Recientemente, el profesor Fernando Pedrosa utilizó las páginas de esta revista para establecer su opinión sobre la Universidad de Buenos Aires luego de la escandalosa reelección de Hallú como rector de la institución. La nota contiene una catarata de ataques contra la Fuba. Pedrosa , sin embargo, no polemiza desde una posición neutral (cosa imposible, por cierto). A pesar de que se esfuerza por ocultar su filiación radical, sus posiciones lo delatan. Los lectores deben saber que el actual profesor fue dirigente de la Franja Morada en uno de sus períodos más bochornosos. Nos referimos, concretamente, al momento en el que la agrupación morada fue denunciada públicamente porque sus militantes cobraban Planes Trabajar destinados a los desocupados.
Pedrosa parte de un hecho que la Fuba se ha encargado de ponen de manifiesto como nadie: que atravesamos una profunda crisis universitaria. Pero a la hora de identificar la causa de la crisis, Pedrosa sólo atina a afirmar que "se produce por la ausencia de responsabilidad política de un claustro de profesores" y porque éste "hace tiempo ha perdido la capacidad política de generar consensos sobre la planificación de rumbos a mediano y largo plazo".
Realmente no sabemos qué canal estuvo viendo el profesor Pedrosa estos últimos cuatro años. Sucede que si algo caracterizó a la dirección de la UBA fue que reunió a todos las facciones dirigentes en una lista común. Fue así que, en la UBA, los radicales 'destituyentes' del cobismo y los supuestamente 'progres' de Carta Abierta cogobernaron la UBA sin mayores diferencias. Hasta llegaron a armar una fórmula de rector y vice-rector, uno de cada bloque, para darle viabilidad a los "consensos" que reclama nuestro crítico.
¿A dónde llevaron estos "consensos" o, como le gusta decir a los politicólogos, estas "políticas de Estado"? A un reforzamiento de la política capitalista contra la universidad y la educación pública. Esto se plasmó en la implementación de los lineamientos generales de la Ley de Educación Superior menemista, en la proliferación masiva de docentes trabajando gratis (los ad honorem), en el derrumbe edilicio que llevó a que buena parte de los edificios de la UBA no tengan siquiera suministro de gas, en el crecimiento de la deserción estudiantil, en la descalificación de las carreras y títulos. Esta política, llamémosla de "ajuste" contra la Universidad, tuvo como contraparte un crecimiento de la privatización y de los negocios, como se demostró con el arancelamiento generalizado de los posgrados (algunos cuestan hasta ¡50.000 pesos!) y en la firma de más de 5.000 convenios con empresas privadas que utilizan la Universidad en su beneficio, mientras los estudiantes y docentes sufren todo tipo de padecimientos. Resulta ilustrativo, ahora que la población de Andalgalá (Catamarca) realizó una verdadera pueblada contra la minería a cielo abierto que contamina y destruye la vida humana y el medio ambiente, denunciar que la UBA aceptó de buena gana la 'coima' de 3 millones de pesos que le giró el monopolio La Alumbrera, establecido también en esa provincia del norte argentino.
Los "consensos" que reclama Pedrosa existieron y tuvieron todos ese contenido privatista y antipopular. Pero, por su propia naturaleza, esos "consensos" no excluyen la lucha "facciosa" entre las camarillas sino que la explican. Es que mientras todas las fracciones son partidarias de llevar a la Universidad por el sendero de la privatización y la subordinación al gran capital, se desarrollan peleas y choques por el manejo de la caja y por los dividendos que se derivan de los negociados. Esto lo sabe con lujo de detalles el profesor Pedrosa, porque él mismo es parte de las camarillas privatizadoras, que todo el tiempo chocan y concilian por el reparto de los negocios.
Cuando la Fuba se movilizó al Congreso Nacional para rechazar la Asamblea Universitaria reaccionaria y la reelección del rector Rubén Hallú, tuvo en cuenta esta realidad. La denuncia mostró que el régimen universitario actual -donde el poder real lo tienen unos 2.000 profesores mientras que más de 300.000 estudiantes, 30.000 docentes y 10.000 trabajadores no docentes tienen una representación testimonial- es la correa de transmisión de los intereses capitalistas contra la universidad. En ese sentido, un cambio de la forma de gobierno debe ir de la mano de una nueva orientación social para la universidad y la educación, basada en las necesidades de las mayorías populares y del desarrollo nacional contra el imperialismo.
Evidentemente, para Pedrosa esto es algo ya pasado de moda. No en vano se queja tanto del reformismo surgido en 1918 como de la lucha por enfrentar un régimen social basado en la explotación del hombre por el hombre que tuvo un impulso fenomenal en 1917 en Rusia. "¡Ni reforma ni revolución!" nos grita el escriba, que pretende entonces la defensa de un statu quo que pone los recursos de la universidad pública al servicio del lucro privado. La Fuba le molesta tanto porque se encuentra exactamente en la otra vereda.






