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Un análisis materialista de la esclavitud y la aparcería en el Sur de Estados Unidos

Daniel Gaido (*)

La naturaleza histórica de la esclavitud sureña y de las relaciones sociales establecidas después de su abolición han sido, durante mucho tiempo, fuente de acalorados debates entre los historiadores norteamericanos. Durante las últimas décadas, los historiadores han tendido a dividirse en dos campos: historiadores económicos neoclásicos, que identifican la esclavitud y la aparcería con el capitalismo, e historiadores sociales, más o menos influenciados por el marxismo, que los definen correctamente como relaciones sociales pre-capitalistas. Sin embargo las contribuciones de los historiadores sociales han sido debilitadas por su enfoque empirista y por su rechazo a valerse de las herramientas teóricas provistas por la economía política clásica y marxista. Este trabajo examina la esclavitud sureña y la aparcería a la luz de los estudios de los marxistas europeos sobre la esclavitud antigua y los trabajos de los economistas políticos clásicos y Marx sobre el métayage [1] francés. Esta comparación revela el carácter pre-capitalista aunque combinado de la plantación esclavista, y al mismo tiempo muestra que las relaciones sociales establecidas en el Sur después de la abolición de la esclavitud fueron, como consecuencia de la derrota de los planes de reforma agraria de los republicanos radicales, semejantes a las relaciones sociales establecidas en Europa durante la época de transición del feudalismo al capitalismo. El resultado de estas atrasadas relaciones de producción fue demorar por un largo período el desarrollo económico del Sur, donde la transición al capitalismo tuvo lugar ‘desde arriba’ (es decir, mediante un compromiso entre la burguesía y una clase pre-capitalista de terratenientes) en la forma más dolorosa para las masas trabajadoras, y al mismo tiempo sostener un sistema de opresión y discriminación contra la población negra que reforzó los prejuicios racistas nacidos de la esclavitud entre los blancos -por lo tanto, debilitando todavía más a la clase obrera ya dividida entre inmigrantes y nativos norteamericanos blancos, y fortaleciendo el conservatismo de la vida política norteamericana.

 

La esclavitud sureña y sus muchos legados envenenados en forma de relaciones de producción pre-capitalistas, racismo, división de los oprimidos según líneas étnicas, etc., ha sido uno de los temas centrales de la historia de los Estados Unidos. El debate sobre estas cuestiones ofrece una visión poco común en la historia intelectual norteamericana: un sector tiene una teoría que, como consecuencia de sus orígenes apológéticos, lo lleva a extraviar el camino de sus investigaciones; mientras que el otro, sintiendo instintivamente que algo está errado en la teoría, la critica sobre una base empírica, y es por lo tanto incapaz de ofrecer una explicación alternativa de los fenómenos en consideración. Más específicamente, uno de los más importantes ‘desarrollos’ en este campo durante las últimas décadas ha sido la identificación de la plantación esclavista y la aparcería con el capitalismo por parte de los ‘nuevos’ historiadores económicos neoclásicos (llamados ‘cliometristas’), que dicen haber alcanzado esta indiscutible conclusión, no mediante la recolección empírica de trozos y piezas de información como los historiadores tradicionales, sino a través de la aplicación de los últimos modelos de la ciencia económica. Los historiadores sociales, en el otro bando, rechazan este punto de vista, argumentando correctamente el carácter pre-capitalista de estas formas de organización del trabajo, pero sus esfuerzos han permanecido en un nivel empírico porque no se han guiado por una filosofía monista de la historia ni por un cuerpo articulado de teoría económica. Este artículo examinará cómo las herramientas provistas por el materialismo histórico y la teoría del valor-trabajo pueden ser aplicados al estudio de la historia del Sur.

Algunas premisas teóricas

Uno de los muchos fetiches adorados por los miembros de esta civilización de empresarios es la creencia en una evolución gradual universal. Del hecho de que la tecnología y las ciencias naturales están avanzando obviamente de una manera rápida, mentes acríticas llegan rápidamente a la conclusión de que lo mismo debe ocurrir en filosofía, ciencias sociales, arte, música e incluso en política. Desafortunadamente, la historia del pensamiento económico, no menos que la historia de la presidencia de Estados Unidos, fracasa en respaldar los reclamos de los creyentes de esta particular fe. Aunque la mayoría de los historiadores económicos neoclásicos que en estos días dominan la historia económica norteamericana, casi hasta la exclusión de cualquier otra escuela, quizás no son conscientes de ello, las teorías y modelos que intentan aplicar al estudio de la historia de los Estados Unidos tienen su origen en el rechazo por la ciencia oficial de la teoría del valor-trabajo (que formó la base de la economía política neoclásica) a causa de las conclusiones anticapitalistas que los tempranos socialistas británicos y Marx alcanzaron valiéndose de ella.

La economía política clásica, cuyos primeros representantes fueron Adam Smith y David Ricardo, estaba basada en la idea de que el valor de las mercancías es, en última instancia, determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario empleado en su producción, y que por lo tanto todo el proceso económico de la sociedad burguesa debe ser explicado con referencia a esta ley del valor -una teoría usualmente conocida como teoría del valor-trabajo. Dado que la ganancia es una deducción del valor producido por el trabajo de los trabajadores, y la renta es una deducción de la ganancia, se concluyó de la elaboración de Ricardo de la teoría del valor-trabajo que hay un inevitable antagonismo entre las tres clases básicas de la sociedad -de aquí las deducciones socialistas extraídas del análisis de Ricardo por una serie completa de pensadores, de los cuales Marx es sólo el más prominente. [2] Sin embargo, una vez que los antagonismos de clase cuyas bases describió la economía política clásica con un candor que desarma se volvieron agudos, una vez que aparace una amplia clase de asalariados y comienzan a presionar por sus reivindicaciones en la arena política e intelectual, la economía política fue sometida a una revisión radical. La teoría del valor-trabajo fue reemplazada por la teoría subjetiva o utilitaria del valor, en la cual se apoyan los modernos marginalistas (o neoclásicos, como son conocidos en Estados Unidos) -una teoría basada en la confusión entre valor de uso y valor de cambio.

Un famoso historiador neoclásico del pensamiento económico ha descripto de manera suscinta el trasfondo histórico contra el cual surgieron estas doctrinas con las siguientes palabras: “Fue el ascenso del marxismo y del fabianismo en las décadas de 1880 y 1890 lo que finalmente volvió social y políticamente relevante a la teoría subjetiva del valor”. [3] Otro estudioso de la historia de la economía política describió este proceso con más detalle de la siguiente manera:

“No es difícil ver en este cambio un reflejo de la posición modificada del capitalismo industrial. El principal factor era ahora, no la hostilidad de los terratenientes, aunque ella no había desaparecido; sino el desafío de la clase obrera. La necesidad teórica era remover la antítesis entre las dos clases de ingreso, ganancia y salario; es decir, remover la teoría del valor-trabajo. El capital debía ser presentado como una fuente de ingreso tan legítima como el trabajo.” [4]

Para que nuestros lectores no piensen que estos puntos de vista son propiedad exclusiva de los estudiantes europeos de la historia de la economía política, también citaremos el testimonio de uno de quienes contribuyeron a la bien conocida Enciclopedia norteamericana de ciencias sociales:

“Las teorías marginales de la distribución fueron desarrolladas después de Marx; su relación con las doctrinas del socialismo marxista es tan notable como para sugerir que el desafío del marxismo actuó como un estímulo para la búsqueda de explicaciones más satisfactorias (¿para quiénes?). Ellas socavan la base de la doctrina de la plusvalía de Marx al basar el valor en la utilidad en lugar del costo de trabajo y provee un sustituto para todas las formas de la doctrina de la explotación, marxista u otras, en la teoría de que todos los factores de la producción no sólo son productivos sino que además reciben una recompensa basada en sus contribuciones asignables al producto conjunto.” [5]

En otras palabras, el capital fue presentado como una fuente legítima de ingreso mediante el desarrollo de teorías del valor destinadas a mostrar que la ganancia no era una deducción de la plusvalía del trabajo de los obreros, no el producto de la explotación, sino que tenía su origen en el propio capital.

Este no es el lugar para ofrecer una crítica detallada de los ‘economistas’ contemporáneos desde el punto de vista de la teoría del valor-trabajo -especialmente dado que otros autores ya lo han hecho de manera competente. [6] El común denominador de todas las diferentes escuelas de ‘ciencia’ económica oficial es que rechazan la teoría del valor-trabajo en la cual se basaban la economía política clásica y la marxista. La advertencia de Marx sobre los intentos de construir una ciencia económica sin una base materialista son, por lo tanto, relevantes para todos ellas:

“Cada niño sabe que una nación que deja de trabajar, no diré por un año sino incluso por unas pocas semanas, perecería. Cada niño sabe, también, que la cantidad de productos correspondientes a las diferentes necesidades requiere masas diferentes y cuantitativamente determinadas del trabajo total de la sociedad. Un hecho evidente es que no puede eliminarse esta necesidad de distribuir el trabajo social en proporciones definidas mediante una forma particular de producción social, sólo puede cambiar la forma que toma. No se puede eliminar ninguna ley natural. Lo que puede variar con el cambio de las circunstancias históricas, es la forma en que operan esas leyes. Y la forma en que opera esa división proporcional del trabajo en un estado de la sociedad en que la interconexión del trabajo social se manifiesta en el intercambio privado de cada uno de los productos del trabajo, es precisamente el valor de cambio de esos productos. La ciencia (es decir, la ciencia de la economía política) consiste precisamente en demostrar cómo opera la ley del valor.” [7]

El hecho de que la sociedad humana es, primero y principal, una forma de organización del trabajo, y que por lo tanto la ciencia que trate con la dinámica de la sociedad capitalista, la economía política, no pueda sino basarse en una teoría del valor-trabajo es tan obvio que parece increíble que la vasta mayoría de los economistas pueda rechazarlo. Sin embargo, en la medida en que hay clases sociales interesadas en detener el proceso del desarrollo histórico, el pensamiento teórico será condenado a retornar a sus formas más primitivas y aberrantes. Parafraseando a Balzac, la teoría del valor-trabajo puede ser correcta desde el punto de vista de la crítica de la razón pura, pero desde el punto de vista de la crítica de la razón impura…

La interpretación materialista de la plantación esclavista

Los historiadores economistas neoclásicos enfocan el estudio de la esclavitud sureña desde un punto de vista metafísico. No analizan la cuestión de la relación entre la esclavitud y el capitalismo en su desarrollo histórico, ligándolo, por ejemplo, con el grado de evolución tecnológica y demográfica, sino considerándolos como fijos e invariables. Ya el Premio Nobel Douglas North, en su libro El crecimiento económico de los Estados Unidos, escrito en 1961, sostiene que la Guerra Civil fue “una costosa y amarga interrupción” del crecimiento económico norteamericano porque la esclavitud no era un obstáculo para el desarrollo del capitalismo industrial. [8] Los ‘cliometristas’ modernos van más lejos, identificando totalmente la plantación esclavista con el capitalismo. La segunda sección del tercer capítulo de la última obra maestra ‘cliométrica’sobre la esclavitud sureña, Sin consentimiento ni contrato, de Robert Fogel, por ejemplo, está titulada “Una forma de capitalismo flexible y altamente desarrollada”. Según Fogel, “la evidencia de la sensibilidad de los propietarios de esclavos a los precios y otras señales económicas es muy evidente a lo largo del período de la Revolución a la Guerra Civil. La producción en todos los grandes renglones comerciales del sur aumentó y disminuyó en respuesta a los precios.”No sorprendentemente, “la evidencia más dramática de la sensibilidad de los propietarios de esclavos a las señales del mercado fue la manera en que se ajustaron a la creciente demanda de algodón” [9] Su línea de razonamiento es más o menos la siguiente: dado que la plantación esclavista está orientada a la producción de mercancías, y dado que los propietarios de esclavos estaban obsesionados por hacer dinero (esto es, por extraer plusvalor de sus propiedades humanas) como cualquier buen burgués, la esclavitud no debe haber sido menos avanzada que las formaciones sociales que predominaban fuera del Sur: capitalismo y producción simple de mercancías. Aunque es cierto que la producción de mercancías, que fue el rasgo común tanto de la plantación esclavista como del capitalismo, incrementa poderosamente las posibilidades de extracción de plusvalía y por lo tanto la voracidad de las clases poseedoras, esto no es razón suficiente para identificar ambos modos de producción.

“Es un cuento familiar que la humanidad, cuando se enfrentó en América con praderas vastas y sin caminos a la espera de ser explotadas, renunció a sus antiguas sujecciones de casta y privilegio y avanzó hacia el camino de la libertad”, enfatizó Abbot Emerson Smith: “Entre las instituciones sociales más útiles en el curso de esta marcha estuvieron las de la esclavitud de los africanos y la servidumbre de los blancos.” [10] El trabajo forzado fue establecido en las colonias como la única manera de extraer plusvalía del trabajo en las condiciones de “escasez de mano de obra” (a diferencia de hoy, cuando, gracias a Dios, tenemos tasas de desempleo decentes), y cristalizó como esclavitud de los negros en las colonias tropicales y semitropicales porque tenían las condiciones físicas y climáticas necesarias para establecer una división del trabajo extensiva con la Europa templada. [11] Pero cuando, como un resultado del crecimiento demográfico hecho posible por el desarrollo tecnológico, un conjunto de asalariados desposeídos apareció en el Este, lo suficientemente grande como para impulsar la ‘revolución industrial’ y para forjar sólidos lazos económicos con los granjeros del Noroeste, la esclavitud fue sentenciada a muerte: en los Estados Unidos como en el resto del continente americano, el desarrollo industrial capitalista da lugar a la abolición de la esclavitud durante el siglo XIX. El ascenso y la caída de la esclavitud norteamericana fue, por lo tanto, un proceso dialéctico, por el cual el trabajo forzado, originalmente un estímulo para el desarrollo de la producción de mercancías y, por lo tanto, del capitalismo en el Norte de Estados Unidos y en Europa, se volvió su opuesto y tuvo que ser removido para permitir el más amplio desarrollo de las relaciones sociales capitalistas.

La tarea de los ‘cliometristas’ ha resultado más fácil por la inadecuada visión de la esclavitud de la escuela opuesta de estudiosos de la esclavitud sureña, encabezada por Eugene Genovese. Estos historiadores, influenciados por el marxismo, correctamente sostuvieron que la esclavitud era una sociedad pre-burguesa que tenía que dar paso a nuevas relaciones sociales en un cierto punto del desarrollo de las fuerzas productivas, pero se desviaron del materialismo histórico al sostener que las motivaciones de los propietarios de esclavos eran diferentes de las de la burguesía dado que no eran capitalistas sino aristócratas “paternalistas”. Estos historiadores tienen todavía que demostrar que este extraño pater familias, que vendía a sus ‘hijos’ (frecuentemente en forma literal) sin remordimiento, estaba menos interesado en su tasa de ganancia que sus colegas del Norte. Marx, por el contrario, creía que “en las plantaciones norteamericanas, prevalecía la concepción capitalista (del beneficio). [12] Describió el carácter de la esclavitud del Sur, su metamorfósis del período colonial al régimen de la plantación de algodón, y las razones para ello, con las siguientes palabras:

“En cualquier formación económica de la sociedad, en la que predomina no el valor de cambio sino el valor de uso, el plusvalor del trabajo estaría limitado por un conjunto de necesidades que puede ser mayor o menor; aquí no surge un ansia sin límites por la plusvalía de la propia naturaleza de la producción. De aquí que en la antigüedad, el sobretrabajo se vuelve horrible sólo cuando el objetivo es obtener valor de cambio en su forma independiente específica de moneda, en la producción de oro y plata. El trabajo obligatorio hasta la muerte es aquí la forma reconocida del sobretrabajo. (Ver Diodorus Siculus, Bibl. Hist., Lib. 3, c. 12). Estas eran todavía excepciones en la antigüedad. Pero tan pronto como los pueblos, cuya producción todavía se encuentra dentro de las formas más bajas del trabajo esclavo, de trabajo corvée, etc., son arrastradosal torbellino de un mercado internacional dominado por el modo capitalista de producción, la venta de sus productos al exterior se convierte en su principal interés, los horrores civilizados del sobretrabajo son injertados en los bárbaros horrores de la esclavitud, de la servidumbre, etc. De aquí que el trabajo de los negros en los Estados del Sur de los Estados Unidos preservaba algo del carácter patriarcal, en la medida en que la producción estaba dirigida de manera principal al consumo local inmediato. Pero en proporción, en la medida en que la exportación de algodón se convirtió en vital interés de esos Estados, el sobretrabajo de los negros y algunas veces el sobre-uso de su vida en siete años de trabajo se volvió un factor en un sistema calculado y calculador. Ya no se trataba de obtener de él una cierta cantidad de productos útiles. Ahora era cuestión de la producción del propio plusvalor del trabajo.” [13]

Vimos que Marx (que fue, entre muchas otras cosas, un erudito clásico) distinguía entre la esclavitud de la antigüedad, que surge del comunismo primitivo de las gens griegas y romanas, y la esclavitud moderna basada en el trabajo de los negros como se desarrolló en Estados Unidos, especialmente después que la revolución industrial en Inglaterra dio lugar a una creciente demanda de algodón. En el caso de las plantaciones norteamericanas, sostuvo que “donde las especulaciones comerciales figuran desde el comienzo y la producción está dirigida al mercado mundial, el modo capitalista de producción existe, aunque sólo en un sentido formal, dado que la esclavitud de los negros impide el trabajo asalariado libre, que es la base de la producción capitalista. Pero el negocio en el que los negros son empleados es dirigido porcapitalistas. El método de producción que ellos introducen no ha surgido de la esclavitud sino que es injertado en ella. En este caso, la misma persona es capitalista y terrateniente.” [14]

Y en los Grundrisse enfatizó:

“La esclavitud de los negros, una esclavitud puramente industrial (que es, además, incompatible con el desarrollo de la sociedad burguesa y desaparece con ella), presupone trabajo asalariado, y si otros estados libres con trabajo asalariado no existiesen junto a él, si en cambio, los estados negros estuviesen aislados, entonces todas las condiciones sociales volverían inmediatamente a formas pre-civilizadas.” [15]

La plantación esclavista tiene, por lo tanto, un doble carácter. Dado que la esclavitud moderna surgió en las primeras etapas del desarrollo capitalista, las motivaciones de los propietarios de esclavos coloniales para poner en pie sus plantaciones eran las mismas que las de las burguesías de las metrópolis: obtener al menos la tasa media de ganancia, y si era posible más (en la medida en que una tasa media de ganancia existía en esas condiciones primitivas). Dada la “escasez de mano de obra” que sufrían los empresarios en esos negros días de las colonias, los plantadores no encontraban voluntarios para trabajar en sus propiedades, entonces esos plantadores tuvieron que recurrir al trabajo forzado, primero blanco y temporario, luego negro y permanente -ambos se acomodaron a las nociones racistas de los portadores de la‘civilización’ europea al ‘desierto’ norteamericano y las reforzaron. Sin embargo, precisamente como consecuencia de que empleaban trabajo forzado, el modo de producción que implantaron en el Sur no era capitalista, aunque compartía algunos rasgos comunes con él, ni tampoco la transición a un auténtico sistema capitalista sería tan suave como la transición de la producción mercantil simple a la producción capitalista de mercancías en el Norte (en términos relativos, es decir, comparando la Granja [16], el populismo y el progresivismo con la Guerra Civil).

La identificación de los ‘cliometristas’ entre el capitalismo y la esclavitud tiene su fuente en el pecado original de los economistas marginalistas, que intentan analizar el proceso de la producción capitalista por medio de categorías derivadas del punto de vista individualista ahistórico de la esfera de la circulación de mercancías. Esto, como Marx enfatizó hace mucho, es el terreno preferido de la economía política burguesa, porque en el intercambio las dramatis personae de la tragedia capitalista aparecen como compradores y vendedores de mercancías en posesión de iguales derechos y constreñidos sólo por su propia voluntad libre, mientras que en la esfera de la producción, ellos están claramente divididos en trabajadores asalariados y propietarios de los medios de producción, en clases explotadas y explotadoras. [17] Estos puntos de vistas proveyeron la base teórica de las contribuciones de los marxistas europeos (Ciccotti, Salvioli, Bloch, etc.) al estudio de la esclavitud clásica y su relación con el modo de producción capitalista, que extrañamente no ha sido mencionada en el debate sobre la naturaleza de la esclavitud en Estados Unidos. En el prefacio a la versión alemana de El capitalismo en el mundo antiguo, de Giuseppe Salvioli, Kautsky criticó la periodización de la historia económica de Karl Bucher (que la dividió en tres períodos, caracterizados por la producción de valores de uso, producción para el cambio y producción general de mercancías), sosteniendo que la producción de mercancías no es el rasgo que define al capitalismo, porque las mercancías pueden ser producidas también por medio del trabajo forzado, como el de los esclavos. [18] No es admisible enfatizar uno de los aspectos de la producción capitalista (producción general de mercancías), sostenía Kautsky, haciendo abstracción de su carácter distintivo: el hecho de que los trabajadores asalariados empleados por capitalistas propietarios de los medios de producción, producen esas mercancías. “Es característico, concluye, que la teoría burguesa contemporánea del desarrollo económico, como la teoría del valor, la teoría de la utilidad marginal, eviten tratar con el proceso de producción y entiendan por “economía” sólo la circulación de bienes terminados.” [19] Atribuye esta omisión de las relaciones productivas fundamentales al carácter inofensivo del proceso de circulación comparado con el potencialmente explosivo hecho de la propiedad privada de los medios de producción en manos de una pequeña minoría de la población, y el carácter de asalariados no propietarios de la aplastante mayoría de la población.

Vemos que el énfasis de los ‘cliometristas’ en las relaciones de intercambio como el criterio taxonómico fundamental para el estudio de las formaciones sociales tiene una larga historia, enraizada en el origen social de las teorías que ellos intentan aplicar al análisis de la historia norteamericana. En el caso de la plantación esclavista norteamericana , las estadísticas del comercio exterior pueden dar una indicación sobre el nivel de producción mercantil en un país dado, pero por sí mismas no pueden mostrar el grado de desarrollo del capitalismo (de la producción capitalista de mercancías basada en el trabajo asalariado), como lo demuestra el hecho de que las Indias Occidentales durante el período colonial americano tuvieron niveles mucho más altos de exportaciones per cápita que las colonias continentales británicas, y que el algodón del sur representaba por sí mismo más del 57,5 de las exportaciones estadounidenses en el período anterior a la guerra. [20] El carácter históricamente progresivo o regresivo de un sistema social en un período histórico está determinado por las relaciones sociales establecidas en la esfera de la producción, no por las relaciones de intercambio. La experiencia histórica norteamericana demuestra ampliamente que la producción simple de mercancías es tanto la precondición lógica como histórica para el desarrollo de la producción capitalista de mercancías (El Capital de Marx empieza con el análisis de la producción mercantil simple y sólo entonces pasa al análisis de la producción basada en el trabajo asalariado), y que la transición al trabajo asalariado -la única manera de asegurar un rápido desarrollo de las fuerzas productivas en los Estados Unidos del siglo XIX- fue mucho más rápida y menos dolorosa en aquellas regiones donde dominaban las granjas pequeñoburguesas. [21]

La esclavitud norteamericana ha sido definida como “el hijo bastardo del capital mercantil.” [22] La definición es problemática porque la esclavitud norteamericana, que estaba en decadencia en la época de la revolución norteamericana, experimentó un renacimiento y asumió su forma más vil precisamente como resultado de la transformación del capitalismo mercantil británico en capitalismo industrial a fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX. Podemos decir, por lo tanto, que la esclavitud algodonera fue un muy legítimo hijo del temprano capitalismo industrial inglés; lo que sigue siendo cierto es que el desarrollo del capitalismo industrial en el siglo XIX, como ya se ha indicado, dio lugar a la abolición de la esclavitud en todo el mundo. Steven Hahn y Jonathan Prude describieron en forma sucinta el carácter dialéctico de este proceso, por el cual la causa principal del desarrollo de la esclavitud se convirtió en la causa principal de su abolición, con las siguientes palabras:

“El trabajo rural forzado se probó necesario para el temprano desarrollo del capitalismo pero en última instancia tenía que ser superado para permitir avances posteriores. Un número de historiadores económicos y econometristas han afirmado que la esclavitud no representaba un impedimento real para el crecimiento económico y la industrialización. Todavía tienen que dar un ejemplo de una sociedad esclavista que se haya movido por esta ruta.” [23]

A pesar de todos los reclamos de los ‘cliometristas’, los propios actores históricos comprendieron la causa esencial del conflicto que llevó a la Guerra Civil correctamente cuando sostienen que, económica y demográficamente, los propietarios de esclavos estaban peleando una batalla perdida contra la ganancia “censual”. La causa inmediata de este conflicto inevitable entre el Norte capitalista y los propietarios esclavistas del Sur fue el choque entre la expansión de la pequeña granja pequeñoburguesa, que proveía el más amplio mercado interno posible para la industria en las condiciones tecnológicas de la época, y la agricultura esclavista pre-capitalista, como lo testimonia el papel decisivo que el Medio Oeste jugó en desatar el conflicto -por ejemplo, la adopción por el partido republicano del reclamo del Oeste de prohibir la extensión de la esclavitud en esos territorios. Desde un punto de vista internacional, la Guerra Civil fue también el resultado de la lucha entre los capitalistas del Norte y la burguesía británica por el mercado norteamericano: “Si la unidad nacional fue el principal grito de batalla del Norte fue porque el capitalismo necesitaba seguridad de un mercado interno unido para su industria” enfatizó James Allen en su excelente libro La cuestión negra en los Estados Unidos.

“A pesar de sus enormes exportaciones algodoneras, el Sur ofrecía la principal base para la dominación de la manufactura extranjera, especialmente británica, en el mercado norteamericano. La lucha de los capitalistas industriales nativos contra los europeos por la dominación del mercado interno (norteamericano) fue, por lo tanto, indisolublemente inseparable de la lucha contra el sistema esclavista. El apoyo de las clases dominantes inglesas a la Confederación fue un reflejo de esto; ellas interpretaron la Guerra contra el Sur como una guerra contra ellas.” [24]

El papel histórico de la Guerra Civil fue acelerar la transición del trabajo forzado al asalariado en el Sur, y su resultado decidió la senda del desarrollo capitalista que sería seguida por el Sur después de la emancipación.

Lo que distinguió la experiencia de Estados Unidos de la de la mayoría de los países americanos es que este proceso fue llevado adelante de una manera revolucionaria -incluso si fue, como sostiene Eric Foner, una revolución democrático-burguesa “inconclusa”. [25]

La Guerra Civil, como todas las revoluciones sociales, arroja una luz reveladora sobre la forma en que funciona la sociedad de clases. “La carrera de agresiones llevada adelante por el poder esclavista en América del Norte en los últimos cincuenta años -escribió J. E. Cairnes en 1863 en lo que es todavía el mejor estudio de la política y la economía del Sur anterior a la Guerra- provee un notable ejemplo de que un pequeño cuerpo de hombres puede actuar contra los más vitales intereses de la sociedad humana, cuando, comprendiendo cabalmente su posición y sus requerimientos, se dedican en forma deliberada, resuelta e inescrupulosa al cumplimiento de sus fines.” [26] El número de bajas en el conflicto, dejando de lado los costos financieros de la Guerra, fue tres veces más alto que el número de explotadores por el destino de cuya propiedad humana se libró la guerra: 622.511 hombres fueron muertos y 381.881 heridos en un conflicto que involucró a menos de 300.000 propietarios de esclavos.

Adam Smith describió el carácter económico de esta estrecha oligarquía de la siguiente manera:

“Un caballero que cultiva una parte de su propiedad, después de pagar el gasto del cultivo, debería ganar tanto la renta del propietario rural como la ganancia del granjero. Está inclinado a denominar, sin embargo, ganancia a todo su beneficio, confundiendo renta con ganancia, al menos en el lenguaje común. La mayor parte de nuestra América del Norte e Indias Occidentales está en esta situación. Ellos cultivan, la mayor parte de ellos, sus propias propiedades, y por lo tanto a veces escuchamos de la renta de una plantación, pero frecuentemente de su ganancia.” [27]

Marx comentó sobre este pasaje:

“Adam Smith enfatizó cómo en su tiempo (y esto es todavía cierto para nosotros, en la medida en que se refiere a la economía de la plantación en los países tropicales y subtropicales) la renta y la ganancia no están todavía siempre separados, desde el momento en que el terrateniente es también un capitalista, como Cato por ejemplo lo era en sus propiedades. Esta separación, sin embargo, es precisamente la condición para el modo capitalista de producción; de manera similar, la base de la esclavitud está en invariable contradicción con el concepto de este modo.” [28]

La Guerra Civil reveló claramente el doble carácter de los plantadores como una clase propietaria de esclavos y propietaria de tierras, y después de privarlos de sus propiedades humanas planteó la cuestión del futuro régimen de propiedad de la tierra en el Sur.

A primera vista, parecería que la emancipación sin una reforma agraria creó las condiciones ideales para el desarrollo capitalista en este sector, ya que la población negra se había trasformado en una masa de asalariados potenciales sin propiedad -sin embargo sabemos que el Sur permaneció atrasado por mucho tiempo después de la Guerra Civil en comparación con los otros sectores del país. La causa principal de este atraso fue la ausencia en el Sur de esas relaciones sociales que hizo de los Estados Unidos de conjunto la economía capitalista más dinámica del mundo de su tiempo. Como remarcó Lenin en un contexto histórico similar:

“Sólo marxistas de caricatura podrían haber creído que el divorcio de los campesinos de la tierra en 1861 (la fecha de la abolición de la servidumbre de la gleba en Rusia) garantizaba el desarrollo del capitalismo. Al contrario, habría sido garantía -y así resultó ser- de la servidumbre, por ejemplo, del arrendamiento semi-servil de la tierra y el arrendamiento del trabajo, por ejemplo, economía corvée, que retardó en extremo el desarrollo del capitalismo y el crecimiento de las fuerzas productivas en la agricultura rusa. Cuanto más tierra recibieran los campesinos cuando fueron emancipados, y cuanto menor hubiera sido el precio pagado por ella, más rápido, amplio y libre habría sido el desarrollo del capitalismo en Rusia, mayor habría sido el mercado interno, más rápida habría sido la introducción de las máquinas en la producción; más, en una palabra, se habría parecido el desarrollo económico de Rusia al de los Estados Unidos. [29]

La tarea mínima de la Guerra Civil como revolución burguesa, logro que garantizaba la dominación nacional de la burguesía, era la destrucción de la esclavitud. Pero una vez logrado este objetivo, se dividieron las fuerzas revolucionarias. Mientras la mayor parte de los líderes, incluyendo al mismo Lincoln, se declararon bastante satisfechos con la emancipación formal de los esclavos, y esperaban la rápida restauración del dominio blanco en el Sur de la Unión, infestado de latifundios, el objetivo del ala consistentemente revolucionaria de la burguesía norteña, los republicanos radicales, era recrear lo más posible en el Sur las relaciones sociales del campo que tanto habían favorecido la acumulación de capitales en el Norte mediante la confiscación de las tierras de los ex-esclavistas. Fueron derrotados en esta lucha, no tanto por la resistencia de los ex-esclavistas (que después de todo carecían de poder militar al finalizar la guerra) sino por la de la burguesía norteña, que estaba en contra de la reforma agraria en el Sur por miedo por la seguridad de la propiedad privada en general.

El miedo subyacente de la clase capitalista era el peligro involucrado en el movimiento creciente de las clases bajas en todo el país: los hombres liberados en el Sur, el movimiento granjero en el Oeste, y los obreros en las ciudades industriales. Peter Kolchin descubrió que “la gran mayoría de los periódicos de negocios que tenían por lo menos algo para decir sobre el tema de la reconstrucción eran decididamente hostiles a los radicales”. [30] El 9 de julio de 1867, el New York Times explicó el carácter del conflicto sobre la reconstrucción con las siguientes palabras:

“Si el Congreso ha de tomar conciencia de los reclamos de los trabajadores contra el capital… no puede haber pretexto decente para restringir la tarea a los propietarios de esclavos del Sur. Es una cuestión, no de la humanidad, no de la lealtad, sino de las relaciones fundamentales de la industria con el capital; y más tarde o más temprano, comenzado en el Sur, encontrará el camino para llegar al Norte… Un intento de justificar la confiscación de las tierras sureñas bajo el pretexto de dispensar justicia a los hombres liberados, atenta de raíz a todos los derechos de propiedad en ambas regiones. Concierne a Massachussets tanto como a Mississippi. [31]

El 21 de junio de 1871, el New York Tribune hizo notar que había seis mil blancos adultos en Georgia “que no pueden leer ni escribir, y si a ellos se les agregara la masa entera de la población negra, se encontraría una masa de ignorancia tan vasta que, si se juntaran tras cualquier propósito político, barrería con toda oposición que la clase inteligente fuera capaz de ofrecer. Muchos hombres serios temen que los votantes ignorantes formarán, en el futuro, un partido propio, tan peligroso para los intereses de la sociedad como los comunistas de Francia”. [32]

El fracaso de los planes de los republicanos radicales significaba que la desintegración de las plantaciones iba a tener lugar gradual y penosamente en la forma retrógrada de la aparcería. En las décadas que siguieron a la Guerra Civil hubo una enorme merma en la extensión de la superficie promedio por establecimiento rural en el sur. Funcionarios del censo contaron (correctamente desde un punto de vista económico) como granjas separadas no solamente a las nuevas granjas creadas en el Medio Oeste y en el Oeste, sino también a los lotes pequeños que surgieron como resultado de la división de las viejas plantaciones trabajadas por aparceros y arrendatarios. Los datos que recopilaron mostraron que “el tamaño promedio de las granjas bajó dramáticamente después de 1870. Entre 1860 y 1900 la granja típica en los once estados del Sur Profundo bajó de 390 a 122 acres. En los principales estados productores de algodón la baja fue mayor. En Alabama, por ejemplo, la típica granja contenía 346 acres en 1860 y solamente 93 en 1900. Lo mismo sucedía en Mississippi, las dos Carolinas, Georgia, Louisiana y Arkansas. Llegando a 1900, el promedio era menor a 100 acres en varios estados sureños. En Carolina del Sur la cifra sólo llegaba a 91 acres”. [33]

Sin embargo dado el triunfo de la reacción al término de la Guerra Civil, esta ruptura históricamente progresiva de los latifundios pre-capitalistas no llevó a la renovación del trabajo sobre la tierra en pequeña escala bajo el capitalismo (un proceso necesario en la mayor parte del Sur dado el estado de la tecnología agrícola) sino al predominio de un acuerdo con características de aparcería entre el inquilino y el dueño.

El muy publicitado “éxito” de la esclavitud en el desarrollo de la productividad del trabajo (el único imperativo categórico conocido en la historia) puede ser medido por las relaciones sociales agrarias que resultaron de su abolición. Las nuevas granjas pequeñas podrían haber sido cultivadas por pequeños granjeros independientes como en el Norte, pero, debido al fracaso de la reforma agraria, éste no fue su destino. En lugar de eso, en la mayor parte del campo sureño la esclavitud fue reemplazada por la aparcería. Las estadísticas demuestran que “en 1880, la proporción de las granjas sureñas trabajadas por arrendatarios fue de 36,2%; en 1920, 49,6%. Estos porcentajes son significativamente más altos que los correspondientes a los estados del Norte (19,2% y 28,1% respectivamente) y mucho más altos que los correspondientes a los estados del Oeste (14% y 17,7%). Por otra parte, en el Sur productor de algodón en 1880, 51% de todas las granjas fueron arrendadas, de las cuales 72% fueron trabajadas por aparceros, el restante arrendados por un monto fijo en efectivo. Este peso cayó en forma abrumadora sobre la población negra, solamente 16% del total de las tierras en posesión blanca eran arrendadas, comparado con 60% para los negros; 9% de las tierras en posesión blanca fue trabajado en aparcería y 40% para los negros.” [34]

La aparcería como un sistema de relaciones agrarias fue virtualmente idéntico al sistema métayer que predominaba en Francia antes de la Revolución y, por lo general, en las regiones más atrasadas del sudoeste de Europa (en Italia bajo el nombre de mezzadria, en España bajo el nombre de aparcería, etc.). [35] Para entender el carácter de las relaciones sociales establecidas en el campo sureño después de la abolición de la esclavitud es necesario recordar brevemente el lugar que ocupaba la aparcería en los sistemas de los economistas políticos clásicos y de Marx.

La teoría clásica de la aparcería

Aunque las relaciones capitalistas de producción ya aparecieron en las ciudades del norte de Italia en el siglo XV, el capitalismo emergió por primera vez como forma dominante de organización del trabajo en Inglaterra en el siglo XVI. Los capitalistas ingleses, por otra parte, se caracterizaron desde el comienzo por su carácter agrario, mediante un proceso temprano de diferenciación de clase en el campo que resultó en la división tripartita de la estructura de clase agraria entre dueños de la tierra, arrendatarios capitalistas y proletarios agrícolas – llamado por Marx la “Formula de la Trinidad”. Kautsky describió este sistema en la siguiente mmanera:

“Bajo el sistema de arrendamiento capitalista de la tierra -el sistema de alquiler- las tres grandes categorías de ingresos en la sociedad capitalista aparecen en forma tajantemente demarcada. El dueño de la tierra y el dueño de los otros medios de la producción, el capitalista, son dos individuos distintos, y ambos confrontan a los trabajadores asalariados explotados por los capitalistas. El trabajador recibe un salario, el capitalista la ganancia de la empresa, y el terrateniente el arriendo de la tierra”. [36]

Podemos rastrear esta división en los escritos de todos los economistas-politicos ingleses más importantes. Adam Smith, por ejemplo, escribió en La Riqueza de las Naciones:

“La producción anual total de la tierra y trabajo de cada país, o lo que es lo mismo, el precio entero de este producto anual, se divide naturalmente en tres partes: la renta de la tierra, los salarios de los trabajadores, y las ganancias del capital; y constituye el ingreso de tres diferentes órdenes de personas, los que viven de la renta, los que viven de los salarios, y los que viven de las ganancias. Estos son los tres grandes y originales ordenes constituyentes de cada sociedad civilizada, de cuyo ingreso el de cada otro orden se deriva en última instancia”. [37]

David Ricardo comenzó su libro más importante, Los Principios de la Economía Política y los Impuestos, con la misma descripción:

“El producto de la tierra -todo lo que se deriva de su superficie mediante la aplicación unificada del trabajo, las máquinas y el capital- se divide entre las tres clases de la comunidad, a saber, el poseedor de la tierra, el poseedor de las mercancías o el capital necesarios para su cultivo, y los trabajadores por cuyo trabajo es cultivada. Pero en las distintas etapas de la sociedad, las proporciones del producto total de la tierra que se distribuirán a cada una de estas clases, bajo los nombres de renta, ganancia y salario, serán esencialmente diferentes; dependiendo principalmente de la fertilidad de la tierra, de la acumulación de capitales y población, y de las habilidades, genio e instrumentos empleados en la agricultura”. [38]

Sin embargo esta estructura de clases no fue la característica en los países de la Europa continental. En Francia, especialmente, la agricultura estaba enormemente atrasada en comparación a la de Inglaterra debido al poder mucho más fuerte de los remanentes feudales y la ruinosa política impositiva del estado absolutista. Al describir el estado de la agricultura francesa del siglo XVIII, Isaac Rubin señaló que “a diferencia de la situación en Inglaterra, la propagación extensiva del cultivo arrendatario en el siglo XVIII, que iba de la mano de los adelantos y racionalización en la agricultura, raramente se encontraba en Francia. En el campo francés del siglo XVIII el rol desempeñado por las formas burguesas de la propiedad de la tierra y la renta aún era insignificante comparado con la propiedad donde se pagaba un tributo o con la aparcería por métayers, ambos estaban entremezclados con una gran cantidad de subsistencias del sistema feudal”.

La mayoría de los campesinos sin tierra “arrendaban un lote de tierra del seigneur o de otro dueño, pagando para ello en especie con la mitad de su cosecha. Sin contar con los recursos para equipos, estos aparceros, o métayers (llamado así porque cedían la mitad de su cosecha a los terratenientes) a menudo recibían semillas, ganado o implementos agrícolas sencillos del terrateniente. Si la falta de subsistencia implicaba que el campesino que pagaba tributo trabajaba la tierra con métodos primitivos, el cultivo fue aun peor en las tierras labradas por los métayers. [39]

El análisis de las relaciones sociales agrarias y la influencia de éstas sobre el desarrollo del capitalismo desempeñaba, pues, un rol central en las teorías de los representantes más sobresalientes de los economistas políticos franceses clásicos, los fisiócratas, quienes, como los representantes teóricos de la burguesía rural francesa en la segunda mitad del siglo XVIII, se impusieron la tarea de reemplazar el sistema señorial con el cultivo capitalista arrendatario siguiendo la manera inglesa. Los planes fisiocráticos para la racionalización de la agricultura francesa con la ayuda de una monarquía ilustrada, no condujeron a nada como resultado del desencadenamiento de la Revolución Francesa, pero sus escritos, además de desempeñar un rol importante en el desarrollo de la ciencia de la economía política, ofrecen, como veremos, una riqueza de material respecto a las prácticas francesas en la aparcería y la influencia de ésta en el desarrollo económico. El famoso economista suizo y crítico pequeñoburgués del capitalismo Sismondi retuvo el énfasis fisiocrático sobre el análisis de los diferentes sistemas de arrendamiento de la tierra además del sistema de tenencia por renta (lease-holding) típico en Inglaterra.

Entre los críticos de la economía política clásica, debe hacerse una mención especial al sobresaliente economista inglés, Richard Jones. Este cura anglicano, quien, por otra parte, fue un catedrático conservador en Cambridge, fue calificado por Hilferding como “el precursor más importante de la concepción materialista de la historia”, puesto que “de todos los economistas anteriores a Marx, fue quien más claramente reconoció y expuso el carácter histórico del capitalismo” [40]. Jones se quejó de que “los principios generales de la economía política hasta ahora han sido expuestos por escritores ingleses con una perspectiva especial y exclusiva propia de las formas y estructuras de la sociedad existente en Gran Bretaña” una sociedad caracterizada por el hecho de que la masa de los trabajadores tanto en la industria como en la agricultura eran asalariados empleados por una clase de capitalistas dueños de los medios de la producción y diferentes de los dueños de la tierra. [41] Tal disposición de las clases, planteó Jones en 1833, puede verse solamente en Inglaterra y los Países Bajos, y en ciertos lugares de Europa Occidental y Estados Unidos; no era una descripción de la estructura social de la humanidad durante la mayor parte de su historia, ni siquiera la de la mayor parte del mundo en aquellos tiempos. Mostró que el sistema inglés de tenencia de la tierra sobre el cual se basaba el sistema ricardiano (al que llamaba de “granjeros arrendatarios” para distinguirlos de los tradicionales campesinos arrendatarios) presupone la separación entre los granjeros capitalistas y el asalariado rural -o, en otras palabras, la extensión del modo capitalista de producción de las ciudades al campo. Es sólo cuando se cumple esta condición, y cuando existe la trasferencia libre de capital entre la industria y la agricultura, dando como resultado que el granjero capitalista no arrienda tierras si obtiene menos que la tasa promedio de ganancia, que la renta consiste “simplemente en ganancia excedente’. [42] Este modo de producción, afirmó Jones en 1831, no existe más que “en una centésima parte de la superficie cultivada del planeta habitable”. [43] Para explicar su aparición, delineó un bosquejo de la historia de los sistemas de tenencia de la tierra que recuerda la clasificación evolutiva que Marx hiciera más tarde, en arrendamiento laboral, arrendamiento en especie, y arrendamiento en dinero. [44] El significado histórico de sus estudios fue resumido por Marx de la siguiente manera: “La verdadera ciencia de la economía política termina caracterizando las relaciones burguesas de producción como meramente históricas, que conducen a relaciones más altas en las cuales los antagonismos sobre los cuales se basan, se resuelven”. [45] Jones, como los economistas políticos clásicos burgueses y Marx después de ellos, consideraban a la aparcería como una forma arcaica de tenencia de la tierra que marca la transición del régimen feudal de propiedad de la tierra hacia el sistema de cultivo capitalista por arrendamiento.

La referencia de Marx a la aparcería puede encontrarse en el tercer tomo de El Capital, donde, siguiendo a Jones, ofrece una clasificación evolutiva de las varias formas de arrendamiento de la tierra, que incluía arrendamiento laboral, arrendamiento en especie, y arrendamiento en dinero, la aparcería, la propiedad campesina en pequeña escala, y finalmente arrendamiento capitalista de la tierra. Dijo lo siguiente sobre la aparcería:

“Como forma transicional de la forma original de arrendamiento hacia el arrendamiento capitalista, podemos tomar el sistema de la aparcería, en donde el granjero inquilino provee, además de su trabajo (el propio o el de otros), una parte del capital de trabajo, los terratenientes proveen no sólo la tierra sino también una porción adicional del capital (por ejemplo, el ganado), y el producto es dividido entre el aparcero y terrateniente en proporciones definidas, que varían entre diferentes países. El granjero, aquí, tenía insuficiente capital para un cultivo capitalista pleno. La parte que extrae el terrateniente, por otra parte, no tiene la forma pura de renta. Puede incluir intereses sobre el capital que adelanta, por sobre todo esto, un excedente de renta. De un lado, el aparcero, donde aplica su propio trabajo o el de otros, tiene derecho a una parte del producto, no en su calidad de trabajador sino como propietario de una parte de sus herramientas, como su propio capitalista. Por el otro lado, el terrateniente reclama su parte no sólo en base a su propiedad de la tierra sino también como prestamista de capital.” [46]

Dos características de la aparcería deberían ser enfatizadas de acuerdo a Marx (y como hemos visto, de acuerdo también a la economía política clásica): primero, el hecho de que la aparcería es una forma pre-capitalista de renta, causada por la escasez de la acumulación de capital y el consecuente escaso desarrollo de una clase de granjeros capitalistas que emplean trabajo asalariado; segundo, la mezcla de formas de ingreso, tanto en el caso del terrateniente (mezclada con renta de la tierra) como en el del cultivador si adelantó alguna porción del capital (salario más una porción de la ganancia), ya enfatizada por el fisiócrata Turgot y por Richard Jones. [47]

Aparceros y métayers

La mejor manera de determinar la influencia de la aparcería (sharecropping: métairie: inquilinato, colonatoaparceríayanaconazgomedieríaagregaduría, etc.) sobre el desarrollo económico y social del sur es mostrar la manera por la cual se desarrolló en Europa durante el período de la transición entre el feudalismo y el capitalismo. En la sección de El Capital sobre la génesis del arrendatario capitalista, Marx comentó: “En Inglaterra, la primera forma bajo la que se presenta el arrendatario es la del administrador, también siervo.” Este, a su vez, fue substituido durante la segunda mitad del siglo XVI “por un colono, a quien el señor provee de simiente, ganado e implementos agrícolas. Su situación no difiere gran cosa de la del simple campesino. La única diferencia es que explota más trabajo asalariado. Pronto se convierte en aparcero, en semi-arrendatario. Él provee una parte del capital agrícola y el propietario la otra, repartiéndose entre los dos el producto total según la proporción fijada en el contrato. En Inglaterra, esta forma no tardó en desaparecer, para ceder el puesto a la del verdadero arrendatario, que explota su propio capital empleando trabajadores asalariados, y abonando al propietario una parte del excedente como renta en dinero o especie.” [48]

Este proceso tuvo lugar en Inglaterra durante el último tercio del siglo XV y durante todo el siglo XVI; en Francia se desarrollaría mucho más tarde, durante los siglos XVIII y XIX; en Rusia, después de la abolición de la servidumbre en 1861.

El líder de la escuela fisiócrática, François Quesnay, una de las figuras más importantes de la economía política francesa clásica y autor del famoso Tableau économique, que describió por primera vez el proceso entero de la reproducción capitalista, publicó en 1756 un artículo llamado Fermiers en la Encyclopédie, que consistía en un largo elogio de los ricos granjeros capitalistas y una crítica de la aparcería, que según sus estudios prevalecía en los siete octavos del territorio de Francia. [49]

La única manera de aumentar la productividad de la agricultura, y de proporcionar trabajadores para el desarrollo industrial, sostenía Quesnay, es seguir el modelo de la agricultura inglesa y sustituir la aparcería inefiente -que en otra oportunidad llamara “el último recurso de una agricultura arruinada”- por el sistema inglés de arrendar la tierra a granjeros capitalistas, que la cultivarían en forma capitalista utilizando trabajadores asalariados [50]. El problema consiste, continuó, en que la acumulación de capital no se ha desarrollado lo suficiente para producir una clase numerosa de fermiers con los fondos necesarios para adelantar los salarios y para pagar de antemano los costos del cultivo; ésa es la razón por la cual un sistema tan mal diseñado para desarrollar la productividad del trabajo agrícola como la aparcería continúa dominando el campo francés. Su propuesta era acelerar la acumulación de capital y el desarrollo de esta clase -cuya riqueza, sostenía, anticipando a Adán Smith, significa “la prosperidad de la nación”- aligerando la carga impositiva a través de la imposición de un impuesto único por el alquiler de tierra; el primero de una larga serie de programas burgueses destinados a acelerar el desarrollo capitalista transfiriendo las cargas impositivas a los hombros de las clases precapitalistas [51].

El análisis de Quesnay fue desarrollado más a fondo por su discípulo Anne-Robert-Jacques Turgot, el renombrado ministro de finanzas de Louis XIV, muchas de cuyas medidas, revertidas más adelante, anticiparon las reformas adoptadas durante la revolución francesa, y autor del conocido libro Réflexions sur la formation et la distribution des richesses, donde, además de ofrecer una descripción general de la doctrina de los fisiócratas, demostró una penetración mucho mayor en la naturaleza del trabajo asalariado y de la ganancia industrial que Quesnay. En este trabajo, Turgot enumeró las desventajas de la aparcería, un sistema de cultivo en el cual, “según la práctica prevaleciente en la mayoría del territorio de Francia, el terrateniente hace todos los adelantos de dinero necesarios para el cultivo del suelo” [52]. Bajo este sistema de arrendamiento de la tierra, sostenía, los terratenientes pueden adelantar sólo sumás pequeñas de dinero, que producen un rédito muy mediocre [53]. Turgot elogió el método inglés de arrendamiento de tierra a granjeros capitalistas que emplean trabajo asalariado con las siguientes palabras:

“Este método de arrendar la tierra es el más ventajoso tanto para los terratenientes como para los cultivadores; se practica en todos aquellos lugares donde los granjeros ricos son capaces de adelantar el dinero necesario para el cultivo; y, como pueden invertir mucho más trabajo y abono en la tierra, da lugar a un crecimiento prodigioso de la producción y la renta. En Picardía, Normandía, las cercanías de París, y la mayoría de las provincias del norte de Francia, los fermiers cultivan las tierras. En las provincias del sur, son cultivados por aparceros; así, las provincias del norte son incomparablemente más ricas y están mejor cultivadas que las del sur.” [54]

La superioridad del arriendo de tierra capitalista sobre la aparcería-que en otro trabajo Turgot llamó “la distinción entre el cultivo grande y pequeño” [55] podía ser apreciada por sus efectos sobre la productividad del trabajo agrícola: en los lugares donde el cultivo capitalista era común, éste era realizado por medio de caballos, mientras que donde predominaba la aparcería, eran utilizados bueyes [56]. Desafortunadamente, concluye Turgot, la aparcería domina cuatro séptimos del territorio de Francia. [57]

Las opiniones de los fisiócratas sobre la aparcería fueron adoptadas por Adam Smith, el economista del período manufacturero de la economía capitalista, quien llevo a cabo un análisis evolutivo de los sistemas de arrendamiento de la tierra, atribuyendo su aparición a la disolución de la servidumbre en Europa. El análisis de Smith sobre la aparcería (contenido en La riqueza de las naciones, Libro Tres, Capítulo II: “Sobre el desaliento de la agricultura en el estado antiguo de Europa después de la caída del imperio romano”) dice lo siguiente:

“Un campesino liberado, y al cual se le permite al mismo tiempo continuar en posesión de la tierra, y no teniendo ningún ganado propio, podría cultivarla solamente por medio de lo que le adelantara el propietario, y debe, por lo tanto, haberse convertido en lo que en francés se denomina métayer. No podría nunca, sin embargo, ser de interés incluso de esta última clase de cultivadores gastar, en la mejora posterior de la tierra, cualquier parte del pequeño capital que pudieran haber ahorrado de su propia participación en el producto, porque el señor, que no gastó nada, debía recibir una mitad de lo que fuera que se obtuviere. El diezmo, que es sólo un diez por ciento del producto, es ya un obstáculo muy grande a la mejora de la agricultura. Un impuesto equivalente al 50% del producto constituiría por lo tanto una barrera insuperable a su avance. El interés del aparcero quizás pueda ser hacer que la tierra produzca lo máximo posible con la ayuda del capital provisto por el propietario; pero su interés no puede ser nunca mezclar con este parte su propio capital. En Francia… se dice que las cinco sextas partes del reino están aun ocupadas por aparceros.” [58]

Arthur Young, quien tuvo la oportunidad de observar detalladamente los efectos del sistema de aparcería en la Francia prerrevolucionaria, escribió:

Métayers es un sistema de tenencia de la tierra que prevalece quizás en la siete octavas partes del territorio de Francia. Domina casi toda Sologne, Berry, La Marche, Limousin, Anjou, Burgundy, Bourbonnais, Nivernais, Auvergne, etc. Y puede ser encontrado también en Bretagne, Maine, Provence, y en todos los condados del sur. En Champagne, hay muchos tiers franc, que tributan un tercio de la producción, pero en general es la mitad. El terrateniente generalmente provee la mitad del ganado y las semillas, y el aparcero provee el trabajo y los implementos y paga los impuestos; pero en algunos distritos el terrateniente paga parte de éstos.” [59]

Young describió una serie de consecuencias nefastas de la aparcería, tales como el minifundio, la pobreza de los campesinos, su falta de educación, su endeudamiento perpetuo al terrateniente, etc. que parece una descripción de los males del sur estadounidense después de la Guerra Civil, concluyendo: “En ésta, la más miserable forma de tenencia de la tierra, el terrateniente recibe una renta minúscula después de correr muchos riesgos, muchas veces fatales; el aparcero vive en una extrema pobreza; la tierra es miserablemente cultivada, y la nación sufre tan severamente como las partes del contrato.” [60]

Los historiadores franceses modernos confirmaron la evaluación de los economistas políticos clásicos sobre la influencia de la aparcería en Francia durante el “antiguo régimen”. Marc Bloch, por ejemplo, afirmó que el métayage ”puede ser encontrado en toda la zona occidental entre Maine y Perche desde los siglos XI y XII, y aparece por aquel entonces también en Artois.” A partir del siglo XVI “experimentó un crecimiento significativo, que se mantuvo al menos hasta el siglo XVIII: anteriormente restringida a unas pocas regiones, y relativamente rara, la aparcería con el tiempo cubrió todo el territorio de Francia.” Pero significativamente, “aunque presente en casi todos lados, desde el punto de vista geográfico la aparcería estaba asociada sobre todo con las regiones empobrecidas, donde el campesinado carecía totalmente de reservas de capital”. [61] Georges Lefebvre atribuyó el desarrollo temprano de la agricultura capitalista en el norte de Francia a la influencia de Flandes y a la proximidad de Paris. [62] Pero aún en el département del Norte el porcentaje de tierras ocupado por los arrendatarios capitalistas antes de la Revolución francesa era muy pequeño: no más del 12% según A. Ado. [63]

En 1819 Sismondi remarcó que la Revolución francesa había “multiplicado prodigiosamente la clase de campesinos propietarios de tierras” mediante la confiscación y venta de los “bienes nacionales”. Sismondi estimaba que, como consecuencia de esto, más de tres millones de familias, que representaban más de quince millones de personas, poseían la tierra que trabajaban. [64] Pero la aparcería seguía existiendo “en las provincias al sur del río Loira, donde hay pocas ciudades, pocos centros intelectuales, donde las comunicaciones son difíciles y los campesinos profundamente ignorantes, apegados a sus hábitos y a sus rutinas agrícolas, e incapaces de seguir la marcha de la civilización en el resto de Francia.” Mientras los aparceros de Toscana, por ejemplo, habían hasta cierto punto participado en el progreso de la civilización porque no constituían más de la mitad de la población y las ciudades eran numerosas, en las regiones más atrasadas y en las provincias más reaccionarias de Francia, tales como la Vendée, la clase de los aparceros constituía nueve décimas partes de la población, que había permanecido estancada durante cuatro o cinco siglos. “En Francia, concluía Sismondi, un gobierno constitucional y liberal sólo será solidamente establecido en las provincias contrarrevolucionarias al sur del Loira cuando parte de la tierra sea propiedad de los que la cultivan, y una clase campesina diferente, más progresiva y educada, se mezcle con los aparceros.” [65]

Escribiendo doce años más tarde que Sismondi, Richard Jones, en su estudio de la evolución histórica de las diferentes formas de tenencia de tierra, colocó a la aparcería en un estadio intermedio entre la servidumbre y la agricultura capitalista.

“La existencia de esa clase de arrendatarios [los aparceros] indica cierta mejora en la situación del pueblo, comparada con el estado de cosas en el cual tiene su origen la renta feudal . Los aparceros deben proveer el alimento y el ingreso anual del terrateniente sin que éste controle o interfiera con su trabajo. El carácter y las calificaciones del métayer deben por lo tanto ser algo superiores a los de los siervos, cuyo trabajo es supervisado directamente por el terrateniente, y cuyas rentas son, por lo tanto, pagadas no en especie sino en trabajo. Los avances de capital hechos por el propietario y el abandono de la dirección del cultivo a los campesinos mismos indican la ausencia de una clase intermedia de capitalistas rurales; de personas capaces de adelantar de su propia acumulación el alimento de los trabajadores y el capital del que se sirve, y así asumir la dirección de la agricultura. El sistema del métayer indica, por lo tanto, un estadio de desarrollo social avanzado en comparación con aquél en el que las rentas feudales predominan, y atrasado en comparación con aquél en que las rentas pagadas por capitalistas hacen su aparición.”

Jones encontró la aparcería en diferentes partes del mundo, pero creía que “el sistema puro de tenencia de tierra tipo métayer es el más común en la sección occidental de Europa continental, en Italia, Saboya, Piedmont, la Valteline, Francia, y España.” [66] Siguiendo la tradición clásica, argumentó que “mientras el sistema métayer permanezca en pie, no puede haber una mejora sustancial en la eficiencia de la agricultura, o en el porcentaje de población agrícola y no-agrícola en ninguna nación.” [67] Jones ilustró esta afirmación mediante, entre otras cosas, el ejemplo de la Revolución francesa, la cual “destruyó las relaciones entre terrateniente y arrendatario, convirtiendo una alta proporción de los métayers en pequeños propietarios.” [68] Lamentablemente, concluía Jones, “a pesar de la multiplicación de los pequeños propietarios desde la revolución, los métayers aun cultivan alrededor de la mitad de Francia.” [69] John Stuart Mill, el último de los economistas clásicos, adoptó la clasificación evolucionista de Jones, con ciertas modificaciones, en su libro Principios de Economía Política. [70]

Alfred Marshall, uno de los fundadores de la escuela económica burguesa conocida como neoclásica, poseía el conocimiento suficiente de la historia de la economía política como para darse cuenta de que lamétairie europea y el sharecropping prevaleciente en el sur de los Estados Unidos después de la Guerra Civil representaban la misma relación social. Enfatizando la “distinción fundamental entre el sistema ‘inglés’ de renta de la tierra, por un lado, y el arrendamiento por ‘shares’ (la aparcería), como se lo conoce en el Nuevo Mundo, o sistema ‘métayer,’ como se lo llama en el Viejo Mundo, por el otro,” Marshall afirmó:

“En una gran parte de la Europa Latina, la tierra esta dividida en parcelas, que el arrendatario cultiva mediante su propio trabajo y el de su familia, y a veces, aunque raramente, el de unos pocos empleados asalariados. El terrateniente provee los bienes inmuebles, el ganado, y a veces inclusive los implementos agrícolas. En América hay pocas tenencias agrícolas de cualquier tipo, pero dos tercios de éstas son pequeñas parcelas, arrendadas a los blancos de la clase más pobre o a los negros liberados.” [71]

Marshall ofreció las siguientes estadísticas sobre el sistema sureño de tenencia de la tierra: “En 1880, el 74% de las explotaciones agrícolas de los Estados Unidos eran cultivadas por sus propietarios, 18%, es decir más de dos tercios del resto, eran rentadas por una porción de la producción, y sólo 8% estaban arrendadas según el sistema inglés. El porcentaje más alto de explotaciones agrícolas cultivadas por alguien que no fuera el propietario correspondía a los estados sureños.” [72] La porción del arrendatario variaba de un tercio a cuatro quintas partes, dependiendo de la cantidad de capital que proveía y de la naturaleza del cultivo, y su situación era más precaria que en Francia, porque el contrato no era por tiempo indeterminado sino anual.

Podemos ver que una reseña de la historia de la economía política muestra que, al contrario de lo que afirman los historiadores económicos burgueses, que tienden a identificar tanto la esclavitud de las plantaciones como la aparcería con el capitalismo, las relaciones de producción prevalecientes en el sur estadounidense después de la Guerra Civil eran básicamente idénticas a las establecidas en Europa occidental como resultado de la abolición de la servidumbre. [73]

El mismo modo de producción se desarrolló en Europa oriental después de la abolición de la servidumbre. Lenin, que era un experto en la cuestión agraria en Rusia, donde la servidumbre fue abolida en 1861, publicó en 1915 un estudio sobre la agricultura norteamericana, en el cual distinguió tres regiones principales: “el norte industrial, el sur donde prevaleció le esclavitud y el oeste de las homesteads (explotaciones de propietarios agrícolas independientes).” [74] En el sur había tenido lugar una enorme disminución en el terreno promedio de las explotaciones agrícolas (de 199,2 acres en 1860 a 138,1 en 1910). Este proceso marcaba la transición entre los viejos latifundios esclavistas, nueve décimas partes de cuyo territorio permanecía sin cultivar adecuadamente, a la agricultura comercial de las pequeñas explotaciones. Pero los capitalistas habían “derrotado la esclavitud hace medio siglo, sólo con el fin de restaurarla nuevamente en forma de aparcería.” [75] Lenin encontró una similitud sorprendente entre las relaciones sociales del sur estadounidense y las de aquellas regiones de Rusia donde los resabios de servidumbre eran más poderosos. Criticando las opiniones del economista burgués Himmer, quien afirmaba que Estados Unidos nunca había conocido el feudalismo y que estaba libre de sus resabios económicos, Lenin escribió: “Esto es totalmente opuesto a la verdad, porque los resabios económicos de la esclavitud son totalmente indistinguibles de los del feudalismo, y en el sur de los Estados Unidos, donde prevaleció le esclavitud, estos resabios son aún muy poderosos.” [76] El porcentaje de analfabetos entre los negros en 1910 era siete veces más alto que entre la población blanca (44% comparado con 6,2%). ¿”Cual es la base económica que produjo y continúa manteniendo semejante ‘superestructura’?” se preguntaba Lenin.

“Es el sistema típicamente ruso de renta en trabajo también conocido como aparcería. Entre los blancos 39,2% eran arrendatarios; ¡entre los negros, 75,3%! El típico campesino blanco en Estados Unidos posee su tierra; el típico campesino negro es un arrendatario. El porcentaje de arrendatarios en el oeste era sólo 14%, en el norte 26,5%, y ¡en el sur 49,6%! La mitad de los campesinos sureños eran arrendatarios. Pero esto no es todo. Estos no son siquiera arrendatarios en el sentido europeo, civilizado, capitalista moderno de la palabra. Son sobre todo arrendatarios semifeudales o, lo que es lo mismo en términos económicos, semiesclavos. En 1910, la Norteamérica libre, republicana y democrática tenia 1.500.000 aparceros, de los cuales más de 1.000.000 eran negros.” [77]

Tanto en los Estados Unidos como en Rusia, la zona de la aparcería era la más atrasada, la que poseía la menor cantidad de implementos y maquinaria por acre, así como las tasas más bajas de movilidad geográfica. Puesto que las masas sureñas estaban sujetas a la mayor degradación y opresión, los inmigrantes evitaban el sur y la población negra local trataba de emigrar al oeste, donde la tierra era aún distribuida gratuitamente a los colonos, o a las ciudades. Lenin concluyó destacando la “sorprendente similitud entre el status económico de los negros en América y el de los campesinos en Rusia central, que fueron antiguamente siervos de los terratenientes.” [78]

Las mismas relaciones sociales se desarrollaron una y otra vez en todos los casos en que la esclavitud fue abolida sin una reforma agraria radical. Sismondi comentaba en 1837 sobre la experiencia de la emancipación en las colonias británicas del Caribe: “Es necesario hacer de los negros, o bien arrendatarios capitalistas o aparceros, si uno quiere tener campesinos en las colonias.” [79] Sismondi, un terrateniente admirador de la métairie toscana, recomendó la segunda vía porque consideró que la acumulación de capital no estaba lo suficientemente desarrollada como para permitir una agricultura capitalista según el modelo inglés. “Es necesario recordar, señalaba, que las personas salen de la esclavitud totalmente desprovistas de cualquier propiedad;” [80] agregando:

“La emancipación intentada en las colonias inglesas, transformando a los negros, no en campesinos, sino en proletarios agrícolas presupone que van a trabajar bajo la dirección de un blanco, que será el arrendatario capitalista de toda la plantación, o bajo la autoridad del terrateniente mismo, que dirigirá por sí mismo el cultivo de su propia tierra. Este sistema de explotación agrícola, que es totalmente inusual en Europa continental, es considerado normal en las Antillas. Pero es imposible encontrar un fermier en las colonias. No existen tales personas entre los negros, y es aún más difícil encontrarlos entre los blancos. Los aventureros que van a las islas a hacer su fortuna carecen de todos los requisitos necesarios: no tienen capital, ni crédito, ni conocimientos agrícolas, ni siquiera, en la mayoría de los casos, integridad.” [81]

Sismondi propuso por lo tanto que las plantaciones debían ser divididas en aparcerías, sujetas a un contrato uniforme, por el cual los aparceros recibirían la mitad de la producción y los terratenientes la otra mitad. [82] No es necesario compartir el entusiasmo de Sismondi por el sistema de aparcería para ver que la abolición de la esclavitud en las islas del Caribe dio lugar a las mismas relaciones sociales que dominarían más tarde la agricultura sureña. La razón de este proceso recurrente es que la esclavitud dejó en todos lados un legado de bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, que requería su reemplazo por la pequeña producción de mercancías rural. Esta transformación podía tener lugar transformado a los arrendatarios en pequeños propietarios mediante la confiscación de la clase terrateniente, o en la forma retrograda de aparcería.

La aparcería y el desarrollo económico sureño

La aparcería no es idéntica a la agricultura capitalista porque presupone la inexistencia de una clase intermedia entre el terrateniente y los obreros agrícolas, de arrendatarios capitalistas que pagan salarios en dinero. Esa clase no existía en el sur después de la Guerra Civil, y los terratenientes no estaban en condiciones financieras como para administrar sus plantaciones sobre bases capitalistas y pagar ellos mismos salarios en dinero. “La aparcería creció tan rápidamente después de la Guerra porque era la forma de organización agrícola que demandaba la menor cantidad de capital -prácticamente nada.” [83] El economista neoclásico Gerald D. Jaynes demostró que no hubo un período intermedio entre el fin de la Guerra Civil y la aparición del sistema de aparcería durante el cual a los negros liberados les fueron ofrecidos salarios en dinero pero decidieron rechazarlos. De acuerdo con esta así llamada interpretación “black power” de la aparición de la aparcería sureña, los terratenientes fueron forzados a abandonar tanto el trabajo en grupos como los salarios en dinero porque los libertos consideraban el trabajo en grupo como un resabio de la esclavitud. Jaynes demostró que, por el contrario, “los trabajadores agrícolas preferían los salarios pagados cotidianamente a cualquier otro contrato.” [84] Lo que rechazaban eran los intentos de los terratenientes de pagarles salaries anuales.

“Un mercado de trabajo basado en salarios en dinero no se desarrolló, no debido a que los obreros agrícolas constituían una fuente de trabajo inherentemente inestable, sino porque la posición financiera de la mayor parte de los terratenientes era demasiado precaria como para pagar los salarios con una periodicidad razonable, y porque los obreros agrícolas, después de una experiencia inicial desastrosa, naturalmente se negaron a trabajar todo el año para el terrateniente, sin recibir ninguna garantía de que sus ‘salarios’ serian pagados después de la cosecha.” La aparcería, concluyó Jaynes, “fue generalmente adoptada debido a la incapacidad de los terratenientes de pagar salarios dentro de un período de tiempo razonable; es decir, porque la acumulación de capital en el sur no estaba lo suficientemente avanzada como para organizar la agricultura sobre bases capitalistas. [85]

La mayoría de los terratenientes eran incapaces de sobreponerse a su falta de capital debido al subdesarrollo del mercado financiero sureño. “En 1880, los depósitos bancarios per capita en el sur representaban sólo un quinto del total nacional, y las tasas de interés eran sistemáticamente más altas que en cualquier otra región hasta la primera década del siglo XX.” [86] Sólo en ciertos lugares, tales como las regiones donde se cultivaba azúcar y arroz, cultivos que requerían agricultura en gran escala, y donde los terratenientes tenían acceso a fuentes externas de capital, las plantaciones de esclavos no fueron reemplazadas por el sistema de aparcería, y los trabajadores agrícolas recibían salarios en dinero -lo cual, dicho sea de paso, refuta la afirmación de que los negros preferían el sistema de aparcería a ser obreros agrícolas. [87]

La aparcería es por lo tanto una forma precapitalista de explotación agrícola, cuyo efecto, tanto en el sur norteamericano después de la Guerra Civil como en Europa, fue retardar el desarrollo tecnológico. Entre 1840 y 1920, la disminución porcentual en horas de trabajo requeridas para producir 500 libras de algodón (36,0%) fue mucho menor que la disminución porcentual en horas de trabajo requeridas para producir 100 bushelsde trigo (62,7%) o de maíz (59,1%). [88] La productividad del trabajo en la agricultura sureña creció muy lentamente comparada con la del norte y el oeste porque los campesinos del sur, debido al carácter retrógrado de sus relaciones sociales, eran incapaces de adoptar las nuevas tecnologías agrícolas que estaban siendo introducidas en otras regiones de Norteamérica. [89]

En regiones donde predominaban otro tipos de relaciones de producción, la adopción de nuevas tecnologías agrícolas fue mucho más rápida. Benjamin Hibbard describió la situación de la agricultura norteamericana en 1913 en los siguientes términos: “En implementos y maquinaria el norte invierte dos veces y media más por acre que el sur; en ganado la inversión es el doble. El valor de una explotación agrícola promedio en el norte es 9.500 dólares; en el sur 2.900 dólares.” [90] En 1920, los estados de la región Norte-Central “tenían casi seis veces más tractores por acre de tierra cultivada que los estados algodoneros del Sur Profundo, porque el sistema laboral del sur no proveía incentivos para mecanizar las explotaciones.” [91] Diez años más tarde, “el valor promedio de la maquinaria y los implementos en las explotaciones agrícolas de Carolina del Norte, Carolina del Sur, Georgia, Alabama, y Mississippi era de solo 134 dólares (mientras que) en Kansas y Iowa era 1.010 y 1.259 dólares respectivamente.” [92] Incluso en 1955, “el 67% del algodón era cosechado mecánicamente en California, el 24% en Texas, y solo el 2% en Alabama y Georgia.” [93] En regiones donde predominaba un tipo diferente de relaciones sociales, la adopción de nueva tecnología agrícola fue mucho más rápida. Como ha mostrado Susan Archer Mann, “aunque la producción de algodón fue introducida en California, Nuevo México y Arizona después de 1914, en un corto período de quince años todos esos Estados mostraron promedios extraordinariamente altos de gastos en trabajo asalariado y maquinaria por explotación, sobrepasando tanto al sudeste como al sudoeste.” [94]

Las consecuencias de este atraso en el desarrollo de las fuerzas productivas pueden ser apreciadas más claramente si comparamos la tasa de crecimiento de los diferentes estados sureños: “La agricultura de plantaciones estaba concentrada en los seis estados de Mississippi, Arkansas, Alabama, Louisiana, Georgia y Carolina del Sur; es decir aquellos estados cuya tasa de desarrollo económico era incluso menor que la de los otros estados sureños, por no hablar de los estados industrializados del norte. Así, el ingreso promedio per capita del estado de plantaciones que más rápidamente creció entre 1880 y 1900, Arkansas, aumentó a la misma velocidad que el de los dos que crecieron más lentamente entre los ocho estados sureños restantes: Carolina del Norte y Kentucky. En todos los otros casos, los estados dominados por la economía de plantaciones crecieron más lentamente que los estados sureños donde ésta no prevalecía.” [95]

La aparcería y la “cuestión negra”

Los efectos negativos del sistema de aparcería fueron exacerbados en el sur norteamericano después de la Guerra Civil por el sistema de discriminación racial, conocido como el sistema Jim Crow, consistente en una serie de barreras a la movilidad de los trabajadores negros destinadas a retener la mayor cantidad posible de resabios de la así llamada “institución peculiar” del sur: la esclavitud. Las restricciones a la movilidad laboral son una característica típica de todas las sociedades que experimentaron una transición del feudalismo o la esclavitud al capitalismo: la larga lucha del absolutismo francés y más tarde de la Revolución francesa y Napoleón contra estos resabios de servidumbre son bien conocidos. En Rusia la comuna campesina fue hecha colectivamente responsable por el pago de impuestos después de la abolición de la servidumbre. Lo que distingue a la experiencia americana es que las víctimas pertenecían a un grupo étnico específico, y en la ideología racista desarrollada para justificar esta opresión.

Además de los métodos terroristas empleados por el Ku Klux Klan, los “Caballeros de la camelia blanca” y otras bandas de asesinos racistas, los plantadores utilizaron una serie de medios legales entre los cuales cabe destacar los Códigos Negros. El objetivo de los Códigos Negros, según declaró la legislatura de Louisiana, era hacer que el trabajo de los libertos negros estuviera “disponible para los intereses agrícolas del estado”. El objetivo de los Códigos Negros era “limitar la movilidad de los trabajadores negros, impedir que emigrasen de las plantaciones a las ciudades, reducir la competencia entre los plantadores, restringir las oportunidades de empleo de los libertos, reforzar las obligaciones contractuales, y asegurar la continuación de la subordinación de los negros en el sur.” [96] Los Códigos Negros fueron revocados en 1867 debido a las presiones del norte, pero una serie de leyes de contenido básicamente idéntico continuaron en vigencia en el sur hasta la década del 30. “Por ejemplo, en una serie de estados sureños era un crimen que un negro permaneciese desempleado mucho tiempo. Carolina del Sur inclusive exigió una licencia cara a aquellos negros que quisieran trabajar en empleos no agrícolas.” [97]

Podemos ver que el racismo de las clases dominantes sureñas no era en modo alguno irracional, sino un medio para asegurar a los plantadores su suministro de trabajo tradicional. Otros ejemplos de medidas sureñas para asegurar el confinamiento de los negros a tareas agrícolas fueron las “leyes contra vagabundos,” leyes contra el reclutamiento de trabajadores negros por empleadores norteños y por el ejército, leyes imponiendo el trabajo forzado de los convictos, leyes en contra de los agentes de emigración, leyes en defensa del contrato de aparcería anual, leyes de aprendizaje, leyes de embargo preventivo de la cosechas para asegurar el pago de las deudas de los aparceros negros a sus terratenientes, la usura y el sistema de peonaje por deudas, discriminación en el empleo de trabajadores industriales negros, prohibición de vender tierras a negros, etc. [98] Finalmente, “el hecho de que los aparceros recibieran su ingreso después de la cosecha, tendía a inmovilizarlos en su parcela a lo largo de todo el año, restringiendo aun más su movilidad geográfica y social”. [99]

El efecto concentrado de estas medidas fue mantener a la población negra concentrada en el sur, viviendo en la pobreza y llevando a cabo mayormente tareas agrícolas. “Entre 1870 y 1910 el porcentaje de African Americans (negros) residentes en el sur permaneció prácticamente estacionario: 91% y 89% respectivamente.” En 1910, el 87,8% de la fuerza laboral negra en los cinco estados donde el cultivo de algodón era una práctica masiva trabajaba en agricultura y servicio domestico. [100] No fue sino hasta la Primera Guerra Mundial que el porcentaje de negros residentes en el sur comenzó a declinar significativamente, debido a la interrupción de la inmigración europea.

Incapaces de emigrar o de trabajar en ocupaciones no agrícolas debido al sistema de discriminación racial, los negros intentaron escapar de la aparcería acumulando capital y comprando tierra o arrendándola según métodos capitalistas. [101] La mayoría de estos intentos fracasaron, pero momentáneamente llevaron a un alza temporaria en la posesión de la tierra por los negros y a la aparición de toda una gama de acuerdos entre terratenientes y arrendatarios, desde la aparcería hasta (raramente) el sistema capitalista de arrendamiento: aparceros que suministraban sólo su trabajo, y a veces la mitad de los fertilizantes, recibiendo la mitad de la cosecha; renta compartida, proveyendo el capital y recibiendo entre un cuarto y un tercio de la cosecha; renta en efectivo, proveyendo el capital y las herramientas y pagando una renta fija por acre en algodón; renta en dinero genuina (el sistema más común en el norte), a veces acompañada del uso de trabajadores asalariados, etc. [102] Benjamin Hibbard encontró en 1913 “un sistema claramente definido de castas entre los arrendatarios. La clase más baja esta representada por aquellos que proveen poco capital y reciben la mitad o menos de la cosecha; sobre ellos está el grupo cuya independencia se mide por la posesión de una mula y un arado y de los medios de subsistencia necesarios para llegar hasta la época de la cosecha; la clase más alta consiste en aquellos que pagan al terrateniente una cantidad fija de producto o una suma fija de dinero, y que por lo tanto están prácticamente libres de su supervisión.” [103]

En el sur, especialmente en los estados donde predominaba el cultivo de algodón, “el factor más importante en el problema del arrendamiento son los negros. El porcentaje de tierras en arrendamiento sube o baja en proporción directa al numero de negros.” [104] Con el tiempo un número creciente de blancos también cayó en esta ciénaga de relaciones precapitalistas, especialmente como consecuencia de la emigración negra durante los años veinte y treinta. [105]

Aparcería y trabajo asalariado

El argumento según el cual la aparcería es una forma peculiarmente sureña de trabajo asalariado debe ser visto a la luz del análisis precedente, de lo contrario daría la impresión de que una agricultura capitalista se desarrolló en el sur inmediatamente después de la Guerra Civil, y que todos los cambios que tuvieron lugar más tarde (especialmente la “limpieza de propiedades” durante le Depresión de los años treinta) fueron una cuestión de detalle. Este argumento tiene su origen en los códigos legales sureños que clasificaban a los aparceros como “obreros asalariados trabajando por una porción de la cosecha como sueldo.” Esta ficción jurídica fue introducida a fin de privar a los negros de derechos legales sobre la cosecha: los terratenientes blancos podían hipotecarla de antemano, tenían prioridad sobre ella en los pleitos legales, etc.

Otra fuente de confusión fueron las teorías de los economistas burgueses norteamericanos, quienes consideraban a la aparcería como un escalón hacia la posesión de la tierra y por lo tanto como una forma de retribución superior al trabajo asalariado. “Los estadios de desarrollo del trabajo agrícola son vistos más o menos de la siguiente manera: el más bajo es el trabajo asalariado, luego viene la aparcería, que es el primer peldaño en la escalera de tenencia de la tierra llevando finalmente a su posesión completa.” Por el contrario, la aparcería era en los hechos “un estadio intermedio entre la esclavitud por un lado y el trabajo asalariado o el arrendamiento capitalista de la tierra por el otro. Un curso de desarrollo capitalista en el sur después de la Guerra Civil (la confiscación de los latifundios y el establecimiento de la pequeña propiedad junto con las grandes explotaciones capitalistas agrícolas basadas en el trabajo asalariado) habría impedido la aparición de la aparcería, que es un aspecto integral del carácter inconcluso de la revolución democrático burguesa. El aparcero no es ni un obrero asalariado ni un esclavo, sino un estadio de transición entre los dos.” [106]

La aparcería fue la base económica del sistema de segregación y discriminación racial en el sur, que los negros pudieron abolir sólo después de convertirse en obreros asalariados genuinos. Uno de los principales objetivos del compromiso político y económico entre la burguesía industrial y los ex-esclavistas después del periodo conocido como “reconstrucción” fue retardar la formación de un proletariado negro genuino en el sur a fin de asegurar el suministro de trabajo a los latifundios precapitalistas. La industria textil sureña estaba reservada únicamente para obreros blancos. Durante el siglo XIX y principios del XX, “los inmigrantes proveyeron la fuerza de trabajo para la industria que crecía rápidamente en el norte. El capitalismo industrial después de la Guerra Civil podía por lo tanto prescindir de la fuerza de trabajo negra liberada por la abolición de la esclavitud y contentarse con una división regional del trabajo dentro de la economía norteamericana. Los millones de inmigrantes obreros permitieron a los empresarios llegar a un compromiso con los ex-esclavistas sureños.” [107] Esta situación permaneció casi sin cambios hasta que la Primera Guerra Mundial detuvo el flujo de inmigrantes europeos y un proletariado negro considerable comenzó a aparecer. La proletarización real de los negros fue la base económica del Movimiento por los Derecho Civiles que abolió la discriminación racial.

El legado de la esclavitud

Los sufrimientos ocasionados por las perversas relaciones sociales sureñas fueron enormes, tanto para los negros como para los blancos pobres: “Viviendas inadecuadas, dietas no balanceadas, agua impura, y condiciones de vidas insalubres; todo esto hizo que los campesinos sureños sufrieran grandes problemas de salud. Tanto niños como adultos sufrían de disentería, diferentes tipos de problemas digestivos, malaria, fiebre tifoidea, lombrices intestinales y pelagra.” [108] El bajo nivel de vida, los primitivos medios de transporte y comunicación, y el sistema de discriminación racial dieron lugar a un mercado de trabajo diferenciado, con sueldos persistentemente más bajos que en el norte. La brecha comenzó a cerrarse sólo después de la Primera Guerra Mundial. [109] Los niveles de analfabetismo sureños eran altísimos para los niveles norteamericanos: En 1870 el porcentaje de analfabetos entre la población blanca de más de diez anos de edad era 17% en Mississippi y 37% en Carolina del Norte; entre los libertos negros era de más del 80%. En 1890 el promedio entre los blancos había bajado a menos del 20%, pero entre los negros seguía siendo entre 50% y 60%. Veinte años más tarde, el porcentaje de analfabetos entre los negros era aun 7 veces más alto que entre los blancos. Esto se debía no sólo al hecho de que durante la época de la esclavitud estaba legalmente prohibido enseñarle a leer y escribir a los negros, sino también al hecho de que, debido al sistema de Apartheid, los niños negros tenían que estudiar en un miserable sistema de escuelas separadas. [110] La política de segregación, “derechizó toda la vida política norteamericana por varias generaciones,” e infectó inclusive al naciente movimiento socialista norteamericano. [111]

La historia subsiguiente del sur es un ejemplo típico de lo que Lenin llamó “la vía prusiana de desarrollo capitalista”; es decir la implantación de relaciones sociales capitalistas desde arriba mediante un compromiso entre la burguesía y una clase de terratenientes precapitalistas, de la forma más dolorosa posible para las masas trabajadoras. [112] La emigración de la población negra de las regiones rurales del sur coincide con la desaparición de la aparcería. Una primera ola de negros dejó el sur como consecuencia de la peste del gorgojo del algodón en el sur y la reducción drástica de la inmigración europea en el norte durante la Primera Guerra Mundial. Esta tendencia se acentuó durante la Gran Depresión de los años treinta, cuando en el marco del New Deal el gobierno federal otorgó subsidios a los plantadores para que redujesen el área bajo cultivo y frenaran así la caída de precios. La ley que puso en vigencia estos programas se llamaba AAA, siglas de Agricultural Adjustment Act, o sea “Ley de ajuste agrícola.” Estos programas para eliminar “excedentes” agrícolas fueron implementados cuando gran parte de la población americana pasaba hambre como resultado de la crisis económica -un claro síntoma de la barbarie capitalista. [113]

Como resultado de la prosperidad que Norteamérica experimento durante la Segunda Guerra Mundial, el creciente acceso al crédito de los bancos, las mejoras en los sistemas de transporte y comunicación, y las mejoras en la tecnología agrícola tales como el empleo masivo de tractores y pesticidas, la invención del mechanical cotton picker, etc., un alto porcentaje de la fuerza de trabajo sureña devino superflua (es decir, no suficientemente rentable) y aquellos aparceros que no emigraron voluntariamente del campo fueron expulsados por la fuerza de las tierras que trabajaban. En total unos 9.000.000 de personas fueron desplazadas como resultado del “American enclosure movement,” así llamado por analogía con el proceso similar que tuvo lugar en Inglaterra durante el período de la acumulación originaria. [114]

Quienes leyeron la novela Las uvas de la ira de Steinbeck saben que también los blancos pobres sufrieron como consecuencia de esta política, pero los negros fueron removidos casi completamente de la agricultura sureña. El porcentaje de explotaciones agrícolas de propiedad negra en los Estados Unidos cayó del 14% durante los años treinta a menos del 1% en 1998. [115] La población negra terminó mayormente hacinada en ghettos urbanos en las zonas céntricas de las ciudades norteamericanas, lo que llevó a la población acomodada a trasladarse masivamente a los nuevos suburbios casi totalmente blancos. A pesar de todas las luchas, sacrificios y logros del así llamado Movimiento por los Derechos Civiles que resultó de la rebelión de la población negra durante los años cincuenta y sesenta, y de la igualdad de derechos formales (políticos y jurídicos) que consiguieron, en los hechos los negros no están realmente integrados a la sociedad americana en términos económicos y sociales. Siguen sufriendo de niveles altísimos de desempleo, criminalidad, drogadicción, familias sin padres, y de bajísimos niveles de educación, ingreso y acceso al sistema de salud. Lo que ha tenido lugar desde entonces ha sido sobre todo la aparición de una minúscula casta privilegiada de jueces, políticos, profesionales y burócratas negros, de los que el imperialismo norteamericano se sirve para disimular sus planes criminales. Condoleezza Rice y el general Collin Powell son un buen ejemplo del carácter y la función de este estrato social.

La verdadera emancipación de las masas negras, hundidas en la miseria y la desesperación, pasa por su unión con el movimiento obrero y la abolición del capitalismo norteamericano.

* Daniel Gaido es profesor de Historia de los Estados Unidos en la Universidad de Haifa. Publicado originalmente en The Journal of Peasant Studies, Vol. 28, N° 1 (Octubre de 2000) pag. 55-94. Frank Cass Publishers, Great Britain: http://www.frankcass.com/jnls/jps.htm

1. En francés en el original.

2. Ver, por ejemplo, Hodsgkin, Thomas; Labour Defended against the Claims of Capital; or the Umproductiveness of Capital proved with Reference to the Present Combinations amongst Journeymen; Hammersmith, Londres, 1825; The Hammersmith Books. Otros escritores que sacaron conclusiones socialistas de la teoría de Ricardo fueron William Thompson (1783/1833), John Gray (1799/1850) y John Francis Bray (1809/1895).

3. Mark Blaug; Economic Theory in Retrospect; quinta edición, Cambridge, 1997; Cambridge University Press; p. 292.

4. Eric Roll; A History of Economic Thought; segunda edición, Londres, 1952; Faber & Faber; p. 383.

5. John Clark; “Distribution”, in Edwin R. A. Seligman y Alvin Johnson (eds.), Encyclopaedia of Social Sciences; Nueva York, 1953; Macmillan.

6. Ver especialmente Rubin, Isaac I.; Essays on Marx’s Theory of Value; Detroit, 1972; Black and Red; Rubin, Isaaac I.; A History of Economic Thought; Londres, 1979; Ink Links; Hilferding, Rudolf; “Bohm-Bawerk’s Criticism of Marx”, en Paul Sweezy (ed.) Karl Marx and the Close of his System; Clifton, 1973; A. M. Kelley; and Bukharin, Nicolai; The Economic Theory of the Leisure Class; Nueva York, 1970; Augustus M. Kelley Publishers.

7. Carta de Marx a Kugelmann, 11 de julio de 1868, in Karl Marx and Frederick Engels; Selected Correspondence; Moscú, 1953, Progress Publishers; pp. 251/252.

8. Douglas North, C.; The Economic Growth of the United States, 1790/1860; Englewood Cliffs, NJ, 1961; Prentice Hall.

9. Robert Fogel; Without Consent or Contract: The Rise and Fall of the American Slavery; Nueva York, 1989; W. W. Norton. Ver la reseña de este libro en Kolchin, Peter; “More Time on the Cross? An Evaluation of Fogel’s Without Consent or Contract”, in Journal of Southern History, Vol. 58, 1991.

10. Abbot Emerson Smith; Colonist in Bondage: White Servitude and Convict Labor in America, 1607/1776; Chapel Hill, 1947; University of North Carolina Press.

11. La mejor visión de conjunto de la historia de la esclavitud en el Sur es Kolchin, Peter; American Slavery, 1619/1877; Nueva York,1993; Hill & Wang.

12. Karl Marx; Capital: A Critique of Political Economy; Vol. III; Harmondsworth, 1991; Penguin Books; p. 940.

13. Karl Marx; Capital: A Critique of Political Economy; Vol. I; Nueva York, 1956; Modern Library; p. 260.

14. Karl Marx; Theories of Surplus-Value; octava edición; Moscú, 1971; Progress Publishers; pp. 301/303, itálicas en el original.

15. Karl Marx; Grundrisse: Foundations of the Critique of Political Economy (Rough Draft); Harmondsworth, 1981; Penguin Books; p.224.

16. Logia de la Sociedad de Patrones de la Agricultura (nota del traductor).

17. Karl Marx; Capital: A Critique of Political Economy; Vol. I; Nueva York, 1956; Modern Library; pp. 195/196.

18. Karl Kautsky; “Vorrede”, to Joseph Salvioli, Der Kapitalismus in Altertum: Studien uber die romische Wirtschaftsgeschichte; Stutgart, 1912; J. H. W. Dietz. El libro del Salvioli contiene una excelente refutación de los puntos de vista de esos historiadores y economistas (Mommsen, Rodbertus, etc.) que, bajo la influencia de las condiciones modernas, encuentran capitalismo plenamente desarrollado en la sociedad antigua. Los estudiantes de la esclavitud del Sur deberían consultarlo para ver cómo los ‘cliometristas’están cometiendo los mismos errores de hace cien años.

19. Idem anterior. Ver también el comentario de Kautsky al libro de Ettore Ciccoti Il tramonto della schiavitu nel mondo antico, en Kautsky, Karl; “Sklaverei und Kapitalismus”; in Die Neue Zeit; Vol. 29, n° 2, 1911.

20. En 1768/72, el valor de las exportaciones por habitante en las Indias Occidentales fue diez veces mayor que en Nueva Inglaterra [Galenson, Davis W.; "The Settlement and Growth of the Colonies: Population, Labor and Economic Development", in Stanley Engerman and Robert Gallman (eds.), The Cambridge Economic History of the United States; Vol. I, "The Colonial Era"; Cambridge, 1996; Cambridge University Press; and North, Douglas C.; The Economic Growth of the United States, 1790/1860; Englewood, 1961; Prentice Hall].

21. “Sólo en un estadio determinado de su desarrollo, la producción de mercancías pasa necesariamente a ser producción capitalista de mercancías (de hecho, es sólo sobre la base de la producción capitalista que los productos toman la forma general y predominante de mercancías), entonces las leyes de propiedad que están basadas en la producción de mercancías, necesariamente se convierten en las leyes de la apropiación capitalista” [Karl Marx; Capital: A Critique of Political Economy; Vol. I; Nueva York, 1956; Modern Library; p. 639].

22. Eugene Genovese and Elizabeth Fox Genovese; Fruits of the Merchant Capitalism: Slavery and Bourgeois Property in the Rise and Expansion of Capitalism; Nueva York, 1983; Oxford University Press.

23. Steven Hahn and Jonathan Prude (eds.); The Countryside in the Age of Capitalist Transformation: Essays in the Social History of Rural America; Chapel Hill, 1985; University of North Carolina Press; p. 12.

24. James S. Allen.; The Negro Question in the United States; Nueva York, 1936; International Publishers; p. 35.

25. Eric Foner; Reconstruction: America’s Unfinished Revolution, 1863/1877; Nueva York, 1989; Harper & Row; p. 214.

26. J. E. Cairnes; The Slave Power: Its Character, Career and Probable Designs: Being an Attempt to Explain the Real Issues Involved in the American Contest; Nueva York, 1968; A. M. Kelly; p. 225.

27. Adam Smith; An Inquiry Into the Nature and Causes of the Wealth of Nations; Londres, 1951; Encyclopaedia Britannica; pp. 22/23.

28. Karl Marx; Capital: A Critique of Political Economy; Vol. III; Harmondsworth, 1991; Penguin Books; p. 923.

29. V. I. Lenin; “The Agrarian Program of the Social Democracy in the First Russian Revolution, 1905/1907″; in Collected Works, Moscú,1964; Progreso; p. 240.

30. Peter Kolchin; “The Business Press and the Reconstruction”, Journal of Southern History, Vol. 33, 1967; p. 196.

31. Citado en Eric Foner; “Thadeus Stevens, Confiscation and Reconstruction”, in Foner, Politics and Ideology in the Age of Civil War; Oxford, 1980; Oxford University Press; p. 144.

32. Citado en William B. Hesseltine; “Economic Factors in the Abandonment of the Reconstruction”, Mississippi Valley Historical Review; Vol. 22, N° 1, 1935; p. 206.

33. Gilbert Fite; Cotton Fields No More: Southern Agriculture, 1865/1980; Lexington,1984; University Press of Kentucky; p. 15.

34. Terence Byres; Capitalism from Above and Capitalism from Below: An Essay in Comparative Political Economy; Londes, 1996; Macmillan; pp. 297/9.

35. Sobre esta cuestión, ver Terence Byres; “Historical Perspectives on the Sharecropping”, in “Sharecropping and Sharecroppers”, del Journal of Peasant Studies; Vol. 10; N° 2/3; pp. 7/40.

36. Karl Kautsky; The Agrarian Question; Londres, 1899; Zwan Publications; p. 88.

37. Adam Smith, Wealth of Nations; p. 109

38. David Ricardo; The Principles of Political Economy and Taxation; tercera edición; Londres, 1917; J. M. Dent.

39. Isaac Rubin, A History of Economic Thought; Londres, 1979; Ink Links; pp. 94/5, diferenciado en el original. Este libro es la mejor introducción a la historia de la economía política.

40. Rudolph Hilferding; “Aus der Vorgeschichte der Marxschen Okonomie”; in Die Neue Zeit; Vol. 30, N° 1, 1911/12; pp. 346-7.

41. Richard Jones; Lectures on Labor and Capital, in Literary Remains Consisting of Lectures & Tracts on Political Economy; Nueva York, 1964; A. M. Kelley.

 42. Richard Jones; An Essay on the Distribution of the Wealth and on the Sources of Taxation, Part. I: Rent; Nueva York, 1956; Kelly & Millman; p. 1881.

43. Idem.: p. 14

44. Richard Jones; “A Short Tract on Political Economy, Including Some Account of the Anglo-Indian Revenue System”, in Literary Remains Consisting of Lectures & Tracts on Political Economy; Nueva York, 1964; A. M. Kelley; pp. 198/211.

45. Karl Marx; Theories of Surplus-Value; octava edición; Moscú, 1971; Progress Publishers; pp. 429.

46. Karl Marx; Capital: A Critique of Political Economy; Vol. III; Harmondsworth, 1991; Penguin Books.

47. Turgot, Anne-Robert-Jacques; “Memoire sur le surcharge des impositions qu’éprouvait la generalité de Limoges”, en Gustave Schelle (ed.), Oeuvres de Turgot et documents le concernant; París, 1914; Librairie Felix Alcan.

48. Marx, Karl; Capital, Vol. I, Chapter XXIX: “Genesis of the Capitalist Farmer,” pp. 814-15.

49. François Quesnay, Fermiers, in Oeuvres économiques et philosophiques, edited by Auguste Oncken, Burt Franklin: New York, 1969, p. 184, note.

50. Quesnay, Maximes générales du gouvernement économique d’un royaume agricole, in Ibid., p. 340.

51. Quesnay, Fermiers, pp. 188-89, and Maximes générales du gouvernement économique d’un royaume agricoleNote sur la Maxime V, pp. 337-39.

52. Anne-Robert-Jacques Turgot, Réflexions sur la formation et la distribution des richesses, in Gustave Schelle (ed.), Oeuvres de Turgot et documents le concernant, Paris: Librairie Felix Alcan, 1914, Vol. 2, p. 549.

53. Ibid., pp. 571-72.

54. Turgot, Op. Cit., p. 550.

95. Jay R. Mandle, “The Plantation Economy and Its Aftermath,” Review of Radical Political Economics, Vol. 6 (Spring 1974) 35.

96. Edward Royce, The Origins of Southern Sharecropping, Philadelphia: Temple University Press, 1993, pp. 63-64.

97. Susan Archer Mann, Agrarian Capitalism in Theory and Practice, Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1990, pp. 78-9.

98. Ver Pete Daniel, “The Metamorphoses of Slavery, 1865-1900,” Journal of American History, Vol. 66 (June 1979) 88-99.

99. Jay R. Mandle, Not Slave, Not Free: The African American Economic Experience Since the Civil War, Duke University Press: Durham and London, 1992, p. 22

100. Ibid., pp. 23-24.

101. “La renta pagada por el granjero arrendatario estaba inversamente relacionada con el grado en el que proporcionaba sus propios medios de producción”; Thomas D. Boston, “Capitalist Development and Afro-American Land Tenancy,” Science and Society, Vol. 46, No. 4 (Winter 1982-1983) 451.

102. See Louis Ferleger, “Sharecropping Contracts in the Late Nineteenth-Century South”, Agricultural History, Vol. 67, No. 3 (Summer 1993) 31-46.

103. Hibbard, Op. Cit., 485-86. “Estudios empíricos confirman que la riqueza de los arrendatarios estaba fuertemente relacionada con el arrendamiento de renta fija en oposición al de compartir la cosecha.” Gavin Wright, Old South, New South: Revolutions in the Southern Economy Since the Civil War, New York: Basic Books, 1986, p. 100.

104. Hibbard, Op. Cit., p. 484.

105. Jack Temple Kirby, Rural Worlds Lost: The American South, 1920-60, Baton Rouge: Louisiana University Press, 1987, pp. 140-41.

106. Allen, The Negro Question in the United States, pp. 59-62.

107. Ibid., pp. 120-21.

108. Fite, Cotton Fields No More, p. 38.

109. Ver su libro Old South, New South: Revolutions in the Southern Economy Since the Civil War, New York: Ba

110. Fite, Cotton Fields No More, p. 39.sic Books, 1986.

111. Foner, Reconstruction, p. 604.

112. Sobre las vías “norteamericanas” y “prusianas” de desarrollo capitalista ver Lenin The Agrarian Program of the Social Democracy in the First Russian Revolution, 1905-1907 y mi artículo “The American Path of Bourgeois Development,” The Journal of Peasant Studies, Vol. 29, No. 2 (January 2002) 1-23.

113. Citado en Fite, Op. Cit., pp. 129-30.

114. Jack Temple Kirby, “The Southern Exodus, 1910-1960: A Primer for Historians,” Journal of Southern History, 49 (November 1983) 585.

115. Fred Magdoff, Frederick H. Buttel, and John Bellamy Foster, “Introduction” to Magdoff, Buttel, and Foster (eds.), Hungry for Profit: Agriculture, Food, and Ecology, special issue of Monthly Review, Vol. 50, No.3 (July-August 1998) 7.

112. Sobre las vías “norteamericanas” y “prusianas” de desarrollo capitalista ver Lenin The Agrarian Program of the Social Democracy in the First Russian Revolution, 1905-1907 y mi artículo “The American Path of Bourgeois Development,” The Journal of Peasant Studies, Vol. 29, No. 2 (January 2002) 1-23.

113. Citado en Fite, Op. Cit., pp. 129-30.

114. Jack Temple Kirby, “The Southern Exodus, 1910-1960: A Primer for Historians,” Journal of Southern History, 49 (November 1983) 585.

115. Fred Magdoff, Frederick H. Buttel, and John Bellamy Foster, “Introduction” to Magdoff, Buttel, and Foster (eds.), Hungry for Profit: Agriculture, Food, and Ecology, special issue of Monthly Review, Vol. 50, No.3 (July-August 1998) 7.

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