Queremos destacar aquí el debate, repetido en varios ámbitos, acerca del balance de la gran ocupación de Ford en el ‘86. Si la derrota de la ocupación abrió o no una etapa entera de derrotas en el movimiento obrero. Fue en ese momento la posición Piccinini que acababa de ganar la seccional de la UOM de Villa Constitución, y justificaba así que no movió un dedo a favor de la victoria de los obreros de Ford y, al contrario, tomó él mismo la tarea de introducir la flexibilidad laboral en Acindar "para que no nos pase como en Ford". La conducta de esa y otras direcciones del centroizquierda marcaron el futuro de lo que sería la CTA.
La huelga de Ford, resuelta por asamblea ante el despido de 50 activistas, fue desalojada por la acción de 3.000 guardias de infantería enviados por el gobierno de Alfonsín, empeñado en defender el plan austral y su congelamiento salarial ante una docena de ocupaciones fabriles. Ese fue el corolario de 19 días de control obrero del total de las instalaciones y hasta de la producción cuando se puso a andar la línea durante algunas horas.
El cuerpo de delegados de Ford fue la expresión de un movimiento que había convocado un 1º de Mayo de 3.000 obreros en la zona, se planteaba la formación de una coordinadora con Atlántida cuyo cuerpo de delegados (y la minoría naranja en el sindicato gráfico) era gran impulsor, con la Comisión Interna de la Metalúrgica Corni y otras expresiones antiburocráticas.
Agregamos aquí que el cuerpo de delegados clasista de Atlántida, enfrente de la Ford, surgido de la victoria de su huelga en 1984 (en diciembre la Naranja ganaba la secretaría adjunta del sindicato gráfico) luchó once años más, después de la derrota de la ocupación de Ford por la cual se jugó la vida en acciones obreras de solidaridad. Esos años fueron de grandes conquistas, incluidos los turnos de seis horas con igual salario hasta 1997, año de la ocupación, la represión y los cortes de la Panamericana ante el cierre de la planta, ya en un cuadro de marcado aislamiento en la zona, cuando recién despuntaban los "fogoneros" y "piqueteros". El cuerpo de delegados de Atlántida defendió siempre la ocupación de Ford ante propios y extraños, como una lucha que hubo que dar.
De un modo más general, todo esto formó parte de la transición de los 80' que analizamos en nuestra convocatoria a la Conferencia Nacional del Partido Obrero, cuyo final no fue determinado por la derrota de aquellas ocupaciones sino por el derrumbe de las nuevas direcciones de centroizquierda y del morenismo (Uocra, Sanidad, metalúrgicos Villa, docentes) que se adaptaron al ubaldinismo y sus 28 puntos. Se preparaba el recambio de la renovación peronista al derrumbe de Alfonsín y su hiperinflación, frente a lo cual el oportunismo ante el ubaldinismo fue letal.
El cierre del enorme proceso antiburocrático que siguió a la caída de la dictadura militar, contra la burocracia de los Moyano y los Barrionuevo de la época, se frustró especialmente luego de la entregada de la gran marcha blanca de los docentes que había jalonado una enorme huelga general. El proceso político de las nuevas direcciones fue entregado a la renovación peronista que encabezaba Cafiero y que terminaría como tributaria de Menem quien junto a De la Sota y Cafiero integraban el trípode de la "renovación".
Los grandes procesos políticos al interior de los trabajadores no se interrumpen por derrotas parciales (caso muy distinto son las derrotas históricas, como la de los años de la dictadura), sino más bien por la frustración de las nuevas direcciones que se integran al régimen político patronal. Antes de la dictadura, las huelgas derrotadas en 1968 habían sido las aproximaciones de la clase obrera al Cordobazo, y al posterior proceso clasista de los ‘70 en los sindicatos.
Hoy como ayer, la clave es política: la independencia política de la clase obrera ante el kirchnerismo, los "transversales" y el centroizquierda aliancista para superar a la vieja burocracia sindical. Fate, según se reflejó en el debate es la constatación viva de que la lucha por una nueva dirección se da en la CGT y en la CTA.
Los ejes de la Conferencia Sindical del Partido Obrero están en el centro del debate político del activismo. Luchar y sumar fuerzas para llevar cada lucha a la victoria. Construir agrupaciones clasistas al calor de la lucha, para explotar la crisis de la burocracia sindical, del gobierno kirchnerista y superar las limitaciones de las experiencias del pasado. Luchar por una nueva dirección del movimiento obrero.






