y un plan de lucha. Con un programa: $100 mil de mínimo, vital y móvil, por convenios equivalente a la verdadera canasta familiar de $180 mil. Por cláusulas gatillo de garantía frente a la inflación, cualquiera sea su nivel. Por el 82% móvil.
Los sindicatos son de los trabajadores. Impulsemos un congreso de delegados electos, con mandato de asambleas de todos los sindicatos y organizaciones sociales, de unidad de ocupados y desocupados. Organicemos un plenario de ocupados y desocupados para impulsarlo en todo el movimiento obrero.

La marcha federal, una causa popular

Participemos reclamando paro nacional y plan de lucha. Declaración de la Coordinadora Sindical Clasista-Partido Obrero.

05/05/2022

Los días 10, 11 y 12 de Mayo habrá una Marcha Federal convocada por la Unidad Piquetera que parte desde los cuatro puntos cardinales del país. Desde La Quiaca, desde Ushuaia, desde cuyo, desde el NOA y el NEA o desde las provincias del centro como Córdoba y Santa Fe.

Los convocantes calculan reunir en los actos de partida y en el destino final, la Plaza de Mayo, 300 mil trabajadoras y trabajadores.

Reclaman trabajo y salario, marchan contra el hambre y la pobreza.

Bien miradas, son reivindicaciones que abarcan a todo el pueblo argentino que vive de su trabajo. Desde luego, están diciendo no al ajuste que el gobierno ha pactado con el FMI con el apoyo de la oposición patronal.

Semejante movilización es hoy la que puede vertebrar los múltiples reclamos y movimientos de lucha. Por eso llamamos a apoyarla en todo su desarrollo, participando en cada acto de partida, en su recorrido, en la movilización final y en todas sus reivindicaciones.

Esta nueva Marcha Federal recoge nuestras mejores tradiciones de lucha. Y hoy cobra la vigencia de enfrentar la espiralización inflacionaria, la falta de trabajo, la precarización y flexibilización laboral, el ataque a los jubilados y a todo el sistema previsional. Tiene la vigencia de enfrentar la miseria social.

En estos días se han sucedido paros muy importantes por las paritarias. Desde las huelgas docentes como la misionera, los paros estatales y docentes en Río Negro, de los trabajadores bancarios, de prensa, de la televisión, los compañeros del Neumático, los paros de UTA en el interior del país, la huelga metalúrgica en Río Grande en Tierra del Fuego o las enfermeras y enfermeros de CABA, por mencionar algunos.

Los que son abandonados por las direcciones sindicales de la CGT y las CTA, que se han declarado parte del gobierno del ajuste, tienen en la Marcha Federal un gran canal de lucha.

La Coordinadora Sindical Clasista impulsa mandatos de asamblea por el salario, paritarios electos desde la base. Impulsamos la lucha por un salario equivalente a la canasta familiar y cláusulas de actualización por inflación.

En Andalgalá han sido reprimidos salvajemente los vecinos que luchan contra la megaminera Agua Rica. Todos los movimientos ambientales tienen un lugar para expresar también su lucha contra la depredación y contra el saqueo nacional.

Las mujeres que se movilizan por sus derechos. La juventud que se organiza en los barrios y en centros de estudiantes.

La Marcha Federal es de todos los que luchan.

Llamamos a todos los sindicatos combativos, a las organizaciones de jubilados, a todos, a debatir el apoyo movilizador y material a esta gran gesta de la clase obrera.

Reclamemos desde la Marcha Federal un paro nacional y un plan de lucha, reclamemos un congreso de delegados ocupados y desocupados, mandatados para debatirlo, resolverlo y organizarlo. 

Coordinadora Sindical Clasista-Partido Obrero

5/5/2022

Informe político al XXVIII Congreso Nacional del Partido Obrero

Abajo el pacto entre el gobierno y el FMI. Plan de lucha para que la crisis la paguen los capitalistas. Por una salida de los trabajadores.

22/04/2022

Reproducimos el Informe Político al XXVIII Congreso Nacional del Partido Obrero, aprobado por el Comité Central el pasado 6 de marzo por unanimidad y que está siendo debatido en los plenarios precongresales en todo el país.

La etapa del XXVIII Congreso Nacional del Partido Obrero estará marcada por la lucha contra el acuerdo entre el gobierno y el FMI en la Argentina y por las consecuencias de la guerra y la evolución de la crisis mundial. El acuerdo marca un nuevo hito en la crisis a la que nos ha llevado el régimen capitalista y sus partidos. Impone una revisión trimestral que coloca al FMI como árbitro económico y político en el país, y un plan de ajuste, devaluación, tarifazos y reformas estructurales a mediano plazo. En Latinoamérica y el mundo, los pactos con el Fondo Monetario han sido el motor de grandes rebeliones populares y crisis políticas. En nuestro país, no solo el gobierno sino el conjunto del régimen político encara esta nueva etapa en un cuadro de debilidad, pues ambos cosechan fracasos en su gestión frente al Estado. La crisis que el pacto generará y la agresión a las masas inevitable que se desprende del acuerdo, pondrán a prueba la contención que hasta el momento ha podido imponer la desprestigiada burocracia sindical en el movimiento obrero.

El Partido Obrero ingresa a este proceso luego de un crecimiento electoral del FIT-U, que se entrelaza fuertemente a partir de la actividad de nuestro partido con la lucha del movimiento piquetero, un factor de organización y desarrollo en las barriadas. Este desarrollo político debe ser puesto al servicio de agrupar y organizar las luchas y fundamentalmente, de dar una enorme batalla política contra el pacto ajustador, el gobierno y la oposición patronal, para poner en pie una alternativa política de los trabajadores. Debemos encarar esta batalla con una enérgica iniciativa de partido, pues solo el PO dentro del FIT impulsa la construcción de un polo político independiente de los trabajadores combinando la agitación, la propaganda y la organización de los sectores más explotados de la sociedad que son, en la actualidad, quienes están a la cabeza de la lucha contra el gobierno. Fuera de esta estrategia de acción unificada, la mera propaganda política concluye inevitablemente en el electoralismo. Así, la acción de partido, que debe estar orientada a ganar terreno en todos los planos, mediante el reclutamiento, la organización de la vanguardia y también el desarrollo de nuestra comunicación y la instalación de nuestros voceros, cumple una función imprescindible en esta etapa política.

Esta lucha política tiene que ver también con la defensa de una orientación para el Frente de Izquierda. Se trata de defender su carácter independiente en un cuadro donde sectores de la izquierda depositan expectativas en posibles rupturas del centroizquierda o incluso el kirchnerismo con el gobierno, como sino fuera que de ocurrir alguna de estas variantes será para jugar en otra escala y métodos un trabajo de contención de las masas dentro del régimen burgués. La izquierda democratizante, dentro y fuera del FIT-U, confunde el planteo de la ruptura del kirchnerismo con el gobierno con la superación de los trabajadores del nacionalismo burgués. Aunque se tratan de cuestiones radicalmente distintas, el signo igual que coloca la izquierda democratizante le sirve para darle un barniz progresivo a su planteo seguidista del nacionalismo. En oposición a estos planteos nuestra posición es desarrollar el FIT-U como un factor de impulso a la lucha de clases, con un método de frente único y de unidad entre los trabajadores ocupados y desocupados. De asumir una posición clara en defensa de las direcciones sindicales recuperadas y la lucha por una nueva dirección en el movimiento obrero, contra el electorerismo liquidacionista del clasismo y la adaptación a la burocracia que alimentan las tendencias faccionales al interior del movimiento obrero combativo. Advertimos que el boicot al movimiento piquetero de parte de la izquierda, en especial la que está dentro del FIT-U, es un también un signo inconfundible de electoralismo y de adaptación a la pequeña burguesía. Solo un desarrollo del Partido Obrero puede proyectar a la izquierda con un planteamiento combativo e independiente como requiere la etapa política.

Vamos a una etapa en la cual la bancarrota nacional se entrelaza más que nunca con la crisis capitalista mundial. Luego de una pandemia marcada por la guerra comercial, los choques internacionales y un incremento de la desigualdad global, particularmente evidente en la cuestión del acceso a las vacunas (limitado por las patentes de los laboratorios que las producen), los choques internacionales han dado un salto con la escalada de la Otan en Ucrania y la invasión rusa. Las consecuencias de estos choques comerciales serán decisivas para el país y marcan la necesidad de desenvolver fuertemente una denuncia del imperialismo y de la burocracia restauracionista, que al mismo tiempo, serán un terreno importante de denuncia de las posiciones proimperialistas del gobierno nacional.

El debate del Congreso debe servir para debatir estos objetivos, el carácter de la etapa, las consignas, los planteamientos y el plan de acción que llevaremos adelante. Pero también para interesar en el debate e incorporar a una actividad política a nuevas camadas de compañeras y compañeros que vienen luchando con nosotros en el movimiento piquetero, el movimiento obrero y la juventud.

El pacto con el FMI y sus consecuencias económicas

El lugar histórico de la actual bancarrota

El pacto con el Fondo Monetario es el último escalón del largo encadenamiento de fracasos de los gobiernos de la burguesía nacional en los últimos 20 años. El kirchnerismo fue un intento de superar la quiebra del 2001 sobre las mismas viejas bases sociales. Implicó un rescate de las viejas privatizadas menemistas, de la deuda en default y de los intereses capitalistas de la mano del alza de los precios de la soja, que lejos de servir para desarrollar al país, fue al “pago serial” de la deuda, que de todas formas llegaba 244 mil millones de dólares al final del gobierno de Cristina en 2015. Pronto este esquema entró en crisis, de la mano de la baja de los precios de las materias primas, poniendo en evidencia el carácter de reprimarización económica y dependencia de la política del kirchnerismo. La crisis consecuente, la fuga de capitales, el fracaso del cepo cambiario, la recesión y la inflación llevaron al triunfo de Macri. Macri intentó superar estas contradicciones con una política de endeudamiento, arreglando con los fondos buitre y con una política de apertura económica y liberación del movimiento de capitales: derogación del cepo, ajuste “gradualista” y bicicleta financiera. Pero pronto la insolvencia volvió a presentarse, la fuga de capitales impuso una devaluación masiva y arrojó a la Argentina al borde del default, en un marco de crecimiento de la pobreza y la miseria. Los recursos del pacto macrista con el Fondo financiaron una fuerte fuga de capitales, aumentaron la deuda y no alcanzaron para una refinanciación a cierto plazo. Fue un pacto confiscatorio y fraudulento de principio a fin, como el conjunto de la deuda externa Argentina. No impidió, tampoco, el default de la Argentina.

Alberto Fernández ganó las elecciones buscando conciliar la promesa del crecimiento económico y la suba de salarios y jubilaciones con el pago de la deuda. Pero el norte de garantizar los pagos de la deuda y el consecuente ajuste fue el objetivo de todo su gobierno. Su primera medida fue la derogación de la fórmula de movilidad jubilatoria. Y avanzó, enseguida en el pacto con los bonistas privados para superar el default y poder volver al mercado internacional de capitales. El pacto con los bonistas privados fracasó en este objetivo, Argentina nunca volvió al mercado internacional de capitales y debió, por lo tanto, abordar los vencimientos en dólares con reservas del BCRA, que están prácticamente en negativo. Argentina vuelve en 2022 a estar al borde del default con un superávit comercial de casi 15.000 millones de dólares en 2021, dilapidado en el pago de la deuda pública y privada y la fuga de capitales. Se exige sangre, sudor y lágrimas del pueblo argentino en el altar de una deuda que, nuevamente, se manifiesta como impagable.

Esta cadena de fracasos lleva al gobierno a colocar al pueblo argentino frente a una extorsión en regla: el acuerdo ruinoso o el default, que se presenta como aún más ruinoso. En realidad, han fracasado y nos han llevado a esta situación los nacionalistas, los derechistas de corte liberal y ahora el peronismo “racional” que encabeza el frente de todos con el aval de todas sus fracciones. Estamos frente a un fracaso en gran escala de todo el régimen político. Y dará lugar a una nueva etapa, marcada por el arbitraje directo del Fondo en la economía argentina. El hecho de que el gobierno negocie sin plan B es el factor central en la capitulación a los reclamos del Fondo.

Lo que hay en debate en el plan de ajuste son aspectos que reflejan el carácter semicolonial de la economía nacional, determinada por los límites de fondo y los intereses de la burguesía nacional y su entrelazamiento con el capital financiero internacional. Se discute ¡de nuevo! un rescate a las viejas privatizadas menemistas, que han derrumbado la inversión en servicios públicos mientras absorben 11.000 millones de dólares de subsidios anuales en 2021. Se discute la falta de dólares en una economía que tiene superávit comercial pero que no logra abastecer de insumos a la industria por la fuga de capitales y el pago de la deuda. Se discute un nuevo ajuste de salarios y jubilaciones que están en la mitad de la canasta familiar, en promedio. Para superar estas trabas, la economía argentina debe romper con el entramado de intereses parasitarios de la burguesía nacional y el imperialismo, lo cual requiere un cambio en la clase social que dirige el estado y la economía nacional, un gobierno de los trabajadores.

El esquema económico del acuerdo

El esquema económico que se busca imponer implica: 1) Un ajuste “gradual” para llegar al déficit cero en 2025, que implica un recorte de déficit para llevarlo al 2,5% en 2022. Esto implica absorber aproximadamente 8.000 millones de dólares de déficit fiscal, sea recortando gastos, sea mediante un incremento de ingresos. Cabe aclarar que el borrador filtrado del acuerdo establece que la recaudación superior que se obtenga debe ir a financiar el déficit, y no a incrementar el gasto 2) Un recorte aún mayor de la asistencia del Tesoro al Banco Central, que debe reducirse del 3,7% del año pasado a un 1% máximo del PBI para el año en curso. 3) Un aumento de la financiación mediante emisión de deuda en pesos, lo cual requiere un aumento de las tasas de interés, que implicará una bomba financiera en pesos para el tesoro nacional y un aumento de las ganancias de corto plazo de los bancos involucrados en esta bicicleta 4) Por último, una devaluación de, al menos, la magnitud de la inflación para evitar una apreciación del tipo de cambio y defender las reservas para el pago de la deuda, a costa del consumo y la inversión y 6) Un aumento real (superior a la inflación) de las tarifas, única forma de reducir los subsidios y achicar el déficit fiscal.

Este plan tiene contradicciones insalvables. El intento de reducir la inflación mediante una reducción de la emisión monetaria, con un esquema contractivo y de ajuste, se contrapone con el carácter inflacionario de los tarifazos y la devaluación. El mismo aumento de tasas, a estos niveles, tiene un efecto indirectamente inflacionario al golpear los costos de financiamiento empresarial y del propio Estado, especialmente por el peso que tiene el stock de leliq y pases del BCRA, además, por supuesto, de su efecto recesivo. De hecho, el plan es a la vez inflacionario y recesivo (estanflación). El aumento de tasas, tarifas, el ajuste fiscal y los límites a las importaciones van a golpear el rebote económico que comenzó en 2021 y que ya se está agotando. En materia de endeudamiento, el intento de esquivar el default con el Fondo activa un mecanismo que derivará en una multiplicación de la deuda en pesos, que crecerá con tasas astronómicas. El aumento de tasas también aumentará el peso de la deuda fiscal y cuasifiscal actual. Esta espiral de endeudamiento terminará comprometiendo una emisión monetaria muy superior, que tiene todas las posibilidades de culminar en un default de la deuda en pesos. Como las metas son contradictorias, y no van a cumplirse, Argentina incurrirá en incumplimientos comprometiendo los desembolsos y colocando el riesgo de default en cada revisión. Y por lo tanto disparando nuevas exigencias de parte del FMI que serán motivo de crisis sociales y políticas.

En otro plano el FMI se negó a girar U$S 15.000 mil millones iniciales como pidió el gobierno, lo cual no solo mantendrá la rienda corta sino que seguirá el riesgo bancario en tanto las reservas se mantengan en virtual negativo como en la previa a la firma del pacto.

Bien visto, el acuerdo con el FMI se reduce a patear para adelante un default que a todas luces amenaza como inevitable. La postergación de los vencimientos por dos años y medio con el FMI hará coincidir los nuevos pagos con los que se acumulan con los bonistas privados, que crecen significativamente desde el 2025 y aún más fuertemente en el 2026. Asistimos a un replay agravado de la renegociación de la deuda realizado con los bonistas privados, que estuvo lejos de abrir el mercado de crédito internacional como prometía Guzmán. El riesgo país, que tiene en la actualidad fluctúa entre los 1.600 y 1.800 puntos, es la constatación más evidente de este fracaso. Como ni esa negociación con los privados ni esta con el FMI reduce el peso de la deuda, todos los analistas descuentan que será inevitable una nueva renegociación que deberá ser encarada por el próximo gobierno.

En cuanto a los salarios y las jubilaciones, hay que mencionar que arrancan este proceso luego de cuatro años de deterioro. En los últimos 4 años, la caída salarial promedio fue del 16,2%, mientras que la de los precarizados y no formales superó ampliamente esa cifra. Las jubilaciones vienen de dos reformas regresivas. El ataque a las jubilaciones ya aparece en el borrador de acuerdo, apuntando a los “regímenes especiales”, que cuentan con el 82% móvil, y en la perspectiva del aumento de la edad jubilatoria. A esto se agrega los golpes a la moratoria previsional, y el plan de transformarla en la Puam votada bajo el gobierno de Macri, menor que la mínima. La nueva fórmula jubilatoria no ha impedido el deterioro del poder adquisitivo en tiempo real, reduciendo el porcentaje del PBI destinado al sistema, pero ante un eventual retroceso futuro de la inflación se planteará una nueva crisis con la propia fórmula de movilidad varias veces alterada. La pauta salarial que viene imponiéndose, del 40–45% anual, está 10 puntos por debajo de la inflación proyectada. La lucha por paritarias libres y por la defensa del salario será una de las claves de la etapa en tres sentidos: recuperación de lo perdido, elevación de los pisos a una verdadera canasta familiar y actualización por inflación.

El derrumbe del consumo interno es un requisito del Fondo y no solo por el impacto fiscal de los salarios estatales. Ocurre que un crecimiento del consumo en el país, que impulse la actividad al 100% de la actividad instalada, plantearía un aumento de las importaciones que llevaría a ahogar el superávit comercial (algo que ya ocurrió en diciembre de 2021) y transformarlo en déficit. Por lo tanto, compromete los ingresos que para el Fondo deben ir al pago de la deuda externa. Por eso el acuerdo establece taxativamente un piso bajo de crecimiento, en función de buscar acumular divisas, algo que va en contra de cualquier plan de desarrollo nacional, que debería utilizar esas divisas para financiar la inversión industrial y en infraestructura. Es significativo que bajo las condiciones actuales el crecimiento del consumo acentúa la crisis de balanza de pagos, es una expresión de la incapacidad de fondo del capitalismo de elevar significativamente el nivel de vida de las masas (lo cual no se contrapone con que debamos luchar por esta elevación, por supuesto).

El objetivo del aumento del superávit comercial también está detrás de la agenda de depredación de la naturaleza: las petroleras en el sur, la megaminería en Chubut, Catamarca, Mendoza, la exportación de litio sin ningún tipo de industrialización, la expansión de la frontera agraria con quemas y desmontes y toda la agenda de depredación ambiental. Quienes venden estas iniciativas como un factor de desarrollo nacional simplemente mienten, conscientemente de que los recursos que generen las mismas irán en gran parte a las multinacionales involucradas, y en menor medida a generar los dólares para el pago de la deuda. Contra lo que dice el gobierno, la expansión de la megaminería tiene características de enclave con regímenes fiscales de tenencia de tierras, de regulación ambiental y de giro de utilidades armados totalmente a la medida del capital minero. Lo mismo ocurre con los esquemas de inversión petroleros, que están diseñados para que las multinacionales puedan girar utilidades eludiendo los controles por medio de sociedades offshoreshore, un esquema que montó el kirchnerismo con el pacto secreto con Chevron.

¿Es viable el esquema económico armado por el gobierno y el Fondo? Nadie afirma que sea una vía al desarrollo. El argumento del gobierno para capitular, una por una, a las exigencias del fondo, es que el default plantearía un escenario aún peor. En nuestra agitación, debemos explicar sistemáticamente la diferencia entre un default capitalista, al cual se llega por la incapacidad de pagar una deuda que se asume, y nuestra posición, que es la investigación y el desconocimiento de la deuda por su carácter confiscatorio de la riqueza nacional y como mecanismo de reforzamiento de la explotación de los trabajadores, y oponerle un plan económico y político de la clase obrera, con la nacionalización de la banca y el comercio exterior para volcar todos los recursos del país a un desarrollo nacional.

Dicho esto, se abren escenarios alternativos, que dependen básicamente de la evolución de la crisis mundial. Las perspectivas económicas del país se entrelazan con la evolución del mercado mundial. El gobierno apuesta a que un aumento de los precios de la soja y las commodities, sumado a que se mantenga por un tiempo el esquema de tasas de interés bajas de la reserva federal, lo ayude junto con el impulso del rebote económico, a pilotear la tormenta durante el primer año de vigencia del acuerdo, para llegar con aire al proceso electoral. Cuenta también con que la apreciación del real siga mejorando en forma indirecta los términos del intercambio con Brasil y que la inflación internacional vaya aliviando la relación entre deuda y exportaciones.

Pero este escenario es de difícil cumplimiento. Por un lado, la guerra en Ucrania plantea un aumento de los precios de la energía que golpeará en la cuenta de los subsidios, o en forma de tarifazos aún mayores. En 2021, Argentina importó gas natural licuado por 1.100 millones de dólares, a U$S 8,50 el millón de BTU. Hoy cuesta tres veces esa suma, triplicando el déficit que no compensa el aumento del precio de la soja, que tendrá también una merma absoluta por la sequía. El aumento de los precios de los alimentos y la energía amenaza con disparar una inflación que ya está sobre el 50%. Más en general, la guerra ya plantea un escenario de retracción mundial, de la mano del quiebre del mercado mundial que implican las sanciones, y del dislocamiento de los mercados financieros con la exclusión de los bancos rusos de los mecanismos internacionales de pago (esta medida golpea específicamente a la city de Londres, asiento de capitales de la oligarquía rusa por excelencia). Las consecuencias de este dislocamiento del mercado mundial son incalculables. Por otro lado, el plan de la reserva federal norteamericana es avanzar en un aumento de tasas (en parte una reacción al incremento inflacionario) y ya está ya en marcha, por vías indirectas. La reserva federal se viene retirando del sostén de los bonos y acciones y se especula con un aumento próximo de las tasas de interés de referencia. La tendencia a la fuga de capitales de los llamados emergentes es de carácter global, el viento para Argentina viene de frente.

Todo este cuadro conduce a que la variante más probable es que el pacto con el Fondo lleve a una acentuación de la bancarrota económica con un enorme impacto social en una población empobrecida ya después de 4 años de crisis económicas y ajuste. En esas circunstancias, el factor decisivo será la reacción del movimiento obrero frente a la situación. El rol del Partido Obrero organizando las luchas y planteando, con el Frente de Izquierda, una alternativa, tiene entonces una importancia central.

El FMI y el régimen político

Aunque el acuerdo con el FMI es apoyado por el 90% del arco patronal, abarcando desde la mayoría del gobierno a la totalidad de Juntos por el Cambio, no abrirá un período de “unidad nacional” sino que acelerará la disgregación de los bloques políticos principales. La razón de ello se debe básicamente a dos razones. Por un lado, a que la envergadura de la bancarrota económica plantea la necesidad de descargar la crisis no solo sobre las espaldas de los trabajadores sino también sobre sectores capitalistas, al menos parcialmente. Una característica distintiva de las grandes crisis consiste en que los capitalistas buscan una salida mandando a la quiebra el capital sobrante para reconstituir la tasa de beneficio. Por el otro, a la caracterización unánime de que el acuerdo no abre ningún horizonte de crecimiento y estabilidad, por lo cual las fuerzas políticas tienden preventivamente a eludir la responsabilidad sobre una crisis que descartan se agravará. En ese sentido Patricia Bullrich aclaró que el Congreso solo votará el financiamiento para el Estado, pero no un plan económico cuya implementación será responsabilidad exclusiva del gobierno.

El apoyo al acuerdo por el oficialismo y la oposición de derecha es el resultado de la presión del FMI y más en general de la burguesía tomada en su conjunto. Pero por eso mismo el FMI queda convertido en un árbitro privilegiado de la crisis política en curso. La aceptación de la revisión trimestral (con informes diarios) de los técnicos del Fondo sobre la economía argentina abre la puerta a un escenario que oscilará entre el cogobierno del FMI y el chantaje permanente. Bastará con que el FMI declare que las medidas no se cumplieron o que no arrojaron los resultados esperados para imponer medidas de ajuste adicionales amenazando con cancelar los desembolsos y empujar al país al default. Las revelaciones sobre la “letra chica” del pacto son muy claras en este punto, no solo por el nivel del ajuste pactado sino por la metodología aceptada por el gobierno. De un modo bochornoso los “nacionales y populares” terminaron transformando al FMI, o sea al imperialismo yanqui, en el árbitro de la política local. Como tenemos un proceso electoral por delante, donde se elegirá nada más y nada menos que el nuevo gobierno, al FMI se le concede el lugar de elector privilegiado, con capacidad para incidir de un modo decisivo en el resultado de la contienda. Por ejemplo, un informe negativo del FMI sobre el cumplimiento de las metas, o más aún la decisión de no realizar los desembolsos pactados, produciría una corrida cambiaria con un impacto inevitable en el proceso electoral. No es casual que el ala más crítica del oficialismo, encarnada por Fernanda Vallejos, Boudou y cia., afirme que el acuerdo solo sirve para asegurar que el gobierno llegue al final del mandato y transfiera, derrota electoral mediante, el poder a Larreta u otro candidato de la derecha política. Este razonamiento, a priori irrefutable, no tiene en cuenta que sin acuerdo el gobierno no llegaría siquiera al final de su mandato. Es que la ruptura con el FMI y más en general un choque con el capital financiero internacional no está en la hoja de ruta de ninguna de las fracciones de los partidos burgueses de la Argentina. Una ruptura real con el Fondo solo puede llevarse adelante mediante un programa de defensa nacional que ataque decididamente el monopolio capitalista de la banca, del comercio exterior e interior y más en general sobre el conjunto del proceso económico. Todas medidas que superan por lejos el horizonte del nacionalismo de contenido burgués y que solo pueden ser llevadas adelante por un gobierno de los trabajadores.

La disgregación política afecta en primer lugar al oficialismo, que de entrada se estructuró sobre una base frágil de tres cabezas: Cristina Kirchner, Alberto Fernández y Massa. Según todas las informaciones periodísticas este último jugó un papel importante en las negociaciones con el Fondo, apelando a sus vínculos con el Departamento de Estado yanqui. Hay un tándem proyanqui consolidado al interior del gobierno, compuesto por el ya mencionado Massa, el jefe de gabinete Manzur, Béliz y Argüello, el embajador argentino en los EE.UU. Es probable que el imperialismo opere buscando una fractura del Frente de Todos, en el sentido de aislar o separar a la fracción kirchnerista. Pero en las actuales condiciones políticas es altamente improbable que una ruptura del Frente de Todos abra paso a la formación de un nuevo centro político entre el albertismo-massismo y las llamadas “palomas” de Junto por el Cambio. Por eso todas las fracciones del Frente de Todos quieren evitar una ruptura ya que facilitaría el triunfo del macrismo, que le acaba de ganar al peronismo unificado en las elecciones intermedias. Pero mantener la “unidad” no es gratis ya que lo condena a la parálisis por sus choques y contradicciones internas. En muchas ocasiones esos choques adquieren la dimensión de verdaderos bochornos públicos, como sucede por ejemplo con las habituales peleas entre Berni y los ministros del gobierno nacional, sea por cuestiones de seguridad, narcotráfico o más recientemente el incendio en Corrientes.

Es importante observar que el ala más golpeada en esta crisis es el kirchnerismo, pues el contraste entre su discurso y las implicancias reales del pacto con el FMI son simplemente inmensas. La renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque de diputados del Frente de Todos fue una maniobra política ante el creciente descontento de una base popular que sigue al kirchnerismo. Pero la parálisis que siguió a su renuncia, sumada al hecho de la permanencia de los cuadros de La Cámpora en todos los cargos que detentan en el Estado, abre el peligro de aislar más al kirchnerismo, dividirlo y condenarlo a la intrascendencia. El prolongadísimo silencio de Cristina opera en el mismo sentido, ya que objetivamente equivale a un default político. En su pronunciamiento sobre la guerra recordó que siendo presidenta había ordenado votar en contra de la anexión de Crimea, poniéndose del lado de la Otan. Incluso fue más a fondo, defendiendo como principio la integridad territorial de los Estados, una posición reaccionaria, que la coloca del lado por ejemplo de la monarquía española, del estado turco y del sionismo, contra los catalanes y vascos, los kurdos y el pueblo palestino. La asimilación subjetiva de sectores populares que la tienen como referencia debe ser materia de verificación por medio de una campaña política de denuncia, clarificación y movilización contra el pacto ajustador.

Esta crisis también envuelve a alas izquierdas del gobierno, como Yasky que convoca una marcha contra el FMI y a favor del gobierno, o la CCC-PCR que realiza cortes inocuos en La Matanza. Es vital clarificar su posición de colectora de un gobierno ajustador. Desenmascarar las maniobras de todos estos sectores es una de las tareas centrales de la próxima etapa. La emergencia de una ruptura parcial de sectores de centroizquierda con el gobierno es un escenario posible y requiere entonces del Partido Obrero y el FIT-U una enorme iniciativa para achicar sus márgenes de acción. Pero por sobre todas las cosas, la desilusión con el gobierno es fenomenal en la base que depositó sus expectativas en un recambio contra Macri, lo que nos abre una posibilidad de avanzar en debates y reagrupar.

En donde se estructura una centroizquierda, es un adversario importante del FIT-U en todos los terrenos, como es el caso de Santa Fe fundamentalmente, pero también Mendoza (Partido Verde), Catamarca (Frente Amplio) o incluso Chubut, con el Pich, una formación política provincial de influencia evangélica con discurso antiminero. La lucha política contra estos sectores es un problema de primer orden, que debe llevarse adelante principalmente buscando involucrar a las masas obreras y a los explotados en las luchas, incluida la ambiental. Política y metodológicamente es importante establecer una caracterización de clase de los movimientos de lucha, y buscar por todas las vías destacar los aspectos que interesan a los trabajadores para ganarlos a la acción. Esto no significa rechazar una colaboración con sectores medios o pequeñoburgueses, sobre la base de un programa común de choque con el capital, aunque ese choque sea de modo parcial. El avance del PO y del FIT-U está condicionado por el avance mismo de los trabajadores en la situación política. Pretender independizar una cosa de la otra conduce al electoralismo y a desplazar la atención de los trabajadores a la pequeño burguesía.

La crisis al interior del gobierno tiene su traducción en los tribunales, donde las denuncias contra la camarilla kirchnerista son una amenaza cierta en caso de que quieran sacar los pies del plato. El anuncio de Alberto Fernández de que las candidaturas del Frente de Todos se resolverán por las Paso va también en el sentido de un chantaje al kirchnerismo, que no tiene condiciones de ganar una disputa interna dentro del peronismo y expresa las tendencias centrífugas (ruptura) al interior del Frente de Todos. Cristina no está en condiciones de armar la vieja Unidad Ciudadana con la que rompió oportunamente el PJ, al menos con alguna perspectiva electoral de importancia.

La disgregación afecta también a la oposición macrista. El fracaso del gobierno de Macri está aún fresco en la memoria de la burguesía y condiciona los movimientos políticos de la derecha. Mientras el ala de Patricia Bullrich y del propio Macri afirma que este fracaso se debió al “gradualismo” y que de llegar al gobierno deberán aplicar un ajuste reforzado, el ala de Larreta plantea que es necesario un acuerdo con sectores del peronismo, que no se limite a un pacto parlamentario, sino que se plasme en el ingreso de ministros para dar lugar un verdadero cogobierno. El radicalismo por su lado tiene su propia disgregación, al punto que se dividió en la Cámara de Diputados formando dos bloques. El sector que responde a Nosiglia-Lousteau aspira a actuar como socio menor de Larreta, en el caso de que las divergencias en el PRO se profundicen. Su aspiración es quedarse con la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Mientras tanto el sector mayoritario de la UCR, que responde a Morales, amenaza con un candidato radical en unas Paso de Juntos por el Cambio, aunque es probable que sea solo un instrumento de negociación. Morales, aunque aparece cercano a Patricia Bullrich, a la vez le ha votado varias leyes al gobierno nacional y mantiene un pacto con Massa en la provincia de Jujuy, donde el Frente Renovador integra su gobierno.

La tendencia a la disgregación política se ha puesto de manifiesto en el fracaso de las sesiones extraordinarias del Congreso. Alberto Fernández había enviado un temario para su tratamiento durante febrero, pero ninguna de las dos cámaras se reunió siquiera para considerarlo. El fracaso de las extraordinarias convocadas por el propio gobierno es un dato de la magnitud de la crisis política abierta tras la derrota electoral del peronismo en las intermedias. El gobierno quedó sin presupuesto, obligado a gobernar por decreto como resultado de esa situación. Los choques entre el oficialismo y la oposición de derecha, pero por sobre todo las crisis al interior de los bloques principales, avizora una parálisis del Congreso durante el año en curso. El voto del acuerdo con el FMI puede llegar a ser un hecho excepcional y a la vez revelador: un Congreso que se reúna solo para votar ese pacto y que luego entre en la más completa parálisis. Para el gobierno esta situación implica un agravamiento de la crisis, porque lo obligará a gobernar por medio de decretos, lo que lo expone a pagar costos políticos mayores. La oposición difícilmente se oponga a esta parálisis del Congreso, ya que le sirve para exponer al gobierno a su propia debilidad y a que asuma en soledad el ajuste pactado con el FMI y las consecuencias sociales y económica que traerá aparejado. A la vez, para la oposición el funcionamiento del Congreso es un problema porque expone sus propias divisiones internas. Ha sido muy reveladora la firma de un comunicado de los gobernadores radicales del norte junto a sus pares peronistas, avalando la quita de subsidios al transporte público en CABA, dejando a Larreta en soledad.

Hay que tener en cuenta que el acuerdo implica un ajuste contra los presupuestos provinciales, por la vía del recorte de las transferencias no automáticas. Sumado, el tarifazo en las provincias avanza a pasos mas veloces, arrancando de tarifas más altas e impactando, en gran parte del país, sobre salarios más bajos. Contra la tesis de que el recorte de subsidios afectaría fundamentalmente al AMBA y que busca colocar el problema como una oposición entre Buenos Aires y el interior, hay que denunciar el impacto nacional que va a tener. El aumento en la generación eléctrica va a sumarse al que ya se implementa en muchos distritos en el valor de distribución, generando un tarifazo reforzado. Distrito por distrito, debemos caracterizar cómo impactan las medidas de ajuste para ajustar las consignas, los planteos y la actividad del partido y golpear a los bloques políticos patronales locales.

De fondo, las divisiones de los bloques principales reflejan el descontento de todas las clases sociales sobre la situación del país. Ninguna clase social ni sector interno en las que estas se divide se declara satisfecha con la situación actual. Incluso los sectores capitalistas que han obtenido ganancias extraordinarias desconfían sobre la sustentabilidad de la política actual. Habitualmente las encuestas de opinión recogen este estado de ánimo con el crecimiento del rubro de quienes piensan que el país estará peor de lo que está ahora. Este estado de situación alimenta el crecimiento de los fachos llamados “libertarios”, con Milei a la cabeza. Esas mismas encuestas reflejan un crecimiento del apoyo a su eventual candidatura presidencial, que ya no sería solo en la Ciudad de Buenos Aires sino en todo el país. Es lícito creer que un fenómeno de este tipo perjudicaría especialmente a la derecha macrista, aunque en la Ciudad de Buenos Aires las cosas se dieron de otro modo. Milei recogió votos en las comunas del sur de la Ciudad, robándole votos no solo al macrismo sino también al peronismo. El discurso derechista golpea allí donde el kirchnerismo hace agua: el llamado “Estado presente” se revela ante una parte de la población como una losa que se apropia de recursos generados por la población sin que la contraparte que ofrece tenga equivalencia alguna. La lucha política contra esta derecha fascistizante debe tener en cuenta estos planteos, para polemizar con ellos mostrando que detrás del discurso de los “libertarios” se esconde la pretensión capitalista de eliminar los impuestos sobre el capital y descargarlos enteramente sobre los trabajadores y consumidores. Y a la vez, mostrar que detrás de su planteo de reducción de impuestos se esconde una política de privatización entera de la educación y la salud, como así también eliminar todo gasto de asistencia social. La lucha contra esta derecha debe hacerse sin la menor concesión a la orientación kirchnerista y sus planteos de “Estado fuerte”. Hacerlo no solo sería un error desde el punto de vista de los principios, sino que facilitaría el trabajo de demagogia de la derecha en concitar el apoyo de sectores populares a sus planteos.

Se puede afirmar que hasta cierto punto y a su modo, la consigna votada por el PO en el XXVII Congreso “abajo el régimen de hambre y miseria de los que nos gobernaron en las últimas décadas” fue explotada y es explotada por esta derecha reaccionaria. Aunque reducida por el momento a Capital y provincia de Buenos Aires, ha tenido, en este radio de acción, un mayor éxito que la izquierda en esta tarea. Es cierto que la campaña electoral del FIT-U chocó con obstáculos propios (una negativa a actividades comunes que pudieran fortalecer su intervención en la lucha política y electoral: congreso del FIT-U, e incluso un acto común). Sin embargo, la razón por la que la derecha ha tenido más éxito que la izquierda en la explotación de esta impugnación general al régimen debe encontrarse en la propia dinámica de la lucha de clases. En el último período ha primado una política de contención de la clase obrera y los sectores populares, con la excepción parcial del movimiento piquetero, que hoy tiene una fracción independiente con un alcance significativo en algunos sectores de las masas. La falta de una acción independiente de la clase obrera e incluso de un mayor volumen de luchas económicas o parciales opera como un freno a la capacidad de la izquierda en ser el canal del repudio al régimen en su conjunto. Este vínculo se constata a la luz de nuestro desarrollo, inclusive electoral. La elección del FIT-U en la provincia de Buenos Aires está muy vinculada al accionar del movimiento piquetero, aunque no se agota ahí. En Neuquén, hicimos una excelente elección en un cuadro de luchas salariales muy importantes. En Chubut, nuestro progreso electoral se vincula con las enormes luchas por el pago de salarios y, luego, con la lucha antiminera.

De este análisis se deriva una hoja de ruta de trabajo: por un lado, una campaña de agitación política contra el régimen del FMI, sus partidos y sobre las consecuencias directas que esa política tiene para las masas, para lo cual la tribuna parlamentaria deberá jugar un papel central; y por el otro, impulsar la acción directa de las masas, promoviendo la resistencia a la ofensiva capitalista, empezando por los lugares de trabajo y denunciando y delimitando posiciones de la burocracia entreguista, principal factor de contención del movimiento obrero. Un reguero de luchas económicas sería de enorme valor para tonificar a la clase obrera y en primer lugar al activismo. Para nuestro partido esta hoja de ruta plantea la necesidad de desplegar el conjunto de sus fuerzas, tanto de su militancia orgánica como la que esta influencia y organiza gracias a su actividad. La agitación directa del Partido se complementa con la lucha que libra el movimiento piquetero y también los sindicatos combativos dirigidos por la izquierda. La reciente conquista del Sutna de un bono especial en Bridgestone tuvo un impacto enorme en las fábricas. Es normal que al menos un sector de los obreros se pregunte quién dirige ese sindicato y con qué métodos.

Este enfoque nos delimita de los sectores de la izquierda que pregonan que el problema es ir a una lucha política contra la política de fondo y no a la lucha por las reivindicaciones. Este enfoque es equivocado. Las rebeliones populares contra los gobiernos del Fondo Monetario fueron el resultado de reclamos reivindicativos concretos. El movimiento obrero deberá ir procesando una experiencia con esta política, parte de la cual se jugará en las luchas por el salario, el acceso al trabajo y por todos los reclamos. La posición de quienes ignoran la centralidad de las luchas reivindicativas en esta etapa en última instancia lleva a un convergencia con planteos kirchneristas, que critican el pacto con el Fondo pero mantienen un cuadro de colaboración desde los sindicatos u organizaciones sociales, con el gobierno nacional.

Enfrentar la situación mediante la combinación de la agitación política contra el régimen y la acción de lucha contra la ofensiva capitalista es nuestro método para lograr una evolución hacia la izquierda de la situación tomada en su conjunto. En América Latina la mayoría de las rebeliones populares que hemos tenido en los últimos años han sido contra gobiernos de derecha. Es el caso de Chile, Colombia, Ecuador y Bolivia. En Argentina la crisis del gobierno peronista-kirchnerista es elocuente, pero aún conserva un valor para la burguesía en tanto logra imponer una política de contención y es un factor menos en la desestabilización de América Latina por el momento. Es probable que a eso se deba la decisión de Biden de que el FMI acuerde con Argentina para evitar el default. La amenaza de una vuelta del macrismo es utilizada por el kirchnerismo y sectores afines para evitar una ruptura con el gobierno y por sobre todas las cosas para inhibir la acción directa contra el ajuste en marcha. Por eso la superación de esta contención requiere tanto la agitación política del Partido como impulsar y promover medidas de lucha de los trabajadores y sectores explotados.

Las masas

Argentina es un país movilizado en diversos sectores sociales. En los dos años del gobierno peronista lo testimonian dos puebladas antimegamineras en Mendoza y Chubut, la colosal movilización de la ola verde por el aborto legal, el movimiento piquetero y ciertas huelgas que lograron quebrar el cepo de la burocracia sindical. Pero, de un modo general, los puntos de ruptura, siendo importantes, no han logrado quebrar la contención del peronismo en sus distintas alas y en los distintos frentes de la lucha de clases. La cuestión de la incorporación de Argentina al proceso de las rebeliones populares de América Latina es la cuestión de las cuestiones, cuando la crisis capitalista golpea de la manera que golpea en la bancarrota nacional y de cara al período que abre el pacto colonial y de ajuste del FMI.

Conviene examinar cómo actúan los mecanismos de contención en cada frente de lucha y fundar la política de nuestro partido para hacer progresar la ruptura en términos de independencia política de los explotados y de qué manera ligarlos mediante la agitación y acción política a la construcción de una alternativa política de los trabajadores. La cuestión de la rebelión popular en la Argentina no es una cuestión de pronósticos, ni deriva mecánicamente de la crisis y el ajuste en puerta, será el resultado de un conjunto de factores, que combinen la crisis por arriba con el levantamiento de los de abajo fundado en la superación de los diques de contención del peronismo y la centroizquierda e izquierdas tributarias del gobierno del Frente de Todos. La debilidad del gobierno debe ser verificada y explotada en la acción independiente de las masas, y nosotros ser sus motores y organizadores. Estableciendo los puentes entre las reivindicaciones y la salida de conjunto. El norte general del partido es la intervención de la clase obrera en la crisis.

El año fue abierto por la pueblada del Chubutazo que, tras siete días ininterrumpidos de revuelta popular, quema de la casa de gobierno incluida, hizo retroceder la ley de zonificación aprobada en medio de maniobras de disimulo pero con las huellas digitales de todo el arco de partidos capitalistas. Por referencia a la pueblada de Mendoza por los mismos motivos -dos provincias donde la lucha por el agua es parte de las preocupaciones populares más profundas-, en Chubut se sumó un contingente obrero de la industria de la pesca, mientras que en Mendoza fue un sector capitalista de la propia industria vitivinícola quien se sumó al impulso de la “guerra del agua” de manera más o menos abierta, aunque trabajadores y pequeños productores del sector se movilizaron también. Se trata de movimientos policlasistas, con fuerte participación de clases medias que han logrado ser adormecidos tras el retroceso en las leyes respectivas pero que conocerán nuevos capítulos porque la cuestión de la entrega megaminera es estratégica como parte de la política extractivista y para reunir los dólares que requiere el FMI. Políticamente en Chubut fue uno de los aspectos que llevaron a la gran elección del 8,5% del FIT Unidad en la previa del levantamiento popular, con picos del 15% en zonas como Lago Puelo. Aunque hay que destacar que peleamos el voto antiminero con el Pich que nos superó en las generales. Confluyeron en este resultado electoral también las grandes luchas casi permanentes con altas y bajas de docentes y estatales desde el virtual default de la provincia hace cuatro años. En Mendoza apareció claramente una representación política de tipo centroizquierdista en el Partido Verde que a los dos años del Mendozazo obtuvo el 9% de los votos, duplicando al FIT-U que perdió todas las conquistas parlamentarias que tuvo en el pasado. Aunque el Partido Verde se basa en un planteo ambientalista que calza con el carácter policlasista del movimiento ambiental, hay que señalar también que nos superan en el marco de una parálisis de la acción común del FIT-U impuesta por el PTS, que claramente debilitó nuestro frente. La cuestión de la agitación anticapitalista y la vinculación de la lucha ambiental a la lucha de la clase, o mejor la lucha de la clase a la lucha ambiental, es un eje de batalla política dentro del movimiento ambiental y, en el movimiento obrero, contra la toda la burocracia sindical, en términos generales megaminera, porque aún la centroizquierda ceteista no jugó ningún papel. El movimiento conoció movilizaciones importantes de hasta 5.000 personas en el puente victoria en Santa Fe, frente a los incendios intencionales en las islas del Paraná, una provincia donde la centroizquierda disputa también en torno al punto. Después del chubutazo cobró cierta fuerza el reclamo contra la exploración offshoreshore, especialmente en Mar del Plata y otros puntos de la costa Atlántica, con movilizaciones que vienen desde el año pasado y crecieron de manera importante, en las que venimos interviniendo. El frente ambiental es un frente de lucha política, en especial que toma nuestra juventud, pero su agitación y reclutamiento, basados en un programa anticapitalista es un componente de toda la lucha política nacional por la construcción del partido. A nivel nacional, con una política de frente único, en la coordinadora Basta de Falsas soluciones, pusimos en pie un agrupamiento independiente capaz de disputar al bloque ligado al gobierno, representado por Jóvenes por el Clima, que hoy están golpeados por el derrumbe de la gestión Cabandie. Como en todos los planos, el pacto con el FMI inclinará aún más la balanza en favor de la depredación y el saqueo de los monopolios imperialistas y la extensión de la frontera sojera, en choque con el activismo.

El caso del movimiento de la mujer es peculiar. La conquista del aborto legal tuvo un primer capítulo durante el macrismo y el gobierno tomó la iniciativa de viabilizarlo para capitalizar una “ampliación de derechos” que en realidad es una conquista de treinta años de lucha. La batalla política con los sectores kirchneristas se ha agudizado porque han roto el movimiento común de cara a las nuevas y viejas batallas que presenta la lucha por los derechos de la mujer y las diversidades. La adaptación al nombramiento de Manzur por parte del feminismo K las ubica en un lugar parecido a la defensa del pacto con el FMI. El congreso del PdT (Plenario de Trabajadoras) en plena virtualidad mostró un campo de desarrollo político que tiene muchos frentes, entre ellos la formación del sindicato de trabajadoras de casas particulares a partir de nuestra agrupación, nuestro desarrollo en el movimiento de actrices, el rol de la mujer en los barrios que organiza el Polo Obrero, etc. Vamos a una disputa muy importante este año en la movilización al Encuentro Nacional de Mujeres, que se realizará en San Luis y será un terreno importantísimo de lucha política con el gobierno nacional y sus colectoras en el movimiento de mujeres.

El movimiento piquetero ocupó, sin lugar a dudas, como sector organizado de la clase trabajadora, el lugar de vanguardia desde la última etapa del gobierno Macri hasta el momento. Ha sido el punto de desborde, fuera de control de los aparatos de la burocracia sindical y de los aparatos políticos punteriles en los barrios. En plena pandemia, todavía más, se destacó como el sector que ganó la calle con la consigna “con hambre no hay cuarentena”. El Polo Obrero, a veinte años del Argentinazo, ha vuelto a ocupar un lugar de vanguardia en esa vanguardia. El secreto ha sido una política combativa para arrancar las conquistas, el empadronamiento y organización masiva en los barrios, el frente único de lucha para garantizar las reivindicaciones en el marco de un planteo político de independencia frente al gobierno, de denuncia de las organizaciones del Trío Cayetano integradas al gobierno, contra el relato de marketing de la “economía popular” que encubre la más pavorosa precarización laboral, por el trabajo genuinos y a convenio, por el pase a planta y, por sobre todo, los métodos de soberanía de la asamblea, del delegado revocable y el control de bases de las conquistas arrancadas en la lucha. El pasaje de decenas de miles de compañeras y compañeros al Polo desde intendencias y/o organizaciones oficialistas es motivo de debate y de una contraofensiva del gobierno para retomar el control de los municipios de vastos sectores y colocarlos como mano de obra sustituta municipal o provincial en el marco del ajuste que cae en cascada de la Nación para abajo, bajo monitoreo del FMI. La pretensión de cerrar todo ingreso y el intento de recaptura por parte de los municipios serán ejes de confrontación en la etapa inmediata porque indudablemente se vincula con dos objetivos estratégicos del FMI: deprimir los salarios y bajar el gasto público. Colocamos la cuestión del salario mínimo y la universalización de los planes en el centro actuando en dos sentidos: unidad con precarizados, trabajadores en negro y jubilados y la lucha por un seguro al desocupado que significa el aumento y la universalización de los planes. Siempre colocando la cuestión del plan de obras públicas y viviendas populares como la ruta de una reactivación económica y del empleo genuino. Desde este lugar hemos ganado un lugar de enorme respeto y liderazgo natural en el Frente de Lucha Piquetero y la Unidad Piquetera que logró agrupar en sus grandes acciones.

El Polo Obrero actual ha marcado un salto político enorme al volcarse de manera masiva a la campaña electoral del PO y el FIT-U en todo el país. La presencia masiva de miles y miles de compañeros y compañeras, primero en las movilizaciones, y luego en la campaña implicó un salto político y nos abre una posibilidad de progreso militante. Fue el nervio de las grandes victorias en las barriadas obreras en todo el país, contribuyó decisivamente a establecer un diferencial histórico en el voto al FIT-U con respecto a otras izquierdas del pasado y al historial del propio Frente de Izquierda. El Polo se destaca en su politización respecto de todas las demás organizaciones piqueteras, y es al mismo tiempo un factor que tracciona hacia la izquierda a todo el activismo. Las tendencias abstencionistas se han reducido y se ha ganado influencia en los que actuaban como colectoras tácitas del kirchnerismo sin proclamarlo. De hecho, los integrantes del Polo han sido protagonistas centrales de los masivos actos del PO y todo el movimiento piquetero de las grandes movilizaciones últimas de la izquierda contra el FMI. El Polo ha vuelto con su poder de movilización a ser punto de apoyo de las más diversas luchas de trabajadores ocupados y sus piquetes o tomas de fábrica.

En la próxima etapa, el Polo y la Unidad Piquetera marchan a un fuerte plan de lucha que tiene el objetivo inmediato de quebrar las medidas de ajuste del gobierno sobre el movimiento piquetero. Vamos a enfrentar el cepo en la apertura de planes y los pases y la orientación del gobierno junto al FMI para “focalizar” los planes reduciendo su monto y alcance. La primera fase tiene que ver con un planteo de aumento del salario mínimo, que conecta al movimiento piquetero con los sectores más explotados de la clase obrera ocupada. El plan de lucha fue votado en el plenario nacional de la Unidad Piquetera, que debatió la deliberación y las tareas, y que fue una propuesta realizada y sostenida fundamentalmente por el Polo Obrero.

El planteamiento del plenario nacional de la Unidad Piquetera corresponde a un método que solamente empujamos nosotros, en la mejor tradición del PO para colocar a debate de toda la vanguardia de lucha las cuestiones estratégicas, donde podemos destacarnos por desenvolver un programa y un proyecto de unidad de la clase obrera. Esto ante corrientes de un arco muy heterogéneo que llega hasta los tributarios de un defensor de la reforma laboral como Randazzo (Barrios de Pie). Con todo, la incorporación al partido, al igual que la organización de la juventud junto a la UJS no resultan espontáneamente, sino como resultado de una continuidad permanente de iniciativas que vayan ligando la lucha reivindicativa a la política. La agitación política general partidaria en los barrios no puede ser abandonada durante el período no electoral, será la clave para el progreso de camadas de compañeras y compañeros hacia la política revolucionaria. Y esa agitación tiene que abordar las cuestiones de interés de ese vasto sector de los explotados (tierra, vivienda, obras de agua y cloacas, educación, centros de salud, centros integrales de la mujer, etc.) desde el ángulo y las propuestas de una salida de los trabajadores a la crisis.

El hecho de que no hay un paro nacional hace tres años en medio de un ajuste importante y otro que se avecina de la mano del FMI es un dato para el combativo movimiento obrero argentino. Indudablemente la pandemia y sus cuarentena y virtualización forzosa han sido un factor, pero no el decisivo. El factor decisivo es la contención de la burocracia y la confusión política de la masa de los trabajadores que viene de votar al gobierno aún en la derrota de las intermedias, como el mal menor del peronismo ante el mal mayor del macrismo. Solo una vanguardia ha evolucionado al voto el FIT-U. Las huelgas del período son básicamente las que han escapado a la contención de la burocracia sindical: autoconvocados de Neuquén, vitivinícolas, docentes salteños y de otras provincias, con el caso excepcional de Aceiteros y, desde luego de los sindicatos combativos recuperados por la izquierda como el Sutna, docentes, ferroviarios, etc. Otras luchas, a veces feroces, en la carne (Penta, Arrebeef), tercerizados (EMA), salud (Clínica San Andrés), Gri Calviño, Interpack I, Autoconvocados de la salud de CABA o Matanza, Latam, Textilana y un sinnúmero de luchas locales de municipales y otros sectores son decididamente aisladas por toda la burocracia y se sostienen y progresan más o menos, exclusivamente con el apoyo del clasismo y la izquierda. Pero es difícil en este cuadro torcer los ataques patronales que se imponen, golpeando al activismo. El reciente paro de controladores Aéreos, como ciertas batallas en la carne están expresando desplazamientos y son, desde luego un campo de desarrollo del clasismo que tuvo expresión en la elección de la Roja de la Carne en Buenos Aires. Es que el cuadro general tiene dos caras, la contención que domina el panorama, pero del otro lado de la moneda la vacancia política de dirección del movimiento obrero que ofrece semejante nivel de integración de los sindicatos al Estado y a las patronales.

El nivel de integración de todas las alas de la burocracia sindical al gobierno no tiene casi antecedentes similares desde 1983. Se estructuran en torno al antimacrismo como expediente para apoyar al gobierno, lo que ha logrado sentar en el mismo triunvirato de la CGT al moyanismo junto a gordos y barrionuevistas y bajo distintas modalidades también integrar al gobierno a las dos o tres alas derivadas de la crisis de la CTA, ya dividida oportunamente por el kirchnerismo. Otras variantes intermedias como Aceiteros no han jugado rol independiente alguno, antes bien cuando se planteó la crisis Vicentin, jugó para apoyar al gobierno pretextando una política que no fue. La gran huelga aceitera de 21 días a fines de 2021 para arrancar una revisión que al menos compense la inflación fue políticamente encapsulada por su dirección, no fue un punto de apoyo para extender a un activismo obrero ni la lucha por un salario equivalente a la canasta familiar ni el método para arrancarlo, al contrario los conflictos fabriles de ese gremio fueron desgastados hasta su derrota en distintos casos. Al mismo tiempo merecen un balance político específico cada una de las huelgas autoconvocadas, puesto que la más importante de ellas, el “elefante neuquino” no derivó como nos propusimos en una ola de recuperaciones de las juntas internas de los hospitales, donde la burocracia cuya entrega salarial enfrentó la huelga, vuelve a ganar. De un modo general, es un fenómeno expresivo de una etapa de la que venimos, donde cada posición de avance político sindical es arrancada mediante un progreso militante antes, durante y después de cada lucha.

El propio Plenario del Sindicalismo Combativo hibernó largo tiempo por la retracción general y, cuando aflojó la primera ola del Covid y convocó a movilizar fue dividido por el recientemente incorporado MAC (PTS) y su parálisis rota por una convocatoria unilateral del Sutna a fines del 2021, boicoteada por el resto de la izquierda. En este punto se ha librado una lucha política desde la Coordinadora Sindical Clasista que es defender el campo de un sindicalismo de clase que ofrezca un polo de desarrollo ante la burocracia sindical para todas las organizaciones sindicales recuperadas, sean cuerpos de delegados, seccionales o sindicatos. Un método y un programa marcado desde Lanús en 2018. A raíz de la iniciativa impulsada por el Sutna, el Plenario del Sindicalismo combativo se reunió en Unione y Benevolenza, convocando a movilizarse contra el pacto con el Fondo Monetario y planteando la perspectiva de una nuevo plenario masivo como el realizado en Lanús en 2018. Quienes lo han bombardeado de adentro o de afuera tratando que fuera un brazo del Fit Unidad, no han progresado con esa política ni han ofrecido un canal de reagrupamiento al activismo, han mostrado en cambio una política rabiosamente electorera. La fuerte derrota de la lista divisionista PTS-MAS-Roja en el Sutna ha debilitado este tipo de emprendimientos que oportunamente sirvió en bandeja Aten a la burocracia neuquina, y que marcó el golpe final contra la conducción independiente del Sute (Mendoza).

No obstante este contexto general, se han producido desplazamientos de sectores activistas en textiles, en docentes de Chubut, en la gran elección de la Roja de la Carne (42%), en internas de UTA, la recuperación de Aten Capital y Plottier, en seccionales recuperadas de Adosac de Santa Cruz, la gran elección de la lista en la Asociación de Actores, en la lista antiburocrática de Controladores Aéreos, en la buena elección en un Foetra en total retroceso como gremio, en la formación de una lista opositora de comisiones internas de APA y otras como una importante lista en Adiunt Córdoba. Pero, especialmente, una victoria de tal magnitud (72%) como la de la Negra del Sutna expresa la potencialidad política de la vacancia de la burocracia sindical ligada a una causa tan conservadora como es la descarga de la crisis capitalista sobre los propios trabajadores que con mayores o menores maniobras ejecuta el peronismo. La buena elección del Frente de Izquierda es indisociable de estos procesos que gravitan por abajo y que podemos conectar y desenvolver con una política audaz de agitación y de lucha. Desde luego, el 2022 al concentrar todas las elecciones postergadas tras dos años, presenta un enorme desafío en la retención y/o ampliación de las posiciones conquistadas en AGD y Conadu Histórica, en los Sutebas Combativos, etc. en todas las cuales se replantean los frentes únicos por la cooptación de sectores de izquierda al Frente de Todos, especialmente el PCR.

El pacto con el FMI abre una nueva etapa que está llamada a sacudir este escenario. El paro de 72 horas de la docencia neuquina puede ser anticipo de un comienzo de reacción de los trabajadores, al igual que el paro de controladores que rompió el techo de 45% que parece querer imponer la burocracia sindical en distintos sectores. La tendencia a los choques con la clase obrera (ocupada y desocupada) será mayúscula y cambiará todo el escenario. El yaskismo ha convocado a movilizar después de la aprobación del pacto colonial “para controlar que paguen la deuda interna”. Es una desembozada maniobra de contención política, como la renuncia de Máximo, pero ambas expresan una crisis política que sacudirá a todas las organizaciones obreras. En todos los casos, el clasismo y nuestro partido pueden explotar la crisis a condición de una política independiente, del frente único de clase y la denuncia implacable no solo de la burocracia más recalcitrante sino especialmente de la que maniobra en los márgenes de la contención. Tenemos que ser motores de las luchas económicas que pretendemos libre la clase. Eso no es economicismo, al contrario, quienes construimos y agitamos la salida política y construimos el partido, somos en el seno de los trabajadores, sean o no sindicalizados, los grandes organizadores de sus luchas económicas, condición de un salto en la lucha de clases. Y de que una reacción popular de conjunto sea liderada por la clase obrera.

Un aspecto importante de esta lucha será para enfrentar la represión, que irá de la mano del ajuste. La represión en Jujuy contra el plan de lucha provincial del movimiento piquetero, con el encarcelamiento en principio de 15 compañeros (luego quedaron 7), cuya liberación tuvimos que arrancar con una intensa campaña y movilización nacional, es una muestra de estas tendencias. Pero antes las vimos en Guernica y numerosos episodios, bajo el gobierno de Fernández. Al mismo tiempo, tenemos que enfrentar las condenas contra César y Daniel, y numerosos procesamientos en todo el país. La lucha contra la represión y la criminalización de la protesta es una lucha política que encaramos con nuestros métodos: la agitación, la conquista de un apoyo masivo y la movilización popular. Son los métodos con los cuales llevamos a Pedraza, en su momento, a prisión. Esta lucha requerirá una amplia iniciativa en materia de libertades democráticas en todo el período. Del otro lado, los sectores del régimen como los Berni o Bullrich, hacen de la represión a las luchas populares una bandera propia, para ganarse a los sectores que rechazan la movilización popular. Debemos enfrentar estas tendencias y, en ese cuadro, desenmascarar la política del kirchnerismo, cuya demagogia en materia de derechos humanos no le impide mantener a Berni en su puesto, ni pactar con el régimen represivo de Morales.

El FIT-U, la izquierda y el frente contra el pacto con el FMI

Finalizadas las elecciones, el FIT-U tomó la iniciativa de convocar un plenario abierto para enfrentar el pacto entre el gobierno y el FMI. La iniciativa del FIT-U marca un cambio parcial en su parálisis entre elección y elección que fue característica desde su fundación. A lo sumo, había realizado agitaciones y declaraciones comunes y, esporádicamente, actos minoritarios. Con el plenario de Parque Lezama, en cambio, el FIT-U se colocó, como tal, a la cabeza de un iniciativa política central: el reagrupamiento de todos los sectores que rechazan el pacto con el FMI.

La iniciativa dio lugar a un frente único entre corrientes políticamente muy heterogéneas. Participa la autoconvocatoria por la suspensión del pago de la deuda, cuyo grupo dirigente viene en parte de estar vinculado con Claudio Lozano (director del Banco Nación), en parte de los viejos economistas de izquierda, y en parte está conformado por organizaciones piqueteras abstencionistas, pero que tienen un planteo de “apertura” en las movilizaciones, a los sectores críticos del kirchnerismo. Aunque a nivel nacional actúan con la izquierda, en Rosario habilitaron un copamiento del espacio en favor del PCR, que integra el Frente de Todos. Participa también Libres del Sur, que integra, con Barrios de Pie, la Unidad Piquetera, pero que apoyó a Randazzo en las elecciones. Participan en forma activa otras organizaciones de la UP (Votamos Luchar, MTR 12 de Abril), sectores abiertamente anti FIT-U y marginales dentro del movimiento piquetero (MTR Martino, Erys, etc), el MAS, el grupo de Altamira y otros grupos. La amplitud del espacio facilita la adhesión de organizaciones obreras recuperadas de la burocracia, y centros de estudiantes combativos, que no podrían adherir a una convocatoria del FIT-U, pero que han votado el rechazo al pacto con el Fondo.

Este frente heterogéneo será puesto a prueba por la evolución de la crisis política. En la medida que presenta un canal de movilización unitario para confrontar con la política de la burocracia sindical y piquetera de apoyo al pacto, su puesta en pie es un avance. Pero no constituye un agrupamiento político de carácter permanente. Con los compromisos del caso, que son inevitables, defendemos y hemos logrado hasta ahora un liderazgo político del FIT-U, que se pone de manifiesto por sobre todas las cosas en el programa y las caracterizaciones de los dos documentos leídos en Plaza de Mayo. La defensa exige un esfuerzo permanente, porque las tendencias a diluir un planteamiento programático están muy presentes, al igual que las presiones hacia una confluencia con los sectores del gobierno que dicen rechazar el acuerdo (una posición llevada adelante fundamentalmente por el MAS; en el mes de febrero).

Aunque los partidos del FIT-U acuerdan las mociones a llevar al espacio, inevitablemente lo abordan sobre la base de sus caracterizaciones y construcción previa. Nosotros nos paramos en el espacio como constructores del movimiento obrero y piquetero combativo, somos partidarios del frente único en todos los terrenos de la lucha de clases. El PTS en cambio encara este frente único con enormes contradicciones. Aunque apuesta a desarrollarlo, está condicionado por su hostilidad tradicional al movimiento piquetero, que no construye, y choca con una realidad en la cual la mayor parte de las organizaciones y una abrumadora mayoría del caudal de movilización del espacio está integrado por organizaciones piqueteras. Su hostilidad a las direcciones sindicales lo llevó a torpedear durante años el PSC y ahora a torpedearlo desde adentro. En general, no construye tampoco los sindicatos combativos, sino que busca explotar las posiciones en el movimiento obrero para una figuración electoral. Estos factores lo llevan a una relación parasitaria (y faccional) con las organizaciones combativas. Por otro lado, el MST, que participa en el movimiento piquetero, rechaza en cambio darle cualquier tipo de proyección política, al punto que sus dirigentes piqueteros ni siquiera hablan en sus propios actos.

Los debates en torno al espacio actualizan los debates que venimos teniendo al interior de la izquierda. La idea de consolidar el espacio como un espacio político abona las posiciones que en el pasado alimentaron la idea de una disolución política del FIT-U en una izquierda más amplia, el planteamiento del MST en la interna. Contra esta tendencia, está claro que la evolución de los grupos provenientes de la centroizquierda o el abstencionismo será puesta a prueba por el propio escenario político. Más de fondo, una convergencia que se basara en un compromiso del programa del FIT-U con posiciones nacionalistas sería un retroceso para la izquierda revolucionaria. Debemos, en cambio, militar en la claridad de que se trata de un frente que agrupa posiciones divergentes y desenvolver con claridad los debates en el marco de una unidad de acción. En cualquier caso, no abonamos la disolución del Frente de Izquierda en este espacio. En paralelo a las iniciativas comunes, debemos promover una agenda de iniciativas y declaraciones al propio FIT-U. Obviamente, esta agenda está condicionada a las posiciones políticas de los partidos del FIT-U. En el caso de Ucrania, por ejemplo, rechazamos un comunicado común con partidos (el MST e IS) que militan en el campo de la resistencia con Zelenski a la invasión de Putin.

Con esta política de frente único, con la defensa del FIT-U como campo independiente del nacionalismo, y con nuestro peso en la lucha de clases, debemos pelear un liderazgo en la izquierda del Partido Obrero. Es central para ello un desarrollo partidario en materia de agitación política, prensa, finanzas, comunicación y reclutamiento. El resultado de la última elección, en términos de bancas parlamentarias, nos dejó en minoría en relación al PTS, aunque recuperamos la banca de Romina y Guille en provincia, sumamos una banca legislativa en la capital y tenemos los concejales de PBA por primera vez. Pero el desequilibrio en el congreso contrasta con el peso que tiene el PO en la lucha de clases, y refleja un mayor desarrollo relativo del PTS en materia de instalación de voceros, comunicación y redes. Las características de esta mayor instalación tienen en parte que ver con un enfoque democratizante de la situación política. El PTS proyecta a Bregman, buscando apoyo de sectores del kirchnerismo lo que condiciona sus intervenciones. En Jujuy, hace primar una denuncia de la oligarquía y el régimen político provincial muy difusa en cuanto al programa. Este enfoque se manifiesta, asimismo, en La Izquierda Diario, cuya amplitud de posiciones lo asimilan a un medio no partidario, una forma indirecta de disolución política.

La guerra en Europa mostró el carácter estratégico de las divergencias dentro del FIT-U. El MST e Izquierda Socialista colocan todo su eje en denunciar la invasión de Putin sin denunciar la responsabilidad de la Otan en la guerra. Ambos reducen la crisis a la cuestión de la independencia nacional de Ucrania, omitiendo la cuestión central, que pasa por la disputa internacional por llevar hasta el final de la restauración capitalista en los ex Estados obreros. No abordan la crisis como la expresión del carácter explosivo que tienen las contradicciones y choques de la presente etapa histórica, privándose de destacar la tendencia inevitable del capitalismo y del imperialismo a resolver sus divergencias por medio de la guerra. Las guerras recientes (Siria, Yemen, Afganistán, Libia, Yugoslavía, Palestina, etc.) no le sirven para mostrar una secuencia creciente, por el simple hecho que han abordado esas conflagraciones con el mismo método que usan para el choque en Ucrania.

Estas divergencias estuvieron presentes en la interna que tuvo el Frente de Izquierda en la última elección. Los planteos expuestos por el MST fueron claramente de disolución del FIT-U como bloque político independiente en favor de un frente de colaboración de clases con sectores del centroizquierdismo. A quienes se oponen a esta disolución el MST les achaca el sambenito de “sectarios”. El mal resultado recogido en los principales distritos del país no implica que el MST borre estos planteos, sino que buscará llevarlos adelante por otras vías. Su participación de igual modo en el espacio de la Moratoria de la Deuda y en el FIT-U muestra que tienen huevos puestos en distintas canastas. Para el PO es central explicar el carácter de estas divergencias para evitar que la inevitable lucha de tendencias derive en el liquidacionismo o la desmoralización.

Nuestra posición sobre el FIT-U es desarrollarlo como un bloque político de independencia de clase, que intervenga sistemáticamente en la lucha en todos los planos. En el plano del movimiento obrero y piquetero esto significa en primer lugar que los partidos y agrupaciones apoyen e impulsen a los sindicatos combativos y sectores en lucha, y no que los parasiten con objetivos electoralistas.

Bajo estas consideraciones, propondremos un acto del Frente de Izquierda Unuidad el 1° de mayo, para levantar un programa de salida a la crisis, colocando una iniciativa política para atraer al activismo que viene luchando y enfrentando el plan de ajuste, y copando la Plaza de Mayo. Asimismo, consideramos que la propuesta que hemos realizado, de un congreso del frente de izquierda que atraiga a los sectores combativos del movimiento obrero y popular sería un enorme avance para procesar los debates, poner en pie una acción común y desarrollar a la izquierda en todo el país.

Tareas y consignas

La tesis del documento que presentamos es que el acuerdo con el FMI agravará las contradicciones políticas y económicas, potenciará la tendencia a la disgregación del régimen político e incentivará los choques entre los capitalistas y el gobierno con los trabajadores y las masas populares. La disgregación puede cobrar la forma de maniobras y rupturas circunstanciales, que son a fin de cuentas recursos de contención ante el creciente descontento popular. La capacidad de contención de la burocracia sindical y piquetera, y más en general del peronismo, será puesta a prueba a una escala superior. La evolución de la crisis mundial y sobre todo de la guerra puede acelerar o ralentizar los tiempos, pero no modificar el curso general de los acontecimientos. Para el PO la tarea central es enfrentar el pacto con el FMI movilizando a los trabajadores para que la crisis la paguen los capitalistas y por una salida política propia. La intervención en cada lucha, más allá del alcance inicial de su reclamo, tiene un papel vital para hacer crecer la fuerza y el protagonismo de los trabajadores. La agitación y la propaganda política por nuestro programa debe realizarse conjuntamente con la participación del PO en todas las luchas.

La consigna central de la etapa está determinada por esta caracterización. El planteo “abajo el pacto entre el gobierno y el FMI. Plan de lucha para que la crisis la paguen los capitalistas. Por una salida de los trabajadores” se ajusta a este planteo. Nuestro planteamiento del XXVII congreso, contra el régimen de hambre y miseria de quienes nos gobernaron las últimas décadas, se concentra ahora en la denuncia de este pacto que es resultado de una larga evolución de entrega y vaciamiento de la burguesía y sus partidos. Ponemos el eje en el acuerdo con el Fondo ya que delimita y concentra todos los elementos de la crisis actual. El planteo contiene una delimitación con la oposición de derecha, que avala el acuerdo en el Congreso y más en general es correa de transmisión directa de los intereses del FMI. Planteamos a la vez la necesidad de un plan de lucha para que la crisis la paguen los capitalistas, lo cual abarca los paros y huelgas parciales, que como ya hemos dicho, su desarrollo tiene una importancia colosal en la etapa que se abre. La consigna final de “por una salida de los trabajadores” cumple un papel de propaganda y a la vez introduce al desarrollo de un programa alternativo. El valor de este desarrollo es central en la polémica política actual, dado que no nos oponemos al acuerdo desde el punto de vista de un default capitalista sino, justamente, de una salida de los trabajadores que incluye el no pago de la deuda, la nacionalización de la banca y el comercio exterior, para volcar el ahorro nacional a resolver las necesidades populares, comenzando por un salario igual a la canasta familiar y el 82% móvil para las jubilaciones. La campaña debe desarrollarse con una agitación intensa en los barrios y lugares de trabajo, actos en puertas de fábrica y centros de concentración denunciando todos los aspectos puntuales del ajuste, charlas y mesas redondas y desarrollando fuertemente la producción y difusión de materiales para redes sociales y medios de comunicación. Vinculamos estrechamente esta campaña a un desarrollo de cada uno de los reclamos del movimiento obrero y popular, que son los que van a motorizar la intervención de la clase obrera en la crisis.

-Una campaña de denuncia de la guerra imperialista, del avance de la colonización económica y la penetración militar del imperialismo en Europa oriental, mostrando el carácter inevitable de la guerra bajo el capitalismo, y denunciando la invasión rusa en Ucrania, por parte de la burocracia restauracionista del Kremlin.

-La lucha por la absolución de Cesar Arakaki y Daniel Ruiz, para revertir las condenas de prisión efectiva establecidas por el Juez Ríos. En la agenda inmediata de esta campaña tenemos la audiencia pública en el congreso y un festival a fin de marzo. Además, el tema deberá figurar fuertemente en la movilización del 24 de marzo que se viene.

-La batalla por la recuperación de sindicatos y comisiones internas, y la lucha por poner en pie agrupaciones clasistas. Esta tarea tendrá un peso fundamental para el partido durante todo el año en vista del cronograma de elecciones sindicales retrasadas por la pandemia.

-El refuerzo del trabajo con prensa obrera en todos los terrenos. El rearmado de los equipos de corresponsales regional por regional, estableciendo un plan de notas. El refuerzo de la tarea de comunicación de cada uno de las y los voceros en todo el país, retomando el ritmo de trabajo y producción que pusimos en pie en la campaña electoral, desarrollando los ejes centrales de agitación política de la etapa. Vinculado a esto, reforzar, con objetivos en cada caso, el trabajo de colocación de prensa obrera.com por medio de padrones de difusión de contenido, y de prensa obrera impresa, con la venta en mano, piqueteo y la suscripción de todo el padrón interno y la periferia cercana.

-La incorporación a estas campañas políticas de nuevas camadas de activistas, elaborando padrones de reclutamiento y de colaboración con las mismas, especialmente en lo que hace a la vanguardia del Polo Obrero, para procesar su incorporación al partido. El debate congresal, con charlas, plenarios y actividades en cada regional, deberá servir para desarrollar a fondo los debates, elaborar los planes de trabajo y avanzar en esta tarea de reclutamiento.

-La lucha por poner en pie en todo el país una fuerte corriente socialista en la juventud, desarrollando a la UJS y la juventud del Polo. Abordamos este desafío cuando se reabren presencialmente todas las universidades nacionales e institutos terciarios. Vamos a la batalla por la recuperación de los centros de estudiantes, la organización del movimiento estudiantil por sus reclamos y la organización de la juventud de los barrios contra la miseria social, por el derecho a la educación, la vivienda y el trabajo.

-La preparación de la participación del partido en el encuentro nacional de mujeres, que se desarrollará en San Luis y va a requerir un trabajo de organización de la concurrencia de todas las regionales. El Encuentro Nacional de mujeres es siempre un terreno importante de reclutamiento, vamos a participar con una delegación importante sobre la base de lo que fue la participación en el congreso del plenario de trabajadoras.

 

Foto: Juan Diez

1° DE MAYO: a la Plaza de Mayo y plazas centrales de todo el país

Abajo el Pacto con el FMI – Por el salario y el trabajo – Contra la represión a los que luchan – Guerra a la guerra. Declaración del Partido Obrero en el Frente de Izquierda

20/04/2022

Los ingresos de los trabajadores (registrados, no registrados, jubilados, beneficiarios de los planes sociales) se desmoronan por el aumento de los precios. El 6,7% de inflación de marzo no es un techo como dice el gobierno: se viene al aumento de las tarifas (ya están convocadas las audiencias) y continúa el alza de los combustibles. Cuanto más pobre se es más pesa esta situación porque lo que más aumenta son los artículos esenciales como los alimentos. 

Como toda respuesta el gobierno anunció con bombos y platillos bonos para jubilados (que ganen menos de dos salarios mínimos) y un IFE superdevaluado (la nueva versión es de $ 18.000 en dos cuotas; la original cubría el 58% de la canasta básica de alimentos, esta solo el 26%). 

Son migajas para mejor ocultar que el deterioro salarial y la caída de las jubilaciones son una política de Estado, para una mayor explotación (y obtener beneficios) de la fuerza de trabajo. El gobierno plantea que lo hace para mejor distribuir la riqueza, pero mientras invierten 240.000 millones de pesos en estos bonos, el BCRA pagará este año intereses que rondarán los 2.5 billones de pesos a la especulación de los bancos, o sea 10 veces que lo que insume el bono. Más que distribuir la riqueza, el gobierno la está concentrando. 

Pacto con el FMI 

La inflación es una consecuencia inevitable del pacto con el Fondo, que se nutre de la misma, aumentando la recaudación por impuestos (IVA), y que pegará un salto con la devaluación reclamada, desvalorizando aún más la fuerza de trabajo. Mientras la fuga de capitales continúa y la riqueza nacional se pierde sin que llegue la lluvia de inversiones. 

El kirchnerismo, consciente del destino de fracaso del acuerdo aprobado por el Congreso, trata de aparecer como opositor al rumbo del gobierno, que integran en forma mayoritaria. Pero sus límites son insalvables: apoyan el pago de la deuda y sostienen la necesidad de un acuerdo con el FMI. 

Los proyectos del pago de la deuda con un blanqueo de los capitales fugados o el anunciado (y no precisado) impuesto a la “renta inesperada”, además de difícil aprobación, son fuegos de artificio para ocultar que son impotentes frente al vaciamiento financiero del país. 

Por un movimiento popular con banderas socialistas

Para impulsar este ataque a las condiciones de vida de millones, el gobierno y los capitalistas cuentan con la asistencia de la burocracia de los sindicatos que apoya abiertamente el acuerdo con el FMI. Han acordado un salario mínimo en la línea de indigencia, y negocian paritarias a la baja. Lo que corresponde es exigir un ingreso que como mínimo cubra los 100 mil pesos de la llamada canasta básica para no ser pobre. Y a partir de allí impulsar un salario igual a la canasta familiar como reclaman los autoconvocados de UTA en $180 mil.

En contraposición a la complicidad y parálisis de la burocracia se destaca el movimiento piquetero independiente que con muy significativas luchas golpeó al gobierno e irrumpió levantando reclamos populares muy sentidos en el medio de la crisis política. Este es el resultado de defender un programa basado en la independencia política de los trabajadores ante el Estado y las corrientes capitalistas luchando sin otro condicionamiento que el desarrollo de su organización. En esa misma línea se dan las huelgas obreras autoconvocadas o las luchas impulsadas por el sindicalismo combativo que escapa a las burocracias de la CGT y las CTAs.

Para el Partido Obrero este 1° de Mayo es la oportunidad de que a la crisis del gobierno en todas sus variantes opongamos una acción de la izquierda revolucionaria para plantarse como alternativa política. 

A ocupar la Plaza de Mayo y la plazas centrales de todo el país para poner en pie movimiento popular bajo banderas socialistas. Es la gran tarea de la etapa.

1° de Mayo de lucha e internacionalista, todos a la Plaza de Mayo

En defensa del trabajo y el salario contra el ajuste inflacionario. Declaración de la Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

20/04/2022

El gobierno sigue echando leña al fuego de la inflación, que ya apunta al 80% anual.

No hay tal “guerra”, como dijo el Presidente.

El gobierno nacional se niega a meter la mano en los costos de producción de los alimentos y de todos los productos. Prefiere defender el secreto comercial en lugar de abrir sus cuentas y sus libros.

Aumenta la nafta y anuncia nuevos aumentos de tarifas de luz y gas según las exigencias de los grupos económicos que lucran con el aumento de los precios internacionales.

Por otro lado suben la tasa de interés. Una medida recesiva que al mismo tiempo aumenta el costo financiero que traspasan a los precios, así como los intereses de las tarjetas de créditos de las familias trabajadoras.

 La inflación es una política. Un mecanismo de transferencia del bolsillo de los trabajadores a los de las patronales y a las arcas del gobierno que abulta su recaudación a través del IVA y de todos los impuestos atados a los precios.

Las medidas que dictó el FMI se van aplicando aunque ya reconoció que el plan quedó “viejo”, y por eso adelantó la primera “visita” a país.

Vienen por mayores exigencias de ajuste; por la profundización de la precarización laboral, la destrucción de los convenios colectivos, las indemnizaciones y de todo el sistema jubilatorio.

Bonos y paritarias

Guzmán, el ministro que tambalea, anunció bonos para trabajadores en negro, para jubilados y trabajadoras de casas particulares. Están conscientes de la explosividad social. Pero no piensan resolverla, sino en evitar el estallido.

Son importes por única vez para abril y para mayo para hacer pasar la pérdida histórica del poder adquisitivo del sector que flota en niveles de indigencia. 

En tanto las burocracias sindicales de la CGT y de las CTA – toda oficialista – maniobra en paritarias más o menos cortas sin plantear el gran problema: el nivel de los salarios respecto de la canasta familiar. Los Daer y compañía entregan todo a cambio de regatear la caja de las obras sociales, que utilizan para sus chanchullos y negociados a expensas de la salud obrera.

Los salarios están cada vez más lejos de una verdadera canasta familiar. No es casual que los autoconvocados de la base de UTA salieron a reclamar $180 mil. En ese orden también luchan los obreros del neumático con el Sutna a la cabeza.

La UOM “renovada”, con nueva conducción kirchnerista va a ratificar el 45% que firmó Caló (con Furlán y compañía). Por su parte, Pianelli del subte, otro dirigente K, pide un bono por decreto en lugar de paritarias que rompan el techo salarial del gobierno, para descomprimir una situación salarial insoportable. Moyano pide un bono de $20000 sobre básicos bajísimos.

La realidad es que con Alberto y Cristina, los salarios bajaron del 46% al 43% de toda la torta nacional. Con Macri ya habían caído del 54% al 46%. Sigue el tobogán.

Sectores del movimiento obrero empiezan a dar peleas de importancia como se vio en la huelga de 28 días de los docentes misioneros con cortes y movilizaciones, así como en las acciones de los choferes autoconvocados. El Sutna inició con una huelga masiva un plan de lucha por un aumento de salario real, tal como lo vienen conquistando en los últimos años con sus métodos clasistas y de lucha.

La enorme lucha del movimiento piquetero que reclama trabajo genuino, universalización de los planes, aumento de los mismos y alimentos, es otra gran batalla del sector más golpeado de la clase obrera. Hoy, vanguardia nacional de la clase obrera. 

La campaña de desprestigio y las represalias contra los luchadores son la respuesta impotente que une al gobierno y la oposición derechista.

Vamos por un plan de lucha

Promovemos paritarios electos por las bases, como acaba de hacer el gremio de controladores aéreos, con pliegos votados en asamblea como hace el Sutna, la AGD de los docentes universitarios, Ademys y los Sutebas Combativos, al igual que ATEN Neuquén y otros sindicatos recuperados en distintas provincias.

A seguir este camino en todo el movimiento obrero.

Impulsemos la deliberación, con asambleas en cada lugar de trabajo, el reclamo de asambleas generales y congresos de delegados con mandato para no dejar las negociaciones en manos de la entregadora burocracia sindical

Un congreso de delegados mandatados de todas las centrales debería discutir la inmediata ruptura de las centrales con el gobierno y votar un plan de lucha para quebrar el ajuste en marcha.

Este primero de Mayo vamos a un gran acto en Plaza de Mayo y en todo el país contra el pacto con el FMI del gobierno del Frente de Todos y Juntos por el Cambio.

No nos tragamos la demagogia de los K que hacen de opositores desde el interior del gobierno del ajuste.

Vamos también con la consigna “guerra a la guerra”, donde el pueblo de Ucrania es víctima del expansionismo belicista de la Otan imperialista y la invasión criminal de Putin.

Vamos por una América Latina unida y socialista y vamos por una Ucrania libre, unida y socialista. Contra la descarga de la crisis mundial sobre las espaldas del pueblo trabajador.

Vamos con el clasismo, con el movimiento piquetero independiente del gobierno y todas las luchas, junto al Frente de Izquierda Unidad que será el convocante.

Coordinadora Sindical Clasista-Partido Obrero

19/4/2022

Libertad a los presos por luchar

Basta de criminalizar la protesta social

07/04/2022

El gobierno de Morales y su justicia acaban de encarcelar a Sebastián Copello, dirigente del Partido Obrero y a Juan Chorolque del MTR 12 de abril por participar en movilizaciones piqueteras por trabajo y asistencia a los desocupados.

Morales se ensaña con los piqueteros para quebrar su lucha. No quiere dar respuesta a los reclamos fundamentales de las y los trabajadores por salario, por trabajo genuino, por el acceso a la vivienda. 

Mientras la mayor parte de los salarios no llega a fin de mes, el movimiento piquetero gana las calles para duplicar el salario mínimo y por fuentes de trabajo. Mientras el hambre avanza en los barrios, las movilizaciones reclaman los alimentos tan necesarios para los merenderos y comedores. 

Esta lucha es fundamental para todo el pueblo. Porque tanto los gobernadores como Alberto Fernandez avanzan en aplicar la política de ajuste pactada con el Fondo Monetario que va a implicar la destrucción de puestos de trabajo y un nuevo ataque a salario y jubilaciones. 

Todos los días vemos el resultado de esta orientación con la inflación que se dispara, agrandando la pobreza. Es la misma política que fracasó con todos los gobiernos de las últimas décadas  y solo provocó crisis aún más graves.

Apuntan directamente contra el pueblo y por eso que quieren golpear a quienes luchan por los reclamos populares.  Es que lo que vale para los desocupados también vale para los docentes, estatales y todos los trabajadores.  ¿O no sufren todos los días la liquidación de los salarios, las condiciones de trabajo o la carencia de vivienda? Por eso es fundamental organizarse en cada lugar de trabajo y unificar la lucha de los trabajadores ocupados y desocupados. Para esto, hay que superar las trabas de la burocracia sindical, que pacta con el gobierno mientras liquida los salarios. 

Abajo la persecución

La justicia jujeña actúa por cuenta y orden de Morales. Morales maneja a Jujuy como si fuera un feudo. Bastó un llamado en las sesiones a criminalizar la protesta piquetera para que el Juzgado Federal encarcelara a los compañeros. 

La prisión de Sebastian Copello y Juan Chorolque es un nuevo salto de la política represiva, luego del encarcelamiento de 7 compañeros en San Pedro, que fueron liberados luego de una gran movilización popular. 

Los compañeros detenidos denunciaron torturas y tratos inhumanos en las comisarías, mientras el gobierno militarizaba San Pedro atacando a sus familias.  

Morales utiliza contra los compañeros los mismo métodos anti democráticos que utilizó antes contra Milagro Salas. 

Contra esta política represiva, en todo el país, miles de compañeras y compañeros nos estamos movilizando por la libertad de Sebastián Copello y Juan Chorolque. Es una tarea fundamental del pueblo de Jujuy quebrar esta política represiva.

Te invitamos a sumarte a esta campaña para defender la libertad de organizarse y luchar, que es la libertad más importante porque es la que permite defender todo el resto de los derechos. 

 

Partido Obrero – Polo Obrero – en el FITU Jujuy. 

 

Repudio a los dichos de Larreta, Zabaleta, Berni y demás gobernantes

Declaración de la organización de mujeres Plenario de Trabajadoras

06/04/2022

El jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Rodríguez Larreta eligió a las madres más pobres como eje de sus ataques. Para desanimar la protesta social y para armar las condiciones para reprimirla, primero planteó que hay que sacar los planes a todos los que protestan para luego afirmar que “usan a los chicos, los ponen como escudos” y reclama que se le retiren los planes sociales, incluida la AUH, específicamente a las madres de los chicos pobres argumentando que ellas los llevan a los piquetes y no al colegio. 

Estas declaraciones son falsas de toda falsedad, y son un insulto especial para con las personas que participan de las  asambleas de lucha del movimiento de desocupados y precarizados y que organizan dedicadamente las guardias en los acampes garantizando que las madres, las que mayoritariamente asumen esta tarea, puedan enviar a sus hijxs al colegio y otras situaciones ya que entre las asambleas hay muchísimas personas con discapacidades y problemas que requieren esa organización. La mentira larretista está al servicio de un discurso de clase que busca enfrentar a la población que aún no cayó en la indigencia con las y los más pobres del país. 

Mediante esta declaración queremos reafirmar que no es el Estado el que fomenta el acceso a la educación de los chicos y menos aquel que está en mano de un gobierno que supo confesar que no iban a hacer nada para que lxs chicxs que salieron de la escolarización en pandemia, volvieran a los colegios, sino que son las mujeres más pobres las que se abren paso para darle a sus hijxs el acceso a la educación que los gobiernos les niegan. 

Por su parte el Ministro Juan Zabaleta que desde que asumió no ha dado ninguna respuesta, refuerza esta derechización macrista con epítetos que hablan de “extorsión” por parte de los sectores que le demandan. Clásico discurso de momentos de crisis con el que buscan invertir la carga de la prueba. Para la casta que gobierna para los intereses económicos poderosos, las protestas sociales son una amenaza a sus propios intereses. Por eso Milei, que representa firmemente a esa casta, impulsa esta campaña y todos lxs que gobiernan lo secundan.Buscan que la pobreza del 50% quede silenciada y en su hacinamiento hogareño. Lxs únicos extorsionados en esta historia son los sectores que, sometidos al hambre y la falta de trabajo, son acusados falsamente luego para evitar que protesten por eso. 

Estas declaraciones se producen mientras la inflación no se detiene y los índices de pobreza referidos al segundo semestre 2021 ya han sido superados ampliamente. Las cifras que muestran la tragedia social en curso no se quedan ahí. De las más de 5 millones de personas indigentes que hay en el país el 70% son mujeres a cargo de hogares empobrecidos. El 52% de niñxs empobrecidos ya es cosa del pasado y aún más han sido lanzados a la miseria más extrema. Como demuestran las cifras, ni la pobreza ni la indigencia dependen del nivel de empleo que tengamos ya que los empleos creados durante este tiempo son por ingresos por debajo de la línea de indigencia, como ocurre con el rubro de trabajadoras de casas particulares, la vestimenta y otros gremios mayoritariamente femeninos. 

Las mujeres piqueteras son la expresión de lucha contra estos ataques que ellas y sus hijos sufren cotidianamente. Pelearon junto a ellxs por la conectividad bajo pandemia, que los gobiernos de Larreta y el nacional les negó. Antes exigiendo refacciones de escuelas y creación de nuevas en barriadas en las que no hay colegios, demandando también la doble escolaridad ya que en la vida cotidiana, mientras las familias trabajan y changuean durante más horas que las que ofrece el sistema escolar, no tienen con quién dejar a lxs chicos, algo que impide también una adecuada inserción en el mercado laboral. 

Mucha atención  con esta campaña porque golpea en una línea muy sensible para las mujeres más pobres que no toleran, con justicia, ser señaladas como “malas madres” porque en la mayoría de los casos, lo dan todo por sus hijos teniendo que enfrentar la injusticia de un estado que las hambrea, las deja sin trabajo, sin vivienda y sin protección alguna frente a la violencia. En particular el autor del ataque es responsable de que la infraestructura de los colegios de la ciudad esté destruida, de que falten docentes, de que no se abran nuevas escuelas lo que provoca una falta de 30 mil vacantes en la ciudad y de tantas otras políticas que limitan el acceso a la educación. 

No confundamos, no les interesa la educación de nuestros pibes, lo único que les interesa es que no haya obstáculos en el camino de la defensa de intereses sociales ajenos a las mayorías populares. Son los gobiernos de la fuga de capitales, de las alianza con el estafador Cositorto, de las estafas con contrataciones del Estado a amigos empresarios. Son los gobiernos que consideran cuestión de honor pagar al FMI y para eso hambrean a las trabajadoras. Son también los que fomentan subsidios millonarios a sus amigos empresarios sin que estos deban rendir cuenta de nada y atacan a los pobres como si ellos fueran los que viven del estado, cuando la mayoría de los subsidios en este país se los llevan por lejos la minoría más rica y explotadora. 

Larreta (y Kiciloff, que se unió a esas declaraciones a través de su ministro facho que oficia de enlace con las políticas más reaccionarias) teme perder su base electoral a manos de los Milei y avanza para armar las condiciones políticas para reprimir. Se vale para eso de corifeos que desde cómodos medios de comunicación hablan sobre en qué lugar y cómo debieran protestar los demás, colaborando así con los gobiernos para que la carga de la responsabilidad sobre las medidas de lucha caiga sobre los que deben salir a protestar y no sobre los gobiernos que atacan a los sectores populares y con ello los impulsan a salir a luchar. 

Mientras estas campañas reaccionarias contra las madres empobrecidas se suceden, mujeres que ocupan puestos de poder en el Estado hacen silencio y acompañan así los ataques hacia los sectores que decían venir a defender poniendo otra vez en evidencia la estafa del uso de nuestra lucha para crear organismos estatales que responden a intereses ajenos a los nuestros.

Llamamos a toda la militancia feminista y de todo el movimiento de mujeres  a desplegar una fuerte campaña contra esta orientación que busca silenciar a lxs que luchan con represión.

Digamos basta!!! Con la mujeres más empobrecidas no!!! Larreta, Zabaleta y demás gobernantes, no permitiremos que avancen. Lo que afecta a los trabajadores no son las protestas de los más pobres, son sus políticas ajustadoras, sus salarios mínimos por debajo de la línea de indigencia y sus permanentes beneficios a los fugadores y a los especuladores.

Plenario de Trabajadoras

 

Apoyemos a los trabajadores desocupados por todos sus reclamos

Viva el acampe piquetero

30/03/2022

El acampe piquetero que se está desarrollando en la 9 de Julio y en cientos de ciudades y pueblos todo el país tiene una importancia para todos los trabajadores y los sectores populares. Los trabajadores desocupados se están movilizando en reclamo de reivindicaciones muy concretas: por trabajo genuino, por la duplicación de los ingresos que perciben, por la apertura y universalización de los programas sociales, por la asistencia integral a los comedores populares. Y también por el aumento del salario mínimo, que está hoy en 33.000 pesos y el gobierno pretende llevar a 47.800 a fin de año. Menos de la mitad de la canasta básica, cuando la inflación arrecia.

Se trata, en definitiva, de un reclamo contra la política de ajuste del Gobierno y el FMI. En un cuadro de crecimiento inflacionario y desorganización económica, el Gobierno ha decidido ajustar sobre el sector más postergado de la sociedad, recortándole el acceso a un ingreso de emergencia, para así juntar recursos para pagar la deuda externa. Quebrar esta política, abrirá paso a luchas en todos los sectores populares y por todas las demandas del movimiento obrero.

Los piqueteros se valen, naturalmente, del acampe y el piquete. Son los métodos históricos que tiene la clase obrera para hacerse escuchar. Previamente, recurrieron a otras instancias de lucha, que fueron desoídas, unas tras otras, por parte del gobierno. El ministro Zabaleta  llegó a señalar que las protestas se tratan de una extorsión. Pero es un recurso último para garantizarse el derecho más elemental a comer y a trabajar. Los movimientos antipiquete promovidos por los “libertarios” no pasarán la prueba de los hechos porque los piquetes son de carácter popular y masivo.

Es importante señalar que estos reclamos no son apoyados por la CGT, ni por las CTA. Son burocracias que están aliadas con el gobierno y han desatendido los reclamos. Así como son cómplices de cada entrega del salario, abandonan el reclamo por trabajo genuino de los desocupados. Tampoco apoyan la lucha piqutera las organizaciones oficialistas del “triunvirato de San Cayetano” (como la UTEP). Es cada vez más frecuente que compañeros/as abandonen esas organizaciones y se sumen al movimiento piquetero que lucha.

En contraposición, el acampe es apoyado por los sindicatos y seccionales recuperados por el clasismo, que se agrupan en el Plenario del Sindicalismo Combativo: el SUTNA, la AGD, Suteba La Matanza y Ensenada, Unión Ferroviaria de Oeste, entre otros. Es fundamental la unidad de trabajadores ocupados y desocupados para enfrentar juntos la política de hambre del gobierno y el Fondo Monetario.

Para que la crisis la paguen los capitalistas, convocamos a apoyar con todo el acampe piquetero por el triunfo de sus reivindicaciones.

Foto: Gentileza de Nicolás Parodi.

“Guerra a la guerra”. Fuera la OTAN y el FMI. Fuera Putin de Ucrania.

El Partido Obrero condena la guerra desatada con la invasión criminal de Rusia en territorio ucraniano. Todos los indicios de la última semana señalan que marchamos a un agravamiento de la guerra.

28/03/2022

El viaje de Biden a Europa forma parte de los planes de la Casa Blanca por redoblar la apuesta, aumentar el despliegue militar en la región, acentuar las hostilidades y las represalias y avanzar en una escalada de mayor alcance contra Rusia y, de un modo más general, en los objetivos estratégicos del imperialismo. Esta decisión de Washington se alimenta en la evidencia del empantanamiento en que se encuentra el operativo bélico de las fuerzas rusas.

Están a la vista las atrocidades que viene llevando adelante el ejército ruso. A Putin no le tiemblan las manos en estos ataques despiadados, como lo ha probado la carnicería contra el pueblo checheno o, más recientemente, en su intervención contra la rebelión en Kazajistán. La incursión militar de Putin pretende someter a Ucrania en función de los intereses y apetitos de la su propia camarilla y la nueva burguesía oligárquica restauracionista rusa, en su pulseada con Occidente. Putin concibe al este ucraniano como una pieza de ajedrez geopolítica y prenda de negociación con Occidente, no como parte de un combate de los pueblos del mundo contra el imperialismo.

La invasión rusa debe ser repudiada pero planteando, al mismo tiempo, una condena sin vacilaciones a la Otan. El agravamiento y prolongación de la guerra ucraniana que se vislumbra terminará de sacarle la careta al imperialismo y echar luz frente a la opinión pública ucraniana y mundial de la hipocresía de las principales metrópolis capitalistas que les interesa un bledo la suerte del pueblo ucraniano que viene siendo utilizado como carne de cañón -al igual que el resto de los pueblos de Europa del Este- para un avance económico, diplomático y militar imperialista en la región, que ha ido de la mano de la expansión de la OTAN. Zelensky viene utilizando el sentimiento de defensa nacional que despierta la agresión militar rusa en el pueblo ucraniano para reforzar este alineamiento con las potencias occidentales, o sea, una manipulación política de la población de carácter proimperialista. 

Estamos frente a un conflicto que se desarrolla hace años y que tiene como primer y gran responsable al imperialismo. 

Ucrania ha sido convertida en una colonia de los imperialismos yanqui y europeo, del FMI y de la Otan. Tiene una deuda de 12.000 millones de dólares con el FMI y es víctima de un feroz ajuste que la ha convertido en la nación más pobre de Europa. Esta acción se inscribe en la penetración y colonización más general de Europa del este y apunta, como objetivo último, contra Rusia, a la cual ha ido cercando militarmente. 

Entre tanto, la guerra de Ucrania ha provocado un salto en la crisis capitalista mundial. Para el trabajador argentino este problema es de sumo interés porque las medidas económicas de boicot a la producción y el comercio con Rusia vienen dislocando el mercado mundial y han producido una estampida de precios en los combustibles y alimentos, en primer lugar. Pueblos enteros en Asia y África están siendo condenados al hambre. Tampoco escapan a sus efectos los países desarrollados cuya población está sufriendo un enorme golpe a sus bolsillos en los servicios de gas, electricidad y en la nafta. Y en Argentina, se potenciarán los tarifazos y una supercarestía en los alimentos, que quieren que afrontemos con salarios devaluados y mayoría de trabajadores precarizados y/o desocupados. Sobre la súperinflación bajo la cual vivimos y con el plan de ajuste que el gobierno pactó con el FMI, viene encima la repercusión económico-social de esta guerra.

Pero no todos pierden con la guerra en la sociedad capitalista: los monopolios armamentistas, los pulpos petroleros y los capitalistas agrarios que quieren cobrar íntegros los siderales precios internacionales, se están forrando de guita como nunca. A pesar de que el costo de la producción nacional es sensiblemente inferior al internacional, quieren que paguemos esos precios de expropiación del bolsillo de los trabajadores. 

El gobierno de Fernández se ha colocado del lado de la Otan. Y aplicará nuevos ajustes que se sumen a los que está ejecutando por el pacto con el FMI. 

El gobierno que pacta con el FMI para descargar la crisis sobre nuestro pueblo no puede denunciar el plan de ajuste que ese mismo FMI aplica sobre el pueblo ucraniano.

A un mes de iniciada la guerra en Ucrania, crecen las víctimas y tres millones de evacuados y refugiados han debido abandonar sus hogares para salvar sus vidas. La guerra amenaza con extenderse por Europa y hasta ser la base de una guerra mundial. 

 “Guerra a la guerra”. Fuera la Otan y el FMI de Ucrania y el este de Europa. Abajo la burocracia restauracionista de Putin. Fuera las tropas rusas y los bombardeos a Ucrania. Por la unidad de los pueblos de Rusia y Ucrania. La única salida antiimperialista y en favor de la autodeterminación de Ucrania es la que pueden dar los trabajadores mediante una Ucrania unida y socialista, en hermandad con los trabajadores rusos, por una federación socialista como la que instauró la revolución de octubre de 1917. 

El enemigo está en nuestros propios países: son las clases dominantes que nos llevan a la guerra y la barbarie. La salida de la humanidad está en manos de los trabajadores. Por gobiernos de trabajadores y el socialismo que apunte a una reorganización social del planeta sobre nuevas bases sociales 

Por aumento de salarios, jubilaciones y planes de desocupados indexados al costo de vida. No al hambre. No al pago de la deuda.

Unamos nuestra lucha a la de los trabajadores del mundo contra la guerra y la explotación.

Convocan a una movilización al Congreso el día que se trate el pacto con el FMI

25/02/2022

El amplio espacio de cientos de organizaciones sociales, de izquierda, piqueteras, del sindicalismo combativo, de mujeres, estudiantiles, ambientales, de derechos humanos, que ya convocó a dos importantes movilizaciones contra el pacto con el FMI resolvió convocar a “una multitudinaria concentración en las afueras del Congreso Nacional y en todo el país para repudiar el pacto con el FMI el día que se trate en la Cámara de Diputados. Convocamos al pueblo trabajador a movilizarse ese día masivamente contra este pacto que empeorará aún más la vida del pueblo y profundizará el atraso y la dependencia de la Argentina. Reclamamos que las centrales de trabajadores rompan su integración con el gobierno y convoquen a un paro activo nacional para ese día, como parte de un plan de lucha para derrotar el pacto y al ajuste que nos quieren imponer el gobierno con el aval de la oposición de derecha. Convocamos a quienes rechacen el acuerdo entreguista a movilizarnos en unidad de acción”.

¡No al pacto del gobierno con el FMI! ¡Basta de ajuste, tarifazos y extractivismo! Libertad a los presos políticos. ¡No al pago de la deuda externa! ¡Las estafas no se pagan! ¡No a la impunidad de los responsables y la entrega de soberanía!

Primeras firmas:

APEL, CADHU, CAJ, CEPRODH, CORREPI, Encuentro Militante Cachito Fukman, SERPAJ, Ademys, Unión Ferroviaria Seccional Oeste, Suteba Tigre, Suteba Ensenada, Suteba Matanza, Suteba Gral Madariaga, SITRAREPA, JI ATE Ministerio de Economía, JI ATE INTI, JI ATE Hospital Garraham, JI ATE Senasa, Comisión Interna Morvillo, Comisión Interna Apuba Facultad de Ciencias Sociales, PSC (Plenario del Sindicalismo Combativo), Agrupación Nacional Clasista Antiburocrática (ANCLA), Coordinadora Sindical Clasista (CSC), Corriente Sindical 18 de Diciembre, Movimiento de Agrupaciones Clasistas (MAC), Corriente político Sindical 1ero de Mayo, Corriente Político-Sindical Rompiendo Cadenas, Movimiento Nacional Ferroviario, Centro de estudiantes de Historia UNLU, Centro de estudiantes de Geografía UNLU, Centro de Estudiantes Terciario del IES Juan B justo, Centro de Estudiantes de Veterinaria (UBA), Centro de Estudiantes de Farmacia y Bioquímica (UBA), Centro de Estudiantes Ciencia y Tecnología (UNSAM), Centro de Estudiantes del IFDS 39 de Vicente López, Centro de Estudiantes IFDS número 9, Centro de Estudiantes del ISEF N1 Romero Brest, Centro de Estudiantes Terciario del Lenguas Vivas JRF, Centro de Estudiantes del IFDS 113, Coordinadora de Basta de Falsas Soluciones, Red Ecosocialista, Ambiente en Lucha, Acción Ecológica Anticapitalista, Tribuna ambiental, Vecinos autoconvocados contra la contaminación de Klaukol en Virrey del Pino, Asamblea Permanente de Guernica por Vivienda y Trabajo, Asamblea Permanente por vivienda y trabajo genuino Tigre/San Fernando, Asamblea Permanente de Desocupadxs de Noroeste, Barrios de Pie, Frente de Organizaciones en Lucha FOL, MST Teresa Vive, MTR 12 de abril, Polo Obrero, MTL Rebelde, Red de Trabajadores Desocupados, Informales y Precarizadxs, Isadora, Juntas y a la izquierda, Mumala, Las Rojas, Pan y Rosas, Plenario de Trabajadoras, Autoconvocatoria por la Suspensión del Pago e Investigación de la Deuda, Coordinadora por el Cambio Social (FOL Frente de Organizaciones en Lucha / FPDS Corriente Plurinacional / MULCS / ILS / Igualdad Social / FOB Autónoma / FAR y COPA en Marabunta / OLP Resistir y Luchar), Corriente Social y Política Marabunta, Frente de Izquierda y de Trabajadores Unidad (Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), Partido Obrero (P.O.), Izquierda Socialista (IS), Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), Libres del Sur, Nuevo Movimiento al Socialismo (NMAS), Opinión Socialista, PSTU (Partido Socialista de los Trabajadores Unificado), PRC (Partido por la Revolución y el Comunismo), MTR (VL), Federación Juvenil Comunista y Partido Comunista (CABA y Morón), Democracia Socialista, Rebelión Popular, Hilo Rojo Colectivx militante, Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), FOL (Frente de Organizaciones en Lucha), MTD Aníbal Verón, PRML, Marabunta – Ya Basta!, Agrupación Estudiantil En Clave Roja, Juventud Socialista del MST, Unión de Juventudes por el Socialismo, Juventud de Izquierda Socialista, CAUCE Corriente Educativa Nacional

“Guerra a la guerra”. Fuera la OTAN y el FMI. Abajo la burocracia restauracionista de Putin

Declaración del Comité Ejecutivo del Partido Obrero

24/02/2022

1. El Partido Obrero condena la guerra que ha pegado un salto con la incursión de Rusia en territorio ucraniano. La carne de cañón de esta guerra son y serán los trabajadores de Ucrania, Rusia y los trabajadores del mundo entero. Estamos frente a un nuevo capítulo de un conflicto que tiene como primer y gran responsable al imperialismo. Ucrania ha sido convertida en una colonia de las metrópolis occidentales, en primer lugar, de Estados Unidos. El país viene siendo objeto de una colonización y saqueo económico por parte del gran capital internacional. Ucrania tiene una deuda de 10.000 millones de dólares con el FMI y viene siendo víctima de un feroz ajuste en el marco de los acuerdos pactados con los organismos multilaterales de crédito. Ucrania, en definitiva, ha pasado a ser tierra arrasada, convirtiéndose en la nación más pobre de Europa.

2. El desembarco y penetración económica de las principales potencias capitalistas en Ucrania y en general, en el este europeo ha ido de la mano del avance militar y la anexión a la Otan de los países de la región. Esta escalada no solo tiene como propósito afianzar su dominio en ese espacio geográfico sino que es un tiro por elevación contra Rusia, que enfrenta un verdadero cerco militar que rodea su frontera occidental. El objetivo último del imperialismo es completar la colonización del exespacio soviético con la penetración de los monopolios, y la subordinación económica y política al imperialismo avanzando en un desmembramiento de Rusia, como ocurrió en Yugoslavia.

3. La incursión militar de Rusia no responde a un interés popular ni a una causa de emancipación nacional y social de los trabajadores -ni siquiera a las genuinas aspiraciones autonomistas de los trabajadores del este ucraniano-, sino a los intereses y apetitos de la camarilla y oligarquía restauracionista rusa, en su pulseada con Occidente. Putin concibe al este ucraniano como una pieza de ajedrez geopolítica y prenda de negociación con Occidente, no como parte de un combate de los pueblos del mundo contra el imperialismo. Prueba de ello es la política que el Kremlin viene llevando de desigualdad social en su territorio y opresión nacional con las naciones que aún permanecen bajo la órbita de Moscú.

4. La política putiniana está en las antípodas de la sostenida en la revolución de Octubre, basada en el respeto de la autodeterminación de los pueblos de la región y su asociación en una federación común que dio lugar al nacimiento de la Unión Soviética. El bolchevismo ha sido el único defensor del derecho a la autodeterminación de Ucrania y los países del Este que luego fue pisoteado tanto por las potencias capitalistas como por el estalinismo y finalmente por la burocracia restauracionista que hoy está al frente de Rusia. Putin viene de criticar severamente a los bolcheviques a quienes los responsabilizó por una política de entrega territorial que debilitó a Rusia. Eso es mirar con los lentes del imperio zarista y no con los del avance de la causa de los trabajadores del mundo.

5. La guerra en Ucrania instala un escenario bélico en forma directa en Europa y, por su contenido, tiene un alcance internacional. Una guerra que involucre nada menos que a la Otan y Rusia desmiente, una vez más, a los apologistas de la globalización y la supuesta superación de los antagonismos nacionales. Al revés, la crisis capitalista mundial conduce a un recrudecimiento de los mismos y somete a los pueblos a la pesadilla de los choques y confrontaciones bélicos. Y, de la mano de ello, a penurias sociales y económicas, que ya se están haciendo sentir. Junto al derrumbe de bolsas y los temblores de la economía mundial, estamos asistiendo a un aumento de los precios del petróleo y los commodities que impactan directamente en el bolsillo popular.

6. Dejando de lado las vacilaciones iniciales, el gobierno argentino ha decidido sumarse al campo de los EE.UU. y la Otan. Así debe interpretarse su comunicado donde le pide a Rusia que cese las acciones militares, pero nada dice del avance de la Otan en la región y la colonización que el imperialismo ha llevado adelante sobre Ucrania. El gobierno que pacta con el FMI para descargar la crisis sobre nuestro pueblo no puede denunciar el plan de ajuste que ese mismo FMI aplicó sobre el pueblo ucraniano en los últimos años, transformándolo en uno de los más pobres de toda Europa. Al adoptar esta posición el Frente de Todos coincide con Juntos por el Cambio, algo que no debiera llamar la atención ya que ambas fuerzas se han comprometido a votar el acuerdo con el FMI en el Congreso Nacional.

7. La consigna del momento es “guerra a la guerra”. Fuera la Otan y el FMI. Abajo la burocracia restauracionista de Putin. Cese de los bombardeos e incursión militar de Moscú. Por la unidad de los pueblos de Rusia y Ucrania. Unidad internacional de los trabajadores. El enemigo está en nuestros propios países. En oposición a la política de sometimiento de la Otan y el imperialismo, por un lado, y del Kremlin, por el otro, planteamos la unión de los explotados del este y oeste en una Ucrania independiente, unida y socialista.

Comité Ejecutivo del Partido Obrero

Documento de la movilización a Plaza de Mayo contra el pacto con el FMI

07/02/2022

¡No al pacto del gobierno con el FMI!

¡Basta de ajuste, tarifazos y extractivismo!

¡No al pago de la deuda externa!

¡Las estafas no se pagan!

¡No a la impunidad de los responsables y la entrega de soberanía!

El gobierno del Frente de Todos acordó con el FMI un nuevo pacto que significa más dependencia, más extractivismo y más pobreza para nuestro país. Ratificó su decisión de pagar la deuda ilegítima del Gobierno de Macri –a pesar de que en campaña planteaban que era ilegal y denunciaron en la Oficina Anticorrupción con una investigación del propio Banco Central-, junto con el reconocimiento y pago del conjunto de la “deuda” contraída y defendida por todos los gobiernos, desde la dictadura militar a esta parte.

El gobierno de los Fernández ha continuado el camino de ajuste, saqueo y subordinación al FMI que se prolongará durante años, para organizar toda la economía nacional en función de pagar una deuda odiosa, a pesar de la dura situación de pobreza de más del 40% de la población. Es una verdadera estafa contra el pueblo, que legitima el monumental fraude realizado por el gobierno de Macri y el mecanismo de esquilmación de los recursos nacionales que implica el pago de la deuda. Con el anuncio de este pacto de sumisión y entrega, el imperialismo yanqui con Biden y los fondos buitres mostraron su beneplácito, incluso Lula y gobiernos de la región dieron su apoyo. También salieron a festejar “los mercados” y grandes empresarios argentinos, como los nucleados en la AEA (Asociación Empresaria Argentina) y la UIA. Hasta Juntos por el Cambio, responsables políticos de esta estafa, lo calificó de “positivo”. La burocracia de la CGT, en vez de defender a las y los trabajadores que serán los principales afectados de este nuevo acuerdo, se pronunció en defensa de esta nueva entrega y reafirmó que solo defiende al Gobierno.

El acuerdo con el FMI, más allá de cómo lo quiera disfrazar el gobierno -todavía falta conocer la “letra chica” que puede traer nuevas “sorpresas” que empeoren lo conocido- ya significa una enorme hipoteca, que traerá más ajuste y alineamiento político y económico con el imperialismo y el gran capital internacional. Distintos informes e investigaciones dan cuenta que se trata de una deuda ilegal e ilegítima que violó los propios estatutos del FMI y que esos fondos fueron para pagar reclamos a los especuladores y para financiar la fuga de capitales de grandes empresas como Telefónica, Pampa Energía, Western Unión, American Express, General Motors, Shell, Cervecería y Maltería Quilmes, Telecom, entre otras.

Existe una enorme presión del empresariado local y extranjero para que se lleve adelante el acuerdo con el FMI y de ese modo sigan entrando dólares para la puerta giratoria y así seguir endeudando al país y haciendo sus negocios. El banco Central después de 4 años de silencio acaba de anunciar que la deuda privada externa ronda los 80,000 millones de dólares. En el caso de que siga volando por los aires los índices de riesgo país y se corte el financiamiento externo ese déficit puede acelerar la tormenta de crisis estructural de este sector verdaderamente parasitario. Por solo dar dos ejemplos, Vicentín que debe más de un millón y medio de dólares o varias de las empresas de Eduardo Elsztain que juntas rondan los 700 millones de dólares en déficit. Muchos de estos sectores operan como monopolios y son responsables de aumentar los precios a su antojo para para descargar su propia crisis sobre las espaldas y bolsillos del pueblo trabajador.

Con este acuerdo el gobierno de Alberto y Cristina Fernández se dispone a tomar nueva deuda para cumplir con los vencimientos de la deuda precedente, que será desembolsada durante los próximos dos años y medio, previa conformidad de las revisiones trimestrales de los enviados del Fondo Monetario.

La nueva deuda que toma el Frente de Todos ahora se empezará a pagar en 2026 y compromete al país a devolverla en 12 años, ¡hasta el 2034! Con esta hipoteca, la entrega de la “refinanciación” estará condicionada por “revisiones” trimestrales del FMI. Es decir, si Argentina no cumple las condiciones como la reducción del déficit fiscal primario, entre otras, no se entrega la cuota del préstamo. El Estado está obligado a abrir las cuentas públicas al FMI y que este verifique en forma permanente el avance de las devaluaciones, el aumento de tarifas o el recorte de partidas presupuestarias para jubilaciones, educación, salud, etcétera. Queda así a “consideración” del FMI entregar o no los recursos en cada fecha de vencimiento para imponer nuevos condicionamientos al país. Será un co-gobierno con el FMI. Los gobiernos “nacionales” administrarán los lineamientos que imponga el Fondo. Es una verdadera pérdida de soberanía del país.

Lo que en las revisiones trimestrales llaman “sendero fiscal” implica ajuste para el pueblo trabajador y orientar el conjunto de la economía a conseguir los dólares para pagarle al FMI y a los prestamistas privados a costa de las condiciones de vida de las grandes mayorías. Implica bajar los gastos del Estado, y la experiencia nos dice que implica recortes en jubilaciones, salarios estatales, gasto social, presupuesto para educación, salud, o en nuevos tarifazos, cuestión que el FMI ya anunció que este es una de sus exigencias. A través de su comunicado y en declaraciones de sus directores, ya han hecho saber que el Gobierno argentino se comprometió a reducir significativamente los subsidios destinados a la energía, lo que inevitablemente derivará en aumentos significativo de las tarifas, echando más combustible al proceso inflacionario. Esto luego de todo el ajuste de los últimos años.

Para tomar dimensión de lo que implica, el recorte de 0,8 % adicional del PBI que impuso el FMI para el 2022 compromete alrededor de $ 481 mil millones. Esa cifra es el equivalente a cuatro meses de pagos del haber mínimo jubilatorio a 4 millones de jubiladas y jubilados mayores. El FMI exige “reducir la brecha cambiaria”, que no es otra cosa que aumentar el dólar oficial, es decir, un mayor ritmo de devaluación del peso. Aunque se haga de forma gradual, si sube el dólar aumentará la inflación por las características dependientes de la economía argentina. Es una vía de ataque al bolsillo de la clase trabajadora, que seguirá perdiendo poder adquisitivo mientras seguirán aumentando sus ganancias los capitalistas ligados a la exportación (el agro, petróleo, mega minería, entre otros), los mismos que nos saquean y destruyen el ambiente. Para completar el cuadro, las “tasas de interés reales positivas”, es decir, mayores a la inflación implican encarecer el crédito productivo y al consumo (costará más caro comprar, por ejemplo, una heladera o un televisor en cuotas).

El “acuerdo” va a condicionar toda la economía en contra de los intereses de los pueblos de nuestro país y de la naturaleza. Como quedó claro cuando se aprobó el llamado “consenso fiscal” en el Congreso, el pacto con el FMI traerá aparejado nuevos impuestazos que recaerán sobre las espaldas de la población trabajadora, dada la estructura impositiva regresiva que tiene nuestro país, impuesta por los dueños del poder económico. Lo mismo pasa con las leyes que se apresta a votar el Congreso en beneficio de las petroleras en la cordillera y en el mar, en beneficio del agronegocio responsable de los desmontes y agrotóxicos, y en beneficio de las automotrices. El Proyecto de Ley de Electromovilidad podría ser la puerta que se abre para convertir a territorios en nuevas zonas de sacrificio por la fiebre del litio, el llamado oro blanco. Estas leyes son parte de una estrategia, un plan de gobierno que saquea la naturaleza para el beneficio de multinacionales y el pago de la deuda. Otro ejemplo de ello es el ecocida proyecto de instalación de petroleras frente a las costas bonaerenses, donde el pueblo está saliendo a las calles para frenarlo. Al anunciar el acuerdo, el presidente Fernández habló nuevamente de “crecer para pagar”. La traducción es clara: profundización del modelo extractivista (que en Chubut fue derrotado con la movilización obrera y popular en contra de la megaminería) y superexplotación de lxs trabajadorxs con más precarización laboral. ¡El agua y los territorios no se venden, se defienden!

El crecimiento de la deuda a niveles del 80% del PBI anual del país es el resultado de la política seguida por todos los gobiernos, desde 1983 a la fecha, que comenzó con el reconocimiento de la deuda tomada por la dictadura y la nacionalización de la deuda de las grandes empresas.

El pago de la deuda está en la base del saqueo financiero, económico y extractivista, y es un recurso de ajuste contra la clase trabajadora, las y los jubiladxs, y el gasto social del Estado. El gobierno del Frente de Todos desde que asumió viene haciendo un fuerte ajuste en las jubilaciones con el cambio de movilidad llevando la jubilación mínima al valor de la canasta de indigencia, en los salarios y jubilaciones. Sólo de estas últimas, gracias a la reforma impulsada por el FdT, se recortaron en 2021 160.000 millones de pesos. La consolidación del ajuste económico recaerá aún más sobre las mujeres, en especial en los sectores populares, que llevan la carga de las tareas domésticas y de cuidado. La pobreza será mayor, y aún más para las mujeres y disidencias. Las restricciones al gasto limitarán aún más las necesarias políticas de cuidado, feministas, contra la violencia machista y por una Educación Sexual Integral. El peso de la deuda acentuará la opresión de las mujeres y disidencias.

Al perpetuar esta hipoteca sobre el conjunto de la economía nacional tendremos con seguridad nuevas crisis de deuda en el corto plazo, que desmentirán los discursos embellecidos de los voceros oficiales.

La profundización de la histórica caída de las jubilaciones y los salarios en su conjunto y de los empleados públicos en particular no fue obra de la pandemia, sino una decisión política de este gobierno, avalado por las direcciones burocráticas de los sindicatos para cumplir con las exigencias del FMI. El apoyo explícito dado por la CGT al pacto con el FMI anuncia que se vendrán nuevas traiciones y entregadas. Lo mismo que un salario mínimo de indigencia, aprobado por el conjunto de las alas de la burocracia sindical. Desde esta tribuna exigimos la ruptura de todas las organizaciones sindicales y obreras con cualquier acuerdo con el FMI y el lanzamiento de un plan de lucha contra este pacto entreguista.

Por la gravedad de las medidas que implica, el anuncio desató una crisis, con la renuncia Máximo Kirchner a la Jefatura del bloque del Frente de Todos (sin retirarse del mismo) y los choques abiertos al interior de Juntos por el Cambio, que, aunque siempre estuvo por el acuerdo, pone condiciones a su aprobación parlamentaria. Sin embargo, ningún sector plantea la ruptura con el Fondo y el desconocimiento de esta ilegítima deuda. La crisis de estos bloques políticos es una expresión de incapacidad de la burguesía nacional para dale una salida a la crisis nacional.

El acuerdo significa consagrar la impunidad de los responsables nacionales e internacionales de esta deuda ilegal, ilegítima, fraudulenta y odiosa, y de sus beneficiarios: los funcionarios del gobierno de Macri y del Fondo, las grandes empresas que usaron esos millones para la fuga de capitales hacia sus casas matrices desde la dictadura hasta la actualidad. Basta de impunidad. Castigo a los responsables de la miseria económica de nuestro pueblo trabajador.

Para implementar este plan de ajuste y saqueo, los de arriba necesitan contener, desviar y derrotar la resistencia popular, y han recurrido a la represión en repetidas ocasiones. Por esa razón resulta fundamental enfrentar los ataques y las persecuciones, para lo cual reclamamos en especial la absolución de César Arakaki y Daniel Ruiz y rechazamos el fallo persecutorio del Juez Javier Feliciano Ríos. Reclamamos el desprocesamiento y la libertad de Sebastián Romero y la libertad de Facundo Molares, hoy detenido en Ezeiza, quién está requerido por la justicia del estado fascista colombiano. Libertad y cese de la persecución a Guillermo Galantini. Por el desprocesamiento de todas las luchadoras y luchadores populares.

Mientras tanto los ultraderechistas de Milei y Espert, que habían planteado que había que acordar con el Fondo, reclaman un ajuste aún más duro contra nuestro pueblo.

Por todo esto, llamamos a rechazar y a enfrentar el pacto del gobierno con el FMI. Decimos claramente que hay otro camino como venimos reclamando: no hay que pagar la deuda externa ilegítima y odiosa, hay que desconocer el acuerdo Macri-FMI como todos los acuerdos usureros y fraudulentos de los distintos gobiernos que vienen sometiendo a la clase trabajadora, a todos los pueblos de la Argentina y a la naturaleza, volcando esos enormes fondos a salarios, jubilaciones, trabajo, salud, educación, la ciencia y el cuidado ambiental.

Ni un dólar más al FMI, los bonistas y los fondos buitres. Llamamos al pueblo trabajador y a todas sus organizaciones a rechazar este pacto que reproduce la pobreza y la dependencia. La única deuda a pagar es con el pueblo trabajador. Junto a este planteo señalamos que es necesaria la nacionalización del sistema bancario para evitar la fuga de capitales y poner el ahorro nacional al servicio de los sectores obreros y populares. Acabar con el oligopolio privado y establecer el monopolio estatal del comercio exterior, como parte de un plan político y económico social dirigido por los trabajadores.

En ese sentido llamamos a continuar la movilización, la lucha para derrotar este pacto de ajuste. El 11 de diciembre fue un gran hito en este camino. Esta jornada nacional unitaria convocada desde la izquierda junto a alrededor de 200 organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles, de derechos humanos, del movimiento de mujeres, de la lucha socio ambiental y políticas, contra el pago de la deuda y el FMI, colmó la Plaza de Mayo y demás plazas del país, levantando un programa para terminar con el sometimiento nacional y de defensa de los intereses de la clase trabajadora como el que señalamos anteriormente. Esto en el camino de impulsar un plan de lucha nacional para imponer una salida popular, y que esta vez la crisis la paguen los que la provocaron, los capitalistas, los grandes empresarios, los banqueros y terratenientes.

Distintos sectores populares venimos realizando movilizaciones y reclamos contra la deuda. Hay que unir a todos los sectores de nuestro pueblo que rechacen este nuevo acuerdo con el FMI, para ser millones en las calles, con amplitud y con firmeza, para luchar contra su aprobación y derrotarlo. Llamamos a las organizaciones obreras y populares a enfrentar y derrotar en las calles el pacto del gobierno con el FMI. Tenemos una cita de honor y tenemos que prepararnos para que cuando intenten votarlo se sienta el repudio masivo y popular.

Este martes 8 de febrero ganamos nuevamente las calles nuevamente, movilizamos hacia Plaza de Mayo y en numerosas ciudades de todo el país, para afirmar que ¡No es No!

Las estafas no se pagan.

La deuda es con el pueblo trabajador y con la naturaleza.

APEL, CADHU, CEPRODH, Encuentro Militante Cachito Fukman, Ademys, SITRAREPA, FETERA, Unión Ferroviaria Seccional Oeste, Asociación Gremial Interdisciplinaria, AMSAFE Rosario, Hospital Moyano (AGIHM), Cuerpo de delegados y CD del SOEAIL, CTA Autónoma de Gral Rodríguez, CD ATE Almirante Brown – Presidente Perón, ATE Sur Lomas de Zamora, CTA Autónoma de Lomas de Zamora, Suteba Ensenada, Suteba Matanza, Suteba Gral Madariaga, STMVL (Sindicato de Trabajadores Municipales de Vicente López), JI ATE Hospital Garraham, JI ATE INDEC, JI ATE INTI, Comisión Interna Morvillo, Comisión Interna Lustramax, Comisión Interna Hospital Italiano, Comisión Interna de GPS, Comisión Interna Apuba Facultad de Ciencias Sociales, Madygraf bajo gestión obrera, PSC (Plenario del Sindicalismo Combativo), Trabajadores del Banco de Desarrollo de Jujuy en lucha contra los despidos, Asamblea Nacional de Trabajadores de Reparto, Luz y Fuerza La Pampa, Agrupación Nacional Clasista Antiburocrática (ANCLA), Coordinadora Sindical Clasista (CSC), Corriente Sindical 18 de Diciembre, Movimiento de Agrupaciones Clasistas (MAC), Corriente político Sindical 1ero de Mayo, Corriente Sindical Jorge Weisz, Agrupación Víctor Choque de ATE, Centro de estudiantes de Historia UNLU, Centro de estudiantes de Geografía UNLU, Centro de Estudiantes Terciario del IES Juan B justo, Centro de Estudiantes de Veterinaria (UBA), Centro de Estudiantes de Farmacia y Bioquímica (UBA), Centro de Estudiantes Ciencia y Tecnología (UNSAM), Centro de Estudiantes del IFDS 39 de Vicente López, Centro de Estudiantes IFDS número 9, Centro de Estudiantes del ISEF N1 Romero Brest, Centro de Estudiantes Terciario del Lenguas Vivas JRF, Centro de Estudiantes del IFDS 113, Centro de Estudiantes IFDS 103, Coordinadora Basta de Falsas Soluciones, Juventud ambientalista, Red Ecosocialista, Ambiente en Lucha, Tribuna ambiental, Vecinos autoconvocados contra la contaminación de Klaukol en Virrey del Pino, Asamblea Permanente de Guernica por Vivienda y Trabajo, Asamblea Permanente por vivienda y trabajo genuino Tigre/San Fernando, Asamblea Permanente de Desocupadxs de Noroeste, Asamblea Todo Fuego es Político (Campana), Mesa Coordinadora Nacional de Organizaciones de Jubilados y Pensionados, EDI (Economistas de Izquierda), Barrios de Pie, Bloque Piquetero Nacional (T.Or.Re., Armando Conciencias, O.T.L.), ESPERANZA Revolucionaria y Socialista, Frente de Trabajadores (Coordinadora Clasista Anticapitalista), Frente de Organizaciones en Lucha, Frente de la Resistencia, Fdu, Mdt, MST Teresa Vive, MTR 12 de abril, MTR histórico, Movimiento 8 de octubre Quitilipi Chaco, Polo Obrero, Red de Trabajadores Desocupados, Informales y Precarizadxs, Rebeldía, William Cooke, Arte en Resistencia Cultural de Neuquén y el Alto Valle, Biblioteca popular Eduardo Martedi, Editorial Marat, Hilo Rojo Colectivx Militante, Locomoción Tv, Partido de los Poetas, Colectiva Antipatriarcal Brujas en Resistencia, Defensorías de géneros zona sur, Isadora, Juntas y a la izquierda, Mumala, Las Rojas, Pan y Rosas, Plenario de Trabajadoras, Autoconvocatoria por la Suspensión del Pago e Investigación de la Deuda, Convergencia Socialista, Convocatoria segunda independencia, Coordinadora por el Cambio Social (FOL Frente de Organizaciones en Lucha / FPDS Corriente Plurinacional / MULCS / ILS / Movimiento 8 de Abril / Igualdad Social / FOB Autónoma / FAR y COPA en Marabunta / OLP Resistir y Luchar), Corriente Social y Política Marabunta, Corriente Política de Izquierda, Emancipación Sur, FAR, Fogoneros ONLyS, Frente de Izquierda y de Trabajadores Unidad (Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), Partido Obrero (P.O.), Izquierda Socialista (IS), Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), Libres del Sur, Nuevo Movimiento al Socialismo (NMAS), Movimiento de los Pueblos: por un socialismo feminista desde abajo, Opinión Socialista, Partido Comunista de los Trabajadores, Partido Socialismo y Libertad, PRSA, Partido Marxista Libertario, PL- Partido de la Liberación, PSTU (Partido Socialista de los Trabajadores Unificado), Rebelión Popular, Tendencia guevarista, Tendencia Marxista Revolucionaria, Venceremos-Partido de Trabajadorxs. PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), MTL-Rebelde, PRC (Partido por la Revolución y el Socialismo), MTR (VL), Votamos Luchar, Federación Juvenil Comunista y Partido Comunista (CABA y Morón), FOL (Frente de Organizaciones en Lucha, MTD Aníbal Verón, MRP, MTR Por la democracia directa, FOB (Frente de Organizaciones de Base-La Libertaria), La Chile, Desde el Pie (La Pampa), ATTAC-CADTM (Comité por la absolución de las deudas del Tercer Mundo, Argentina), Emancipación Sur, FPDS (Frente Popular Darío Santillán), Colectivo Reagrupando, PPC (Partido por el Comunismo), Frente de Trabajadores por el Socialismo (FTS), PRML, Juventud Revolucionaria Che, CUBA-MTR, ILPS Argentina, TUN 29 de Mayo, Organización 17 de Noviembre (M.D.L-Mujeres en Lucha, HIJAS La Plata-Ensenada, Resistencia Popular, Movimiento Ana María Villarreal, Mov 19 y 20 de diciembre, Mov 24 de Marzo, Marabunta – Corriente Social y Política, Asamblea de Villa Pueyrredón de Caba

FMI, un pacto colonial y de ajuste

Ganemos la calle masivamente el 8F para rechazarlo

02/02/2022

Se acabó el verso, el gobierno del Frente de Todos arribó a un pacto con el FMI de tipo colonial, que será el centro del programa económico y social de los años venideros.

Es colonial porque cada tres meses habrá una misión del Fondo auditando las cuentas y el programa económico, y los desembolsos estarán condicionados a esa revisión.

Por lo tanto Argentina, sin reservas y obligada a un fuerte ajuste fiscal y monetario, estará al borde permanente del default, o sea al permanente chantaje del capital financiero y las potencias imperialistas que dominan el FMI, empezando por EEUU.

Los términos del compromiso desmienten que no habrá ajuste.

Para cumplir la caída del gasto tiene que haber tarifazos enormes, pero ni se le ocurre al gobierno -y mucho menos al Fondo- abrir los libros de las privatizadas de la energía que vienen robando y enriqueciéndose desde la época de Menem.

Ya el presupuesto 2022 presentado por el gobierno y apoyado por todas sus alas previó una caída del 44% de los subsidios a la energía, eso implica tarifazos enormes.

La prueba ácida más contundente la hemos tenido estos dos años de gobierno pejotakirchnerista: los jubilados perdieron en 2020 y volvieron a perder en 2021. Así prepararon este acuerdo.

Y perdieron y perderán todos los asalariados, porque la inflación creciente es el arma central del ajuste: se prevé un 4% de aumento de precios en enero y febrero arrancó con un aumento de los combustibles del 9/11%.

El apoyo de Juntos por el Cambio y todas las cámaras empresarias al acuerdo, es muy clarificador. Cuando se pretende trasladar la factura del enorme negociado de la deuda al pueblo trabajador no hay grietas.

Sin embargo este nuevo sacrificio que se le pide al pueblo, ¿despejará el camino para un crecimiento y mejora de la condición de vida de la mayoría popular?

Al revés, planearán en el horizonte las devaluaciones que niega Alberto Fernández y su ministro, a eso se refiere la exigencia de “eliminar la brecha cambiaria”. Más cuando el endeudamiento nacional, tanto en dólares como en pesos ha crecido por las nubes.

Países como Ucrania, Ecuador o Colombia se han hundido en la pobreza últimamente bajo los planes del FMI. En Colombia estalló una rebelión popular y una huelga general hizo retroceder un impuestazo impuesto por el FMI.

Ahora Máximo Kirchner se acordó que nos quedamos sin reservas pagando al Fondo. Tarde. El y otras voces críticas que no rompen con el gobierno, fueron garantes de reconocer toda la deuda ilegítima y fraudulenta, la privada y la del Fondo ¿O no apoyaron el fracasado canje con los bonistas privados, en la Nación y en las provincias?

Alicia Kirchner bendijo el acuerdo, Kicillof igual. Lo demás son maniobras demagógicas para contener el descontento por abajo.

Lo mismo vale para todas las alas de la burocracia sindical. La CGT, con la firma de Daer, Acuña y Pablo Moyano apoyaron el acuerdo. Nos preguntamos ¿con qué mandato, alguna asamblea obrera, algún plenario de delegados mandatados por sus compañeros avaló semejante cosa de la cual tenemos larga experiencia los trabajadores?

Las dos CTA con diversas críticas se mantienen en el apoyo al gobierno.

Más que nunca los trabajadores necesitamos la autonomía de las organizaciones obreras, su ruptura con un gobierno que no tiene vuelta atrás, es un agente del FMI. Por eso impulsamos la más amplia deliberación en el movimiento obrero, asambleas y plenarios para defender el salario, las condiciones laborales, los puestos de trabajo y las jubilaciones.

La más amplia unidad de las organizaciones de desocupados en total independencia del gobierno para luchar contra el hambre que planea para quienes viven de un plan social de $16000, o de un salario mínimo o de una jubilación mínima de $29000.

Tenemos que organizarnos y ganar la calle. Para ello el Frente de Izquierda y un amplio espectro de organizaciones de lucha, de sindicatos combativos y organizaciones piqueteras convocamos el 8 de febrero a copar la Plaza de Mayo y todas las plazas del país.

Para mostrar  un rumbo: el no pago de la deuda, la ruptura con el FMI, en el marco de un plan económico integral desde el campo de los trabajadores, mediante una banca pública única y el monopolio del comercio exterior, para terminar con la fuga de capitales y volcar el ahorro nacional en viviendas e inversión productiva. Por un salario y una jubilación mínimas equivalentes a la canasta familiar, por el fin de la precarización laboral y de los despidos.

PARTIDO OBRERO

2/2/2022  

El FIT – Unidad rechaza los pagos y el acuerdo de ajuste con el FMI

La deuda es con el pueblo trabajador. Nos movilizamos el jueves 27 del Obelisco al Ministerio de Economía a las 10:00.

26/01/2022

En los próximos días están previstos vencimientos con el FMI que rondan los 1.100 millones de dólares. Es parte del pago del préstamo tomado por Macri por 44.000 millones de dólares, usado en gran medida para financiar la fuga de capitales, y que incrementó la deuda tomada por los gobiernos previos.

El gobierno, que desde su asunción ha pagado puntualmente al Fondo y otros acreedores internacionales unos 6.000 millones de dólares mientras aplicó un fuerte ajuste en medio de la pandemia, está negociando contra reloj para llegar a un nuevo acuerdo que le permita sobrellevar esos vencimientos. Dicho acuerdo, según confesó el propio presidente y su ministro de Economía, implicaría un ajuste aún más fuerte que el que se aplicó hasta el momento y un mayor tutelaje colonial del FMI sobre la economía nacional.

Ante esta situación el Frente de Izquierda – Unidad plantea con claridad: rechazamos tanto el pago de los vencimientos próximos como todo acuerdo con el FMI que, más allá de cualquier disfraz o disimulo, traerá aparejado más ajuste y un alineamiento político y económico con el imperialismo y el gran capital internacional.

El sometimiento al FMI y el ajuste aplicado ha agravado la crisis en todos los planos. Ahora, incluso un sector del gobierno hace correr la versión de que Argentina podría no pagar el próximo vencimiento. Pero esto a lo sumo implicaría una forma de presionar para acelerar el acuerdo con el Fondo, no un planteo para terminar con las ataduras a las que el país está sometido.

Si el gobierno decidiera postergar los pagos lo haría bajo el objetivo de arribar a un pacto con el Fondo lo más rápido posible. Fue lo que hicieron Alberto Fernández y Cristina Kirchner en el 2020 con la deuda privada, cuando la postergación unilateral de los pagos fue el preludio de un acuerdo que le entregó a los bonistas un monto adicional de casi 20.000 millones de dólares.

El Frente de Izquierda – Unidad denuncia que ninguna fracción del gobierno es partidaria de una ruptura con el FMI y el repudio a la deuda. Sus peleas fraccionales se limitan a formas de ese acuerdo, mientras todos avalan el ajuste en marcha.

Los 1.100 millones de dólares que vencen en los próximos días son solo una parte del saqueo económico y financiero del país. Ya que, como si eso fuera poco, y en un contexto de exiguas reservas en el Banco Central, a este dineral hay que sumarle los 692 millones de dólares que el gobierno ya pagó en los primeros días del mes. Además de los 130 millones de dólares que piensan pagar con U$S 68 millones al BID (Banco Interamericano de Desarrollo), hay que sumarle U$S 17 millones al BIRF (Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento), más U$S 45 millones por otras deudas. Así, solo en enero, se evaporan 1.553 millones de dólares que son cruciales para las necesidades sociales, para la salud, el trabajo, los salarios y jubilaciones.

En febrero además, a lo que va para el FMI hay que sumarle otros US$ 50 millones más para el BID, U$S 4 millones más al BIRF, U$S 195 millones para el Club de París y otros U$S 107 millones para “otros pagos”. Eso totaliza, entre enero y febrero, pagos en dólares por 2.281 millones, los que en pesos equivalen a más de $ 250.000 millones.

Para tener idea de la plata que eso implica, sobraría para multiplicar por cinco las viviendas que el gobierno anuncia construir en la provincia de Buenos Aires, la mayor del país. Con eso se podrían construir 50.000 viviendas populares y generar 250.000 puestos genuinos de trabajo. Así de sencillo: es la deuda o el trabajo, los ingresos y la vida del pueblo trabajador. Desde el Frente de Izquierda – Unidad seguimos optando por lo segundo.

Con un Banco Central quebrado y sin reservas para hacer frente a los vencimientos próximos, el pago de la deuda está en la base del saqueo financiero y económico que destruye la moneda y acelera la inflación que opera como un recurso de ajuste para los trabajadores, los jubilados y el gasto social del Estado.

De esta manera y más allá de los discursos, de la supuesta “firmeza” y “valentía” de Fernández y su ministro Guzmán ante el Fondo Monetario, lo cierto es que en este primer trimestre los vencimientos a pagar alcanzan un total de U$S 4.838 millones. Los que se suman a los más de 6.000 millones de dólares de deuda que el gobierno pagó entre 2020 y 2021. Lo reconoció Cristina en su carta, diciendo que este gobierno pagó más de la deuda de Macri que lo que pusieron para combatir la pandemia. Y se paga con ajuste, antes, ahora y hacia adelante. Desde que asumieron vienen haciendo un fuerte ajuste en las jubilaciones con el cambio de movilidad, llevándolas a la indigencia; en los salarios, con sueldos y jubilaciones que “cayeron un 6 por ciento en términos reales en 2021” por la inflación. Y se anuncian nuevos tarifazos con una inflación de más del 50%, que es un robo a todos los ingresos populares.

Por otra parte, como ya denunciabamos, la profundización de la histórica caída de los salarios en su conjunto y de los empleados públicos en particular no fue obra de la pandemia, sino una decisión política de este gobierno, avalado por la burocracia de UPCN y ATE al igual que de la CGT y la CTA. Lo mismo que un salario mínimo de indigencia, aprobado por el conjunto de las alas de la burocracia sindical.

Se paga además recortando fuertemente las partidas sociales, al pasar del 6,8% al 4,8% en Salud del total del presupuesto entre el 2021 y el 2022. Con Educación, al bajar del 6,7% en 2021 al 6,1% este año, Promoción y Asistencia Social del 5% al 4,7%, o Trabajo que pasó del 1,2% en 2021 al 0,8% proyectado para este año; mientras que para Mujer, Género y Diversidad apenas destina un mísero 0,08% del Presupuesto total (Fuente: Min. Economía, Presupuesto 2022, pág. 138).

A pesar de esto, mientras más pagamos, más debemos. Y así lo reconoció la Secretaría de Finanzas al difundir que la deuda pública bruta total del Estado nacional ascendió, a diciembre del año pasado, a U$S 363.362 millones. Por eso, lo que la Argentina debería pagar solo al FMI es inadmisible desde todo punto de vista: entre capital e intereses se suman 19.020 millones de dólares este año, 19.270 millones en 2023 y 4.856 millones en 2024. El acuerdo contemplaría nuevos fondos del FMI para cubrir estos vencimientos a partir de revisiones trimestrales de sus enviados, los que tienen que dar el acuerdo para que se liberen los desembolsos.

Además, entran en vigencia nuevos pagos de la deuda con los bonistas privados renegociada por este gobierno. El crecimiento de la deuda a niveles que superan ya el PBI anual del país es el resultado de la política seguida por todos los gobiernos, desde 1983 a la fecha, que comenzó con el reconocimiento de la deuda tomada por la dictadura y que siguió con un aumento exponencial que abarcó a todos los gobiernos, sin excepción.

Desde el Frente de Todos a Juntos por el Cambio, hasta Milei y Espert, con el aval de los grandes empresarios, las multinacionales y la burocracia sindical, bregan por un acuerdo con el Fondo Monetario, lo que implicará más ajuste, miseria, dependencia y atraso para el país durante las próximas décadas. Lo mismo pasa con las leyes que se apresta a votar el Congreso en beneficio de las petroleras, el agronegocio y las automotrices.

Como sostuvimos en la crisis abierta en setiembre y en el programa constitutivo del FIT – Unidad, decimos claramente que no hay que pagar la deuda externa y desconocer el acuerdo Macri-FMI, volcando esos enormes fondos a salarios, jubilaciones, trabajo, salud y educación. Ni un dólar más al FMI, los bonistas y fondos buitres. Desde el FIT – Unidad llamamos al pueblo trabajador y sus organizaciones a rechazar estos pagos previstos en enero, febrero, marzo y todo el año. La única deuda a pagar es con la clase trabajadora y los sectores populares.

Junto a este planteo señalamos que es necesaria la nacionalización del sistema bancario para evitar la fuga de capitales y poner el ahorro nacional al servicio de los sectores obreros y populares. Acabar con el oligopolio privado y establecer el monopolio estatal del comercio exterior, como parte de un plan político y económico social dirigido por los trabajadores.

Llamamos a continuar la movilización después de la extraordinaria jornada nacional unitaria convocada desde la izquierda junto a alrededor de 200 organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles, de derechos humanos, del movimiento de mujeres, de la lucha socioambiental y políticas, contra el pago de la deuda y el FMI del 11 de diciembre, que colmó la Plaza de Mayo y demás plazas del país, levantando un programa para terminar con el sometimiento nacional y de defensa de los intereses de la clase trabajadora como el que señalamos anteriormente.

Esto en el camino de impulsar un plan de lucha nacional para imponer una salida obrera y popular, y que esta vez la crisis la paguen los que la provocaron: los capitalistas, grandes empresarios, los banqueros y terratenientes. Sobre la base de estas consideraciones, el Frente de Izquierda y los Trabajadores – Unidad participará el jueves de la movilización en repudio al pago de la deuda y el acuerdo con el FMI.

FRENTE DE IZQUIERDA – UNIDAD

Buenos Aires, 26 de enero de 2022

Qué hacer frente a los contagios en los lugares de trabajo

Pongamos en pie comisiones de seguridad e higiene para garantizar las licencias y los protocolos.

13/01/2022

El vertiginoso crecimiento de la tercera ola de Covid 19 está colocando al país en una nueva crisis sanitaria. Los más de 100.000 casos diarios y el ausentismo laboral que provocan han vuelto a colocar el foco en los lugares de trabajo.

Las patronales, con la UIA a la cabeza, comenzaron a presionar para que el gobierno flexibilice los protocolos sanitarios. Pidieron que los contactos estrechos sin síntomas y con vacunación completa vayan a trabajar igual.

Y van más a fondo: un “pase sanitario” propio y la privatización de los testeos para controlar por completo la asistencia en los lugares de trabajo. Pero la vacunación no impide los contagios y si bien previene formas graves de la enfermedad en personas sanas, el trabajador contagiado puede llevar la enfermedad a familiares de riesgo.

Como si la política sanitaria la dirigieran los empresarios, el gobierno nacional cedió en toda la línea: la ministra Vizzoti primero acortó los días de aislamiento para los vacunados tanto enfermos como contactos estrechos y ahora, en una nueva disposición, acaba de eliminar completamente los aislamientos preventivos para los contactos estrechos. El argumento de que “los lugares de trabajo no contagian” carece de cualquier sustento científico.

La CGT y la CTA se reúnen con el gobierno y los empresarios respaldando la política oficial. Dejan  librados a su suerte a decenas de miles de trabajadores que denuncian que son obligados a ir a trabajar enfermos o siendo contacto estrecho fogoneando los contagios masivos.

Los centros de testeo están desbordados. El gobierno ajustó los recursos para la política sanitaria como si ya no hubiera pandemia, desmantelando centros de atención, despidiendo a los trabajadores de la salud precarizados, superexplotando al resto que no da abasto, privatizando testeos.

El mensaje es claro: la prioridad del gobierno, los empresarios y los burócratas sindicales es la producción, la ganancia capitalista y la “recuperación” de los indicadores económicos que permitan alcanzar un acuerdo con el FMI. La salud de los trabajadores está subordinada por completo a estos objetivos.

Frente a esta situación los trabajadores debemos intervenir en defensa propia. La experiencia de los sindicatos y comisiones internas independientes nos marcan un rumbo. El Sindicato del Neumático (Sutna) elaboró un protocolo propio y garantizó su cumplimiento con medidas de fuerza. En el gremio docente con los Sutebas combativos y sindicatos como Ademys también garantizaron medidas preventivas con el paro y la movilización. Lo mismo ocurrió en la salud y otros gremios. Recientemente los trabajadores del frigorífico Rioplatense fueron al paro por 48 horas y frenaron los descuentos que la patronal quería imponer por tener el 30% de los trabajadores contagiados. Por su parte, la junta interna de ATE del Hospital Garrahan se pronuncio rechazando el fin de los aislamiento preventivos. Abramos una deliberación en asambleas para poner un freno a la política patronal y la desidia de la burocracia sindical.

Frente a esta situación desde el Partido Obrero planteamos:

-Inmediata restitución de los aislamientos preventivos para contactos estrechos.

– Poner en pie comisiones de seguridad e higiene para garantizar los aislamientos y las licencias para los contagiados y contactos estrechos sin afectar el salario.

– Elaboración de nuevos protocolos por parte de sindicatos y comisiones internas ante las variantes más contagiosas. Cohortes, distanciamiento, ventilación, limpieza, reducción de aforos.

– Pase a teletrabajo en todos los casos que la actividad lo permita.

– Exigir la apertura de centros de testeo públicos para atender la demanda creciente.

– Centralización estatal de todo el sistema de salud, aumento de presupuesto y cumplimiento de las demandas de sus trabajadores

A 20 años del Argentinazo, jornadas de lucha contra el pacto del FMI

Este 19 y 20 de diciembre, vigilia y acto en Plaza de Mayo. Declaración de la Coordinadora Sindical Clasista

18/12/2021

En este nuevo aniversario de aquella gesta popular, los trabajadores tenemos el desafío de enfrentar un nuevo saqueo del país que tendrá consecuencias graves sobre las condiciones de vida de las familias trabajadoras, de ocupados y desocupados, que ya venimos soportando en estos años con un fuerte aumento de la pobreza, la desocupación, la precariedad laboral, y la caída de los salarios y las jubilaciones. 

Es decir, quieren profundizar un fuerte ajuste contra el pueblo.

En esto consiste el pacto que están diseñando el gobierno de Alberto y Cristina con el FMI, y el renombrado “plan plurianual” del gobierno, es decir, una sumisión del país por años.

Nuevamente las recetas fondomonetaristas que llevaron a la Argentina a un default y un colapso económico y social hace dos décadas, intentarán ser aplicadas por un gobierno cuyo único interés es cumplir con los acreedores internacionales. En este punto de fondo, la coincidencia con la “oposición” de derecha es total. 

No sólo se proponen una fuerte devaluación que licuará los salarios y será nafta para la inflación, sino también un ajuste fiscal que tire abajo los salarios estatales, la jubilaciones y el gasto social, un aumento de las tarifas.

Una ley de Reforma Laboral en el año 2000 fue acompañada de un escándalo de coimas a senadores y una crisis política, y en el 2017 una nueva reforma no llegó al Congreso producto de la lucha popular del 14 y 18 de diciembre. La reforma laboral no ha dejado de ser una exigencia de la clase capitalista en este diseño de ajuste antiobrero, sino que intentarán seguir avanzando contra las conquistas del movimiento obrero lugar por lugar, convenio por convenio.

Son recetas conocidas que nada bueno traerá a los trabajadores, y no sólo eso, sino que no habilitarán al crecimiento económico que promete el gobierno, sino más bien es el camino a un nuevo default.

Es el rumbo de entrega y saqueo que repiten, con matices, los que nos han gobernado en las últimas décadas. 

Por su parte, la burocracia sindical de todo pelaje, así como las organizaciones sociales integradas al gobierno, han asumido el compromiso de la contención y el aguante de este gobierno ajustador en esta nueva embestida. Las únicas movilizaciones callejeras que la CGT, las CTA y la burocracia piquetera convocan o participan son en apoyo al gobierno de los Fernández.  

19 y 20 a la Plaza de Mayo

El clasismo que dirige sindicatos, comisiones internas y cuerpos de delegados, junto a decenas de miles de compañeros de las organizaciones piqueteras de lucha y organizaciones políticas vienen de realizar una formidable movilización a Plaza de Mayo el último 11 de diciembre contra el pacto con el FMI, siendo un fuerte contrapunto con la plaza del día 10 convocada por el gobierno para mostrar un apoyo que no logró en las urnas… en pos de acelerar un acuerdo de entrega con el fondo.

La Unidad Piquetera, con el Polo Obrero a la cabeza y todas las organizaciones piqueteras independientes, que mantienen la llama prendida de aquel 19 y 20 del 2001 siendo un sector protagonista en las jornadas del Argentinazo, realizarán una enorme concentración con vigilia el 19 y acto el 20 de diciembre en Plaza de Mayo, en la que participarán los sectores combativos y antiburocráticos de todo el movimiento obrero, y a la que están convocados todos los trabajadores. Allí reivindicaremos la vigencia de la rebelión popular para enfrentar los ajustes y saqueos antipopulares de los gobiernos de turno. Y denunciaremos la represión estatal que se cobró decenas de vidas aquel 19 y 20, y que hoy se expresa en el reforzamiento del aparato represivo que desaloja familias, que aplica el gatillo fácil contra los pibes, que reprime luchas obreras y que es el complemento de este plan de ajuste. Por eso también exigiremos la absolución de Arakaki y Ruiz condenados por luchar contra la reforma jubilatoria y laboral en 2017, y denunciamos toda criminalización de la protesta.

Viva el Argentinazo, viva la rebelión popular, el 19 y 20 todos a la Plaza de Mayo.

 

COORDINADORA SINDICAL CLASISTA- PO EN EL FITU

Por una salida de los trabajadores

Cristina vs. Alberto: una pelea entre los responsables del ajuste

18/09/2021

La derrota electoral del oficialismo derivó en una fractura expuesta en la coalición de gobierno. En su carta Cristina, al igual que Fernanda Vallejos en sus audios, atribuye al ajuste haber perdido las Paso. Una impostura: lo “descubren” ahora, cuando acompañaron cada una de las medidas que lo provocaron. Queda más que confirmada la legitimidad de la campaña del FIT-U denunciando el ajuste pro FMI y sus consecuencias: aumento de la pobreza, caída de los salarios y de las jubilaciones, desocupación, etc.

Sin embargo CFK no ofrece ninguna salida. Sostiene al ministro Guzmán, que lo aplica. Su propuesta se reduce a ejecutar el Presupuesto 2021, escrito por el ministro traído de los EE.UU. y que según la diputada Vallejos responde a las exigencias del Fondo (a pesar de lo cual lo votó y defendió). Las listas del Frente de Todos están plagadas de ajustadores.

Cristina pretende lavarse las manos por el fracaso electoral, pero cada una de las líneas de su carta es una autoincriminación. En el lanzamiento de la campaña del Frente de Todos renunció a utilizar los fondos girados por el organismo internacional para atender la pandemia y planteó que sean destinados al pago de la deuda “criminal” de Macri.

Esta política perjudicó al pueblo y benefició “a cuatro vivos” y a la derecha, como se prueba con el triunfo de las divididas listas macristas. Es decir, que fue funcional a la misma: pretender combatir a la derecha con políticas derechistas arroja el mismo resultado.
La derrota electoral del gobierno es la confirmación de que para los trabajadores el ajuste, independientemente de quién lo haga, es intolerable. El crecimiento de la votación del FIT-U es una expresión superadora del descontento popular frente al agravamiento de las condiciones de vida.

Como resultado armaron un gabinete derechista. Un engendro a gusto del FMI, de la Iglesia, del capital agrario y de tinte represivo, al menos hasta noviembre. Viviremos nuevas crisis ya que ninguna de las facciones en pugna rompe con el FMI y los especuladores financieros. El proyecto de presupuesto 2022 es un traje a medida del FMI y presupone aceptar su programa: reforma laboral precarizadora, caídas en salarios y jubilaciones, impuestazos y más fuga de capitales. Prevé tarifazos del 44%.

Los trabajadores no debemos confundirnos. En este choque en el seno del gobierno ninguno de los bandos responde a nuestros intereses, que son un salario acorde a la canasta familiar, el 82% para los jubilados, la creación de millones de puestos de trabajo, la defensa de la salud y la educación.

Tenemos que ganar la calle con la lucha por nuestras reivindicaciones, repudiar la alianza de la burocracia sindical y las organizaciones sociales con el gobierno poniendo en pie un fuerte agrupamiento independiente del gobierno y de la oposición, exigir la ruptura con el FMI y el desconocimiento de la deuda usuraria.

Esa es la base para estructurar una salida de los trabajadores a la crisis. A esa salida y a todas las demandas populares contribuirá un fuerte voto al FIT Unidad en noviembre.

Declaración del FIT-U ante la crisis política nacional

16/09/2021

A pocos días de la derrota electoral del peronismo del Frente de Todos en las Paso se ha producido una enorme crisis política en la coalición de gobierno. La vicepresidenta Cristina Fernández emplazó a Alberto Fernández a hacer un cambio de gabinete mientras el presidente respondió mostrándose en un acto público con algunos de los ministros cuestionados. El trasfondo de esta crisis es la enorme derrota electoral del gobierno perdiendo 5 millones de votos.

El Frente de Izquierda Unidad, que en las últimas elecciones se ha colocado como tercera fuerza política nacional de las y los trabajadores, denuncia que en esta crisis no se está discutiendo un cambio de orientación social y política, sino cuotas de poder de una y otra de las fracciones de la coalición gobernante y cambios cosméticos para intentar revertir la derrota hacia las elecciones generales del 14 de noviembre.

Todas las partes en pugna bregan por un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, lo que implicará más ajuste, miseria, dependencia y atraso para el país durante las próximas décadas. En los próximos días con el acuerdo unánime del Frente de Todos, Juntos por el Cambio y hasta Milei y Espert, la Argentina va a hacer un pago por 1.800 millones de dólares al FMI.

Quienes ahora hablan de restituir una suerte de IFE para una pequeña parte de los sectores populares como una medida cosmética electoralista de corto plazo no solo no mencionaron la cuestión durante la campaña hacia las Paso sino que fueron quienes votaron un presupuesto de ajuste que bajó el 53% de las partidas sociales. Quienes ahora dicen que «hay que ponerle plata en el bolsillo de la gente» fueron quienes antes del inicio de la pandemia eliminaron la movilidad jubilatoria en un año en el que las jubiladas y jubilados y quienes reciben prestaciones sociales iban a tener un incremento por arriba de la inflación y hay un enorme robo salarial en las paritarias.

La profundización de la histórica caída de los salarios de los empleados públicos no fue obra de la pandemia, sino una decisión política de este gobierno, avalada por la burocracia de UPCN y ATE. Lo mismo que un salario mínimo de indigencia, aprobado por el conjunto de las alas de la burocracia sindical. Tampoco puede responsabilizarse a la pandemia de la represión con 4.000 efectivos bonaerenses con Berni a la cabeza a la lucha por tierra y vivienda en Guernica para construir un country con cancha de golf incluida.

Como hemos dicho en la campaña presidencial del 2019 y a lo largo de esta campaña 2021 totalmente incompatible la recuperación de lo perdido durante el macrismo sin dejar de pagar una deuda externa usurera, ilegítima y fraudulenta diciendo No al FMI, como sostenemos desde la izquierda.

Frente al embate de la fracción kirchnerista del gobierno y sectores afines expresada en la puesta a disposición de las renuncias de varios ministros y otros altos funcionarios, Alberto Fernández comenzó a recibir apoyos de todos los gobernadores, los mismos que le garantizaron todas y cada una de las leyes de ajuste y entrega al macrismo en el Congreso. Asimismo, recibió el apoyo de la CGT, que es cómplice directa del desplome de los salarios y de la creciente precarización laboral. De la misma manera que parte de los «movimientos sociales» oficialistas, como el Movimiento Evita que, como parte del elenco gubernamental, dejaron las calles cuando el hambre y la pobreza arrecia en todas las barriadas populares.

El ofrecimiento no desmentido del kirchnerismo a Sergio Massa del cargo de Jefe de Gabinete, y el llamado de Cristina a Guzmán, quien lleva adelante las negociaciones con el FMI, para ratificar que no pone en duda su continuidad, muestran a las claras que no hay planteado ningún giro «progre» ni «nacionalista». Massa es el mismo que acompañó a Macri en Davos en 2016, jefe de una entonces bancada que le votó las leyes al macrismo y ahora uno de los principales interlocutores del oficialismo con la burguesía financiera de Wall Street.

El Frente de Izquierda Unidad se coloca en consonancia con las organizaciones de trabajadores, sindicatos, comisiones internas y cuerpos de delegados antiburocráticos, de autoconvocados, del movimiento piquetero independiente del gobierno, y propone un programa de lucha con una política opuesta por el vértice tanto a las del gobierno y de todas las variantes de la oposición patronal. Y señalamos la necesidad de movilizarse, pero no en defensa del gobierno, sino en apoyo a las luchas y reclamos de los sectores obreros ocupados, del movimiento piquetero independiente, de la juventud precarizada, a favor de las luchas ambientales y de género.

Aumento salarial de emergencia. Que nadie gane menos del costo de una canasta familiar y que los salarios sean indexados mensualmente según el aumento del costo de vida (100.000 pesos). Basta de despidos. Reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario. Reducción de la jornada laboral a seis horas, cinco días, sin reducción salarial, para repartir las horas de trabajo entre ocupados y desocupados. Ocupación de toda fábrica que cierre o despida, seguro al desocupado de 40.000 pesos, plan de obra pública y vivienda para resolver las necesidades urgentes de los barrios. Aumento inmediato de los presupuestos de salud y educación pública.

Decimos claramente que no hay que pagar la deuda externa y desconocer el acuerdo Macri-FMI, volcando esos enormes fondos a salarios, jubilaciones, trabajo, salud y educación. Y junto a este planteo señalamos que es necesario la nacionalización del sistema bancario para evitar la fuga de capitales y poner el ahorro nacional al servicio de los sectores populares. Acabar con el oligopolio privado y crear el monopolio estatal del comercio exterior, para que los exportadores no trasladen los precios internacionales al interior del país.

Contra el apoyo de la burocracia al gobierno y sus pactos con el Fondo Monetario, planteamos la ruptura de las organizaciones obreras con el gobierno. Por un plan de lucha de todo el movimiento obrero (ocupados y desocupados) para imponer una salida obrera y popular y que esta vez la crisis la paguen los que la provocaron, los capitalistas, grandes empresarios, los banqueros y terratenientes.

En este marco, luego de haber hecho una gran elección en las Paso en todo el país, llamamos a los trabajadores y al pueblo a fortalecer al Frente de Izquierda Unidad, como la única fuerza política independiente frente al gobierno y a las variantes de la oposición patronal y pelear por una salida de los trabajadores a la crisis.

Frente de Izquierda y de Trabajadores  Unidad

PTS – PO – IS – MST

Foto: Fede Imas, Ojo Obrero

Plataforma electoral, declaración de principios y bases de acción política del FIT-U

15/07/2021

En el día de ayer el Frente de Izquierda – Unidad inscribió sus listas en 23 de los 24 distritos electoralesReproducimos a continuación su declaración política:

El FRENTE de IZQUIERDA y de TRABAJADORES “UNIDAD” lucha por la independencia política de los trabajadores de los distintos bloques capitalistas que expresan el gobierno, sus opositores patronales y las diferentes variantes de la centroizquierda.

Lo hace en base a un planteo obrero y socialista y de independencia de clase, levantando un programa para impulsar la movilización política de los trabajadores y sectores explotados contra el gobierno y las patronales. El Frente de Izquierda Unidad se presenta como una referencia política para quienes luchan por la independencia de los sindicatos y la expulsión de la burocracia sindical y sus patotas, y por la independencia de todo movimiento popular del capital y su Estado.

Este frente unitario, que nuclea a la casi totalidad de las fuerzas de izquierda de nuestro país, interviene en común en este proceso electoral en el marco de una gran crisis nacional que la clase capitalista quiere hacer pagar a las mayorías obreras y populares. El gobierno de Alberto Fernández que prometió “volver a llenar la heladera”, es el administrador del ajuste, junto a la derecha de Cambiemos y los gobernadores de todo el arco político patronal, en un país que durante la pandemia se agudizaron a niveles históricos la pobreza, la desocupación y los despidos.

Esto sucede mientras millones de dólares, esquilmando los recursos nacionales, se siguen destinando a la fraudulenta deuda externa al FMI y los buitres. El FMI, como representante del capital financiero imperialista, viene por más: una nueva reforma previsional y ley de flexibilización laboral, mientras decenas de miles de dólares seguirán yendo a los especuladores y a los pagos de la deuda.

En estas elecciones en medio de la catástrofe capitalista la izquierda se presenta para fortalecer las luchas del pueblo trabajador y presentar una salida obrera y socialista contra el régimen del FMI que han llevado al país al desastre social, económico y sanitario.

El Frente de Izquierda Unidad se valdrá de la campaña electoral para movilizar políticamente a la clase obrera y luchadores populares en todo el país, para que los trabajadores establezcan su propia salida a la presente crisis nacional. La lucha electoral del Frente de Izquierda Unidad está al servicio de organizar a los trabajadores en la lucha por su propio gobierno.

Señalamos que el pueblo trabajador no está condenado a tener que soportar un mal mayor o un supuesto mal menor. Hay otra salida, y es la que postula nuestro Frente: que la crisis la paguen los que la generaron, las grandes patronales, los banqueros, los terratenientes y el imperialismo. Es decir, que la crisis la pague la clase capitalista que ha llevado al país al desastre actual.

Sostenemos la independencia política de los trabajadores y trabajadoras frente a cualquier variante patronal, incluyendo las denominadas progresistas, y no vamos a llamar a apoyar directa o indirectamente a alguno de estos campos en pugna. Planteamos una salida de independencia de clase que supere esta trampa a la que pretenden meter al pueblo.

Planteamos imponer mediante la lucha y la movilización una salida política propia de los trabajadores: poner fin a la tutela del FMI y por un plan económico y una reorganización integral del país cuya prioridad es la defensa de la vida del pueblo trabajador. Rechazamos de plano todo apoyo a las patronales agrarias, industriales, financieras y de servicios, alianzas políticas-electorales con la centroizquierda y acuerdos permanentes con la burocracia sindical.

El «Frente de Izquierda de Trabajadores – Unidad» plantea los siguientes puntos y los pone a consideración de las organizaciones de trabajadores, estudiantiles, populares, para que sean parte de un plan de lucha, para que esta vez, la crisis la paguen los capitalistas, en el camino de imponer un gobierno de trabajadores. Basta de tregua de la CGT, CTA y de toda la burocracia sindical con el gobierno y las patronales. Paro nacional y un plan de lucha para imponer este programa:

1. Salario mínimo igual al costo de la canasta familiar indexado mensualmente según el aumento real del costo de vida. Anulación del impuesto al salario. Asignaciones familiares para todos y todas.

2. Un IFE de $40.000 para todas las familias necesitadas.

3. Aumento inmediato de salario y jubilaciones. Que nadie gane menos del valor de la canasta familiar. Ante la escalada de la inflación, indexación mensual de salarios y jubilaciones.

4. Prohibición de despidos y suspensiones. Expropiación y estatización de toda empresa que cierre, puesta a producir, bajo el control de los trabajadores. Basta de trabajo precario y no registrado. Todos a planta permanente. Trabajo para todos, reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario entre ocupados y desocupados. Abajo la reforma laboral flexibilizadora. Por el triunfo de todas las luchas de las y los trabajadores contra los despidos, cierres y las medidas de ajuste.

5. Anulación de la reforma previsional. Por el 82% móvil y el aumento del haber mínimo que cubra la canasta de los jubilados. Pago de las retroactividades correspondientes. Que la ANSES esté bajo la administración directa de jubilados y trabajadores Por la restitución de los aportes patronales que fueron rebajados.

6. Eliminación del IVA de la canasta familiar. El salario no es ganancia. Anulación inmediata del impuesto “a las ganancias” sobre los salarios. Impuestos progresivos a las grandes fortunas. Impuestos extraordinarios a las ganancias de los grandes capitalistas (banqueros, terratenientes y grandes empresarios) para resolver las necesidades más acuciantes del pueblo trabajador. Comités de control de precios y abastecimiento popular.

7. Ruptura con el FMI. No al pago de la deuda. Nacionalizar la banca y el comercio exterior para evitar la fuga de capitales, cuidar a los pequeños ahorristas y brindar créditos accesibles y populares. Por un gobierno de trabajadores que imponga ese plan económico obrero y popular, priorizando el trabajo, la salud y la educación, debatido y gestionado por los propios trabajadores.

8. Anulación de los tarifazos. Nacionalización y estatización sin pago de todas las empresas privatizadas bajo control, administración y gestión de trabajadores y control de los usuarios populares. Nacionalización y estatización de todo el sistema ferroviario y del subte (transporte y carga) bajo control, administración y gestión de los trabajadores de todos los niveles y control de los usuarios populares. Nacionalización sin pago del 100% de YPF y de todas las empresas petroleras: por una empresa nacional estatal única que funcione bajo el control y la gestión de sus trabajadores. Nacionalización y estatización de la denominada Hidrovía (Cuenca del Paraná) bajo control de trabajadores, usuarios y poblaciones ribereñas, y de todos los puertos bajo control obrero. Por un plan nacional energético controlado por los trabajadores que lleve gas natural y luz a todos los hogares.

9. Nacionalización -sin indemnización y bajo administración y control de trabajadores-, de la banca y el comercio exterior, la minería y el gran capital agrario e industrial. Por un plan económico debatido y gestionado por los trabajadores.

10. Declaración unilateral del Estado argentino de liberación de todas las patentes de las vacunas contra el Covid-19, y toda la farmacología e instrumentos necesarios para combatir la pandemia.

11. Vacunas para todas y todos. Declaración de utilidad pública del laboratorio Mabxience del grupo Insud-Pharma de la localidad de Garín, provincia de Buenos Aires, donde se produce el principio activo de millones de dosis de la vacuna contra el Covid-19 para Astrazeneca. Declaración de utilidad pública de todos los laboratorios que tengan insumos o maquinarias para producir las vacunas en la Argentina.

12. Centralización estatal de todo el sistema de salud bajo el control de las y los trabajadores y profesionales de la salud en camino a la nacionalización.

13. Nacionalización sin pago de los laboratorios que lucran con la salud del pueblo. Por la provisión de medicamentos gratuitos a quienes lo necesitan. Por la expulsión de la burocracia sindical de las obras sociales, y su control democrático por parte de comités de trabajadores elegidos en la base.

14. Expropiación de la oligarquía terrateniente, de los grandes pooles de siembra, así como de los monopolios cerealeros, aceiteros, lecheros y frigoríficos. Expropiación de los cuatro mil principales propietarios, respetando los derechos de los campesinos pobres, pueblos originarios y pequeños chacareros que no exploten mano de obra asalariada. No a la expulsión de sus tierras de campesinos y originarios. Basta de trabajo no registrado para los trabajadores rurales.

15. Abajo la megaminería a cielo abierto. Fuera las multinacionales imperialistas como la Barrick, Chevron, Yamana Gold y Panamerican Silver. Contra toda actividad saqueadora y contaminante. No al fracking. Expropiación de esas firmas sin indemnización y que reparen los daños causados, garantizando los empleos con igual salario y producción bajo control obrero, las comunidades y pueblos originarios que han sido afectados por la producción, junto a profesionales de universidades públicas. Prohibición de fumigaciones aéreas con agrotóxicos. Prohibición de megagranjas porcinas destructoras del medio ambiente, la salud y generadoras de pandemias. Defensa de los humedales y de los bosques nativos. Prohibición de los desmontes. Anulación del proyecto de saqueo del mar argentino por parte de Equinor. No al plan del complejo agroindustrial argentino y del gobierno. No a la ley de hidrocarburo. Protección al ambiente marino contra el saqueo pesquero, la industria petrolera, las granjas salmoneras marinas y otras actividades que pongan en riesgo su biodiversidad.

16. Defensa de la educación pública y gratuita. Conectividad gratuita para todos los docentes y alumnos. Basta de subsidio a la educación privada. Fuera la iglesia de la educación. Abajo la Ley de Educación Superior. Que el Estado deje de financiar a la Iglesia Católica. Por una educación nacional única, estatal, gratuita y laica.

17. Vivienda para las familias trabajadoras. Por un plan nacional de viviendas populares de calidad y urbanización de las villas y asentamientos. Por impuestos progresivos a las viviendas ociosas de los especuladores inmobiliarios. No a la criminalización de las luchas por tierra y vivienda. Basta de desalojos.

18. Basta de femicidios y trans/travesticidios y demás crímenes de odio. Ni una menos. Presupuesto para combatir la violencia de género, no para la deuda y el FMI. Por los derechos de las mujeres trabajadoras. Por el desmantelamiento de las redes de trata. A igual trabajo, igual salario. Jardines de primera infancia gratuitos en los lugares de trabajo y estudio. Por plena libertad para ejercer la elección de su sexualidad. Implementación de la ESI laica, científica y con perspectiva de género. Contra toda forma de opresión sexual. Abajo los edictos persecutorios y cualquier forma de opresión o discriminación contra gays, lesbianas, travestis, intersexuales y transexuales. Aparición con vida de Tehuel.

19. Basta de gatillo fácil. Abajo las reformas reaccionarias y represivas del Código Penal y Procesal Penal. Anulación de las leyes “antiterroristas”. No a la baja de la edad de imputabilidad. Anulación de la Ley del arrepentido. Abajo la reaccionaria reforma al Código Procesal Penal en la Ciudad que incorporó las figuras del “agente encubierto” y “agente revelador” para armar causas contra las organizaciones populares en tiempos de ajuste. No al espionaje y a la infiltración de las organizaciones populares. Disolución de los órganos de inteligencia para espiar a los luchadores obreros y populares. Anulación de las causas judiciales contra luchadoras y luchadores obreros y populares. Libertad a Sebastián Romero y demás presos por luchar. Reclamamos el cierre de las causas y la absolución contra todos los luchadores perseguidos: César Arakaki, Daniel Ruiz, Viviana Toros y los 27 estudiantes de la Universidad de Córdoba y la Universidad Nacional de Río Negro.

Alberto Fernández, Berni y los gobernadores del Frente de Todos y de Cambiemos reprimen las luchas obreras y populares como vimos en Guernica, contra familias pobres que peleaban por tener un techo en medio de la pandemia, en ArreBeef donde la represión fue contra obreros despedidos, en Chubut contra las marchas ambientales, en la Formosa de Insfrán, en Jujuy con Morales y en CABA con Rodríguez Larreta reprimiendo a las trabajadoras de la salud. Basta de represión a las luchas.

20. Justicia por Jorge Julio López, Luciano Arruga, Santiago Maldonado, Rafael Nahuel y las víctimas de la Masacre de San Miguel del Monte. Juicio y castigo a los policías implicados en los asesinatos de Luis Espinoza, Facundo Castro, Lucas Verón, Ariel Valerian, Brandon Romero, Josué Lagos y todas las víctimas de la violencia policial durante la pandemia. Cárcel a los responsables políticos de los asesinatos de Carlos Fuentealba, Mariano Ferreyra y las y los luchadores asesinados. Cárcel común, perpetua y efectiva a los genocidas y sus cómplices civiles, a los responsables de los crímenes de la Triple A y a los asesinos del gatillo fácil. Fuera la gendarmería y policía de los barrios populares.

21. Que todo legislador, funcionario o juez gane lo mismo que un obrero especializado o un docente. Revocabilidad de todos los mandatos por los propios electores. Por una cámara única, con miembros elegidos utilizando el conjunto del país como distrito único.

22. Elección popular de fiscales y jueces con mandatos revocables. Eliminación de todos sus privilegios de casta. Juicios por jurados. Que todo juez gane lo mismo que un docente. Que cesen en sus cargos todos los jueces en funciones que juraron por el estatuto de la dictadura. No al Consejo de la magistratura y a al actual método de designación de los magistrados.

23. Fuera la burocracia de los sindicatos. Apoyo al sindicalismo combativo. Por la independencia de los sindicatos del Estado y los gobiernos de turno. Por la más plena democracia sindical y por el derecho de los trabajadores a organizarse sin injerencia y control estatal. Por elección de paritarios en asamblea. Que la CGTs y la CTAs rompan con el gobierno y dejen sus compromisos con las patronales y sus partidos y llamen a un plan de lucha nacional por el salario, contra el trabajo precarizado e informal y las tercerizaciones, por vacunas para todos y todas. Apoyo al sindicalismo combativo y antiburocrático. Por direcciones de los sindicatos antiburocráticas y combativas, de carácter clasista, basada en la democracia sindical. Apoyamos la autoorganización de los trabajadores contra la regimentación de la burocracia sindical y los partidos patronales.

24. Abajo los reaccionarios códigos civil y comercial y procesal penal.

25. Por un gobierno de las y de los trabajadores impuesto por la movilización de los explotados y oprimidos y por el socialismo.

26. Fuera ingleses y la OTAN de Malvinas. Contra el bloqueo y cualquier tipo de agresión imperialista contra Cuba. Por una política internacional de apoyo a la rebelión obrera y popular en todo el mundo, por la expulsión del imperialismo de todos los países, por la unidad socialista de América Latina, por el socialismo internacional.

27. Solidaridad con la resistencia del pueblo palestino contra el Estado sionista y racista de Israel.

Convocamos a los trabajadores, a las corrientes de izquierda y a todos los luchadores a integrarse y sumar su apoyo al Frente, para que la clase obrera no sea “colectora de nadie”, sino dueña de su propio destino político.

Partido de Trabajadores por el Socialismo – Partido Obrero – Izquierda por una Opción Socialista – Movimiento Socialista de los Trabajadores.

Al Congreso del PTS

Pongamos en pie listas unitarias y un gran Congreso del FIT-U para movilizar políticamente a los trabajadores.

29/06/2021

(con copia al resto de las fuerzas del FIT-U)

Compañeras y compañeros: queremos enviarle el saludo del Partido Obrero a su Congreso y también acercarles algunas consideraciones políticas que entendemos vitales para el desarrollo de una alternativa obrera y socialista en nuestro país y a nivel internacional.

Seguramente compartirán con nosotros que América Latina está asentada sobre un verdadero volcán político y social. El impacto enorme de la pandemia no ha hecho más que agravar las desigualdades sociales preexistentes, que se vienen acumulando durante décadas y que no se revirtieron con los gobiernos “nacionales y populares” de los Lula, Mujica, Correa, Evo Morales y el kirchnerismo en la Argentina. La estructura semicolonial de nuestra región agrava las condiciones de vida de nuestros pueblos, porque al saqueo imperialista y de las grandes potencias debe sumarse la superexplotación llevada adelante por las burguesías nacionales. Fueron justamente estas las que buscaron beneficiarse con los llamados “gobiernos de izquierda” rapiñando en su beneficio los presupuestos del Estado, pero viraron luego a la derecha para enfrentar de un modo más efectivo a los trabajadores. Sin embargo, los intentos de descargar la crisis sobre las espaldas de los trabajadores con los Duque, los Bolsonaro, los Macri o los Piñera y avanzar sobre sus conquistas han desatado una ola de rebeliones populares, que tiene sus puntos más destacados en Chile y Colombia así como también en la derrota del golpe en Bolivia gracias a una lucha popular de gran envergadura. Las masivas movilizaciones que estamos viendo ahora en Brasil contra el gobierno de Bolsonaro plantean la posibilidad de un salto cualitativo de este ciclo de rebeliones, ya que representaría el pasaje a la acción del proletariado más numeroso de América Latina.

Las burguesías nacionales y también el imperialismo han tomado nota de esta nueva situación y buscan intervenir sosteniendo a los gobiernos asediados por las masas, pero simultáneamente arman relevos políticos para lo cual echan mano a los partidos que se agrupan en el Foro de San Pablo y en el Grupo Puebla. La reunión de Lula con Fernando Henrique Cardoso forma parte de este operativo y tiene por propósito evitar que Brasil se convierta en Colombia o Chile, y que Bolsonaro no caiga como consecuencia de una rebelión popular. Para la izquierda que se reclama obrera y socialista el desafío que se presenta es muy claro: desarrollar las tendencias revolucionarias de las masas construyendo un bloque político basado en la independencia de clase y la lucha por un gobierno de los trabajadores, capaz de derrotar a todas las alternativas capitalistas, sean de derecha o frentepopulistas. Como lo planteamos en la Conferencia de América Latina y los EE.UU. convocada por el Frente de Izquierda-Unidad, esta lucha plantea una cuestión estratégica de fondo, que parte de rechazar la colaboración con las variantes de frentepopulistas, que son un recurso del capital para desviar la acción revolucionaria de las masas.

La Argentina no escapa a estas tendencias generales, pero se expresan de modo peculiar. El gobierno de los Fernández es el resultado del desvío de la lucha contra el macrismo que tuvo un salto cualitativo con las grandes jornadas de diciembre del 2017. A partir de allí se armó un operativo de contención con el “hay 2019”, para llevar la bronca popular al terreno electoral y evitar una caída de Macri en las calles. Pero desde que asumió el gobierno actual la situación de derrumbe social no ha cesado. Incluso, pandemia mediante, se ha agravado de modo evidente. Lo prueban las estadísticas de pobreza, indigencia, desocupación, crisis habitacional, etc. Las promesas más elementales, como ser la “vuelta del asado” o “aumentarle a los jubilados con la plata de la Leliqs”, tampoco fueran cumplidas. Todo esto mientras los banqueros han seguido embolsando fortunas con el negociado de las Leliqs o las empresas alimenticias remarcando sus productos aún por encima de las altas tasas de inflación. La situación de ajuste empieza a traducirse en bronca y desencanto que la derecha tiene dificultades en canalizar, porque aún está muy fresco en la memoria popular el ajustazo del macrismo sobre el pueblo argentino.

Es a partir de esta situación general que muchos analistas han empezado a advertir no solo que la izquierda pueda realizar una elección interesante en setiembre-noviembre, sino que se interrogan sobre si es posible que en Argentina se repitan los sucesos que vemos en Chile, Colombia o en el plano político en Perú. Están quienes dicen que para que eso ocurra es requisito que la izquierda abandone un programa marxista y de lucha abierta contra el capitalismo. Fundan su afirmación en el hecho de que la izquierda que ha crecido en los procesos electorales de América Latina ha seguido ese curso y da señales muy claras que va a gobernar gestionando el capital. Pero esto plantea un desafío concreto para el Frente de Izquierda-Unidad, cuyo programa claramente defiende la independencia de clase y el gobierno de los trabajadores. Ese desafío es cómo desarrollar una alternativa de masas de contenido obrero y socialista para que las tendencias a la rebelión popular puedan no solo expresarse y desarrollarse, sino concluir de modo triunfante derrotando a los capitalistas e imponiendo un gobierno obrero y popular. El abordaje de las elecciones debe estar guiado con ese propósito estratégico.

Un primer paso para ello es encarar el proceso electoral buscando involucrar a los luchadores que están llevando adelante las luchas contra el ajuste en marcha. Si bien se trata todavía de luchas aisladas, que deben enfrentar tanto al gobierno como a las patronales y a la burocracia, son el terreno concreto por donde se expresa una tendencia a la ruptura política con el nacionalismo burgués y de convergencia con las posiciones que defendemos los socialistas. Muchas de estas luchas adquieren una dimensión de masas, como ocurre con el movimiento piquetero, que en las barriadas más explotadas de nuestro país actúa como una cuña fundamental de la que debemos valernos para disputarle palmo a palmo al peronismo a los sectores más explotados y postergados. Nuestra propuesta de convocar a un Congreso del Frente de Izquierda-Unidad, abierto a estos luchadores, tiene por propósito interesar políticamente a los miles y miles de luchadores que ya participan de luchas con la izquierda, y que queremos convertir en una vanguardia obrera y popular de carácter político. Una participación en la campaña electoral sería de gran utilidad para ello, ya que sería un terreno de confrontación con los partidos y coaliciones capitalistas. Actos de masas en las barriadas más explotadas organizados por el Frente de Izquierda-Unidad llamarían también la atención de sectores medios, que también están viviendo su propia pauperización, y que verían cómo la izquierda progresa de modo significativo entre las distintas capas de la población trabajadora. Cuando nosotros formulamos esta propuesta hace meses atrás considerábamos que ese Congreso también podía abordar la cuestión de la formación de las listas electorales. Ahora, dado que ya estamos en las vísperas de la presentación de las listas, eso no podrá ocurrir, pero la propuesta del Congreso del FIT-U no ha perdido por eso su vigencia. Realizarlo, por ejemplo, en el mes de agosto sería un gran impulso a la propia campaña, si logramos la participación de miles y miles de compañeras y compañeros.

Concretar una propuesta de este tipo sería una superación de la propia experiencia del FIT-U. Contra quienes dicen que no podemos canalizar votos de sectores de masas por nuestro programa podemos exhibir los resultados que hemos logrado en provincias como Salta, Mendoza, Jujuy e incluso Neuquén y Santa Cruz. Pero lo que sí es cierto es que esos resultados no han sido sostenidos y que luego tuvimos caídas significativas. En nuestra comprensión eso se debe a que los resultados electorales no tuvieron como soporte firme una sólida vanguardia obrera que le dé sustento. Esa tarea todavía está pendiente a pesar de los pasos dados en ese sentido. Nuestra propuesta del Congreso del FIT-U parte de esta caracterización, que marca los límites del desarrollo mismo que ha tenido nuestra acción política como frente. Explotar las crisis políticas de los partidos de la burguesía es una condición para un avance de nuestra causa. Pero nosotros no queremos ocupar los espacios que deja el régimen sino desarrollar nuestro propio “espacio”, mediante la construcción de una alternativa socialista y el desarrollo de una vanguardia obrera revolucionaria.

Desde ya que este abordaje tiene como prerrequisito una acción unificada y mancomunada del Frente de Izquierda-Unidad. La propuesta formulada de realizar unas Paso de la izquierda va en sentido contrario, porque coloca el eje en la disputa interna y la confrontación. En vez de ir juntos a invitar a los sectores en lucha para que participen de un Congreso y de la campaña, iríamos a disputar cada uno por su lado el voto de todos ellos, inevitablemente contra el voto a otras listas del propio FIT-U. Los luchadores de este país y el conjunto de los trabajadores no verían a la izquierda batallando contra los Macri, Bullrich, los Fernández y Massa sino peleando entre sí por cargos en las listas. Un espectáculo no solo penoso sino políticamente criminal, que va en sentido contrario a las tareas que se desprenden de la situación política nacional y continental.

Compañeras y compañeros del PTS, ustedes lanzaron una campaña para que la izquierda vaya unida a las elecciones, pero contradictoriamente plantearon hacer unas Paso para dirimir las candidaturas, lo cual lleva a la división y no a la unidad. Como ustedes lo reconocen en su propia carta, ya en el FIT-U está el 80% de la izquierda de nuestro país, por lo que la propuesta sería un retroceso de lo que ya tenemos. Para ser claros, pasaríamos de una presentación unitaria de los 4 partidos del FIT-U como ya tuvimos en las elecciones pasadas a una disputa entre nosotros en las primarias. Y aún con otros abiertamente enemigos políticos del FIT, que entrarían para atacarnos como ahora lo hacen desde afuera, sin fundamento alguno o en casos por la virtud de haber creado un campo de independencia de clase con un programa definido. De más está decir que abre la puerta a un liquidacionismo del propio frente que hemos construido desde el año 2011. En relación a las fuerzas de izquierda que están fuera del FIT-U -ese 20% restante, según sus propios cálculos- las tenemos que llamar a que revisen su posición hostil al FIT-U pero bajo ningún aspecto valernos de ellas o invocarlas para terminar dividiendo a nuestro frente. El caso de Luis Zamora es incluso un caso especial porque ha reiterado su rechazo de los últimos años atacando la construcción política de los partidos de izquierda, el programa del FIT y por otra parte carece de toda intervención en la lucha de clases. El MAS también ha rechazado ahora y antes la integración al programa y el accionar político del FIT-U.

Como pueden ver, nuestro rechazo categórico a las Paso se basa en cuestiones políticas de fondo, que hacen a principios fundamentales y también a las tareas que consideramos claves en esta etapa. Por lo expuesto se deriva que la afirmación de que las Paso serían la única manera de unir a la izquierda es realmente falaz, porque al menos a nosotros no nos incluye. Dada las manifestaciones realizadas por Izquierda Socialista, debemos concluir que a ellos tampoco. Tomamos nota, además, que las fuerzas que están fuera del FIT-U han rechazado cualquier acción frentista. En algunos casos -como sucedió con el grupo de Altamira- el rechazo fue tan categórico que llevó a que llamen a no votar al FIT-U en Jujuy sino a anular el voto.

En su carta ustedes han planteado que hay que dejar atrás el rutinarismo y las mezquindades. Nunca mejor dicho. ¿O no hay algo más mezquino que dividir al FIT-U en varias listas en pos de apetencias de cargos? ¿O no hay mejor manera de combatir el rutinarismo que organizar una campaña electoral sumando a miles de luchadoras y luchadores, para lo cual un Congreso del FIT-U puede ser un gran instrumento? No tenemos dudas de cuáles son las respuestas correctas a estas preguntas y no tenemos dudas tampoco de la opinión que tendrán los trabajadores que siguen a la izquierda.

Compañeras y compañeros, pesa sobre los partidos del FIT-U una gran responsabilidad. Es nuestro deber militante estar a la altura de ella.

Comité Ejecutivo del Partido Obrero

28/6/2021

Foto: Fede Ima Ojo Obrero Foto

¿La unidad de la izquierda es con una competencia interna en las Paso o con listas únicas del FIT-U?

A propósito de la campaña del PTS. Reforcemos un plan de acción común

28/06/2021

Nota de Gabriel Solano y Juliana Cabrera en Prensa Obrera

El PTS lanzó una campaña de pronunciamientos presentada como una defensa de “la unidad de toda la izquierda clasista y socialista”, incluyendo a organizaciones que no integran el FIT-U y que se caracterizan por su hostilidad al mismo, como Zamora o el grupo de Altamira, que en las elecciones de Jujuy del domingo próximo llaman a votar en blanco. El punto central es que reclaman “utilizar el mecanismo de las Paso para conformar listas unitarias en las elecciones generales de noviembre” (textual del petitorio). El mismo planteo de ir a unas Paso a dirimir candidaturas es defendido por el MST.

¿Listas únicas o división y competencia en las Paso?

A simple vista esta propuesta contiene una contradicción elemental: mientras se invoca la unidad se propone una división del FIT-U actual, que en vez de ir a las elecciones primarias en una lista unificada debería dividirse en varias y enfrentarse entre sí. El planteo es un tiro en el pie para la izquierda que integra el frente y se reivindica revolucionaria. En lugar de potenciar una acción política común contra los bloques capitalistas, unas Paso del FIT-U subordinan esa confrontación de clase a la competencia y la división interna dentro de la izquierda. Dicho de otro modo y para que se entienda bien: en vez de ir a disputar con los Macri, Fernández, Kicillof y Larreta, iríamos a un debate y disputa entre la izquierda.

Los bloques patronales tienen en claro el factor de crisis que representa una competencia interna. El Frente de Todos, por eso, las descarta por completo y tiene resuelto ir en una lista común en las Paso y las generales. Juntos por el Cambio está, por estos días, haciendo alquimias para tratar de evitar una disputa interna. Todos son conscientes que una contienda interna en unas Paso golpea aún más sus posibilidades frente al desgaste que sufren como ejecutores del ajuste y responsables del hambre y la miseria. Este escenario político abre enormes posibilidades para el FIT-U, que sería irresponsable no aprovechar.

Las organizaciones que presentan la propuesta afirman que las Paso serían la única forma de lograr la unidad. Pero no es así. Desde su fundación en el 2011 el FIT y luego el FIT-U hemos concurrido a las primarias con listas comunes; la única excepción fue el 2015 y localmente en Salta en las últimas elecciones provinciales. En el 2019 logramos no solo listas únicas sino también la incorporación del MST. ¿Por qué pasar de estas listas unificadas a una división? ¿No sería claramente un retroceso del FIT-U? La afirmación de que una competencia en las Paso sería el precio que hay que pagar para lograr la unidad no se corresponde con el pasado reciente de nuestro frente. Salvo, claro, que se quiera desconocer ese pasado para reemplazar una lista equilibrada por otra monopolizada por un solo partido. Pero en este caso, el argumento sería claramente un sofisma: como pretendo algo imposible de conseguir en una negociación, reclamo la realización de una interna para tratar de lograrlo por otra vía. Así las cosas, las Paso dejarían de ser “inevitables” en el mismo momento que depongo las ambiciones desmedidas.

Otro argumento que han utilizado quienes defienden las disputa en las Paso es que servirían para incorporar a las fuerzas que no están en el FIT-U. Pero esto tampoco es cierto. Primero porque el MST se incorporó en las elecciones del 2019 sin necesidad de ninguna Paso. Segundo, porque si en el FIT-U está el 80% de la izquierda, como afirma el PTS, no tiene sentido que una fracción menor sea invocada como el pretexto para dividir lo que hasta las últimas elecciones concurrió en listas unificadas. Después de todo, la cuestión fundamental es cómo dinamizar ese 80%, algo que con seguridad no se lo logrará con la escisión en las Paso entre varias listas.

No puede pasarse por alto que tanto el PTS como el MST plantean las Paso exclusivamente para dirimir las candidaturas y el orden de las listas. Este método político no puede naturalizarse entre la izquierda. Fraccionar a un frente en múltiples listas en vez de enfrentar de modo unificado a los bloques capitalistas, por el simple afán de tal o cual grupo por una candidatura, debiera ser rechazado in limine. Por donde quiera verse, se trata de un método equivocado. Las fuerzas que integramos el FIT-U tenemos divergencias, muchas de ellas de peso y de alcance estratégico. Nosotros no las negamos, sino que incluso las debatimos públicamente. Pero no son las Paso el lugar de resolución. Una elección organizada por la burguesía, con sus leyes y el aparato comunicacional en su poder, con el peso de la vanguardia que lucha disuelta entre una masa policlasista de electores, no es el ámbito de resolución de divergencias entre los socialistas.

A diferencia de esta propuesta, las listas únicas que planteamos para las Paso y las generales permitirían al FIT-U arrancar sin dilaciones una batalla común para erigirse como alternativa política frente a la monumental crisis que vivimos y el desgaste de los partidos del régimen. Existen además bases políticas sólidas para ello, porque ya lo hemos hecho en el pasado –en la mayoría de las elecciones en las que intervenimos desde la fundación del frente. Pasar de las listas únicas a la división y competencia interna en las Paso sería una involución, porque de este modo se jerarquiza aquello que nos divide y no lo que nos une. La constitución del FIT tuvo como fundamento otro principio político: el de poner en pie un polo político independiente para separar a los trabajadores de las corrientes de la burguesía.

Listas únicas y un gran Congreso del FITU

Volvemos a insistir con nuestra propuesta de poner en pie listas unificadas del FIT-U y que convoquemos en común un congreso, que refuerce la intervención unitaria no solo en la campaña electoral sino como referencia y alternativa política de las luchas que se abren curso frente a la catástrofe sanitaria y social que estamos viviendo.

El problema de la presentación y participación electoral bien podría haber sido abordada en este congreso, con la participación de todxs aquellxs que simpatizan y defienden al Frente de Izquierda como un bloque político independiente de los trabajadores. No obstante, las tareas que debe abordar un congreso de este tipo superan con creces el problema de las candidaturas. Sería un factor de debate y organización de la campaña electoral en sí misma, los planteos, el programa y los métodos de los que nos valemos para esta batalla política. Pero también para pegar un salto en la organización de una vanguardia obrera movilizada políticamente junto al FIT-U.

Las listas únicas y la organización de un gran Congreso del Frente de Izquierda nos brindan enormes posibilidades para explotar la oportunidad excepcional que nos presenta el actual escenario político y social para un ascenso de la izquierda revolucionaria.