Salud

La pandemia de Covid puso al desnudo como nunca la crisis del sistema de salud en Argentina. La segunda ola de Covid del 2021, largamente anunciada, está siendo afrontada con un recorte del gasto en salud del 9% en términos reales, mientras Argentina ocupa el puesto 20 en mortalidad por el virus.
Se puso en evidencia que es imposible resguardar integralmente la salud pública si está orientada en base a criterios empresariales o a recortes presupuestarios.
Décadas de vaciamiento y privatización del sistema de salud, responsabilidad de quienes gobiernan y gobernaron han producido esta crisis sanitaria en todo el país.
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Un sistema de salud vaciado y privatizado

Un sistema de salud vaciado y privatizado

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La pandemia puso al desnudo como nunca la crisis del sistema de salud.
Los gobiernos de Nación, Ciudad de Buenos Aires y las provincias dicen que, durante este período, lo reforzaron, pero no es así.

La cantidad de muertos por millón de habitantes ubica a nuestro país en el puesto 20 a escala planetaria. Este altísimo número se explica por el colapso del sistema sanitario. Lejos del discurso triunfalista de los gobiernos («nadie se quedó sin atención»), la realidad es de pacientes que se amontonan sin recibir la atención necesaria, por falta de personal y recursos. Esas carencias son resultado de un largo proceso de desinversión pública y privatización, de quienes gobiernan ahora y gobernaron en el pasado. La segunda ola de Covid del 2021, largamente anunciada, está siendo afrontada con un recorte del gasto en salud del 9% en términos reales.

 

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Un sistema de salud fragmentado

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Los recursos no solo son insuficientes. También se asignan en forma ineficiente. La causa es la completa fragmentación del sistema salud. En vez de organizarse por criterios sanitarios, predomina la búsqueda de lucro privado.

El colmo de esta situación la vemos en el cierre de clínicas perfectamente operativas en medio de una pandemia, como el caso de la clínica San Andrés, en Caseros con camas de UTI y personal calificado pero cerrada porque sus dueños prefieren hacer otros negocios.
La disponibilidad de camas, un dato central de la pandemia, estuvo ausente de una planificación general.

 

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Un sistema de salud fragmentado

Trabajadores exhaustos, precarizados y mal pagos

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Otro aspecto que evidenció la pandemia es el carácter irremplazable del personal de salud. Los respiradores son necesarios, pero sin profesionales operándolos servirán de poco. Los sucesivos gobiernos han descalificado las tareas de salud.

En salud es moneda corriente tener dos y hasta tres trabajos para llegar a fin de mes.
El personal en formación (residencias) sostiene numerosos servicios de salud con jornadas extenuantes, sin descanso, sin respetar derechos laborales y hasta sin salario (concurrencias)
Muchas profesiones son discriminadas, pues no reconocen sus títulos oficiales en la carrera, como enfermería en la CABA
Buena parte del personal médico y la inmensa mayoría de prestadores son monotributistas, careciendo de derechos laborales básicos
Sólo un sistema enfermo como el capitalismo puede pretender que un trabajo tan delicado como el arte de curar y cuidar se realice en condiciones de agotamiento físico y mental. Esta situación también ocurre bajo el peso del lucro: cuanto más se achaten los salarios públicos, menos puede pagar la “competencia” del privado.

 

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