El conflicto ha entrado en una nueva etapa. La Intervención kirchnerista está tratando de aplicar el “convenio de crisis” para legitimar los despidos, las suspensiones, la flexibilización y la persecución del activismo. La burocracia, por su parte, está desarrollando, infructuosamente, toda serie de maniobras para desplazar al activismo e implementar lo que Daer calificó como una “medida razonable”: el despido de más de 500 compañeros. Mientras tanto, el conjunto de los trabajadores, como consecuencia de las presiones impuestas por la Intervención y por el desgaste lógico de una lucha prolongada, ha entrado en un momento de reflujo.
Ahora bien, frente a este cuadro de situación, ¿qué pasa con el conjunto de las tendencias que nuclean al activismo que intervenimos en el Hospital y que en la actualidad integramos la Comisión Interna? Si bien esta Comisión desarrolló una actividad altamente combativa en las primeras etapas del conflicto, hoy vemos que trazar una trayectoria común se está tornando dificultoso.
Existen diferentes corrientes; algunas aparecen con un norte político incierto, cayendo en la desmoralización y a veces en el oportunismo. Es de destacar que el MST-1 realiza denodados esfuerzos en llevar agua al terreno de la burocracia de Atsa, tratando de implementar organismos paralelos para desplazar a los delegados combativos, lo que prepara un campo más propicio para la implementación del convenio de crisis y los retiros voluntarios. Afortunadamente, esta maniobra fue desbaratada y la burocracia tuvo que abandonar la asamblea que ellos mismos habían convocado, intentando desconocer a los delegados combativos del Hospital.
Sabemos que estas corrientes han actuado en similares situaciones con posiciones capituladoras (Hospital Italiano, Policlínico Bancario, etc.) argumentando que el enemigo es invencible, que el conjunto de los trabajadores está desmoralizado, que hay que pedirle a la burocracia traidora que se coloque a la cabeza, y un largo etcétera que deriva en una completa capitulación.
La divisoria de aguas estuvo marcada por la decisión de los compañeros despedidos de acampar en las puertas del Hospital hasta lograr su reincorporación. El acampe se ha erigido en el principal centro de reagrupamiento y organización para salir al cruce a la escalada de la Intervención. El viernes 22 de septiembre culminó una nueva semana del acampe, con una radio abierta que logró agrupar a trabajadores, socios del Hospital y vecinos.
Frente a esta acción impresionante, las corrientes como los MST-1/2 y el MAS han jugado un papel desmoralizador, en un abierto “quite de colaboración” para dejar morir la iniciativa. No se trata de venir al acampe y hacer un saludo a la bandera, sino de fortalecerlo, sumar otras acciones para que cada despedido, cada compañero pasado a disponibilidad, forme parte de esta lucha. Llamamos también a los compañeros de la Agrupación 1º de Mayo (independientes) a salir a militar por el acampe y no dejarse atrapar por la prédica de los desmoralizados.
Una vez más, vemos la importancia de enmarcar la lucha sindical en una perspectiva de independencia política, única capaz de llevar las luchas que tenemos por delante al triunfo. El movimientismo contribuye, por omisión o acción deliberada, a embarrar la cancha, a crear confusión por la falta de un horizonte estratégico al seguidismo a corrientes propatronales.
Llamamos al conjunto del activismo a sacar las conclusiones y partiendo de esas conclusiones profundizar el plan de lucha y sumar a los compañeros que aún no han salido a dar pelea.
Defendamos la carpa de los despedidos. Por la reincorporación inmediata.
Rechacemos el “convenio de crisis”, los despidos, los retiros voluntarios y la reabsorción de personal.
Fuera la intervención “K” Salvatierra-Gonzaléz.
Estatización bajo control de los trabajadores. Por un Hospital Francés para todos.






