PO 1104 15/10/2009 Mujer

El arzobispo nos dijo...

Activistas, matones y molotov contra las luchadoras

Los grupos religiosos se prepararon desde diciembre para introducirse en el Encuentro y plantear sus posturas. Se prepararon con ‘abogados del diablo’, que ponían a prueba sus argumentos desde las posturas más radicales feministas para que las participantes religiosas tengan capacidad de argumentación. Esa fue la gran sorpresa en un encuentro en el que tradicionalmente predominaron las ideas más liberales y los grupos que luchan en pos de cambios radicales. Las mujeres religiosas –estimadas según la Iglesia en unas 3.000– se presentaron en todos los foros del encuentro” (La Gaceta, 11/10).

El arzobispo, Luis Villalba, también se propuso generar una sensación de caos en la población e incitó a la represión, suspendiendo las misas en la catedral y en las iglesias del centro “por razones de seguridad y para evitar agresiones” (ídem). El sábado, Villalba invitó a a organizar cadenas de oración basadas en su sermón del día de la Virgen de la Merced, “generala del Ejército argentino”. Las “cadenas de oración” las rezaron “a viva voz” centenares de “varones jóvenes”, que “protegieron” las iglesias por donde pasaba la marcha del Encuentro, “protegidos” por policías antimotines y carros de asalto que Alperovich puso a su disposición. Las campanas doblaron a rebato “para tapar los cánticos de las manifestantes” (El Siglo, 12/10).

Antes, Villalba había ordenado que los hombres se plantaran frente a las escuelas donde sesionaban los talleres. Intentaron repetidamente entrar en la escuela Mármol, donde funcionaban los de anticoncepción y aborto, acompañados por policías armados, una situación inédita en un Encuentro. “Desde temprano, un grupo de hombres se paseaba frente a la escuela. ‘Monseñor Villalba nos dijo que no nos identifiquemos; bah, decidimos no hacerlo, por temor a represalias. Dentro están las señoras de la Iglesia, tratando de que no se mate a su bebé’, dijo uno de ellos. Otro, de apellido Monroy, agregó: ‘no queremos perder la participación de nuestra gente, que está exponiendo nuestro pensamiento en el taller’” (La Gaceta, 12/10).

Según la agencia Anred, Monroy es un funcionario de Obras Públicas de la Municipalidad.

Los agentes de monseñor se acostaron tarde. En la madrugada del lunes trataron de romper el vidrio de una ventana del CEF 18, donde se alojaba un centenar de mujeres, y arrojar bombas molotov. La denuncia, en la Comisaría 12ª, tiene como prueba las botellas con nafta y mechas incendiarias. Aunque el gobierno provincial había exigido para prestar las escuelas que fueran custodiadas por la policía, ésta se retiró y dejó la zona liberada.

La embestida de la Iglesia crece a medida que crece la participación de luchadoras en los Encuentros. La curia tradicionalmente trató de colonizar los talleres de aborto y anticoncepción, de adolescencia, de familia. Ahora mandó a sus cohortes a “todos los foros del Encuentro”. El motivo es que las mujeres, fogueadas en el movimiento piquetero y en la lucha sindical, han vencido la política de regimentación que les imponía que se sometieran a temarios prefijados. Ya los talleres no funcionan como compartimientos temáticos estancos. Los sindicales se pronuncian sobre la trata y el aborto, y repudian al clero. Los de aborto y violencia discuten la solidaridad con Terrabusi y las consecuencias de la crisis capitalista.

Esta fusión entre las temáticas de género y clase indica que muchas luchadoras saben que sus problemas no se resolverán al margen de la lucha general de los explotados contra este régimen social. Por esa misma razón, los sectores que presentan la opresión de la mujer como producto de un pacto entre varones –”sin clientes no habría trata”, “el aborto ilegal es un pacto masculino por el control de los cuerpos”– han quedado en absoluta minoría frente a las que acusan al gobierno nacional, a los provinciales y discuten cómo enfrentarlo.

Esta perspectiva explica que la Iglesia avance sobre otros talleres en sus esfuerzos por desmoralizar al movimiento de mujeres, por controlar y destruir los Encuentros.

Olga Cristóbal