PO 956 27/7/2006 Internacionales

Una crítica del MAS al PO

LA UNT Y LA CAMPAÑA POR LA REELECCION DE CHAVEZ

El II Congreso de la UNT, la central obrera venezolana, realizado a fines de mayo, fue el escenario de un violentísimo choque de fracciones, que culminó con el retiro de la burocracia cooptada por el gobierno (Máspero) y el triunfo de la fracción más combativa, mayoritaria en el Congreso, liderada por dirigentes sindicales de la C-Cura (Corriente Clasista, Unitaria, Revolucionaria y Autónoma), afines al PRS.

En las páginas de Prensa Obrera pusimos de relieve que “la cuestión de fondo que estaba en juego” en esa fractura era “la posición del movimiento sindical frente al gobierno. La burocracia encabezada por Máspero es partidaria de convertir al movimiento sindical en un apéndice del Estado; para decirlo con sus propias palabras: ‘Los trabajadores son la parte social del Estado’ (Aporrea, 28/5). Los opositores defienden, en cambio, la independencia política aunque apoyen la campaña por los diez millones (de votos a Chávez)” (Prensa Obrera, 1/6).

La independencia de los sindicatos es una cuestión crucial. En América Latina, la CUT brasileña, el PIT-CNT uruguayo, para no hablar de la CGT moyanista y la CTA, son centrales oficialistas. La importancia del pronunciamiento de la fracción mayoritaria de la UNT venezolana es fundamental, incluso más porque va acompañado de realizar las elecciones que reclama la inmensa mayoría de delegados y que debieron haberse hecho hace tiempo.

El MAS nos acusa de despreciar este enfrentamiento entre la UNT y el Estado venezolano, y de desconocer que existe una “pelea real”. “A nuestro modo de ver —dice el MAS— es obvio que se trata de una pelea real, más allá de los límites políticos que expresan los compañeros en su voto acrítico a Chávez. Si no fuera real, ¿por qué lo habrían tomado en serio Máspero y los demás chavistas? ¿Sólo por los cargos y las prebendas? Esta es una mirada despolitizada y despolitizante de la disputa, más cuando se trata de una central que —por lo que sabemos— no dispone de mayores finanzas propias” (“Una posición vergonzosa”, Roberto Sáenz, Socialismo o Barbarie, 6/7). ¿De qué está hablando el MAS? Cualquier lector se da cuenta, luego de los párrafos que transcribimos, que a nadie se le puede ocurrir que el PO caracterice esta pelea como artificial y menos aún que pretenda vaciar su contenido.

Lo que esquiva el MAS es el pronunciamiento de la UNT, refrendado en su Congreso, a favor de la campaña por los diez millones de votos por la reelección de Chávez. En este punto, destacamos que “hubo una coincidencia entre las tendencias en pugna”. ¿Es un hecho menor? Destacamos que ‘en la pelea’ hay, sin embargo, una convergencia estratégica entre una y otra fracción. No hace falta decir lo peligrosa que es. La realidad hay que mirarla de frente, no escamotearla.

El MAS advierte sobre “el grave error del sector que pelea abiertamente por el carácter independiente de la UNT (la C-Cura) de presentar una posición de voto acrítico a Chávez. Esto se plantea como un ‘irrestricto’ apoyo político a un gobierno burgués, por más ‘nacionalista’ que sea, posición totalmente errónea y contradictoria con el contenido real de su pelea” (ídem). El MAS, sin embargo, se abstiene de sacar conclusiones y se ofusca con quienes pretendemos hacerlo. El MAS habla de un “irrestricto apoyo” político, pero pone el grito en el cielo cuando el PO sostiene que, más allá de las diferencias, “la central obrera está sometida al nacionalismo burgués”. ¿En qué quedamos? El MAS, sin embargo, cae en lo que nos imputa: porque nosotros rechazamos que la UNT o sus dirigentes apoyen a Chávez en forma ‘irrestricta’.

De ningún modo, si lo hicieran serían iguales a Máspero. La UNT y sus dirigentes tienen enormes reservas frente a Chávez; lamentablemente, sí concilian estas diferencias con el nacionalismo burgués al apoyar la campaña por los diez millones de votos para Chávez. Con esta campaña, que arranca seis meses antes de las elecciones, Chávez procura encuadrar políticamente a todo el movimiento popular y establecer una agenda propia contra las pretensiones urgentes de las masas. En lugar de aceptar esta regimentación política y de procurar expresar disidencias dentro de ella, la UNT debería establecer su propia agenda y discutir la función electoral cuando falten, digamos, tres semanas para los comicios. Encuadrar al movimiento sindical en una campaña larga y de alcance integral de apoyo al gobierno capitalista, vacía la posibilidad de una lucha reivindicativa consecuente y permite las extorsiones de la fracción ‘borocotizada’ de Máspero.

Este apoyo político, que no es ‘irrestricto’, repetimos, no es inocuo. Condicionará cada uno de los pasos e iniciativas de la UNT. Ya lo hizo en el pasado: ha primado un extremo conservadurismo y la UNT no ha emergido como un canal de lucha.

La campaña por los diez millones impregna cotidianamente a las masas; si no podemos evitar esta situación con las mayorías, sí empeñémonos en que no condicionen al activismo y a la actividad sindicales, ni a la organización de una lucha reivindicativa real.

El MAS nos ofrece una confusión mayúscula: por un lado, acusa a la UNT de dar un ‘apoyo irrestricto’ a Chávez, lo cual es falso, y no tendría ningún sentido; del otro, no intuye siquiera el carácter regimentador de la campaña por los diez millones de votos. O sea, que el MAS también apoya esta campaña, aunque ‘críticamente’, claro.

Pablo Heller