22 de noviembre de 2017 | #1483 | Por Roberto Gramar

La toma del poder

El II Congreso de los Soviets inició sus sesiones el 25 de octubre (7 de noviembre) y sancionó la toma del poder. Pocas horas después, la Guardia Roja tomó el Palacio de Invierno y detuvo a los miembros del Gobierno Provisorio. La insurrección había culminado: el gobierno de los Soviets y del partido bolchevique eran un hecho.
 
La conjunción entre las operaciones militares y la proclamación soviética constituyó el nudo de la estrategia que siguió el partido bolchevique en estos días decisivos. Las operaciones militares se desarrollaron a partir del lunes 23, a cargo del Comité Militar Revolucionario del Soviet de Petrogrado (CMR).
 
Tuvieron un protagonista predeterminado: la fuerza política de la insurrección era el proletariado, en primer lugar, el proletariado de San Petersburgo y su vanguardia, el barrio de Viborg. Fue el punto de partida de la ofensiva.
 
Esta ofensiva se organizó a partir de tres puntos de apoyo: una influencia y un control creciente de los soldados de la guarnición; la Guardia roja y los marinos del Báltico. A partir del Soviet, los bolcheviques lograron quebrar la antigua estructura militar de comando y ganaron la adhesión de la mayoría de la tropa, con una red de comisarios políticos. La Guardia Roja se extendió a partir de Viborg a todos los barrios. El día 22, una conferencia centralizó 20.000 miembros armados; otros estimaron el número en 40.000. Los marinos del Báltico contaban con su propio poder de fuego.
 
El día 24, el gobierno lanzó una ofensiva represiva y clausuró los diarios bolcheviques. El CMR respondió de inmediato: reabrió los diarios, ocupó los puentes, las estaciones, las centrales eléctricas y de comunicaciones y dispersó el Preparlamento.
 
El cerebro político de este desenvolvimiento fue León Trotsky, con la autoridad del Soviet de San Petersburgo y la adhesión de la población trabajadora y la guarnición. A las 14:35 del 25 de octubre, Trotsky abrió la sesión del Soviet y anunció desde la tribuna: “En nombre del CMR, declaro que el gobierno provisorio no existe más!”. En medio de su discurso, Lenin hizo su aparición; la sala se levantó y lo aplaudió estruendosamente. Los dos líderes bolcheviques estaban en la tribuna y Trotsky le cedió la palabra a Lenin, quien afirmó: “El Gobierno Provisional ha sido depuesto. El poder del Estado ha pasado a manos del Comité Militar Revolucionario, que es un órgano del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado y se encuentra al frente del proletariado y de la guarnición de la capital. Los objetivos por los que ha luchado el pueblo -la propuesta inmediata de una paz democrática, la supresión de la propiedad agraria de los terratenientes, el control obrero de la producción y la constitución de un Gobierno Soviético- están asegurados.
 
¡Viva la revolución de los obreros, soldados y campesinos!”. 
 
El II Congreso de los Soviets
 
En el II Congreso de los Soviets, de acuerdo a la Comisión de Control, se acreditaron 670 delegados, de ellos 300 bolcheviques, 193 socialistas revolucionarios (más de la mitad eran de su ala izquierda), 68 mencheviques, 14 mencheviques internacionalistas y otros agrupamientos menores. Los bolcheviques requirieron de los socialistas revolucionarios de izquierda para constituir una mayoría.
 
Las deliberaciones del congreso duraron hasta el día 27. Fueron 30 horas de un congreso llamado a alumbrar un nuevo poder. ¿Qué poder y qué programa? La alternativa era: gobierno “socialista” del conjunto de las organizaciones soviéticas para ejecutar un programa democrático o gobierno revolucionario de los bolcheviques y sus aliados para un programa de paz, pan y tierra.
 
Martov, en nombre de los mencheviques internacionalistas, hizo moción por un gobierno democrático unificado. Fue bien recibida y aprobada por unanimidad. La derecha menchevique lanzó una ofensiva, atacó a los bolcheviques y pidió la negociación con el gobierno. La izquierda reaccionó vigorosamente y la unanimidad se esfumó. Los mencheviques y los socialistas revolucionarios de derecha decidieron retirarse del congreso. Martov insistió. Trotsky defendió la insurrección. El debate se polarizó entre estas posiciones y la sesión se suspendió a la madrugada.
 
Poco después cayó el Palacio de Invierno. El congreso se reanudó con un Gobierno Provisorio que había dejado de existir. Nadie defendió a Kerensky. Los mencheviques internacionalistas, a su vez, abandonaron la sala. Lounatcharsky subió a la tribuna y leyó el manifiesto de Lenin “A los obreros, a los soldados, a los campesinos”, que fue finalmente aprobado por una mayoría abrumadora, con 2 votos en contra y 12 abstenciones. Era el programa del nuevo poder soviético.
 
El congreso aprobó luego los decretos de Lenin sobre la paz y la tierra, abolió la pena de muerte, constituyó un gobierno exclusivamente bolchevique, nominado como Consejo de Comisarios del Pueblo: Lenin era su presidente; Trotsky quedó a cargo de las Relaciones Exteriores; Lounatcharsky, de Educación. Convocó a elecciones de Asamblea Constituyente para el 12 de noviembre.
 
El nuevo gobierno fue luego objeto de negociaciones con los conciliadores y los sindicatos ferroviarios y de correos, además de un fiero debate interno en el partido. Con extrema dureza se replanteó el enfrentamiento con Kamenev y Zinoviev, a los que Lenin amenazó con la exclusión. Una fórmula final fue alcanzada en las primeras semanas de noviembre, con un gobierno que contó con la participación de ministros socialistas revolucionarios.
 
 
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