17 de enero de 2018 | Por Pablo Heller

Ola de protestas en Túnez

A siete años del inicio de la Primavera Arabe

“Siete años después, vuelve a encenderse la chispa en la cuna de la ‘primavera árabe’”. Así titula el diario La Nación (15/1) la “ola de agitación social [que] vuelve a sacudir Túnez, el país que hace exactamente siete años desencadenó la llamada ‘primavera árabe’ cuando se desembarazó del régimen del dictador Ben Alí”. La pasada semana, las movilizaciones contra una suba de los impuestos desembocaron en violentos enfrentamientos con la policía en al menos una veintena de ciudades. “Las movilizaciones han puesto contra las cuerdas al gobierno, que se ha visto obligado a desplegar el ejército en los puntos más calientes” (ídem)  

Los protagonistas  de estas protestas son los jóvenes  sin trabajo, que  son los principales  afectados  por el desempleo –en las zonas marginadas, este se eleva entre los jóvenes hasta el 40%. El detonante de las actuales movilizaciones  ha sido la aprobación de un presupuesto marcado por la austeridad que encarecerá aún más la canasta familiar. La inflación ha ido escalando progresivamente los últimos años, y ahora ya se sitúa por encima del 6%, mientras los salarios siguen estancados.

Según los comentarios periodísticos, “el movimiento que se halla detrás de las protestas se llama Fesh Nastanneu? (‘¿Qué esperamos?’ en árabe dialectal tunecino). Su eclosión ha sido meteórica: se creó el pasado 3 de enero y ya consiguió movilizar a medio país”. Está formado “por activistas de movimientos sociales, muchos curtidos durante la revolución, que constituyen una tupida red informal de relaciones y que  se sirven  de las redes sociales” (ídem). Esta aparición en escena  de este movimiento viene a llenar el vacío  que han dejado la UGTT (central sindical de Túnez)  y los partidos de izquierda, nucleados  en el “Frente Popular“, que  vienen colaborando con el gobierno y han oficiado de dique de contención del rechazo popular creciente que viene generando la política oficial. Como ya sucedió siete años atrás, la irrupción de la juventud puede terminar siendo el fermento para  la intervención  de la clase obrera tunecina en la crisis.

Túnez atraviesa una delicada situación económica desde la revolución, a causa de la caída del turismo y de la inversión extranjera. Los gobiernos de turno de diverso color político que se han ido sucediendo confiaron en un aumento del gasto público para relanzar la economía. “No obstante, la tasa de crecimiento del PBI se mantiene alrededor del 2%, insuficiente para proporcionar trabajo a los miles de jóvenes desempleados” (ídem).

Esta no es la primera ola de protestas sociales que sacude los cimientos del país magrebí desde la revolución de 2011. La élite dirigente tunecina se jacta, en contraste con otros países de la  región, de haber logrado articular una transición política ordenada; pero los grandes problemas sociales del país, empezando por la desigualdad, están lejos de haberse revertido y son el combustible que alimenta la actual rebelión popular.

Tags: revolucion-arabe

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