El viernes 6 de febrero, al mediodía, comencé a recibir los llamados. Todos coincidían en que habían escuchado en los medios que el Polo Obrero de Vicente López llamaba a una concentración en Maipú al 2300, a dos cuadras de la quinta presidencial.
No me hubiera sorprendido de ver al Polo en acción, si no fuera el responsable del comité del PO en el distrito y sabiendo que no habíamos planeado nada para ese día.
Fui a la zona y, literalmente, la quinta parecía la Franja de Gaza. Había carros hidrantes, federales, de la provincia, infantería, etc. Habían cortado el tránsito por Maipú con vallas desde Villate hasta Malaver. Sólo un puñado de manifestantes independientes que se habían convocado al escuchar las noticias.
Me acerqué a la Federal y le pregunté a qué se debía el operativo. Me respondieron que esperaban al Polo Obrero y a Quebracho. Luego, cuando me identifiqué y les dije que el Polo jamás iba a llegar, comenzaron a bromear y a decirme que llevara a algunos, así no quedaban como que fueron al pedo.
A eso de las 20 horas, debido a las quejas por el problema que habían causado en el tránsito y, supongo yo a los informes de los helicópteros que decían que no venía nadie, comenzaron a abrir el paso, plegando las vallas (no sacándolas).
No tengo datos para opinar sobre el origen de este pescado podrido. Posiblemente sea producto de las camarillas que anidan en el Estado. Pero sé que la reacción del gobierno se da porque éste es consciente del ataque que está efectuando a los trabajadores, llámese despidos, suspensiones o tarifazos.
Hey, Kristina, cuidado que viene el pueblo.





