PO 1114 7/1/2010 Internacionales

"La década perdida de Wall Street"

El título de la nota reproduce el de un artículo del Wall Street Journal de días atrás. Pero no es sólo una “década perdida”, el valor promedio de las acciones de la Bolsa de Nueva York es inferior al de diez años atrás; es, además, el “peor desempeño en una década en sus 200 años de historia (de la Bolsa yanqui)”. La caída duplica la que “sufrieron las acciones durante la Gran Depresión en los años ’30, que hasta ahora encabezaban el ranking de la peor década. Y es peor que otras décadas que registraron grandes pánicos financieros como los de 1907 y 1893” (ídem). Un retrato ciertamente “catastrofista”.

Lo que el artículo del Wall Street Journal no dice es que el derrumbe comenzó cuando los gurues de la economía mundial celebraban, exactamente hace diez años, el crecimiento “extraordinario” e “imparable” de la Bolsa. El 29 de marzo de 1999, el índice Dow Jones, que mide el precio de las acciones, había alcanzado los 10.000 puntos y Nueva York era una fiesta: había crecido 300% en la década previa y, como el cohete de Menen, se esperaba que el Dow Jones se disparara a la estratósfera, pero en este caso para no volver: debía alcanzar los 30.000 puntos en los años siguientes con un capitalismo que se jactaba de haber triunfado definitivamente en el planeta entero.

El mercado, sin embargo, se desplomó estrepitosamente en el bienio 2000/2001, en el primer acto de la actual crisis mundial. En el segundo, a partir de 2007, la Bolsa neoyorquina estuvo a punto de cerrar las persianas. Y ahora, después de la recuperación especulativa de los valores durante 2009, con los billones de dólares del salvataje estatal, el Dow Jones volvió al nivel de los... 10.000 puntos.

Algo no imprevisto, al menos para Prensa Obrera, que en mayo de 1999 (Nº 626) atribuía el espectacular avance del Dow Jones a “los enormes desequilibrios en la economía internacional, la hipertrofia de beneficios especulativos y a factores excepcionales insostenibles en el próximo período (...)”.

No era naturalmente un “pálpito”: el aumento de las acciones yanquis había sido el producto del crédito barato suministrado por el gobierno para evitar una bancarrota: en el ’98, la oferta monetaria había cuadruplicado el crecimiento del producto bruto norteamericano. Semejante emisión de papel busca salir al rescate de los capitales afectados por el hundimiento de la economías asiáticas (en 1997/8) y la cesación de pagos de Rusia (en 1999).

En 1999, la capacidad ociosa de la economía mundial sólo era comparable a la de los años ’30.

Las acciones habían subido como consecuencia de que eran compradas por las propias empresas que las emitían “para sostener su valor, aprovechar las ventajas crediticias y fiscales, y canalizar fondos que no pueden ir a la producción que está saturada”. Basta lo anterior pata mostrar el porqué, entonces, de nuestro pronóstico realista, que se daba de patadas con el análisis de los gurues de marras que cobraban millones pregonando el paraíso para el capital.

Como dice una propaganda televisiva: usted lo pudo ver en Prensa Obrera. ¿Por qué no recodarlo y recodárselo a los izquierdistas que se mofaban entonces de nuestro “catastrofismo”?

Pablo Rieznik