El derecho a la tierra
y la vivienda

La ocupación de Guernica, un terreno ocioso dispuesto para un negocio inmobiliario para millonarios, puso de relieve a los ojos de todo el país el crecimiento y profundidad de la crisis habitacional a nivel nacional.
Los gobiernos destinan los recursos de tierras e inmuebles fiscales para la especulación inmobiliaria. La contracara del encarecimiento del suelo es el agravamiento del déficit habitacional de los sectores populares.
Los barrios precarios y villas están superpoblados, mientras no hay planes de acceso a la tierra ni a la vivienda.
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Guernica

Guernica

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La ocupación de Guernica, en la que 2.500 personas tomaron parte de un predio destinado a un emprendimiento de lujo en la Provincia de Buenos Aires para construir un lugar para vivir, puso en evidencia la peor cara de la crisis habitacional.

Las ocupaciones de tierra son la otra cara de la especulación inmobiliaria. Una realidad que es producto de la incapacidad del Estado para satisfacer durante decenios el elemental problema de la tierra, la vivienda y el trabajo para millones de trabajadores. Como respuesta a este conflicto, todo el gobierno nacional, desde Fernandez y Kicillof, hasta Berni y Frederic, pasando por Massa y Cristina Kirchner, cerraron filas en la salida represiva. Lo mismo sucedió con las ocupaciones de tierras en los distintos puntos del país. El problema de la vivienda sigue sin resolverse, y afecta a capas cada vez más extendidas de la población.

 

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El derecho a la tierra y a la vivienda

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El gravísimo problema de la tierra y la vivienda para los trabajadores es una cuestión que se extiende de norte a sur de la Argentina. Los despidos, las suspensiones, la inflación y los topes (ajustes) salariales producen que, en todo el país, millones de personas no puedan seguir pagando los lugares que habitan.

Trabajadores desocupados y ocupados, informales y formales, se ven imposibilitados de sostener el pago de los alquileres, que se vuelven prohibitivos para la mayoría de las familias trabajadoras. El encarecimiento de la tierra y de la vivienda es producto de la entrega de tierras a la especulación inmobiliaria y al agronegocio. Varias generaciones viven hacinadas en villas y barrios precarios, que ya no dan abasto. La ausencia de planes de viviendas, planes improvisados, ultralimitados y con requisitos excluyentes, improvisados ante la crisis y la falta de una verdadera urbanización de las villas hace imposible acceder al derecho a la vivienda.

 

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El derecho a la tierra y a la vivienda
La especulación inmobiliaria, una política de Estado

La especulación inmobiliaria, una política de Estado

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La crisis habitacional hunde sus raíces en la expansión de la especulación inmobiliaria. Las grandes constructoras acaparan las tierras en las principales ciudades del país, muchas veces favorecidas por ventas de terrenos públicos a precios irrisorios.

Intendentes y gobernadores disponen todo tipo de exenciones impositivas, modifican los códigos urbanísticos y flexibilizan las regulaciones para habilitar los grandes emprendimientos que, lejos de dar una salida a la situación habitacional, la agravan. La construcción de emprendimientos habitacionales de gran valor expulsa a la población trabajadora a las periferias y localidades aledañas. La carencia habitacional se agravaba mientras se experimenta un boom de la construcción. Es un fenómeno que sucede en todo el país y con el que han gobernado oficialistas y opositores. Como solución es necesario un programa integral, que debe incluir un límite a los precios de los alquileres para que no superen el 10% del salario, la quita de los impuestos inmobiliarios a familias con una única propiedad, la imposición de un impuesto progresivo a las viviendas ociosas y su entrega en comodato a los jubilados, el cese de la entrega de terrenos públicos al capital inmobiliario y un plan de viviendas populares y urbanización de villas y asentamientos precarios bajo control obrero.

 

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