Mi odisea y la de mi familia comenzó el 22 de octubre de 2005 cuando mi hija (discapacitada mental) fue privada ilegítimamente de su libertad durante doce horas por un vecino, que la violó, la entregó a un segundo violador y luego la abandonó. Desorientada, ella solita, con todas sus limitaciones y como pudo, logró pedir ayuda.
Luego fue violada por este maldito sistema machista. Como dicta la ley, hice todo lo que correspondía ante policías, forenses, psiquiatras, servicio de atención a la víctima, etc., que sólo le hicieron revivir el trauma una y otra vez para luego determinar que los hechos tuvieron lugar con su consentimiento, cuando su certificado de un 85% de discapacidad mental dice claramente que mi hija no puede discernir.
O sea: primero, privación ilegítima de la libertad; segundo, violación agravada por ser a una discapacitada; tercero, trata de blancas y segunda violación; cuarto, abandono de persona y el daño irreparable que sufre y sufrirá mi hija siempre.
Pero, para el fiscal Gabriel Rodríguez, de la Fiscalía N° 2 Florida Oeste, Vicente López, como no hubo signos de violencia física —salvo los peritajes ginecológicos y el semen que se le encontró—, mi hija consintió las dos violaciones, por lo que no se le dio curso a la causa.
Habiendo un violador identificado, un ADN por hacer, nunca se apresó al sujeto ni siquiera para que declarara, ni se me informó de los procedimientos a seguir, ni citaron a nuestros testigos. No se investigó al segundo violador —esa causa se cerró—.
Pasaron ocho meses; desesperada por la injusticia, me contacté con las compañeras del Polo (gracias, María del Carmen) y compañeros de fierro que juntos nos manifestamos en la fiscalía con una abogada del PO zona sur (¡gracias, Kuqui!). Pero las irregularidades en la investigación ya se habían cometido y así el fiscal elevó el pedido de detención al juez sabiendo de antemano que con tan pocas pruebas el juez anularía la solicitud; y el ADN no fue compatible (es del segundo violador, que no está identificado), por lo que el acusado fue sobreseído de culpa y cargo.
Hoy el primer violador se pasea impunemente se pasea por el barrio, y el segundo ni siquiera ha sido investigado. Los fiscales, nuestros defensores, “señores” que no dan la cara porque se manejan con soberbios estudiantes que detrás del mostrador se creen que porque somos pobres tienen derecho a tratarnos como una basura contestando despectivamente “no la pueden atender”. Claro, según los machistas y asquerosos “señores” que manejan el poder, a nosotras las mujeres nos gusta que nos maltraten, abusen y nos denigren día a día.
Mujeres: si no despertamos y nos organizamos, y reclamamos nuestras leyes y las hacemos cumplir, nos seguirán violando, y a nuestras hijas e hijos también, porque este maldito Estado es el primer aparato represor y demoledor de mujeres, cobijando la injusticia que sigue abusando de nosotras todos los días.






