Ha desaparecido Julio López, testigo clave en el juicio contra el genocida Miguel Etchecolatz que acaba de concluir con una condena de cadena perpetua.
Julio fue visto por última vez el día lunes 18, muy temprano por la mañana, justamente cuando partía de su casa para escuchar los alegatos de sus abogados en el cierre del juicio.
La desaparición habría sido llevada a cabo por un sector de la “maldita Bonaerense”.
En reuniones mantenidas con organismos de derechos humanos por la desaparición de López, Arslanián junto a Solá admitieron que “había aproximadamente 60 oficiales en actividad con pasado dudoso durante la dictadura”, que “fueron sumariados inmediatamente enterados de la noticia de López” (sic).
Solá y su ministro de “Seguridad” se encargaron de aclarar en dicha reunión que “casi seguro es la Bonaerense”, para, acto seguido, “pedirles” a los representantes de los organismos “que nos ayuden a combatir a esas mafias”, aunque “sabemos que ustedes no confían en nosotros” (sic). Lo grotesco del cuadro se cerró cuando Arslanián explicó las bondades del nuevo programa de protección de testigos, los cuales llevarían una pulsera con un sensor de GPS (sistema de localización satelital). Los organismos de derechos humanos integrantes del Espacio Justicia Ya de La Plata venían denunciando que los testigos del juicio de Etchecolatz estaban siendo objeto de amenazas, pero ni el Ministerio de Seguridad de Arslanián, ni el Ministerio del Interior de Aníbal Fernández reaccionaron a las denuncias. Si se confirma el secuestro de López entraría en severa crisis el conjunto de juicios que se prevén como consecuencia de la derogación de las leyes de amnistía.
Detrás de la desaparición de López se juega, asimismo, una ‘interna’ del oficialismo; Aníbal Fernández le tiró la pelota a su archirrival en la competencia por la candidatura a gobernador bonaerense para 2007, Felipé Solá, al decir que “todo lo que pueda ocurrir con López es responsabilidad del gobernador”.
El “primer desaparecido en democracia” ha obligado a reflotar la “vieja” consigna de “Aparición con Vida” (ahora, de Julio López). Clarín informa que los funcionarios K argumentaban: “No nos pueden decir esto, justo a nosotros ni a este gobierno” (22/9).
Esta gravísima desaparición, sumada a la “guerra de carpetas” de la Side, habla a las claras sobre el cuadro de podredumbre de este Estado conspirativo y los límites de la demagogia “derecho-humanista”.
El desaparecido “30.001” pone a la orden del día la lucha por la disolución de los aparatos represivos estatales, integrados por genocidas, torturadores, “con gorras” y “sin gorras”, “gatillos fáciles” y embellecidos — cada uno a su manera — , tanto por los Blumberg y sus petitorios como por los Solá y Kirchner con sus “depuraciones”.
Tanto el Partido Obrero como la Asociación de Profesionales en Lucha se han sumado a todas las iniciativas para impulsar una movilización masiva por la aparición con vida de Julio López.






