PO 1103 8/10/2009 Sindicales

No hay tal "giro"

El gobierno siempre apuntó a quebrar la huelga

Los “medios de la democracia” han montado varias campañas simultáneas de malversación de la opinión pública alrededor de la huelga de Terrabusi.

Todo el tiempo hablan de “la ley del corte”. Buscan reducir a una cuestión de tránsito el conflicto de Kraft, de Paraná Metal, de la gráfica Dinam, de los desocupados devorados por el hambre, de los paros del subte y sus cortes de vías, de las movilizaciones de Indugraf, de la huelga autoconvocada de la salud de Tucumán –por mencionar algunos de los conflictos actuales.

En rigor, la conexión solidaria y de clase entre unos conflictos y otros es apenas incipiente: lentamente se va desarrollando una comprensión del hilo común que los une, y es así que en Tucumán las trabajadoras médicas y no médicas han comenzado a vincular su lucha con la de Kraft, en el marco del gran Encuentro de la Mujer que tendrá lugar este fin de semana. La gran acción de la Fuba y los centros estudiantiles, de los piquetes junto a los despedidos, las declaraciones solidarias del subte o el extendido fondo de huelga, son todavía la punta del témpano que esconde la enorme masa de hielo que busca salir a la superficie.

Es curioso que algunos hablen de un “giro” del gobierno que “por fin” se habría inclinado a “impedir los piquetes”, mientras otros señalan, por el contrario, su demorada decisión para hacer que la patronal respete ‘las leyes argentinas’. El gobierno kirchnerista tiene una larga trayectoria represiva contra los petroleros y docentes santacruceños, contra los trabajadores del Francés o del puerto marplatense, o la intervención de la Prefectura contra la heroica huelga del Casino. La ‘mediación’ tampoco apunta a imponer respeto a la multinacional sino a empaquetar una masa de despidos. En Kraft, el gobierno apuntó siempre a quebrar la huelga, en línea con el accionar de la patronal y con la política de la burocracia de Daer. Tomada, ministro maniobrero y negociador profesional como pocos, dio a la empresa la orden de partida cuando dio por agotada la conciliación obligatoria, para que decida las “relación de fuerzas entre ‘las partes’”.

Ahora, dicen los “medios independientes”, el gobierno, tardíamente, interviene. Falso: intervino siempre para quebrar la huelga, y lo mismo hace ahora. Convoca a la negociación con la planta militarizada, con un estado de sitio interno, en condiciones de una escalada patronal de aumento de ritmos y desconocimiento de convenio y, por sobre todas las cosas, con los delegados afuera y con un número de 36 nuevos compañeros suspendidos.

No hay tal giro. El gobierno K es incapaz de hacer intervenir al Estado como agente de “una reacción metódica y conciente” (Marx) contra la prepotencia desenfrenada de un pulpo internacional, lo cual significa que está pronunciando su propia crisis y disolución. Los trabajadores tenemos que tomar conciencia de esta situación para darnos los medios eficaces de nuestra defensa y de nuestra victoria: una nueva dirección, clasista y socialista, de la clase obrera.

N.P.