PO 1112 10/12/2009 Sociedad

Me verás volver

La Fender junto al Calefón

El viernes 4 de diciembre, en Vélez, casi 40 mil personas revivieron la “vuelta” del flaco Spinetta con Almendra, Pescado Rabioso, Invisible y el dúo Spinetta-Jade.

El 14 de noviembre, también en Vélez, la noventosa banda Viejas Locas, también ante 40 mil personas, reaparecía en los escenarios después de 10 años de separación.

El 23 de octubre, como si fuera el inicio de esta rutina, el fortín de Villa Luro fue testigo del “resucitamiento” tan esperado de Charly García.

¿Qué pasa en el rock local que, de un día para el otro, grandes productoras como Fénix Entertainment Group han abierto un mercado para la nostalgia?

Las “vueltas” en el rock, iniciadas en 2007/08 con los recitales de Soda Stereo y Los Fabulosos Cadillacs en River, parecen haberse convertido en la “niña bonita” del rock post-Cromagnon.

Productoras que manejan y tercerizan la venta de entradas, merchandising en exclusivos negocios de Barrio Norte y contratos de exclusividad en estadios y teatros han desplazado a la música (y a los músicos) al más bajo escalafón de las mercancías.

Si hay algo que se tiene que tener en claro es que el negocio del show ha desplazado al negocio del disco. Este cambio se ha producido, en parte, por la digitalización de la música, pero sobre todo atendiendo la necesidad de las “industrias de la cultura” ante un mercado de jóvenes sin espacios para tocar ni difundir sus creaciones. Un mercado que no respeta ni siquiera la vida de sus “clientes”, como se ha visto en el caso de Rubén Carballo; o en el más reciente de Melisa La Torre, muerta por asfixia en el recital de Las Pastillas del Abuelo, donde los padres y cientos de chicos han denunciando sobreventa de entradas.

En la actualidad, tres productoras son las que manejan este gran negocio: T4f, Fénix y Live Nation. Dichas productoras manejan la exclusividad de los principales predios como River Plate, Vélez, Obras y el teatro Opera, entre otros; como así también la venta de las entradas con empresas como Ticketeck, sumando a ésto los millonarios contratos de sponsors y publicidad.

Volviendo, o mejor dicho, tratando de encontrar la música, el panorama empeora. Nos encontramos con artistas que buscan emular el negocio de sus pares internacionales, como hizo Soda Stereo imitando la fugaz y efímera vuelta de The Police; y otros, que haciendo alarde de una milagrosa recuperación, terminan en el papel de bufones. El caso de Charly García mostró el cinismo con el que las productoras actúan: primero, motivando y lucrando con su descomposición personal (y artística) y después, con su milagrosa y empastillada “recuperación”. Las drogas cambian, pero no los intereses sociales de estos pulpos.

Al desaparecer el disco como negocio, desaparece lo que fue, por muchos años, la instancia de concreción y difusión artística de muchas bandas, hoy arrastradas, de manera individual, a buscar canales alternativos de difusión en blogs y paginas web o productoras independientes.
Es decir, el rock nacional involuciona a su etapa más primitiva: productoras que monopolizan lo que debe ser escuchado y miles de nuevas bandas que no logran salir del garaje, del blog o de un bar de mala muerte.

Hoy muchos se preguntan si hay o no nuevas movidas en el rock nacional. Buscan estilos, sonidos, géneros y subgéneros. Pero la nueva movida no viene del lado de los acordes y ritmos, sino de la organización de los miles de músicos y jóvenes que hoy tienen vedado ese anhelo de búsqueda. Aunque aún diminuta para tamaña tarea por delante, la experiencia del MUR es un paso al frente de esta lucha.

“Aunque me fuercen yo nunca voy a decir que todo el tiempo por pasado fue mejor, mañana es mejor.” ¿De eso habrá querido hablar “el flaco” cuando cantaba esta estrofa en 1973?

Agustín Carucha