Después del relevo arbitrario de los directores de tres hospitales de salud mental, rechazado por toda la comunidad, Macri profundiza a la vez que desnuda sus propósitos. Pero esta vez con los métodos fachistas de la UCEP (la patota de Unidad de Control del Espacio Público) que desaloja vecinos a garrotazos.
Dos hechos lo demuestran.
En el Ameghino, forzó la entrada de la nueva directora de facto, mientras todo el hospital manifestaba su repudio al grito de ¡No! ¡No! ¡No! con carteles bien claros. Es que defienden la gestión del director anterior, que había sido elegido por sus pares por su trayectoria profesional.
En el Moyano, el incidente alcanza ribetes más graves. El nuevo director, puesto a dedo por supuesto, conminó a una jefa de guardia a renunciar para colocar en su lugar a una favorita.
La médica pidió unos días para asesorarse y eso bastó para que una patota –de profesionales, eso sí– la amenazara a ella y a los que acudieron a defenderla. Pero en términos mafiosos de: “¡sos boleta, a vos hijo de puta te vamos a mandar a matar!”. Vergonzoso, injustificable, pero admonitorio. Esos son los funcionarios que Macri necesita para llevar adelante su plan de “desmanicomialización” que debería estar listo para 2010. Eliminar todo obstáculo para liberar los terrenos de los hospitales, privatizar la atención de la salud y achicar la planta municipal.
Por otro lado, hay que considerar, en la especificidad de la atención de la salud mental, que se está apuntando, en primer lugar, contra los que entienden que curar a los enfermos requiere básicamente de psicoterapias. Claro que eso, a su vez, requiere personas y tiempo y es costoso. Se ha planteado una antinomia entre psicoterapia y psicofármacos, a nuestro criterio falsa.
Se podría decir que Macri se apoya en los medicalizadores, y por ende, colateralmente, favorece a la industria farmacéutica, en articulación con su plan de reducción del gasto público.






