15 de diciembre de 2017 | Por Jorge Altamira

"La reconstrucción de una internacional socialista revolucionaria"

Intervención de Jorge Altamira en la mesa de cierre de las Jornadas a cien años de la Revolución Rusa

La intervención de Jorge Altamira que compartimos a continuación se desarrolló en la mesa “La reconstrucción de una internacional socialista revolucionaria”, en la última jornada del Seminario a cien años de la Revolución Rusa, desarrollado en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA (7 al 11 de noviembre). También participaron de esa mesa Armagan Tunulay (DIP, Partido Revolucionario de los Trabajadores de Turquía) y Rafael Fernández (PT, Partido de los Trabajadores de Uruguay).

En el aplauso a la compañera Armagan, vi que había no sólo un fervor por sus posiciones revolucionarias, sino un reconocimiento por su excelente castellano, algo que yo nunca conseguiré, de dirigirme a una audiencia turca en turco.

Es un momento importante, quiero resaltarlo, porque después de seis jornadas de debate, el auditorio, nosotros mismos, nos merecemos alguna conclusión, teórica, política, programática. He decidido encarar este final, no desde el punto de vista de la Revolución de Octubre o no yendo a los 100 de la conmemoración de la Revolución de Octubre, sino recordándole a todos que el año que viene se cumplen los 50 años de los levantamientos de 1968 y 1969. El famoso Mayo francés, el levantamiento del proletariado de Praga en Checoslovaquia, el Cordobazo, la Plaza de las Tres Culturas de México; porque, de golpe, pareciera que la revolución hubiera soplado fuerte hace 100 años y lo hubiera hecho con tanta energía que se quedó sin aliento. Hace sólo 50 años, y eso quiere decir -por lo menos en mi generación- que los trabajadores del mundo produjeron acciones que quebraron al capitalismo, y tenemos que retomar el hilo conductor, no sólo desde Octubre de 1917 sino desde 1968. En cierto modo, los sesentistas todavía estamos presentes en la lucha política actual, desde el punto de vista físico y en la conciencia de las nuevas generaciones. El Mayo francés y los levantamientos populares en América Latina, así como la peculiaridad de que el Mayo francés es seguido por el junio-julio checoslovaco, marca un fenómeno que en su momento pocas corrientes políticas advirtieron, y era que comenzaba la revolución europea y que se manifestaba la crisis conjunta del capital y de la burocracia de los Estados obreros; es decir, que se estaba engendrando un fenómeno explosivo que iba a integrar a las sociedades capitalistas y aquellos países donde se había expropiado al capitalismo, pero que habían caído bajo la dirección de una burocracia contrarrevolucionaria que formaba un régimen de coexistencia pacífica con el socialismo.

La importancia de estos acontecimientos del ’68 es que quiebran perspectivas políticas de enorme importancia; por ejemplo, la burocracia soviética, con su principal dirigente golpeando con el zapato en el pupitre de la ONU, aseguraba que la Unión Soviética iba a superar al imperialismo en el terreno económico, que su productividad del trabajo iba a superar a los países más desarrollados y que iríamos al socialismo por vía pacífica, y con esa perspectiva excluyó por completo cualquier tipo de salida revolucionaria, cualquier perspectiva de revolución mundial, y la consecuencia fue el hundimiento de la Unión Soviética. No se puede entender de otro modo porque la crisis mundial es el factor que más afecta a las fuerzas políticas en presencia, y si unas se quiebran y otras no es por cómo están entendiendo el proceso mundial. Y no se trata simplemente de tirar frases. El Mayo francés quebró un régimen político que nunca se levantó después, que era esencial para el capitalismo mundial, que era el régimen de la V República en Francia, que empezó a sumir a ese país en una suerte de crisis permanente y obligó a plantearse la estabilidad del capitalismo mundial, pero el problema es que el Mayo francés se desarrolló con un levantamiento en Checoslovaquia, que fue repudiado por grandes sectores de la izquierda, en primer lugar por el castrismo, que condenó la revolución política en desarrollo en Checoslovaquia con el pretexto de que restauran el capitalismo y saludó el ingreso de las tropas de la Unión Soviética y el aplastamiento de esa revolución, que en sus últimos días estaba desarrollando en una de las principales fábricas de Praga un congreso proletario para reorganizar a Checoslovaquia y también para enfrentar el ataque la URSS. Si alguien dudaba de la caracterización del trotskismo y de la IV Internacional acerca de la burocracia soviética, ese día se le fueron todas las dudas. Un hecho que terminó con lo que -cuando era yo casi un niño o un adolescente- era una pesadilla política: el dominio de los partidos comunistas.

A partir del Mayo francés, que fue un levantamiento contra de Gaulle y un levantamiento contra el Partido Comunista de Francia, y la intervención del proletariado checoslovaco que fue un levantamiento contra la burocracia soviética, se abrió una nueva perspectiva, un nuevo terreno de la revolución mundial. Hemos hablado de Octubre, teníamos que hacerlo, es muy rico, se cumplen los 100 años, pero no podemos omitir que la historia revolucionaria no terminó en Octubre o, por ejemplo, en la revolución china. La historia revolucionaria volvió a afectar a Europa y determinó un desarrollo político, porque lo del ’68 es lo que explica no sólo la convergencia creciente entre el imperialismo y la burocracia soviética, la creciente subordinación de los Estados satélites de la burocracia soviética y de la burocracia soviética al Fondo Monetario Internacional y al capitalismo, y lo que le plantea conjuntamente a la burocracia y al capitalismo es una reorganización mundial que sea capaz de frenar la revolución proletaria. Lo que parecía un choque entre dos sistemas, como consecuencia de la intervención de las masas, se transformó en la alianza de la burocracia y el imperialismo contra la revolución proletaria, y eso ocurrió hace 50 años. Hay que bajar a tierra. Y en Argentina se produce un levantamiento contra la dictadura militar bajo una consigna que no se escuchaba desde 1945, y pongo desde 1945 porque la consigna “luchar por un gobierno obrero y popular” en el Cordobazo no tenía un ápice de peronismo y hubo que recurrir a Perón para aplastar el proceso revolucionario proletario en Argentina -que nosotros hemos tenido un proceso revolucionario proletario, no tenemos que recurrir a la Semana Trágica, que también lo fue y es un gran antecedente, pero no tenemos que irnos tan atrás- y vuelve Perón, saludado por toda la izquierda, menos por el Partido Obrero que dice “Perón vuelve para aplastar el Cordobazo y crear la Triple A”. (Aplausos)

Esta es la explicación de porqué algunos partidos sobreviven y se desarrollan, y otros partidos no. Es necesario ver este fenómeno a fondo porque es como consecuencia de la tremenda crisis mundial que, por un lado, se manifiesta en el capitalismo y, por otro lado, se va a manifestar y se manifiesta en los Estados que habían expropiado al capitalismo, que se va a gestar la gran alianza Reagan-Gorbachov contra la revolución, porque Polonia era un país que tenía una deuda externa que superaba a la de De la Rúa en 2001, y todos hablaban de un Estado socialista que era un sucursal del capital financiero internacional, y lo mismo estaba ocurriendo con la URSS, que tenía, por primera vez, una deuda externa elevada. Y el imperialismo norteamericano, como consecuencia de su derrota en Vietnam y de todos estos desarrollos políticos, entra en una crisis muy profunda, y aquí quiero hacer un paréntesis. Las crisis mundiales tienen que ser estudiadas en sus relaciones recíprocas, no sólo la crisis mundial genera crisis políticas y, a veces, rebeliones y revoluciones, sino que las rebeliones y las revoluciones generan la crisis mundial.

La crisis mundial de 1973-74, la devaluación del dólar y la inconvertibilidad del dólar es un reflejo político de la desconfianza del capital en su propio desarrollo como consecuencia de estos movimientos y de estas luchas. Para ejemplificarlo en forma inversa, un día le preguntaron al presidente de la Reserva Federal norteamericana, Alan Greenspan, a qué atribuía el gran ascenso de la Bolsa y dijo “a la disolución de la Unión Soviética”, no dijo a la ganancia de Apple que, por otra parte, tampoco existía, o a la ganancia de la General Motors. ¡No! La disolución de la Unión Soviética era un factor político de una gran importancia en el sentido que le daba al capital mundial la confianza de que en el peor momento de una crisis económica, el Estado iba a poder rescatar al capital, algo que no iba a ocurrir si las masas en el mundo estaban levantadas y no iban a aceptar de ninguna manera pagar la cuenta del capital mundial y del capital mundial en una crisis. Entonces, Reagan y Gorbachov organizan la restauración del capitalismo en Rusia, organizan la disolución, y la burocracia entiende que ya no tiene posiciones firmes frente al proletariado de sus países y que tiene que entrelazarse con el imperialismo, y el imperialismo aceptar como socia a la burocracia en una lucha contra la revolución proletaria. Tomemos el caso de China: la revolución cultural, comandada por Mao Tsé Tung, para hacer frente a una tremenda crisis de poder genera una situación tan grave que la burocracia china entiende que tiene que ponerse de acuerdo con Nixon, primero, en términos internacionales y, después, en términos más generales, y organizar la restauración del capitalismo en China. Es decir que la revolución proletaria merodea el mundo todo el tiempo, y la reorganización o la reestructuración de los capitalistas, con nuevas alianzas, frentes y otras son respuestas estratégicas del capital para sobrevivir ante su propia crisis y la presión, a veces sorda, a veces invisible, pero siempre presente en las masas explotadas del mundo.

Eso es lo que nos tiene que llevar a una caracterización actual porque cuál es el problema. El problema es que se forma una mesa, discuten, a veces uno habla solo, otras veces hablan tres, lo que fuere, y toman el momento aislado del hilo conductor que lo explica; entonces, dicen todo tipo de divagaciones, que la crisis tiene esto, lo otro, que hay que tener en cuenta el factor financiero, esto y lo otro; a veces, se dicen cosas interesantes, no estoy haciendo una valoración despectiva, pero el error de método es que son instantáneas y no registran la transformación de una cosa en la otra, que naturalmente no cesa nunca ni en la Historia ni en la naturaleza, y cuya comprensión es la base de una estrategia revolucionaria. La misión de un partido revolucionario no es hacerse el autobombo de sus éxitos sino tratar de mejorar la comprensión política de lo que está ocurriendo, para tener la mejor orientación, de modo que la lucha de clases termine en una victoria del proletariado y no termine en una derrota, que generalmente son terriblemente dolorosas y sangrientas.

Les quiero llamar la atención: todos los diarios han elevado a Xi Jingping a la condición de bonapartista chino después de este último congreso. Este hombre ha tomado medidas extraordinarias que solamente ponen en evidencia la conciencia que tiene el Partido Comunista chino de que su país está al borde de una crisis inminente y de un estallido social, porque en China no se jode, una crisis inminente allí significa el hambre de centenares de millones de personas, en un país donde la clase obrera ha crecido mucho, y toma medidas que el capital mundial no acepta, pero frente a las cuales no abre el pico. No quiere tener un supervisor del Partido Comunista, Xi Jingping, que había desaparecido en el último tiempo, vigilando las cuentas de las empresas. Y ¿por qué no protesta? Y, porque por algo lo hace Xi Jingping, porque si no entramos a vigilar las cuentas de esas empresas, que son un agujero negro que chupa más que las que están en el espacio exterior, va a haber una revolución proletaria, y si hay una revolución proletaria ahora, en China, en los próximos tiempos, se terminó completamente todo.

Hay que mirar la política mundial concatenando en el hilo conductor en la totalidad de sus relaciones, lo que aquí, en otras mesas, se reivindicó como el método, el abordaje dialéctico de la realidad histórica y el abordaje de esa realidad dialécticamente por parte de un sujeto activo que, por su actividad, pone a prueba las tesis que ha sacado como conclusión y no filosofa.

Como ustedes ven, de alguna manera me he aproximado ya a un cuadro de la situación actual. Fidel Castro no sabía, el día que apoyó la invasión rusa en Checoslovaquia, que le iba a costar un ojo de la cara a Cuba, porque ese día se afirmó la tendencia a la disolución de la Unión Soviética y, por lo tanto, a las alianzas políticas y económicas que tenía Cuba con la Unión Soviética para resistir el bloqueo norteamericano. Esto es impresionante. No quiero decirles de que cuando Gorbachov empezó con la Perestroika, tanto el Partido Comunista de Argentina como Cuba la saludaron, y la Perestroika significaba la restauración del capitalismo. Si alguien quería que no vuelva el capitalismo en Cuba tenía que combatir la Perestroika y no defenderla. De paso, les quiero señalar, y es muy importante porque yo siempre lo digo en chiste, en los cumpleaños, con los amigos y cuando nos reunimos los compañeros para celebrar alguna cosa, que yo no soy setentista, sino que soy sesentista, porque el setentismo es el entierro del sesentismo; en los ’60 se produjo el Cordobazo y en los ’70, Montoneros, ERP y Perón, prevalece el foquismo sobre el movimiento revolucionario de las masas y la componenda con el populismo que va a aplastar el movimiento directo de las masas. Parece que hubiera una continuidad, pero se produce una sutil, pero cualitativa alteración del proceso histórico. Es fundamental señalar todo esto. Y esta crisis mundial de todos los sectores es lo que nos permite entender ahora el derrumbe del chavismo en América Latina, porque el derrumbe es la apuesta de que un país puede vivir, redistribuir ingresos y hacer felices a la gente, porque en la Argentina, como ustedes saben, nunca fue tan feliz como bajo un gobierno peronista, y hacer feliz a todo el mundo, confiando en el precio alto de la soja y del petróleo. Bueno, ya no existe más, ahora están obligados a pasar por Tribunales. Miren ustedes la relación, cae el precio de la soja y uno que estaba contento con ese proceso, ahora tiene que estar evitando a los jueces. ¡Lo que puede el precio de la soja! (aplausos). Es decir, lo que puede el proceso capitalista.

Cuando yo era un joven, las tendencias trotskistas adversarias a la que yo militaba en un momento, y después a lo que se llamó Política Obrera y el Partido Obrero, consideraban que la Unión Soviética era indisoluble, nadie la iba a disolver jamás, porque había llegado a tal nivel de desarrollo, que quién podría afectar su camino ulterior. Al decir esto, la consecuencia era que coincidían con Gorbachov, porque si uno es indisoluble, quiere decir que predomina sobre su adversario, porque si el adversario predomina sobre él, lo disuelve. Trotsky había advertido que no era indisoluble, y se ha había transformado en disoluble, por eso la restauración capitalista en la URRS y en China, y la disolución de la URSS, provocó una crisis demencial en la izquierda.

Una vez le preguntaron a Lenin qué pasaría si fracasaran y fueran derrotados, él dijo “no hay problema, pasamos a la clandestinidad y volvemos a preparar la revolución socialista”, porque el capitalismo -como dijo alguien aquí, creo que fue José Castillo- siendo la más rica inspiración de los revolucionarios; en cambio, aquí se transforma en una catástrofe, una catástrofe teórica, política, que afectó el curso del movimiento revolucionario, pero lo único que ha ocurrido -como bien creo que también se señaló aquí- es que todas las contradicciones que aparecían exteriores entre el socialismo y el capitalismo, es decir entre un bloque que había expropiado al capital o que se fundaba en la expropiación del capital, y un bloque capitalista, se transformaron en las contradicciones únicas de todo un nuevo bloque capitalista, por lo tanto, doscientas veces más explosivas. Esto, que marca un desarrollo para el futuro hubiera podido ser evitado o mejor direccionado por la victoria de una revolución proletaria en China, en la URSS, etcétera, y hubiéramos tenido un desarrollo extraordinario bajo la dirección de la clase obrera.

Como eso no sucedió, tenemos un desarrollo catastrófico bajo la dirección del capitalismo. Entonces, todo es un proceso único de contradicciones, no es un proceso idéntico; hay una cosa que es la continuidad y otra cosa que son las contradicciones que se desarrollan y explotan en esa continuidad, que hacen saltar esa continuidad y que abren nuevos desarrollos. Y, nosotros, lo único que tenemos que hacer es entender cuáles son esos nuevos desarrollos y no preguntarnos metafísicamente por qué no hubo más revoluciones en el pasado. Hay que estudiar el desarrollo político concreto. Además, el pasaje del capitalismo al socialismo no es un pasaje de décadas, no digamos de años, sino que es un pasaje extraordinario, que inclusive no podemos dimensionar. Entonces, ese análisis concreto es absolutamente fundamental, porque las crisis capitalistas no sólo provocan revoluciones, rebeliones y crisis políticas, sino que al provocarlas, colocan a la humanidad ante la posibilidad de adquirir una nueva experiencia, conclusiones más profundas y una conciencia de clase y una conciencia revolucionaria, que no se puede obtener al margen de eso. Es algo que quiero señalar porque el viejo socialismo consideraba que la conciencia de clase se desarrollaba por medio de la educación, y aunque la educación política es fundamental sólo ayuda cuando explica con procesos contradictorios y no lineales, y el que dice que uno desarrolla conciencia de clase por medio de la educación está proponiendo un método lineal. Para adquirir una conciencia de clase hay que hacer dos o tres ocupaciones de fábricas, lo más fuerte posible, hacer como se hacía en una época en Buenos Aires -¡yo vi tantas!-, juntar un montón de paja y poner bidones de nafta al lado, y defender la ocupación de fábrica, que no debe hacerse tampoco con métodos tan extremos, sino con la solidaridad y la intervención de todos los trabajadores, sólo que muchas veces estos métodos ayudan a que se promueva la solidaridad de los trabajadores y, por lo tanto, la victoria final.

Todo lo que se llama crisis de dirección hay que entenderlo a la luz de lo que está pasando, porque cuando uno no lo entiende a la luz de lo que está pasando, descubre que falta un mueble en la casa, y dice “no tenemos el partido”. ¿Qué hacemos? El problema es éste: si el partido no es un engendro de todo el proceso político concreto, ese mueble no va a aparecer nunca y, además, hay que preguntarse por qué desapareció si uno estuvo vigilando todo el tiempo los muebles en la casa, desapareció por un proceso político concreto que se lo llevó.

Les quiero hacer una observación de lo más importante: ¿cuál era la ilusión en el capitalismo, en la burguesía, en los medios académicos con la disolución de la URSS? “Ahora va a florecer la socialdemocracia y a Lenin lo vamos a cagar”, porque él hizo desaparecer a la socialdemocracia, a nivel histórico, al tomar el poder los bolcheviques, creyendo que iba a triunfar, fracasó, la historia se dio vuelta y con la restauración del capitalismo nos van a gobernar los reformistas que nunca debieron haber sido desalojados del poder en octubre. ¡Un error! Nos chupamos 70 años penando por un error y ahora viene el capitalismo y florece la socialdemocracia, y transitamos todos un camino reformista. ¿Ustedes vieron algún socialdemócrata gobernando en China? ¿Putin es un socialdemócrata? El criminal, antisemita, de Hungría, es natural que no recordemos sus nombres desde Buenos Aires, lo digo porque el tipo es un fascista. ¿Ustedes vieron un socialdemócrata? No. Como fracasaron en revivir a Kerensky con la disolución de la economía planificada, fracasaron en Occidente también; es decir: no hay lugar para el reformismo. Miren qué conclusión política tremenda, porque la victoria del capital contra un Estado construido por la revolución es la victoria de las reformas contra la revolución. Y no apareció ningún reformista. Y entonces viene gente y le dice al Partido Obrero: “Si ustedes reducen sus planteos, los achican, los restringen y todo lo demás, y se hacen un poco más reformistas van a tener éxito”. Como en Rusia, como en China, como en Vietnam, como en Bangladesh, como en Estados Unidos, que se dio el lujo de tener un presidente negro, en un país que atravesó una guerra civil, para terminar teniéndolo a Trump. Es un fracaso completo, porque para que venga Trump, primero tuvo que venir Obama; asustó a la bestia pero no la mató. Asustar es un exceso, pero con los cinco minutos que tengo, tengo que elegir la palabra que me venga.

Quiero entrar en la parte final y en los planteos. Este encadenamiento está desenvolviendo una crisis mundial de características fantasmagóricas, porque el sentido que tienen el bombardeo a Yugoslavia, la guerra del Golfo, la guerra siria, la guerra del Libia, la guerra de Yemen y lo que se está preparando ahora en una alianza entre Arabia Saudita e Israel, y a eso el ascenso de Trump en Estados Unidos, que abiertamente ha puesto la carta de la guerra en las negociaciones comerciales, significa que la capacidad de que la crisis la paguen los trabajadores incluya ahora la factura militar. La guerra ha pasado a formar parte, de nuevo, ya formó parte, en esta etapa del arma del capital, no es sólo la reforma laboral ni el voto en el Congreso. Ha habido un ataque abierto y, por ejemplo, en las negociaciones sobre Corea del Norte se negocia: “vos querés que te levante la protección Estados Unidos -dice Trump-, quedate conmigo para acabar con Corea del Norte”. Porque hay una cosa que es lógica, nadie va a la guerra como si fuera una salida dominguera, se va a la guerra con una implicancia de tal alcance que los que van a la guerra asociados, se tienen que repartir el botín y los resultados de la guerra de antemano, porque si no le van a ganar la guerra a Corea del Norte sólo para terminar matándose entre ellos. Entonces, hay alianzas políticas que van alimentando esa guerra. ¿Y desequilibrios? Hay una ruptura del equilibrio mundial que no puede restablecerse en una escala diferente sino por la vía de procedimientos violentos. La pregunta es: ¿tiene el capital los recursos políticos para ir a una guerra de esta amplitud? Entendiendo por recursos políticos la adhesión de sus poblaciones. ¿Bastará el chovinismo para que los yanquis digan “vamos a liberar el mundo de nuevo”?. No hay nada más incierto que eso. No han ido a la guerra porque les tienen miedo a sus propios pueblos, por lo tanto, el camino a la guerra va a estar atravesado antes por crisis políticas muy grandes.

A mí no me importa que alguien lo llame a esto “orgánico”, ponéle el nombre que quieras, pero un proceso orgánico es una cosa relativamente pacífica, basta con ir a la guardia, y esto no tiene un arreglo ni siquiera en una sala de operaciones. Entonces, estamos en una etapa en extremo agravada de la crisis mundial. Esto ha roto los pronósticos de todos y antes de hablar de crisis orgánica, hay compañeros que tienen que explicar por qué no previeron la crisis de 2007-08 y por qué acusaban a los que sí la previeron y se prepararon para ella, de catastrofistas; porque lo que está ocurriendo ahora supera el catastrofismo, esto es una supercatástrofe, por lo menos en toda la zona del Medio Oriente. ¡Y en América Latina!, y quiero advertirlo, porque los sucesos de Venezuela van en un camino tan violento que va a alterar al conjunto de América Latina. Es impresionante que no haya habido ninguna manifestación popular a Plaza de Mayo para repudiar el pedido de Macri de que Trump bloquee las exportaciones de petróleo de Venezuela a Estados Unidos, es decir que le hagan a Venezuela lo que Kennedy le hizo a Cuba. Va a ser un estallido o esa variante hay que considerarla seriamente. Y el presidente de Argentina pide el bloqueo, que, por un lado, es económico, pero que puede derivar en militar y, al mismo tiempo, hay una polémica -que no sé si habrán observado en los diarios- entre el gobierno, que estuvo a punto de hacer en el Atlántico sur un período de maniobras con la flota norteamericana, pero que la está haciendo Brasil en el Amazonas, en nombre de la lucha contra el narcotráfico, que impulsa el gobierno de Macri; es decir, la militarización de América Latina, para que los demás países de América Latina, y ahora hablemos de Argentina, se transformen en México, donde las mujeres no son acosadas por piropos, aunque aquí tampoco sólo por piropos, pero allá se las mata en serie, en la frontera de México con Estados Unidos. Entonces, tiene una implicancia sobre América Latina y el imperialismo norteamericano nunca ha ido a ninguna guerra sin ver primero si controlaba su patio trasero, y el patio trasero se va a rebelar; es decir que no están las relaciones, estamos en un período de transición, con el desarrollo de este período de transición podremos evitar una guerra.

La pregunta es: ¿en estas condiciones, puede prosperar el electoralismo? ¿Un partido revolucionario puede trazarse como perspectiva de desarrollo histórico las elecciones? ¡No! La respuesta tiene que ser contundente. La perspectiva tiene que ser organizar a los trabajadores e inculcarles la necesidad de la acción directa, de la huelga, de la lucha, de las ocupaciones de fábrica, de la pelea a fondo por sus derechos. Y cuando vamos a elecciones, que no debemos dejar de ir, que nos sirvan como herramienta, y lo mismo en el Parlamento, para inculcar esas ideas a los trabajadores, porque cuando uno va al Parlamento tiene más obligación de inculcar esas ideas a los trabajadores que cuando uno no está en el Parlamento, para que no se interprete que uno va al Parlamento como parlamentarista y no como cuartainternacionalista. En cambio, ustedes ven en la izquierda argentina que hay una proyección de tipo electoralista. En la última campaña electoral, ustedes habrán visto que hubo grandes divergencias entre nosotros, por ejemplo, con el PTS y con otros, porque tienen un carácter electoralista abusivo los del PTS, y después hubo una denuncia de corte de boletas, etcétera. Eso es una perspectiva, y el FIT tiene que ser defendido como instrumento de la lucha de clases. Ellos dicen: “No, como instrumento de lucha de clases no, porque para eso están los sindicatos”. Entonces, el FIT es un florero en la lucha de clases y es la reina del bulín en las elecciones. No, hay que invertir los términos. Como ustedes ven, tiene proyecciones políticas porque tenemos que tener una fuerte izquierda, obrera y revolucionaria, frente a acontecimientos de esta envergadura, si no todo este seminario y todo lo que estamos hablando acá quedará en el archivo de la biblioteca del Congreso. (aplausos)

Con esto culmino: la bandera y el norte en un período de estas características más que nunca tiene que ser la IV Internacional. ¿Cómo se hace? De la misma manera que los muebles que se sacan y se ponen, como consecuencia de la lucha de clases. Tranquilos, si vamos para arriba y avanzamos, la idea de la IV Internacional va a progresar, pero yendo para arriba, para que la idea de la IV Internacional progrese tiene que estar antes de subir el primer escalón, uno sube con un equipaje y sube al primero, segundo, tercero, con ese equipaje, capaz que sube rápido, si se olvidó el equipaje cuando llega a su destino se pregunta a qué vine acá, porque me dejé todo el equipaje en la calle. La IV Internacional es el punto de partida y una manifestación de la desubicación en relación con la crisis es que la izquierda mundial ya no habla más de la IV Internacional, todos proponen alguna cosa internacional, pero no es la IV Internacional. La diferencia entre la IV Internacional y otras propuestas es que no se trata de la estrategia de la revolución mundial, sino se trata de coordinaciones o de distintos tipos de propuestas. Por ejemplo, hay una propuesta de impulsar un movimiento por una internacional socialista revolucionaria… cuatro palabras; la otra tiene dos (aplausos). Si alguien, en lugar de abreviar una categoría, la alarga… ¿Con qué programa?, ¿con el de los franceses del NPA? En cambio, la IV Internacional tiene un programa. Uno dirá que es viejo, pero quién, en algún día de frío, habiendo mandado toda la ropa a lavar, no se acuerda de que hay algo viejo que tiene, se lo pone y dejó de tener frío. ¡Pero hay algo concreto, lo demás es evanescente! Y cambia todos los días, cambian las consignas, se descubren nuevas cosas, que se abandonan poco tiempo después. Tiene que ser la IV Internacional; es decir, nosotros tenemos que fijar un objetivo. Naturalmente, para llegar a ese objetivo, como compañeros que somos los trabajadores, de lucha y de tantas cosas, discutimos los medios. Por ejemplo, los compañeros de los partidos Revolucionario de los Trabajadores de Turquía (DIP) y de Grecia (EEK) convocaron una Conferencia Euro-Mediterránea, que es una forma de luchar por esos objetivos, siempre que éstos estén presentes en los que convocan a esa conferencia, como efectivamente ocurre con estas dos organizaciones; entonces, se hacen conferencias, debates, frentes, unidad de acción.

Entonces, la IV Internacional, voy a resumir para que luego de estas explicaciones y para luego se hagan la elaboración se haga donde corresponde, con tiempo, con documentos y análisis, que nos planteemos cuatro consignas: “abajo las guerras imperialistas”, impulsando todas las acciones contra las guerras imperialistas, como fue la Conferencia Euro-Mediterránea, que precisamente en los textos que hemos escrito le hemos dado un gran valor por esa finalidad; “que la crisis la paguen los capitalistas”, entendiendo por pagar la crisis no sólo desocupación, desempleo, flexibilización, tercerización y salarios bajos, sino guerras, femicidios, eso también quiere decir que los trabajadores están pagando la crisis, no quiere decir que alguien odia a las mujeres, puede haber alguien, pero aquí tenemos un problema colectivo, social, en el marco del capitalismo; “por la formación de partidos obreros socialistas y revolucionarios”, “por la IV Internacional”. Es un planeo sencillo por la revolución mundial. ¿Qué quiere decir desarrollarlos? Cuando hice una caracterización para América Latina y esta cuestión tiene que estar presente aquí.

Y añado esto, con lo que tuve una confrontación en twitter: hace un par de horas, parece que tuvo lugar una manifestación tremenda en Barcelona; entonces, los compañeros de allá, que mandaron las fotos, impresionantes, yo por twitter saludé esta acción y recibí “Jorgito, te transformaste en nacionalista”. ¿Qué es lo que me gusta de esta manifestación?, sobre la cual mucho no sé, nadie sabe nada, lo que pasa es que cuando yo veo mucha gente peleando contra una monarquía me seduce con velocidad. Lo interesante ahora es que a lo mejor tenemos en Barcelona centenares de miles de personas en la calle con un nacionalismo que se viene abajo, porque Puigdemont se fue a Bélgica, los nacionalistas se rompieron y van cada uno separado; es decir, ya no tenemos un movimiento nacionalista encabezado por adorados nacionalistas. Suponiendo que fuera un movimiento nacionalista, ahora tenemos un movimiento nacionalista cuyos dirigentes son execrados y repudiados. ¡Es una transición política fantástica! Un trosko ahí se tiene que hacer un picnic (aplausos), porque le va a insuflar al movimiento, a partir de los límites que tenían Kerensky, que tenían los gobiernos de coalición, que hicieron que los obreros se fueran al bolchevismo, a partir de los límites, de la experiencia con esos límites, plantear por la unidad socialista y republicana de las naciones y de los pueblos de toda Iberia, porque ahora van a pensar más lejos y, a su vez, en otras partes de España van a sentir el impacto de esta movilización, vamos a salir de los marcos nacionalistas y vamos a entrar en los marcos estatales españoles y, por lo tanto, vamos a entrar en los marcos socialistas.

Quiero ofrecer esto como una conclusión porque he escuchado debates y aportes y, de ese enjambre total, especialmente de muchos compañeros que intervinieron pero que pertenecen al Partido Obrero, decidí hacer esta contribución final corriendo un poquito el calendario, porque, en realidad, los que se levantaron en el ’68 eran los que todavía reivindicaban la Revolución de Octubre, y los que la enfrentaron eran los que habían dicho que el ciclo de la Revolución de Octubre había terminado. Entonces, el año que viene, a lo mejor, hacemos un seminario por el ’68.

Buenas noches. ¡Adelante!

 

Tags: jorge-altamira, revolucion-rusa, centenario-revolucion-rusa

Sobre el Autor

Jorge Altamira

Compartir

Comentarios

@2018 - Partido Obrero