PO 1116 4/2/2010 Internacionales

EXCLUSIVO DE INTERNET

La Conmemoración del Holocausto: una bendición para la propaganda israelí

(...) El miércoles (27/1) fue el día Internacional Conmemorativo del Holocausto y las relaciones públicas israelíes se manejaron como no se había visto en años. El ritmo de este inusual esfuerzo -nunca hubo tantos ministros desplegados a lo largo del mundo- no es una coincidencia. Cuando el mundo está hablando de Goldstone (por el informe que condena la masacre sionista en Gaza), nosotros hablamos del Holocausto, como si afuera se pudiera desdibujar la impresión. Cuando el mundo habla de ocupación, nosotros hablamos de Irán como si deseáramos olvidarlos.

Eso no nos ayuda mucho. El día Internacional del Holocausto pasó, los discursos rápidamente serán olvidados, y la realidad deprimente de todos los días permanecerá. Israel no saldrá bien parada, aun después de la campaña.

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En la víspera de su partida, el primer ministro Benjamín Netanyahu habló para el sitio web Yad Vashem. "Hay maldad en el mundo", dijo, "La maldad debe ser aplastada desde el comienzo". Alguna gente está tratando de "negar la verdad". Nobles palabras, dichas por la misma persona que el día anterior, no exactamente en la misma frecuencia, profirió unas muy diferentes palabras, palabras de la verdadera maldad, esa maldad que debería ser extinguida desde el principio, la maldad que Israel está tratando de ocultar.

Netanhayu habló de la nueva "política migratoria", que es lo maligno por los cuatro costados. En forma malévola, englobó a los trabajadores inmigrantes y a desdichados refugiados -alertando que todos ellos son un peligro para Israel, que bajan nuestros salarios, que peligra nuestra seguridad, hacen de nosotros un país del tercer mundo y nos meten en la droga. Con gran celo ayudó a su racista ministro del Interior, Eli Yishai, quien habló de los inmigrantes como quienes esparcen enfermedades tales como hepatitis, tuberculosis, Sida y sabe Dios qué más.

Ningún discurso sobre el Holocausto borrará estas palabras de instigación y difamación contra los inmigrantes. Ningún discurso conmemorativo hará desaparecer la xenofobia que se ha levantado en Israel, no sólo en la extrema derecha, como en Europa, sino totalmente dentro del gobierno.

Tenemos un primer ministro que habla sobre lo maléfico, pero que está construyendo un muro para evitar que los refugiados de guerra golpeen las puertas de Israel. Un primer ministro que habla del demonio, pero comparte el crimen del bloqueo a Gaza, ahora en su cuarto año, dejando a un millón y medio de personas en condiciones terribles. Un primer ministro en cuyo país los colonos perpetran pogromos contra palestinos inocentes bajo la consigna "price tag" (ataques a poblaciones palestinas cada vez que el ejército israelí desmantela alguna colonia reputada ilegal, como una forma de presión sobre el ejército), lo cual tiene horrorosas connotaciones históricas, pero el Estado no hace virtualmente nada contra estos hechos.

Este es el primer ministro de un Estado que arresta a cientos de personas de izquierda que protestan contra las injusticias de la ocupación y de la guerra de Gaza, mientras que al mismo tiempo otorga perdón masivo a los derechistas, quienes manifiestan contra la retirada. En su discurso de ayer, Netanyahu, al igualar la Alemania nazi con los fundamentalistas de Irán, no hace más que propaganda barata. Es como degradar el Holocausto. Irán no es la Alemania nazi, Ahmedinejad no es Hitler. Igualarlos no es menos espurio que igualar los soldados de Israel con los nazis.

El Holocausto no debe ser olvidado, no hay necesidad de compararlo con nada.

Israel debe tomar parte en los esfuerzos para mantener su memoria viva, pero debe hacerlo con manos limpias, limpiando el mal en sus propias acciones. Además, no debe levantar la sospecha que está cínicamente usando la memoria del Holocausto para borrar o desdibujar otras cosas. Lamentablemente, éste no es el caso.

Qué hermoso hubiera sido si Israel se hubiera tomado el tiempo de examinarse a sí mismo en este día internacional de la conmemoración del Holocausto, mirando hacia adentro y preguntando cómo es que el antisemitismo ha levantado cabeza en el mundo, precisamente el año pasado, el año después de que fueran arrojadas las bombas de fósforo blanco sobre Gaza. Qué hermoso hubiera sido si, en este día internacional del Holocausto, Netanyahu hubiera declarado una nueva política para la integración de los refugiados, en vez de su expulsión, o levantado el bloqueo a Gaza.

Miles de discursos contra el antisemitismo no extinguirán las llamas de la Operación Cast Lead (invasión a Gaza), llamas que amenazan no sólo a Israel, sino a todo el mundo judío. Mientras Gaza está bajo bloqueo e Israel se hunde en su xenofobia institucionalizada, los discursos del Holocausto permanecerán huecos. Mientras el mal permanezca endémico entre nosotros, ni el mundo ni nosotros seremos capaces de aceptar nuestras prédicas a los otros, aun si ellos lo merecen.

Gideon Levy

Haaretz.com, 29 de enero de 2010