Entre el 14 y el 16 de octubre, miles de mujeres volveremos a reunirnos en el Encuentro Nacional de Mujeres, en Jujuy. Una provincia donde hace tres años que está presa Romina Tejerina, hecho decisivo para que en el Encuentro anterior, de Mar del Plata, votáramos que la próxima sede fuera Jujuy. Vamos, entonces, en primer lugar, a exigir que se libere a Romina, sentenciada en un juicio que el procurador de la Nación, Esteban Righi, calificó como nulo y exigió que se revea con ella en libertad.
Llegaremos al Encuentro con gran esfuerzo; muchas vivimos muy lejos, el costo del pasaje supera lo que cobra una compañera del plan Jefes y se lleva la mitad de lo que cobra una maestra, una enfermera, una jubilada. Sin embargo, hace meses que juntamos colectivamente los recursos para estar allí. ¿Por qué? Porque las mujeres tenemos mucho que discutir.
En primer lugar, que este gobierno, que hace gala de defensor de los derechos humanos, reforzó en todos sus términos la opresión de las mujeres. Esta afirmación se sustenta en infinidad de pruebas, que son la descripción de nuestra propia vida.
Mientras ministros y gobernadores califican el aborto clandestino como “tragedia social”, el gobierno se comprometió con el Vaticano a mantenerlo ilegal y vació de métodos anticonceptivos los pocos hospitales y salitas que los tenían. Pero fue más lejos: el gobierno K ni siquiera garantiza los abortos no punibles, que en el pasado se cumplían sin alharaca. Tenemos fresca la indignación por las chicas de Guernica y Mendoza. El Encuentro debe debatir cómo le imponemos a Kirchner la consigna histórica del movimiento de mujeres: “anticonceptivos para no abortar, aborto legal y gratuito para no morir”. Sin perder tiempo en proyectos de despenalización parcial: ¡no cumplen ni los que son ley hace 80 años!
Queremos la efectiva separación de la Iglesia y el Estado. Que los curas saquen sus narices de nuestros úteros pero también de las escuelas. Repudiamos la injerencia clerical en los proyectos de educación sexual y denunciamos que Diputados aprobó, 168 a 1, un Programa de Educación Sexual Integral a la medida de la Iglesia, que permite que cada institución “adapte los lineamientos a su realidad sociocultural, en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros”. Como se incluye la “dimensión espiritual de la sexualidad” (¡?) y “un diálogo sobre los contenidos con los distintos sectores del sistema educativo”, la Curia podrá entrar a las escuelas laicas y públicas. La capitulación de Kirchner ante el oscurantismo clerical es absoluta.
En tanto, las redes de apropiación de bebés, vinculadas a la Iglesia, roban sus hijos a las mujeres indigentes. Cuando los reclaman, como la santiagueña Alejandra Ibarra, la Justicia garantiza la impunidad de los traficantes y protege a los apropiadores, que retienen el bebé hace 8 meses en un barrio cerrado de Escobar. ¡Hay 30.000 chicos en instituciones, la mayoría confesionales, y más del 80% fueron alejados de sus familias sólo porque son pobres! Con el subsidio que el Estado paga a los Grassi por sus hijos, dejarían de serlo.
Vemos multiplicarse las redes de prostitución. Engañadas con la promesa de un trabajo, o directamente secuestradas, niñas y adolescentes son encerradas en prostíbulos que engordan la caja negra de la mafia policial y política. La madre de Marita Verón, en la desesperada búsqueda de su hija, ha encontrado más chicas secuestradas en prostíbulos que toda la policía junta. A las que sí persiguen es a las víctimas: los legisladores porteños se aprestan a reglamentar la prostitución — un retroceso de 70 años — , método infalible para reforzar el dominio de los proxenetas y la policía sobre las mujeres.
La violencia institucional y el lugar subordinado que tenemos en este régimen social legitiman la violencia sexual y doméstica. Los jueces no toman las denuncias o “aligeran” las carátulas para no condenar a los violadores y abusadores. La pueblada de los vecinos de Núñez y de tantos otros lugares contra los violadores marca el camino para terminar con la impunidad. No hay estadísticas oficiales sobre mujeres golpeadas. Pero sólo en la provincia de Buenos Aires muere cada dos días una mujer, el 70% asesinada por su pareja o ex pareja. Muchas habían recorrido comisarías y fiscalías, sin lograr que el Estado actuara. La única salida es la organización autónoma de las mujeres barrio por barrio. Ninguna confianza en el Estado: es el primer violador y el primer golpeador.
No hay reactivación para las trabajadoras
Las mujeres, como la inmensa mayoría del pueblo, estamos al margen de la reactivación económica. Seguimos siendo las más pobres entre los pobres, la mayoría de los desocupados y la mayoría de los trabajadores en negro. Las que estamos en blanco, ganamos salarios por debajo de la canasta familiar, y un 30% inferior al de los hombres. Por eso las piqueteras luchamos por trabajo genuino y las mujeres de los planes jefes somos un puntal en la lucha por el pase a planta permanente. ¡El gobierno progresista es el primer empleador en negro! Pero todos los partidos patronales, gobiernen o no, opinan que el superávit fiscal no debe invertirse en pagar aguinaldo, vacaciones y un salario igual a la canasta familiar. Las jóvenes explotadas en los call centers, los supermercados, los McDonald’s, forman parte de esa nueva generación de trabajadores que ha salido a hacerle frente a las patronales y a la burocracia sindical, luchando contra la tercerización y la precarización. El único camino por imponer el respeto a los derechos laborales y sindicales es la lucha.
Aunque la mayoría de las mujeres de la clase obrera somos madres, los jardines maternales no figuran en ningún plan de obras públicas. Mientras, las empresas violan descaradamente la ley de guarderías, cerrando las que existen y sustituyéndolas por subsidios miserables, que por supuesto no cobra ninguna trabajadora en negro.
El Gobierno se jacta del superávit fiscal. Nosotras lo que vemos son los salarios cada vez más raquíticos mientras suben los precios. Pero todos los días nos enteramos de un nuevo subsidio a las telefónicas, a las petroleras, a las sojeras. La reactivación capitalista se sostiene sobre nuestra explotación. Y al precio de entregar las reservas naturales y destruir el medio ambiente de manera irreversible. Esa es la síntesis del gobierno K.
La paradoja
Este es el XXI Encuentro. Y año a año participamos más mujeres, masivamente de los sectores populares, que intervenimos en todas las luchas que recorren el país. Sin embargo, el Encuentro está al margen de nuestros combates cotidianos porque las organizaciones conciliadoras impiden que tenga continuidad y sea un canal de organización. Prefieren disolverlo año a año — en nombre de la horizontalidad y el consenso — porque son conscientes de que una organización nacional de las mujeres podría convocarse de inmediato, en todas las plazas del país, ante cualquier avance sobre nuestros derechos.
Nosotras creemos que hay que terminar con esta paradoja de un encuentro multitudinario y combativo que no resuelve nada. Afirmamos que “el consenso” es profundamente antidemocrático, porque pone en el mismo plano las voces ultraminoritarias — antiabortistas, por ejemplo — y las de la inmensa mayoría. Las voceras del gobierno y las que luchamos por el salario.
Sostenemos que el Encuentro debe funcionar democráticamente y que cada taller debe votar sus resoluciones. Y que el acto de cierre debe convertirse en una gran asamblea de mujeres donde se defina un plan de lucha y acciones concretas para lograr nuestras demandas. Como lo hacemos el resto del año en las asambleas de los barrios, las fábricas, las escuelas y las universidades.






