A pocos días de producirse tu fallecimiento, escribo estas pocas líneas inmerso en una sensación de tristeza, para expresarte mi agradecimiento.
Gracias por demostrarme a mí y a todo el Partido Obrero que el que se "arrodilla ante el hecho consumado es incapaz de enfrentar el porvenir". Pese a tu dura y larga enfermedad, la luchaste hasta último momento.
Gracias por demostrar que a la vez de ser militante fuiste una excelente persona, que a la vez de construir un partido de la clase obrera, involucrándote en los conflictos sindicales, te tomaste el tiempo en construir una hermosa familia, con hijos y hasta nietos.
Gracias por invitarme, en los últimos años de la década del '90, en un viaje en al Pic-nic de fin de año, a sumarme al PO en los barrios. Y de esta forma dar mi granito de arena para la construcción de un partido de trabajadores.
Como lo expresa en su poesía Bertolt Brecht: "Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay otros que luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay quienes luchan toda la vida, esos son imprescindibles". No me queda duda que fuiste y seguirás siendo de esas personas imprescindibles, tanto como constructora del Partido Obrero, pero también como persona.
Gracias por todo lo que me enseñaste tía.






