Derrota inapelable del gobierno y gran elección del Frente de Izquierda-Unidad

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  1. El resultado electoral arrojó una derrota inapelable del gobierno nacional y de sus listas en la casi totalidad de las provincias. La amplitud de la derrota abarca a todas las tendencias y camarillas que orbitan en el oficialismo. El golpe sufrido por Alberto Fernández solo se compara con el que recibió Cristina Kirchner, que no solo cayó en la provincia de Buenos Aires que controla a través de Kicillof, sino que también perdió en su patio chico de Santa Cruz. En otros casos, como el de Córdoba, la lista kirchnerista directamente se desplomó. Por el lado de Massa, su aliado Arcioni perdió también la provincia de Chubut, donde se vive una rebelión sistemática contra sus planes megamineros. Su 31,6% nacional es la peor elección del peronismo desde 1945. El peronismo ha perdido votos por derecha y por izquierda.
  2. Bien visto, la derrota del oficialismo no debe sorprender. Es el resultado directo de que su política ha llevado a una agudización de la crisis en todos los planos, desde el sanitario hasta el económico y social. El ajuste operado no solo contradijo el mandato electoral de dejar atrás la llamada “herencia macrista” sino que ha llevado a un aumento de la pobreza, la indigencia, la precarización laboral y a una mayor desvalorización de los salarios, las jubilaciones y el gasto social. El gobierno abordó el proceso electoral con la mira puesta en el pacto con el FMI, para el cual propuso un acuerdo al macrismo. A pesar de las maniobras y manipulaciones del proceso económico previas a las elecciones, la actividad industrial sufrió un nuevo retroceso en el último mes, confirmando que asistimos a una crisis de fondo que de ningún modo puede explicarse por la situación sanitaria creada por la pandemia. El rescate de los bonistas, de acreedores y del capital en crisis y no tan en crisis se ha vuelto un carga insoportable para el pueblo argentino. Ahí está la base del hartazgo popular que se constata en todos los rincones del país. La inflación persistente, que todas las encuestas de opinión colocaron como el punto de mayor preocupación de la sociedad, es la expresión de los desequilibrios de fondo de la Argentina, que combinan el vaciamiento financiero, el endeudamiento público y privado, la quiebra del Banco Central, el agujero fiscal y cuasifiscal y el empantamiento de la actividad económica que ya lleva más de una década.
  3. El retroceso del gobierno y de las listas del peronismo fue capitalizado principalmente por la derecha, desde Juntos por el Cambio hasta formaciones fascistizantes como la de Milei. En los días previos a las elecciones todos los voceros de la derecha salieron a reclamar una reforma laboral, que incluya entre otras cosas la eliminación de las indemnizaciones y de los impuestos patronales, lo cual conduce inexorablemente al desfinanciamiento de la Anses y a nuevas reformas previsionales. La Unión Industrial y otros sectores patronales abonan esta agenda con la mira puesta en que el gobierno la adopte como parte del acuerdo con el FMI. Una reforma de este tipo ha logrado media sanción en el Congreso de Brasil impulsada por Bolsonaro. El triunfo electoral de la derecha pondrá a prueba su propia capacidad de acción política, ya que a diferencia del pasado se ha presentado a las elecciones fragmentada en varias listas, que se lanzaron entre sí duras acusaciones. Aunque Larreta logró su objetivo de conseguir un doble triunfo en la Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires, aun está lejos de haber logrado un lugar de liderazgo. La derecha está cruzada por fuertes divergencias en torno a cómo encarar la crisis política que abre el retroceso del gobierno.
  4. La burocracia sindical de todos los sectores, CGT de Daer y cía., el moyanismo, la Corriente Federal de Palazzo, las tres CTAs, integradas por completo al gobierno, borraron de la campaña electoral los reclamos de la clase obrera ante la ofensiva patronal por la reforma laboral, más flexibilización y reformas previsional e impositiva contra los trabajadores. Han sido una pata fundamental de la adaptación del gobierno en todas sus alas a los ejes colocados por la burguesía, por la derecha y por el FMI. El Trío San Cayetano, a su manera, jugó el mismo papel de contención mediante un 7 de agosto para mostrar la pobreza, pero apoyando al gobierno con el viejo cuento de no ser funcionales a la derecha. Pero nada más funcional a la derecha que borrar las demandas y objetivos de los trabajadores contra los partidos patronales. Esa lógica fue rota el 18 de agosto por la colosal movilización de las organizaciones sociales y piqueteras independientes del gobierno que pusieron en la calle y en la agenda la cuestión del trabajo, la obra pública, la vivienda popular, el seguro al desocupado, la educación de la juventud bajo la línea de pobreza.
  5. La derrota del gobierno deja planteado distintos escenarios, que van desde un cambio de gabinete más o menos inmediato, una fractura interna e incluso el riesgo de una parálisis. Lo cierto es que todas las fracciones peronistas y kirchneristas coinciden en avanzar en un acuerdo con el FMI, que tiene entre sus principales demandas la reforma laboral y previsional que demanda la derecha de Juntos por el Cambio. Por eso, la variante de un acuerdo de gobernabilidad entre el gobierno y Juntos por el Cambio para blindar un pacto con el FMI no puede descartarse, aunque una variante de este tipo abriría una crisis en la oposición de derecha. Por lo pronto ya Carrió salió a rechazar esa variante. Esto elimina de antemano toda base política seria para que el gobierno pueda montar un escenario de polarización, reclamando el voto para derrotar a la derecha y defender las conquistas de los trabajadores.
  6. La gran elección de Milei en la Ciudad de Buenos Aires expresa una canalización por derecha del repudio al régimen actual y sus partidos y coaliciones. La política tanto de Juntos por el Cambio como del Frente de Todos fue adaptarse a esos planteos y valerse de ellos para hacer su propio giro a la derecha. Al Frente de Izquierda-Unidad le cabe el mérito de haberse destacado por enfrentar de modo consecuente esa expresión fascistizante.
  7. En este cuadro la muy buena elección realizada por el Frente de Izquierda-Unidad adquiere un significado muy preciso: se coloca como un instrumento para un gran pronunciamiento de los trabajadores contra todas las coaliciones del ajuste, sean del gobierno o de la oposición. Es un voto que refuerza los movimientos de lucha de ocupados y desocupados, el movimiento de la mujer, los movimientos ambientales y de lucha de la juventud. El FIT-U ha cosechado más de un millón de votos en todo el país (emergiendo como la tercera fuerza a escala nacional). Los porcentajes logrados en muchas provincias son los más altos de la última década para la izquierda, desde la constitución del FIT. Esto vale para la provincia de Buenos Aires, donde somos la tercera fuerza, la Ciudad de Buenos Aires superando el 6%, en Jujuy por arriba del 20%. En diversas provincias, la votación de la izquierda expresa políticamente grandes movilizaciones populares contra el ajuste (Neuquén) y la megaminería (Chubut). La votación es importante en todo el país: en Santa Cruz, Córdoba, Catamarca, Río Negro, La Pampa, San Juan, etc. Un dato insoslayable es que el FIT-U logró sus guarismos más altos en los municipios y barriadas de los sectores más explotados, reflejando una transición política de sectores amplísimos que rompen con el peronismo y se suman a la lucha junto a la izquierda. En estas barriadas la campaña del Polo Obrero ha sido gigante, sumando a miles de compañeras y compañeros a la lucha política con un programa socialista. En la provincia de Buenos Aires no sólo está la pelea por conseguir el ingreso de 3 diputados nacionales y de legisladores provinciales, sino también conquistar posiciones en varios Concejos Deliberantes. El 9% de Merlo, el 8,5% de Moreno, el 7,5% en La Matanza marcan objetivos inmediatos de conquista política. El segundo y tercer cordón han sido la clave de la gran elección en Provincia, como nunca en la historia de la izquierda en las últimas décadas, lo cual es una cuña en la penetración política en la clase obrera llamada a reforzar el movimiento antiburocrático en el movimiento obrero.La elección realizada por el Frente de Izquierda constituye un mandato de amplios sectores de trabajadores que concentraron el voto a la izquierda en quienes hemos puesto en pie este frente único de independencia de clase. Las organizaciones que han rechazado este método han obtenido resultados completamente marginales e irrelevantes en el marco de un crecimiento de importancia en la votación a la izquierda en la Argentina. Este mandato que representa la amplia votación a las listas de frente único de la izquierda debe traducirse en el conjunto del desarrollo de la lucha clases, en el movimiento obrero, las barriadas más golpeadas por la crisis, en la juventud, en las luchas de la mujer y diversidades, es decir, en la puesta en pie de una alternativa obrera y socialista frente a la burguesía y sus partidos.
  8. La campaña que iniciamos hacia noviembre estará cruzada por una crisis política y por el intento de los capitalistas de avanzar contra las conquistas de los trabajadores. El Partido Obrero y el Frente de Izquierda-U impulsarán una gran campaña contra todo intento de avanzar en la reforma laboral y previsional, por la defensa de las indemnizaciones, por un aumento salarial y de las jubilaciones de emergencia, y el rechazo a todo acuerdo con el FMI. Interpelaremos al sector de la población que no concurrió a la votación en repudio a este régimen y sus partidos para que nos acompañe con el voto, y convierta su bronca y decepción en una salida basada en un programa de los trabajadores y la izquierda.

Comité Ejecutivo Nacional Partido Obrero

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