POONLINE 5 12/2/2009 Salta

El reclamo salarial de la policía expone al régimen de Urtubey

Un programa frente a la huelga policial

En agosto de 2008, Urtubey tuvo que sofocar una huelga policial recurriendo a las amenazas de descuento y al 'diálogo personal' con los agentes acuartelados. Mediante maniobras logró levantar la huelga con miserables 350 pesos en negro.

El movimiento siguiente fue cambiar al ministro de Seguridad, algo que no había considerado necesario con motivo de la brutal represión a un asentamiento de 50 familias en Orán. Quien recuperó ese puesto clave fue Pablo Kosiner, un hombre de Romero, que en la Cámara de Diputados defendió y justificó todas las represiones en los últimos ocho años.

El viejo régimen recuperaba así el control de la policía en la provincia. Es una manera de garantizar impunidad para el aparato de narcotráfico de Romero, agregó algún periodista.

A comienzos de año, la Policía volvió al paro: piden que el sueldo de bolsillo de un agente que recién ingresa alcance los 2.300 pesos (la oferta del gobierno llega a poco más de 1.900). Piden trabajar menos horas: "Trabajamos dos fines de semana y al tercero recién descansamos. Cumplimos 64 horas semanales", explicó uno de los voceros. Piden viviendas. Y el reclamo de sindicalización tomó estado oficial en la asamblea en la que se decidió el paro.

Luego de ocho días, la huelga crece y las movilizaciones son masivas (3.000 policías, la mayoría en actividad).

Urtubey ha respondido con la apertura de sumarios a los nueve delegados que representan a los huelguistas (para pasarlos a disponibilidad a posteriori). Pero ha debido convocar a dialogar a los mismos que sanciona.

¿Y la población?

Mientras, cuando entra en escena la huelga docente, todos los días llueven en los medios denuncias de la corrupción policial: en octubre, una campesina de 76 años fue desalojada por la policía de El Quebrachal, a la cual le quemaron los corrales y el rancho de adobe. Luego intimidaron a 19 familias más para que se fueran de las tierras que habitan desde hace cinco generaciones, compradas por la finca San Miguel (en enero, el mismo destacamento había golpeado y desalojado a campesinos de Lorena, en Santiago del Estero). En noviembre, la guardia policial de la localidad de Apolinario Saravia asesinó a un productor de sandías para robarle 47.000 pesos que llevaba encima por la venta de su cosecha. En Navidad, la Guardia de Infantería de Orán asesinó a seis jóvenes alojados en la comisaría del menor, metiéndolos en cal y cemento hasta asfixiarlos, y luego les prendió fuego para tapar la masacre, simulando el incendio de los colchones.

Aún fresca la memoria de La noche de la Tizas o la feroz represión de 50 familias en el asentamiento La Canchita, en Orán, este enfrentamiento de la "maldita policía" con sus mandos es vista con gran desconfianza. ¿Son trabajadores?, se debate.

Trabajan, sí, pero su trabajo es reprimir a los trabajadores. La crisis entablada debe servir para debilitar al aparato de represión y en especial golpear a su alto mando.

Por eso exigimos: que se forme una comisión investigadora parlamentaria y de representantes de los trabajadores y de derechos humanos, que funcione en audiencias públicas,  para que registre las denuncias de corrupción y de represión policial. Los culpables de estos delitos deben ser exonerados y procesados y, por supuesto, suspendidos mientras dura la investigación. Que se establezca un control civil y democrático de la policía por medio de un organismo electo por el pueblo, anual y revocable, que informe públicamente cada mes. Elección de comités de vecinos en todos los barrios, con participación de los trabajadores que  desempeñan sus labores en esos barrios, para ejercer el control de la actividad policial y la seguridad de los mismos.

Reclamamos el fin del sistema de adicionales y el establecimiento de un escalafón salarial único y que el cargo testigo alcance el costo de la canasta familiar, como reclamamos para todos los estatales. Los adicionales son funcionales a la privatización de la seguridad estatal y sirven para la explotación de los escalones inferiores por los superiores.

Condicionar la iniciativa de organización sindical de los cuadros inferiores de la policía, a la garantía de estatutos democráticos de asambleas deliberativas, abiertas y públicas, y un programa de defensa de las libertades democráticas y de los derechos de los trabajadores.

 

Cristina Foffani

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Socialismo y Estado: La función de las fuerzas represivas

Compañeros: Compañeros: Les escribo desde la ciudad de Santa Fe. Siempre trato seguir Prensa Obrera, pero en esta ocasión no puedo menos que hacerles saber mi parecer, como socialista, acerca del programa que levantan alrededor de la cuestión de las "luchas" policiales en la provincia de Salta. Los socialistas revolucionarios siempre hemos tenido en claro el carácter del Estado (institución que es producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase en la sociedad; en este caso, capitalista) pero su "programa" me ha dejado anonadado. Históricamente hemos luchado por la destrucción del Estado, sostén y gerenciador de los intereses de una clase parasitaria. (¿No hará falta recordar a Marx, Engels, Lenin o Trotsky?) La dominación de clase y la consolidación de la burguesía como la clase dominante tiene sus orígenes en causas económicas, pero la custodia de estas relaciones económicas desiguales está en manos del Estado (en su fuerza, policía, ejército, etc.) La vanguardia socialista tiene el "deber" de educar a las masas trabajadoras, de levantar un programa político que lleve a éstas a la conclusión de la "necesidad" de organizarse para tomar el poder. Este programa no es para conseguir reformas parciales o "estructurales", política de los centristas y reformistas. Ahora, una cosa es cuando los socialistas luchamos para que las conquistas democráticas, económicas, etc. no sean echadas a tierra por la acción del Estado y los políticos de la burguesía en tiempos de crisis como la actual. Luchamos por reivindicaciones económicas y por las libertades políticas, pero levantar un programa para que nuestros verdugos estén mejor pertrechados y alimentados no es lo que hacemos los socialistas. No quiere decir esto que las luchas al interior de la clase dominante nos pasen por el costado, pero esto no quiere decir que tengamos que alinearnos con tal o cual bando capitalista o "corporación" estatal. ¿Qué van a decir si sale un sector de la gendarmería a pedir mejoras salariales? Que estos señores (asesinos) sean reclutados en los estratos más bajos del pueblo, no cambia el carácter de las fuerzas represivas. Los socialistas luchamos por la desaparición del Estado, confiamos en las fuerzas de los trabajadores, en su democracia y métodos de lucha y somos concientes de la necesidad del partido leninista, a esto dedicamos nuestros esfuerzos militantes. Estoy convencido de que el "programa" que desarrollaron es como mínimo oportunista, que no hace más que sembrar expectativas en "futuros" cambios de la mano del Estado. ¡Nada que ver con las enseñanzas que sacamos los socialistas de la historia de nuestras luchas! ¡Paren de confundir! ¡La policía tiene que desaparecer, el Estado también! No hay lugar para reformas de este tipo. Hay que optar: ¡Marxismo revolucionario o la vuelta a la Segunda Internacional! ¿De qué lado está el PO?