PO 1106 29/10/2009 Internacionales

Afganistán: "aguantar hasta que nos retiremos"

Barack Obama anunció que la decisión de enviar más tropas a Afganistán “puede esperar” hasta que haya “un gobierno legítimo” en ese país (The Washington Post, 21/10). Hace poco más de un mes el comandante norteamericano en Kabul, general McChrystal, exigió el envío inmediato de 40.000 soldados adicionales para alejar el fantasma de una derrota a manos de los talibanes.

La respuesta de Obama deja en claro el impasse norteamericano: el fraude en favor de Karzai fue organizado a sabiendas de Obama. Por eso, los militares filtraron de inmediato su “malestar con Obama (porque) el presidente está demorando demasiado su decisión”. Los militares critican la “falta de decisión de Obama” (La Nación, 21/10).

Pero las aguas están revueltas. “En estos días ha trascendido que no todo el frente militar coincide con la necesidad de enviar 40.000 soldados más, como pide el general McChrystal (...)”. Por el contrario, el vicepresidente Biden discrepa: para él, la guerra debe librarla Pakistán, y hay que forzar a que lo haga.

Algunos analistas (Stratfor, 20/10) sostienen que McChrystal requiere 40.000 soldados adicionales para saturar de tropas las zonas más densamente pobladas; esto le permitiría abandonar las bases aisladas en regiones remotas, que son blanco frecuente de los ataques talibanes. En esas zonas, McChrystal recurriría al uso masivo del poder aéreo para aplastar a los talibán. Las mismas fuentes indican que el general pretende dejar de usar la aviación en las áreas más densamente pobladas. Las masacres provocadas por los misiles y las bombas de la aviación norteamericana le ganaron a los aliados y al gobierno títere de Karzai el odio de los afganos de a pie, que celebraron y ayudaron al “retorno” de los talibanes.

Pero si el alto mando norteamericano se rehúsa a utilizar la artillería pesada y la fuerza aérea en los combates decisivos con los talibán, las capacidades de uno y otro bando se “empardan” al punto que, en un combate de infantería, los talibán podrían contar con superioridad táctica (más hombres, mejor inteligencia, mejor conocimiento del terreno, mejor aclimatación). Inevitablemente, más tropas significarán más bajas y una mayor crisis política para Obama. La misma fuente (Stratfor, 20/10) recuerda que McChrystal puntualiza que en su estrategia “hay muchas incertidumbres y riesgos” y que “no garantiza nada” (ídem).

Para los analistas occidentales, la guerra está perdida. “No está claro que las fuerzas occidentales en Afganistán puedan sostener una guerra de infantería de largo plazo (...) en la cual el uso de la fuerza aérea está severamente restringido” (ídem).

No se trata, siquiera, de más soldados. “En cualquier caso, no resulta claro qué nivel de fuerzas sería necesario para obligar a los taliban a negociar o capitular – y tenemos muy serias dudas que ese sea un nivel que pueda contemplarse en la práctica” (Stratfor, 28/9).
“Pensamos que no hay una estrategia efectiva para ganar en Afganistán, pero lo que propuso McChrystal es una buena estrategia para ‘aguantar hasta que nos retiremos’. Sospechamos que Obama mostrará que está dispuesto a darle una chance a esa estrategia, pero que la decisión del retiro no está muy lejos” (Stratfor, 20/10).

Luis Oviedo