17 de enero de 2018 | Por Pablo Heller

Alemania: 160.000 trabajadores metalúrgicos en huelga

160.000 trabajadores de las industrias automotriz, siderúrgica y eléctrica vienen realizando paros parciales durante la última semana convocados por el sindicato IG Metall, que actualmente está negociando un nuevo contrato salarial para 3,9 millones de empleados en el sector industrial más grande de Alemania. Las acciones incluyen a los trabajadores de Porsche, Daimler, Bosch y otras empresas automotrices, de autopartes y eléctricas, como Siemens y AEG.

El líder del sindicato amenazó con convocar huelgas de un día e incluso medidas de fuerza más prolongadas si las patronales no ceden a fines de enero. Esta sería la primera huelga general convocada por IG Metall en el sector desde 2003.

En la base del gremio anida un descontento creciente, como consecuencia del aumento de la desigualdad social y de la ola de recortes de empleos por parte de Siemens y de otras. Durante años, los trabajadores han sido testigos de cómo se elevaron enormemente las ganancias empresarias y los salarios de los gerentes mientras que sus ingresos se estancaban o disminuían: los pagos de dividendos a los accionistas aumentaron en la industria metalúrgica y eléctrica en un 11 por ciento en 2014, un 9 por ciento en 2015 y un 12 por ciento en 2016, mientras que los salarios nominales aumentaron entre un 2 y un 3 por ciento anual, lo que básicamente provocó una congelación de salarios reales.

El aumento de los precios del alquiler y los costos de atención médica, cuya incidencia está subvaluada en la tasa de inflación oficial, ha actuado como acicate de las tendencias de lucha.

A pesar de la tan cacareada semana laboral de 35 horas, casi el 20% de todos los trabajadores metalúrgicos ya trabajan más horas. Según las propias cifras del sindicato, de los 680.000 trabajadores en el sector, el 57,3 por ciento de los trabajadores trabaja horas extra, casi la mitad trabaja los sábados, un trimestre trabaja los domingos y un tercio trabaja en turnos divididos. Además, cientos de miles de trabajadores con contrato temporal trabajan actualmente en las fábricas de Alemania.

Frente a este panorama, IG Metall exige un aumento salarial del 6% por un año. La segunda demanda de IG Metall, bajo el lema “mi vida, mi tiempo”, es que cada trabajador puede reducir su semana de trabajo de 35 horas a 28 horas por un plazo de hasta dos años, con la correspondiente reducción en el pago. Solo los trabajadores de turno dividido, los padres con hijos menores de 14 años o los trabajadores que cuidan a familiares recibirán una modesta compensación salarial por las horas reducidas que trabajan. Esto sienta un precedente peligroso pues legaliza la rebaja de los salarios. Las patronales pretenden servirse, a su vez, de este reclamo, para negociar con el sindicato el abandono definitivo de la jornada de 35 horas y consagrar una "jornada flexible", cuya duración pueda oscilar desde un piso reducido hasta un horario prolongado.

La crisis política y social que se viene agravando ha empezado a sacudir a la clase obrera alemana.

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