El reciente triunfo de la Lista Marrón en las elecciones de delegados de Fate sobre la Violeta de Pedro Wasiejko, actual secretario general del Sutna y adjunto de la CTA, es una prueba más del repudio a la burocracia sindical –de todo pelambre– que abarca a sectores crecientes del movimiento obrero.
La patronal se había jugado con todo a revertir el proceso antiburocrático de hace dos años, cuando la Marrón ganó la seccional San Fernando.
Luego de la militarización de la planta y la derrota del conflicto del año pasado -que significó el despido masivo de activistas-, siguió la judicialización de los dirigentes, una constante persecución por parte de capataces y jefes, suspensiones y el hostigamiento permanente a la ejecutiva seccional por parte de la conducción nacional.
Pese a este “despliegue”, la Marrón se impuso con el 70% de los 900 votos emitidos. El retroceso de la burocracia se aprecia mejor si se tiene en cuenta que sólo pudo presentar candidatos en la mitad de los sectores y la Marrón ganó en doce de los catorce.
Esta debilidad ya se había revelado en la asamblea general de Memoria y Balance del mes pasado, cuando la Violeta fracasó en movilizar a su base y dependió del auxilio de un grupo de gomeros (traído a hacer turismo desde Córdoba) para imponerse a la oposición... por apenas seis votos. Una asamblea “estatutaria” como ésta, se sabe, es un paseo para cualquier burócrata.
El voto a la Marrón en Fate tuvo también un contenido anti-CTA: el nefasto papel jugado en los últimos conflictos disipó cualquier ilusión en la “central alternativa” e, incluso, produjo en una franja menos consciente una confusión respecto del moyanismo que aparece, en contraste con la tibieza centroizquierdista, como una burocracia con capacidad de acción. Aquellas corrientes que promueven a la CTA como un espacio favorable para el desarrollo clasista deberían reflexionar sobre esto.
El triunfo abre una nueva etapa plena de oportunidades, no sólo en Fate sino en todo el gremio, ya que el desprestigio de la Violeta es generalizado. La del neumático es una de las ramas industriales más explotadas: el último acuerdo salarial, del 16,5% escalonado, profundizó aún más el desfasaje. A esto hay que sumar el completo vaciamiento de la Ospin (la obra social del neumático) y, sobre todo, el retraso en la negociación del convenio colectivo que venció en marzo; hasta ahora sólo se acordó un plus por el fraccionamiento de vacaciones y además se aceptó segmentar la discusión por empresa en lugar de apuntar a nivelar hacia arriba.
Entre los temas pendientes: la actualización del premio celular en Fate, la recategorización prometida en Firestone y la modificación de los turnos en Pirelli serán un campo de choque con las patronales de efectos impredecibles.
La primera tarea que se desprende del resultado electoral es reforzar la campaña por la reinstalación de los once compañeros que continúan el reclamo judicial y por el cese de las causas contra los delegados.






