PO 1109 19/11/2009 Sindicales

SOIP Mar del Plata

Los monopolios alambran la riqueza pesquera

Es inminente el reemplazo de los cupos anuales de merluza por cuotas por 15 años, transferibles.

Este sistema, previsto en la ley “menemista” de pesca, finalmente se implementará a partir del año que viene.

Este anuncio ha partido a la principal cámara empresaria (Copa o Caipa, que es la que negocia el convenio de trabajo). Una docena de empresas, que no tiene barcos propios, ha formado la Cámara de Frigoríficos Exportadores, dejando en la Caipa a Valastro (Giorno), Solimeno y Moscuzza. Estas últimas son empresas “integradas”, es decir dominan toda la cadena productiva, tienen barcos congeladores y factorías, barcos de fresqueros de altura, plantas en tierra, grandes cámaras. En los últimos años han comprado plantas en el sur y han comenzado a sumar “valor agregado” con otros productos tipo empanados. Entre las tres se atribuyen el 25% de la captura y procesamiento de merluza hubbsi. Un tercer sector empresario es la Cámara de Armadores de Altura, que reune a las empresas que cuentan con barcos fresqueros (no factorías ni congeladores), con plantas en tierra.

La cuotificación va a representar una mayor monopolización (lo que no se atrevió a hacer el riojano va a terminar consumándose de mano de los “nacionales y populares”). Eso explica que los pulpos marplatenses y los del sur hayan salido a aplaudir esta medida, en función de la “previsibilidad para las inversiones”.

Pero también han salido a respaldarla varios burócratas sindicales. Los más fervientes defensores son la camarilla “lamebotas” de Salas-Verón-Ledesma. Su argumento es que a “partir de la “cuotificación” se podrá blanquear a los obreros y terminar con las cooperativas truchas”, ya que la condición para recibir ese beneficio es tener regularizados a sus trabajadores.

A lo sumo, los trabajadores que serán regularizados son los encuadrados en el llamado “convenio pyme”, que nació de los pactos a escondidas de la “camarilla lamebotas” con las cámaras en virtud del cual se suprimieron conquistas fundamentales que están consagradas en el viejo convenio del año ’75 y se legitimaron los regímenes de flexibilidad laboral que las patronales venían implementando de hecho. Tampoco va a abolir a las coopetruchas: muchas van a continuar en su condición de tercerizadas “clandestinas” de los grandes grupos económicos. La “amenaza” de blanqueo será una ayuda y un pretexto adicional para un mayor control de toda la industria.

Nada para festejar

Las expectativas de un cambio favorable que presenta la camarilla dirigente enquistada en el Soip no tiene el menor asidero. Se trata de una cortina de humo para hacerle frente al descontento creciente que existe en la base de los trabajadores debido al terrible retroceso de las condiciones laborales y salariales. También en lo que hace al vaciamiento del sindicato.

En las mesas de fileteado se constata una disminución del tamaño promedio de la merluza a una tercera parte de los ejemplares procesados hace unos 20 años. Esto implica, en una actividad a destajo, un mayor esfuerzo físico y jornadas más extensas para procesar la misma cantidad de pescado. Con el agravante que ha caído el valor del kilogramo (los paritarios de Convenio del ’75 calculaban el trabajo que insumía producir un kilogramo de filet de merluza igual a un boleto de colectivo; hoy es la mitad de ese boleto). El pescado chico, además tiene un mayor valor en el mercado europeo. Los últimos “acuerdos salariales” del Soip, inspirados en los topes de Moyano, han dejado el salario por el piso y especialmente los básicos.

Con el creciente pasaje de trabajadores efectivos del Convenios Colectivos del ’75 (hoy unos 2.000 obreros) a los convenio “pymes” (unos 1.500), las empresas han avanzado en la liquidación de conquistas. Se suprimió las ocho horas diarias –por un banco de horas semanal–, liquidando la garantía horaria –reemplazada por un “garantizado” mensual, menor y en peores condiciones; generalizado los “premios” condicionados. Se redujo drásticamente las indemnizaciones por despido a las que se les impuso un techo bajísimo. Aún perduran en las “coopetruchas” entre 5.000 y 6.000 trabajadores. Estos compañeros, si litigan ante el despido pueden conseguir el reconocimiento por los años de trabajo en negro, no así los encuadrados en “pymes”.

El Partido Obrero propone emprender una campaña por el siguiente programa:

• Prohibir los despidos y suspensiones. Reparto del trabajo y de horas entre todos los obreros. Estabilidad para todos. Blanqueo total. Vigencia de los Convenios históricos de todas las actividades. Convenio único por actividad.

• Declaración de insalubridad en toda la actividad – jubilación a los 53 años, 82% móvil para todos.

• Elevación de los básicos mínimos al costo de la canasta familiar. Garantía horaria a dicho monto para todos.

• Comisiones obreras para fiscalizar la extracción, carga y descarga y procesamiento del pescado.

• Nacionalización bajo control obrero y científico (Inidep) de los recursos pesqueros.
Necesitamos más que nunca una agrupación para luchar por una nueva dirección del Soip.

Ale Mdp