Después de haberse declarado como el “único vocero” sobre las negociaciones del TLC, el presidente uruguayo Tabaré Vázquez se reunió con los partidos de la oposición que expresaron públicamente su apoyo incondicional a la firma del tratado con Estados Unidos. La entrevista de Vázquez con blancos y colorados sirvió para realinear al Frente Amplio: los grupos que habían señalado objeciones al TLC, inmediatamente “comenzaron a moderar su discurso” (La Nación, 22/8). También los “objetores” se subieron al barco del TLC.
En realidad, nunca hubo una oposición dentro del Frente Amplio a la firma del tratado bilateral con Estados Unidos; apenas algunas quejas y mucha hipocresía. El Partido Comunista, por ejemplo, dijo “rechazar el TLC”, pero defiende la firma de “tratados comerciales bilaterales con todos los países”... No hay que olvidar que todos los integrantes del FA aceptaron, sin mayores problemas, el tratado bilateral de protección de inversiones que firmaron Tabaré Vázquez y Bush (y que había sido negociado por el gobierno de Jorge Batlle).
Los opositores frenteamplistas al TLC ya tiraron la chancleta. Brecha (1/9) informa que “a nivel de gabinete, parte de quienes no comparten la línea de acercamiento a cualquier costo a Estados Unidos, no están dispuestos a llevar las cosas al extremo. Así advierten que lo peor sería que un acuerdo con la administración Bush requiera los votos de la oposición en el parlamento. Ello llevaría a que el eje de la gestión girara a la derecha, modificando todos los equilibrios internos. De ahí que para conservar la actual estructura del equipo y los distintos pesos en el mismo, están dispuestos a apoyar un TLC, aún a sabiendas de que se aparta del programa que los llevó a ganar las elecciones”. Para que el gobierno “no gire a la derecha” y, sobre todo, para que la derecha, de dentro y de fuera del FA, no se quede con los ministerios y secretarías que hoy detenta la “izquierda”, los opositores al TLC están dispuestos a aplicar… el programa de la derecha.
La quiebra política de los supuestos opositores al TLC dentro del FA es un dato de la realidad reconocido por todos. Danilo Astori, uno de los más fuertes defensores del TLC, declaró ante el Senado uruguayo que “habrá que buscar otro nombre (...) porque la sigla TLC genera una reacción negativa en la izquierda” (La Nación, 22/8). Astori llegó a recordar que “la expresión ‘caducidad de la pretensión punitiva del Estado’ sobre hechos de la dictadura (...) se usó en una ley de amnistía a los militares (...) para no mencionar la palabra amnistía” (ídem). La hipocresía viene de lejos.
Sin embargo, se llame como se llame, Astori dejó en claro que se tratará de un acuerdo de libre comercio sobre bienes y servicios. Es decir que incluirá —como todos los TLC firmados hasta el momento– cláusulas relativas a la defensa de la propiedad intelectual y la utilización de patentes, el fin de los monopolios estatales y la apertura de las licitaciones estatales a las empresas extranjeras. Como contrapartida a la “apertura” uruguaya, Estados Unidos no reducirá (ni siquiera acepta discutirlo) los subsidios a su producción agrícola.
El gobierno del FA se ha embarcado en un camino que, sabe, no tiene retorno: al comenzar a discutir el TLC sabe que está obligado a firmar lo que la Casa Blanca quiera. “No es sencillo imaginar una situación en la cual, una vez iniciadas las negociaciones, no lleguen a buen puerto por la decisión de la delegación oriental. Basta con tomar nota de la temprana publicación de informes de organismos multilaterales y calificadoras de riesgo que marcan las consecuencias ‘positivas’ sobre la ‘estabilidad’, el ‘clima de negocios’ y la ‘credibilidad del gobierno’ que ha provocado el mero anuncio del inicio de negociaciones (y) que rápidamente cambiarían de signo ante la difusión de dificultades en la negociación” (Brecha, 24/8).
Privatización
El FA es un firme partidario de las privatizaciones. En Montevideo, los gobiernos municipales del FA privatizaron cuanto pudieron, incluido el juego y los casinos. En el gobierno nacional, defendieron las privatizaciones de blancos y colorados, para lo cual no dudaron en desconocer el referéndum que otorgó status constitucional al monopolio estatal del agua.
Con el TLC, el FA podrá culminar el trabajo privatizador, avanzando sobre los dos monopolios estatales todavía existentes: el de la refinación de combustible y, por sobre todo, el de las telecomunicaciones. Los blancos y colorados privatizaron el servicio de telefonía móvil; con el TLC y el FA, el capital privado tendrá acceso a la red troncal de telefonía fija.
No sólo comercio
La subordinación del gobierno de la izquierda uruguaya al imperialismo no se limita, apenas, a la firma de tratados comerciales y de inversiones.
José Bayardi, subsecretario de Defensa, confirmó que el gobierno frenteamplista le ofreció al Pentágono instalar en Montevideo una “escuela” para formar a los militares latinoamericanos en “misiones de paz”. Es decir, una “escuela” para la represión de las rebeliones populares.
Kirchner y la burguesía argentina dan el sí
“Fuentes de la cancillería argentina admitieron que es probable que se acepte que Uruguay firme un acuerdo comercial con Estados Unidos pese a que el marco jurídico del Mercosur impide a los socios celebrar convenios comerciales bilaterales con países ajenos al bloque” (Brecha, 24/8). Inmediatamente después de Uruguay, “Paraguay seguiría el mismo camino” (ídem). Para facilitar la aceptación de Argentina y Brasil, “quizá se introduzcan en el texto algunos cambios cosméticos, como ya se hizo en el tratado de protección de inversiones para lograr la aceptación del plenario del FA” (ídem). La explicación es que no vale la pena oponerse porque Uruguay va a firmar el TLC de cualquier manera. Con esto, Kirchner y Lula esperan “salvar” el Mercosur.
Pero con los TLC de Uruguay y Paraguay lo único que va a quedar del Mercosur es el nombre: se llegaría a “una modificación del bloque, que quedaría como una especie de retaguardia para grandes temas y políticas macro, como las negociaciones con la OMC, posturas comunes en la ONU...” (ídem).
Kirchner está obligado a respaldar el TLC de Uruguay por otras razones. La burguesía argentina apoya abiertamente la política del gobierno de la izquierda uruguaya, en la cuestión de las pasteras y también en la de la “integración comercial” con Estados Unidos. La celebración del aniversario de la independencia del Uruguay, el pasado 25 de agosto, fue la ocasión para demostrar el apoyo multitudinario de la burguesía argentina al gobierno del FA y a su política. “Empresarios argentinos copan embajada uruguaya”, titula Clarín (26/8), y agrega: “Nombrarlos a todos (los que estuvieron presentes) sería imposible”.






