El gobierno despliega en torno a la gran lucha de Kraft un operativo para salvar su ropa, no la de los obreros. Metió a Tomada, a Moyano y a Recalde como mediadores, pero lo que ‘lograron’ es insultante: la patronal ha sumado los 36 suspendidos a la lista de 86 despidos antes de ofertar la reincorporación de veinte. O sea que deja en la calle a 72 compañeros, más los cinco de la comisión interna (más los 70 que aceptaron su ‘retiro’).
El compromiso de la patronal de “acatar las resoluciones de la Justicia” sobre los delegados impedidos de entrar, no significa nada, porque podría apelar una resolución desfavorable hasta las calendas griegas.
Que el gobierno finge mediar se comprueba en que no sacó la policía de la planta, lo cual constituye una militarización del lugar de trabajo.
La lucha heroica de los despedidos
En estas difíciles condiciones, con la zona militarizada, los despedidos libran una lucha heroica junto a las organizaciones obreras, estudiantiles y piqueteras. El gobierno desplegó más de mil efectivos de infantería y Gendarmería para evitar un corte de la Panamericana, que fueron resistidos todo el día por una masa de luchadores.
Las acciones de apoyo, como la ocupación de facultades, los piquetes, el fondo de huelga, las movilizaciones al ministerio y el aguante ante la salida y entrada de cada turno por parte de delegados y despedidos, han sido incesantes.
Disputa sorda
Dentro de la planta el apriete es brutal. Un reglamento interno establece la polivalencia en forma unilateral: los supervisores determinarán “la asignación de tareas para cada colaborador, las cuales eventualmente podrán ser de una categoría superior o inferior a la que el colaborador posee”. Queda prohibido, a partir del 1º de noviembre, “ingresar al establecimiento con una antelación mayor a 30 minutos a su turno de trabajo”; se encuentra impedida toda reunión de tres personas o más y hasta los lugares de descanso son fijados por la empresa. En las líneas de producción la patronal está librando una lucha feroz por implantar el escaneo del material elaborado, esto para medir la “productividad obrera”, y exige una “colaboración” incondicional en materia de horas extras. Una comunicación interna reserva para la empresa el monopolio en el otorgamiento de categorías, agrediendo una lucha de años en la fábrica. Sin embargo, cada paso de la empresa para establecer su dictadura enfrenta una resistencia sorda que se torna audible para reclamar el regreso de los delegados.
Sigue el plan de lucha
En las acciones de movilización, en el fondo de huelga, en las asambleas, en paros que incorporaron la solidaridad, entre otros, del Suteba Escobar, del Subte, del Astillero de Ensenada o las tomas estudiantiles, se procesa un salto en el movimiento político del clasismo. Esta lucha encarna la rebelión de la clase obrera contra la burocracia de los sindicatos.
En la asamblea del sábado pasado en puerta de fábrica fue acogida la propuesta de organizar un acampe en las puertas de Kraft y una gran marcha desde la planta a la Casa Rosada (“a pata y a pulmón”), en lo que sería un lento y prolongado corte móvil de la panamericana.






