Estimados compañeros:
Yo escribo para referirme al artículo reproducido en la sección de Prensa Obrera, Correo de Lectores, edición Nº 1.070, publicada bajo el título de "Reaccionemos ante la entrega". Lo que en mayo del presente año se juega son tres millones de kilómetros cuadrados, pues al considerarse estado ribereño, Gran Bretaña solicita 350 millas marinas en torno de las Islas Malvinas e Islas Georgias, y presenta esa pretensión ante la Comisión de Límites de las Naciones Unidas.
Argentina y Gran Bretaña tienen plazo para presentar el estudio hasta el 30 de mayo de 2009, Argentina no ha hecho los estudios pertinentes, la no presentación en término podría hacer perder derechos. Sin embargo, también hay que tener en cuenta que la cuestión de límite en este caso, no es algo jurídico sino económico y, en consecuencia, político.
Los antecedentes más próximos de nuestra guerra de Malvinas, la encontramos cuando en 1974 Inglaterra decide desprenderse de las colonias económicamente improductivas, en abril del mencionado año, el canciller argentino Vignes le comunica al presidente Perón que Inglaterra quería para las Islas Malvinas una soberanía compartida, en la que Argentina soportara las pérdidas; estas conversaciones concluyeron por negativa de Inglaterra de continuar las mismas.
La crisis petrolera de aquellos años llevó a que se tuviera en cuenta de manera especial los estudios efectuados sobre sedimentos marítimos en la década de los años '50 por Lamont-Doherty Geological Observatory. A fines de 1975 y principio de 1976 se hace un importante estudio científico que concluye con el informe elaborado por el lord Shakleton, que destaca a esta zona como de mayor importancia petrolera que el Mar del Norte.
En 1977, el presidente de Hughes Tool Co (EEUU) pronosticó que la cuenca austral podría ser un nuevo Mar del Norte.
En 1979, el director de la CIA, Almirante Stanfield Turner, informó al Congreso de EEUU sobre los resultados obtenidos por el buque Glomar Explorer dentro de la zona incluida en las 200 millas marinas de las Islas Malvinas, en donde se presume que hay una cantidad de hidrocarburos nueve veces superior a las del Mar del Norte.
No obstante, lo expuesto por el informe de la CIA al Congreso, las conclusiones del informe Shakleton sitúan a la capa de mayor espesor de sedimentos en la línea media entre Malvinas y la parte continental con mayor proyección en dirección al continente.
El informe elaborado por lord Shakleton consideró imposible la exploración y explotación sin la cooperación de Argentina, porque es necesario el apoyo logístico de tierras firmes circundantes, por lo que la pretensión británica mediante la fijación de límites marítimos incluye todo nuestro litoral hasta aproximadamente el límite sur de la provincia de Chubut, Isla Grande de Tierra del Fuego sin distinguir entre argentina y chilena, parte del estado chileno de Magallanes y más de la mitad de la provincia de Santa Cruz, como se puede apreciar en vez de buscar la colaboración argentina como proponía Lord Shakleton, la política británica mediante manejos diplomáticos y leguleyos es quedarse con la soberanía de los territorios que le son necesarios.
El gobierno de los K debería pensar si la diplomacia basta para retener la soberanía sobre territorios indudablemente nuestros, cuando hay intereses económicos tan importantes.
El debate debe darse respecto del rol que deben tener las masas obreras y populares en defensa de las riquezas y cómo deberían explotarse éstas en beneficio del pueblo trabajador, por ser la única que al liberarse, libera a la sociedad en su conjunto.





