PO 1103 8/10/2009 Cultura

Tango que me hiciste mal…

En medio de la catástrofe capitalista, las cifras del hambre, los despidos y la traición de la vetusta burocracia sindical entre otras calamidades cotidianas, se cuela una noticia que no puede sino llenar de orgullo y alegría a milongueros, musiqueros y cultores de las tradiciones nacionales en ambas orillas del Plata: luego de dos años de espera, la Unesco acaba de declarar al tango patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

La decisión fue anunciada el pasado miércoles 30 a 13.500 kilómetros del Río de la Plata, en los lejanos Emiratos Arabes, por el Comité Intergubernamental de Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial ante el aplauso cerrado de los 480 delegados de todos los países (La Nación, 1/10).

Una decisión que encarna sin lugar a dudas con el sentir popular (incluyendo el de quien escribe) no queda por fuera, sin embargo, de los tejes y destejes de la crisis capitalista.

Baste observar la especial alegría del ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, para que la enorme sonrisa se transforme en apenas una mueca. Ocurre que el tango mueve –según lo declarado por el propio Gobierno de la Ciudad– cerca de 642 millones de dólares. La concurrencia milonguera al último festival organizado durante agosto alcanzó la cifra de 300.000 personas, muchas de ellas turistas que dejaron sus billetes por doquier. De la mano del 2 x 4, la Ciudad hace un firulete y pilotea la crisis echando mano del tango, del turismo atraído por él y de la posibilidad de explotar el nombramiento de la Unesco para acceder a créditos internacionales, tal como manifestaron (con alegría) los representantes de Montevideo y Buenos Aires. Una vez más, la patrimonialización del tango encarna con la política cultural del macrismo tendiente a promover los espectáculos privados ligados al turismo. El tango “pro” será el tango “for export”.

En oposición a esta orientación, planteamos que el proceso de renovación del tango seguirá creciendo de la mano de la gestión de los proyectos culturales por los trabajadores de la cultura. Por el control de los centros de difusión artística al servicio de las mayorías.

Natalia Casola