En la última edición de Prensa Obrera, hicimos lugar a una denuncia del MST-El Socialista contra el MST-Alternativa Socialista, que había pedido la intervención judicial del distrito Córdoba del MST-ES.
En su respuesta el MST-Alternativa Socialista acusa al MST-ES de haberse quedado con “decenas de miles de pesos”; de haberlos denunciado ante los ministerios (para hacer caer los planes sociales adjudicados al Teresa Vive); de intentar proscribirlos (al utilizar para su legalización el nombre MSyT); de intentar “apropiarse” del nombre de la UIT-CI (la organización internacional), de su revista y de su página web.
El MST-AS difundió una respuesta y documentos que habría enviado a El Socialista entre abril y septiembre (www.mst.org.ar). Informa que “son ellos los que vienen violentando los acuerdos”, pactados en un acta común del 12 abril, de carácter absolutamente administrativo, donde se reparten sin especificación de criterio, las regionales, los recursos y el uso del nombre. Entre las acusaciones posteriores al acta, incluidas en documentos de mayo, agosto y septiembre, dice que: e l MST-ES “nos adeuda sumas de varias decenas de miles de pesos”. Una “persona autorizada para hacer extracciones” bancarias, del MST-ES, habría bloqueado “durante junio y julio todo nuestro dinero”.
Aunque la disputa comenzó en mayo, estas acusaciones se hacen públicas recién en agosto; hasta ese momento, la disputa se trataba apenas de “un lío que nos obliga a reunirnos” (sic; carta del MST-AS del 29 de mayo). El MST-ES niega todos estos cargos.
Para el MST-AS, El Socialista considera a Alternativa Socialista su “principal enemigo político”, que tiene la “intención de perjudicarnos todo lo que sea posible” (carta del 29/8). Por eso, anuncia que “a partir de ahora, nos vamos a mover en todos los terrenos para cuidar nuestros intereses financieros y legales...” (ídem). O sea que Alternativa Socialista también considera a El Socialista como “su peor enemigo” y va a hacer “todo lo que sea posible para perjudicarlo”. Inmediatamente después de esta carta, el MST-AS pidió la intervención del distrito Córdoba.
Aunque no nos consta la veracidad de las acusaciones ni, tampoco, de los desmentidos, sí nos consta, porque es público y notorio, que esta disputa se desarrolla en un cuadro político caracterizado por las coincidencias políticas entre ambas organizaciones. No entendemos por qué el MST-Alternativa dice que El Socialista “es un grupo minoritario que decidió separarse” en razón de “importantes diferencias políticas”, que no reseña.
Ambos MST lanzaron en forma unilateral una misma candidatura presidencial, que oficia como ultimátum y extorsión al resto de la izquierda. Unos y otros coincidieron, también, en llamar al PC a reconstruir Izquierda Unida.
Ambos MST, además, rechazaron integrar la lista clasista de la CTA para formar una lista con algunos (muy pocos) dirigentes del MIC (Movimiento Intersindical Clasista). Como se sabe, una parte del MIC va en la lista oficialista (kirchnerista) de Yasky; otra se ha sumado a listas provinciales y regionales con los partidarios de Yasky; otros han rechazado formar cualquier lista (para no enfrentar a Yasky ni a sus listas regionales).
Los acuerdos políticos entre los dos MST no se limitan al ámbito nacional. Los dos respaldan la candidatura de Heloísa Helena en Brasil, una candidata opuesta a la despenalización del aborto, opuesta a las ocupaciones de tierras y cuya campaña se basa en la consigna, totalmente patronal, de “bajar las tasas de interés”.
En Venezuela, ambos apoyan al PRS y la campaña por los “diez millones de votos para Chávez”, es decir, la herramienta política que ha lanzado el nacionalismo bolivariano para uniformar y regimentar a las masas y a sus organizaciones.
La disputa entablada ha destruido esa construcción artificiosa llamada “partido de tendencias”, o sea, la cristalización de dos pequeños aparatos bajo un lema electoral.
Lo que ha vuelto a estallar no es el MST sino todo un método de construcción política que desprecia al programa y va en procura de las ventajas del día a día.
“La razón de fondo — dice el MST-AS — , fue que no aceptaron convivir con sus diferencias en un mismo partido (...) Esta concepción sectaria que conlleva creerse dueño de la verdad y con autoridad para denostar al otro (...) Muchos grupos tienen la misma lógica de pensamiento”. El MST-ES podría decir lo mismo.
Así, la “culpa” de la crisis del MST la tendría el PO, sistemáticamente acusado de “sectario”, “dogmático”, “autoproclamatorio”. Seríamos responsables, según el MST-AS, de haberlos “contagiado”. Sin embargo, las palabras no cambiarán el hecho, perfectamente comprobable, que el PO se ha desarrollado política y organizativamente en los últimos diez años, mientras que la descomposición que empezó con el estallido del MAS (y aun antes, con la salida del PTS), no ha encontrado, todavía, un punto final.






