21 de diciembre de 2017 | #1487 | Por Roberto Gramar

El nuevo gobierno soviético

La constitución del nuevo gobierno soviético el 25 de octubre dio curso al primer episodio de la guerra civil y a un fuerte debate en las organizaciones del movimiento obrero.

El gobierno era, en ese momento, exclusivamente bolchevique. Apenas formado, cumplió sus compromisos: aprobó un programa de paz, abolió la pena de muerte, decretó la nacionalización de los bancos, instauró el control obrero y la jornada de 8 horas, declaró la igualdad de todos los pueblos de Rusia y el derecho a la autodeterminación, dispuso la separación de la Iglesia del Estado, convocó a elecciones de Asamblea Constituyente. El decreto sobre la tierra entregó a los comités campesinos y a los soviets locales la tarea de repartir las tierras expropiadas.

El enfrentamiento militar

La derecha intentó oponerse al gobierno con los métodos de la guerra civil, que duraría hasta 1922. Se reagrupó alrededor del Comité Panruso por la salud de la patria y de la revolución; llamó a los funcionarios y ciudadanos a desconocer al nuevo gobierno y organizó un levantamiento militar en San Petersburgo, con el anuncio de la llegada inminente de los cosacos contrarrevolucionarios del general Krasnov. El 29 de octubre, los cadetes de las escuelas militares ocuparon varios edificios públicos sin esperar a los cosacos. El Comité Militar Revolucionario liquidó esta aventura sin dificultades. El 30, los cosacos fueron derrotados en las alturas de Pulkovo, en la batalla llamada “el Valmy de la Revolución Rusa”.

El primer enfrentamiento terminó en un verdadero fiasco. Lejos todavía del salvajismo de la guerra civil, la revuelta estaba sostenida por una coalición que incluía desde los cosacos reaccionarios hasta los mencheviques y los socialistas revolucionarios de derecha, pasando por los supuestos “demócratas” de la Duma Municipal, con la neutralidad benevolente de los mencheviques internacionalistas y los socialistas revolucionarios de izquierda. La “inteligentzia” de San Petersburgo observó también con benevolencia a la contrarrevolución en nombre de una “restauración democrática”. Se constituyó así un frente muy amplio de las fuerzas opuestas al poder obrero.

El debate en el movimiento obrero

El gobierno fue recibido con entusiasmo por el movimiento obrero de San Petersburgo, de los metalúrgicos de Vyborg a los textiles de Nevski. Centenares de asambleas obreras discutieron las conclusiones del Congreso de los Soviets. La resolución de la asamblea de la metalúrgica Rosenkrantz es paradigmática: “Saludamos al Congreso de los Soviets, que ha tomado el camino de la lucha y no de la conciliación con la burguesía”.(1) Puede decirse que la población de la ciudad, a través de sus estructuras de clase, apoyó al gobierno a través de una deliberación política masiva.

En el resto del país, la popularidad del gobierno se ganó gracias a los comités agrarios y los soviets campesinos, en apoyo al decreto sobre la tierra. El Congreso extraordinario de diputados campesinos, del 10 al 25 de noviembre, sancionó este apoyo y confirmó un gobierno de mayoría bolchevique, con ministros socialistas revolucionarios de izquierda.

Una parte de los funcionarios y de los sindicatos de obreros calificados rechazaban al gobierno soviético, con las posiciones mencheviques. No obstante, el ataque más peligroso provino de un ala conservadora de las direcciones sindicales. El Comité Ejecutivo  (CE) del sindicato ferroviario (Vijkel) tomó la iniciativa de un gobierno socialista amplio. Convocó una conferencia para el 29 de octubre y amenazó con una huelga ferroviaria si el gobierno no cedía.

El Vijkel jugaba con un elemento de confusión política, tratando de capitalizar la aspiración unitaria de las masas. El apoyo al gobierno soviético era aplastante pero, al mismo tiempo, desde distintos sectores y organismos obreros se planteaba la necesidad de un gobierno que incluya a los mencheviques internacionalistas y a los socialistas revolucionarios de izquierda, con la inteligentzia democrática, la pequeño burguesía urbana y rural. A la postre, un gobierno de conciliación con la burguesía, con una minoría bolchevique y sin Lenin y Trotsky. Lo fundamental era romper la cadena que unía al gobierno y los soviets. El gobierno socialista no tenía que ser responsable ante el congreso de los soviets y su CE, sino ante una entidad fantasmal “democrática” a constituir por todos los socialistas, con las organizaciones obreras, las cooperativas, las Dumas; un cuadro parlamentario para dar curso a un gobierno de sometimiento a la burguesía.

Para los bolcheviques, la responsabilidad del gobierno ante los soviets era una cuestión política y programática de primer orden porque los soviets eran la representación del impulso revolucionario de la clase obrera y la configuración de los organismos del nuevo poder. Los esfuerzos de Trotsky para que la insurrección fuera organizada por el Comité Militar Revolucionario y sancionada por el Congreso de los Soviets confirman toda su validez en estas semanas de debate sobre el nuevo gobierno.

El debate en el partido bolchevique

El Comité Central (CC) bolchevique aceptó la participación en la conferencia del Vijkel. Estaban en juego las dificultades de la insurrección en Moscú y la suerte incierta del levantamiento de Krasnov, pero es ante todo el ala conciliadora de la dirección la que levantó cabeza. Aprovechando que Lenin y Trotsky no participaban en las reuniones, ocupados por sus tareas, la dirección se orientó a un entendimiento con la propuesta de gobierno socialista y Kamenev lo anunció en la sesión del CC del 1° de noviembre.

Los organismos de base del partido y los agitadores bolcheviques en las asambleas siguieron proclamando el apoyo al gobierno de los soviets. Lenin y Trotsky retomaron sus puestos en la dirección. El debate fue furioso. El triunfo de la insurrección en Moscú y la derrota aplastante de Krasnov ayudaron a invertir la tendencia. El 2 de noviembre, el CC adoptó una resolución histórica, redactada por Lenin, que en sus puntos fundamentales dice: “El CC reconoce que la oposición que se formó en el seno del CC se aparta completamente de todas las posiciones fundamentales del bolchevismo...”.

El CC confirmó que no es posible, sin traicionar la consigna del poder a los soviets, repudiar un gobierno puramente bolchevique, cuando la mayoría del II Congreso confió el poder a ese gobierno sin excluir a nadie del Congreso.

El CC expresó su voluntad de completar los soviets haciendo entrar en los mismos a los soldados de las trincheras y los campesinos de los pueblos y aldeas; en consecuencia las afirmaciones según las cuales el gobierno bolchevique sería hostil a una coalición con los campesinos, son completamente falsas(2).

Kamenev y Zinoviev agudizaron la polémica y expresaron su oposición fuera del partido, al punto de lograr que el CE de los soviets adoptara una resolución favorable a un gobierno socialista amplio. Lenin renovó entonces una resolución de exclusión, que ya había presentado durante la insurrección. Fue aprobada pero no implementada porque los dirigentes conciliadores terminaron adaptándose a la política del Partido(3).

Según las orientaciones decididas por el Partido e indicadas por Lenin en su discurso a los soviets del 4 de noviembre (en el que planteó estar abierto a los socialistas revolucionarios de izquierda; en tanto los internacionalistas y los socialistas revolucionarios de derecha se habían autoexcluido de los soviets), el gobierno se amplió con la entrada de ministros socialistas revolucionarios de izquierda. Era un gobierno de carácter bolchevique, formado y responsable ante los soviets, con un programa sancionado por éstos. La dictadura del proletariado tomó forma en Rusia en noviembre de 1917, con el poder de los soviets y el gobierno obrero y de los campesinos pobres.

 

Bibliografía

1. David Mandel: Les Soviets de Petrogrado. Paris-Lausanne, 2017.
2. V. I. Lenin: Oeuvres, Tomo 26. Resolución del CC sobre la cuestión de la oposición al interior del CC. Publicada parcialmente en 1917 y en su totalidad en 1932.
3. Jean-Jacques Marie: Lénine. La révolution permanente. Paris, 2011.

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