Amaranth, un fondo de inversión con “activos bajo gestión de 9.000 millones de dólares”, cayó “a 4.500 millones la semana pasada” (Wall Street Journal, 21/9).
Amaranth había estado especulando sobre los precios futuros del gas, y “cosechó un gran éxito durante los amplios cambios de precio, logrando miles de millones de dólares gracias a sus caídas y alzas. Sin embargo, a fines de la semana pasada, los precios del gas se desplomaron, particularmente los contratos a futuro” (ídem). Los precios del gas en los mercados de futuros cayeron del récord de 15,38 dólares por millón de BTU, a 5 dólares este mes. La razón aparente de esta caída brusca es que no se verificaron los pronosticados huracanes de esta época del año.
“El lunes, en una carta a los accionistas, Nicholas Maounis, fundador de Amaranth y ex gerente de carteras de inversión con una sólida reputación en círculos financieros, comunicó a los inversores que las pérdidas de un año a hoy, en el multiestratégico fondo, podrían alcanzar 35%.
“Para el último miércoles, otra carta revisaba las pérdidas de un año a hoy a 55% (...) y decía que podría alcanzar a 65% para el mes.” (The Washington Post, 22/9).
Luego de la catástrofe, Amaranth se sorprende: declara que había seguido un “amplio espectro de alternativas de inversión y estrategias de compra-venta en una altamente disciplinada manera de riesgo controlado” (¡!) (ídem). “Esta es la última explosión de un ‘fondo de cobertura’” (ídem).
“La explicación (de Amaranth) fue recibida con escepticismo por los inversores y analistas, quienes dicen que la reciente caída en los precios del gas, aunque excesiva, no fue enteramente inesperada” (Financial Times, 23/9). Entre los damnificados se encuentran “la Asociación de Retiro de los empleados del condado de San Diego, un fondo de pensión con 7.000 millones de dólares en activos, que el año pasado había confiado a Amaranth 175 millones y estima pérdidas de 45 millones de la inversión. Pero esta estimación fue hecha antes de las revelaciones de las amplias pérdidas” (Washington Post, 22/9).
“Fondos invertidos en fondos de cobertura, manejados por Goldman Sachs y el grupo MAN, esperan pérdidas del 2 al 3% como resultado de los problemas. Fondos manejados por Credit Suisse y Morgan Stanley fueron también golpeados. Mientras tanto, bancos de inversión han estado evaluando sus pérdidas como resultado de préstamos a Amaranth por medio de sus principales agentes” (The Economist, 21/9).
“Nunca vi un ‘fondo de cobertura’ tan altamente apalancado (endeudado) en energía”, dijo Peter Fusaro (www.energyhedgefunds.com). Calculó que el fondo mantenía el 10% del mercado global de futuros de gas natural. “Alguien no monitoreó esto correctamente” (ídem). Los inversores, entre ellos los principales bancos de Wall Street, vieron evaporarse miles de millones de dólares como gas en el aire.
Los “fondos de cobertura” no se encuentran regulados por los organismos oficiales. Participan en todos los mercados financieros, de materias primas, acciones, bonos gubernamentales, deudas privadas, hipotecas, etc. ‘Admnistran’ inversiones de alto riesgo, en especial recurriendo a un alto endeudamiento. A este procedimiento se lo conoce como “apalancamiento”, o sea, la proporción de deuda que se ha contraído con relación al capital propio.
Un caso que ahora todos recuerdan
Ahora todos recuerdan lo sucedido con un famoso “hedge fund”, el Long Term Capital Management (LTCM), formado en 1994 y quebrado en 1998.
“Como el Titanic, el Long Term Capital Management fue imaginado como indestructible”. Estaba “blindado por la reputación de sus fundadores, que incluía a John Meriwether, el legendario ex titular de Salomon Brothers — la unidad de arbitraje de bonos — , y por Robert Menton y Myron Scholes, que el año pasado (1997) compartieron el Premio Nobel de Economía por su contribución a comprender el riesgo financiero” (The Economist, 1/10/98).
Pero el “prestigio” y la “legendaria” trayectoria e incluso el Premio Nobel de sus directores no alcanzaron. Una baja del NYSE en septiembre de 1998 fue suficiente para registrar inmensas pérdidas, debido a su alto apalancamiento.
“Después de un intento —fallido por poco— de ganarse a Warren Buffet, la FED realizó un primer contacto a fines de agosto, y avanzó al rescate del broker el 23 de septiembre. El capital líquido de LTCM, de 4,3 mil millones de dólares a inicios del año, había sido destruido. El mismo Alan Greenspan convocó a los jefes de Wall Street a una reunión para el día siguiente. Se quedaron en la reunión hasta las 3 de la mañana, hasta que acordaron una inyección de 3,65 mil millones de dólares para mantener LTCM vivo”... “Si LTCM hubiese sido empujado a la quiebra, sus posiciones netas de 200 mil millones de dólares se hubiesen liquidado y el mercado podría haberse desesperado” (ídem).
La acción de los “titanes” de Wall Street, convocados por Greenspan, evitó su quiebra. El apalancamiento del LTCM al momento de su rescate era de 54 veces. Los bancos prestaron fortunas de dinero, sin garantías suficientes, dinero que la quiebra esfumó. Al momento del rescate, de cada 100 dólares prestados a LTCM, éste tenía 1,85 dólar en activos líquidos (¡!). El banco suizo UBS, “admitió pérdidas por 678 millones de dólares” (ídem), los bancos de Wall Street perdieron cantidades similares, aunque no hicieron comentarios.
Lo sucedido puso en evidencia la fragilidad de la situación de los bancos. Ahora, igual que con LTCM, los bancos de inversión, los más pícaros del mundo, están haciendo “evaluaciones”. La diferencia con el pasado es que ahora los “hedge funds” manejan capitales mucho mayores, haciendo más riesgosa su actividad para el sistema financiero. Por ello varios medios hacen referencia a la falta de “control” de la actividad de estos fondos.
Hay alrededor de “9.000 hedge funds, con activos superando el billón de dólares”, “Es muy distinto de 1990 cuándo 600 hedge funds administraban sólo unos 39 mil millones” (Washington Post, 22/9). Si el LTCM, en 1998, multiplicó el daño potencial por 50 veces su capital, ahora, con el volumen de las carteras que manejan pueden llevar a la quiebra a todas las bolsas juntas.
Nubarrones en el sistema financiero
Las bolsas que negocian futuros financieros son las que más han crecido en los últimos años. El Chicago Mercantil Exchange (CME), dedicado a futuros financieros, tiene una capitalización de 15,5 billones de dólares (al 19/5); el NYSE, 13,95 billones (al 31/5), y por último el Nasdaq 3,6 billones (31/5).
O sea que el mayor volumen se lo lleva la negociación de futuros sobre activos financieros, o sea acciones, índices de bonos y acciones, y materias primas. Se compran a futuro contratos de productos contra un depósito efectivo del 10% del precio total del negocio. Allí las ganancias son rápidas, igual que las pérdidas.
Desde la quiebra del LTCM, los “fondos de cobertura han cuadruplicado el volumen de dinero que manejan y contabilizan el 30% de los negocios en los mercados de valores. Mientras tanto las regulaciones han sido confusas” (Washington Post, 6/8). Alan Greenspan, el presidente del banco central norteamericano, se opuso a cualquier tipo de regulación de este mercado altamente volátil.
Los bancos y los corredores de Bolsa dependen de los fondos de cobertura, esto porque generan liquidez en los mercados, pudiendo derivar hacia ellos los negocios que, por las regulaciones, no pueden hacer directamente.
El New York Times, en una extensa cobertura periodística, revela un caso que involucra a uno de los máximos ejecutivos de Wall Street. El 23 de junio, bajo el título de “SEC informó estar examinando a un gran fondo de cobertura”, se refirió a Pequot Capital Management, un fondo que administra activos por 7 mil millones de dólares, por el manejo de ‘información confidencial’ de una financiera en beneficio de General Electric. En la mira se encontraba John Mack, jefe ejecutivo de Morgan Stanley, uno de los fundadores de Pequot. Morgan Stanley obtuvo satisfacción de la Justicia contra la investigación que inició el organismo supervisor, y despidieron al que conducía la investigación.
¿Faltan controles o sobra capital?
Un mayor control no impediría las quiebras. El Nasdaq, el NYSE y el Chicago Mercantil Exchange, están regulados, lo que no ha impedido que fueran protagonistas de grandes quiebras. No ya en 1929-1932, ni en 1987, sino ahora, en 2000-2003, cuando el Nasdaq perdió el 80% de su capitalización, de la que aún no se recuperó. Enron también quebró, al igual que miles de empresas punto com. Hace poco, los bonos de General Motors y Ford fueron recalificados como ‘basura’, y sus tenedores perdieron fortunas (decenas de miles de millones de dólares).
La sobreinversión de capitales en el mercado financiero, que no encuentran espacio en otras actividades, ha generado un mercado de altísimo riesgo. The Economist, en su principal editorial, describe como “El lado oscuro de la deuda” a los peligros que acechan al sistema financiero por la baja calidad de los préstamos, con nulas o escasas garantías. Entre ellos, los otorgados para compras de empresas, una actividad en crecimiento, o en préstamos hipotecarios con baja calificación.
“El mundo está nuevamente en el ‘apretón’ de las deudas, pero esta vez de empresas antes que de países”, asegura el semanario británico; “los hedge fund han extendido vastos montos de crédito apalancado para comprar el control de empresas y otras deudas privadas. Abandonando las soleadas tierras altas de las finanzas globales, el mercado de capitales está desplomándose en las sombras” (The Economist, 21/9).






