En una pomposa fiesta, Mercedes Benz anunció la inversión de 15 millones de dólares para la producción de un nuevo chasis de bus urbano. Allí, la ministra de Producción, Débora Giorgi, resaltó la capacidad del sector para “salir adelante”, recordando que “en el último trimestre del año pasado pasó por una situación realmente muy complicada y hoy está liderando la recuperación en la región”. “Esto es posible gracias a un trabajo de las terminales, de los proveedores, del gobierno nacional, del Banco Nación, de los trabajadores, y es la forma de poder enfrentar y salir adelante en esta crisis”, concluyó.
De esta manera, Mercedes Benz es presentada como un ejemplo a seguir por el resto de la burguesía. La traducción al castellano de la explicación de Giorgi es simple: en primer lugar, el gobierno puso jugosos subsidios provenientes de la caja de la Anses, que la empresa manejó a su antojo (es decir, sin compromiso de preservar planteles o contraparte alguna); luego contó con la colaboración absoluta de una burocracia sindical que dejó pasar cientos de despidos y suspensiones e incluso pactó acuerdos salariales por debajo de la inflación, en cuotas y en negro.
El plantel en fábrica ha pasado de 2.300 trabajadores a comienzos de la crisis a 900 actualmente; 600 fueron “retirados” en 2008 y otros 600 suspendidos desde octubre de este año hasta fines de 2010, cuando se formalizará su desvinculación definitiva. La otra cara de esta masacre es que los compañeros que están adentro trabajan a ritmos insoportables, encima con horas extras e incluyendo sábados y domingos. Los suspendidos son presionados constantemente por la patronal y la burocracia para renunciar, y de hecho ya hay cerca de 400 que optaron por arreglar e irse.
Exhibiendo un cinismo sin comparación, Pignanelli, secretario gremial del Smata, dijo a Clarín (20/10) que muchos de estos compañeros “ya montaron su propio taller de pintura gracias a la indemnización”. La realidad es que hay 800 despidos encubiertos en el último año y medio, más de 200 suspendidos hasta diciembre de 2010 y una superexplotación brutal de los compañeros no suspendidos.
Según la ministra, la nueva línea de chasis “permitirá tener un producto de alta calidad” que será fabricado con “mano de obra argentina que ha sido capacitada, y a la vez permitirá generar una gran cantidad de puestos de trabajo”. La línea de buses no ocupa más de 50 trabajadores, siendo la capacidad limitada de producción de ocho unidades por día.






