PO 956 27/7/2006 Tapa

UN VIETNAM PARA EL SIONISMO O LA BARBARIE SIN FIN

La maquinaria bélica de Israel se encuentra ante un ‘obstáculo’ que no tenía previsto.

La guerra brutal que ha desencadenado contra Líbano y contra Palestina se encuentra en una gigantesca impasse.

El ‘paseo’ a Beirut, que hace más de veinte años condujo a las enormes masacres de palestinos, en los campos de Sabra y Chatila, no logra superar, esta vez, el par de kilómetros.

Luego de haber descargado durante varias semanas, miles de toneladas de bombas contra la población civil y contra la infraestructura básica de Líbano y de Gaza, incluso bombas de fósforo, el ejército sionista no ha logrado quebrar la moral de esos pueblos, ni quebrar a Hezbollah, ni a la resistencia palestina.

En la propia Israel, los pocos centenares que protestaban contra la guerra genocida hace dos semanas, se han convertido en miles.

Es perceptible un comienzo de pánico en el imperialismo, porque un fracaso contra la resistencia palestino-libanesa representaría un golpe demoledor a su dominación mundial.

El pueblo palestino emergería, luego de décadas de sometimiento y humillación sin precedentes, como un factor histórico independiente en la reorganización de toda la región sobre nuevas bases nacionales y sociales.

Habría un cambio de rumbo histórico en los destinos actuales de la humanidad.

Precisamente porque comprenden esto, Bush y los criminales de guerra que lo acompañan exigen un cheque en blanco de todos los Estados del planeta para que Israel lleve su guerra genocida hasta sus últimos extremos.

Sobre una ‘paz’ impuesta en estas condiciones, ingresarían a la zona las fuerzas de la Otan, para tomar a su cargo la liquidación definitiva del pueblo palestino.

No combaten a Hezbollah porque sea una organización terrorista.

La combaten porque, laibanesa, ha salido en defensa de los palestinos.

Porque, shiíta, ha salido en defensa de laicos y sunnitas, como son los habitantes de Gaza y Cisjordania.

La combaten porque une a las masas en lugar de promover la guerra sectaria o civil.

La combaten porque en lugar del terrorismo indiscriminado contra poblaciones civiles, se empeña en una resistencia armada contra las fuerzas armadas del opresor.

No la combaten porque sea un instrumento de Irán o de Siria, Estados que colaboraron en la invasión norteamericana de Irak y lo hacen ahora con el ejército de ocupación de Bush.

La combaten porque ha puesto la solidaridad con el pueblo palestino por encima de los intereses de los Estados y de las potencias.

La impasse en que se encuentra el poderosísimo ejército de Israel en esta guerra, cuyo terreno y oportunidad eligió, es la consecuencia de la superioridad moral y política de la resistencia.

Ya muchos analistas israelíes están advirtiendo contra lo que podría convertirse, dicen, en el Vietnam del sionismo.

Es necesario que así sea, porque de lo contrario esta guerra se convertirá en una enorme tumba para millones y millones de seres humanos.

En momentos en que el imperialismo mundial sin excepción, ha decidido llevar la guerra hasta sus últimas consecuencias, sin reparar en medios ni en tiempo, los pueblos del mundo tenemos que salir a las calles.

Conseguir el cese de la agresión, el retiro de las tropas de Israel, la liberación de los diez mil prisioneros palestinos en las cárceles sionistas, sería una gigantesca victoria de la humanidad.