PO 1106 29/10/2009 Sindicales

Kraft/Terrabusi: la 'paz social' en acción

En la asamblea de despedidos y organizaciones convocada luego de la firma del acta acuerdo de “salida” al conflicto, uno de los miembros de la interna (PCR) defendió la firma de la “paz social”, que prohíbe huelgas y piquetes a cambio de un reingreso de trabajadores que dejó un saldo de 123 despedidos (70 indemnizados). Dijo que había sido una concesión obligada en el marco de un acuerdo que calificó como “un paso adelante”. Es claro que si apoya el acuerdo de despidos y desconocimiento de la comisión interna, la ‘paz social’ viene por sí sola.

Lo concreto es que la patronal viene violando la paz social con absoluta impunidad. En las horas siguientes al acuerdo fue despedido un trabajador, cuyo caso está hoy en manos del ministerio de Trabajo. El compromiso de comenzar “de inmediato” la ronda de audiencias para tratar caso por caso el despido de los 53 compañeros no se cumplió jamás. Los trabajadores cesanteados siguen en la calle, sin que se les haya abonado. La patronal y la burocracia dilatan las audiencias, y acosan a compañeras y compañeros de adentro y de afuera con propuestas de indemnización, mucho más altas para los primeros. Finalmente, la infantería Bonaerense no ha terminado de retirarse de la planta.

Es decir que la ‘paz social’ sirve para que el plan de desangre del activismo siga rigurosamente adelante. El objetivo es ir mucho más allá de los 123 cesantes y crear las condiciones para despedir e instaurar la flexibilidad laboral.

‘Paz social’ y elecciones en fábrica

La burocracia de Daer no dice una palabra sobre esto y exalta el proceso de elecciones de delegados, cuyas características guarda como secreto de Estado hasta el día de hoy –o sea, quiénes votan (todos, como siempre, o solo los afiliados, que son un tercio del total, en los que la burocracia tiene mayor apoyo), quién controla (desde ya que no la asamblea general), si vota la masa de “líderes” y supervisores– cerca de 500. Solo un dato se ha confirmado y es que se volverán a elegir 11 delegados, algo muy por detrás incluso de los 27 que deberían ser de acuerdo a la nefasta ley de la dictadura –uno cada cien.

Las fuerzas que constituían la comisión interna se han dividido. El bloque que orienta el PCR ha presentado su propia lista y ha sido legalizada.

¿La patronal y la burocracia tienen entonces, todas consigo?

No. El odio a la camarilla que dirige el Sindicato de la Alimentación recorre la planta y habrá que ver hasta dónde llega un proceso de fragmentación que se observa en sus filas. La conciencia sobre los planes últimos de la patronal –nuevos despidos, tercer turno americano, libertad total en materia de ritmos de producción– es elevada. La repulsa al acuerdo y a la “paz social” no cede, y el sentimiento mayoritario es que las asambleas que “aprobaron” el acta acuerdo fueron minoritarias y con la participación vergonzante de “líderes” y hasta funcionarios de la empresa.

Es decir, nadie puede decir, al día de hoy, si el martes 3, día de la elección, los trabajadores de la planta Kraft, aún con una mano atada, no propinarán una derrota a la burocracia.

Reorganizando las filas

El jueves pasado hubo una movilización de los despedidos frente a la UIA que fue acompañada por el PO y otras organizaciones. En las puertas de la planta se han instalado tres carpas con trabajadores despedidos. A estas horas se reúne un plenario de solidaridad, donde discutiremos el reagrupamiento de los cesantes y una asamblea común a la salida de un turno para resolver una acción de lucha por la reincorporación de los compañeros despedidos y la continuidad de la campaña (adentro y afuera) por el fondo de huelga.

No hay tal “buen acuerdo”, como planteó Tomada. Adentro hay que reorganizar filas en una elección que se hace con los despedidos afuera y reorganizar filas en las secciones, contra la ofensiva patronal. La batalla adentro y afuera es una sola, con una política común contra la patronal y la burocracia, desconociendo la paz social de Tomada, de Daer y de los yanquis. Los piquetes junto a los compañeros despedidos ayudan al proceso interior. Es la batalla en la que hoy está empeñado el PO, como parte del esfuerzo por la constitución de una agrupación clasista en el gremio de la alimentación. Una tarea que surge del balance riguroso de esta enorme lucha de la clase obrera.

Christian Rath