La Naranja jugó un importante papel no sólo en Tucumán, donde como agrupación desarrollamos una intensa campaña con excelente resultado en dos facultades. La UBA, donde dirigimos la asociación, fue otra de las universidades que tuvo una gran participación (1.012 votos) y donde el Frente conquistó cinco de seis congresales. En Quilmes, también de buena afluencia de votantes, los compañeros naranjas dimos una lucha a brazo partido con los privatistas de la Lista de Velázquez-Molina, que viendo que ganábamos trajeron el tercer día a votar a todos los funcionarios del rectorado, no obstante lo cual nos superaron apenas por ocho votos. En Misiones, donde el trabajo Naranja garantizó un congresal, somos claramente la oposición a la destrucción de la Unam. En Catamarca consolidamos un reagrupamiento que no impuso un congresal por la maniobra fraudulenta de la conducción del gremio; allí, como en Misiones, se impone una tarea de esclarecimiento en las asambleas docentes para empezar a crecer en esas universidades sobre nuevas bases. En Comahue quedamos a seis votos de un congresal, en un gremio que entre la elección anterior y esta perdió al 40% de los votantes; la Naranja se carga allí el objetivo de refundar el sindicato. En Bahía Blanca hemos constituido la agrupación Naranja y en la Patagonia comenzamos también un trabajo, ganando la delegación San Julián. Todo un desarrollo clasista en el medio universitario.






