PO 1101 24/9/2009 Internacionales

BOLIVIA

Hacia la reelección de Evo Morales

Se deshizo el frente oportunista de la izquierda

Evo Morales cobrará el 6 de diciembre, en las elecciones presidenciales, los réditos de su victoria del año pasado, cuando, por partida doble, venció a la derecha sublevada contra él y, casi al mismo tiempo, hizo retroceder a las masas que se levantaron para defenderlo. Esa movilización campesina-indígena había sido la artífice de la derrota derechista.

La expresión más patética de esa dispersión de la derecha se tiene en la fórmula presidencial mejor ubicada frente a Evo Morales: la encabeza Manfred Reyes Villa, ex prefecto de Cochabamba, que debió huir del edificio de la prefectura cuando una masa de campesinos y obreros fue a tomarla por asalto. Su candidato a vicepresidente es el ex prefecto de Pando, Leopoldo Fernández, preso por asesino desde hace un año. Frente a ellos, la ventaja del líder del MAS es irreversible.

Los derechistas, resignados a que inevitablemente Morales logrará su reelección con comodidad, sólo aspiran a constituir un bloque en la próxima Asamblea.

La cooptación, a pleno

La Central Obrera Boliviana (COB) prepara un ampliado en el que no sólo formalizará su alianza con el gobierno y proclamará su respaldo electoral a Morales; además, según la convocatoria, se proponen “reformular” el programa de la COB.

La burocracia intentará reemplazar la Tesis Política aprobada en 1970 por el IV Congreso de la COB. Esa Tesis tomó por base el programa de Pulacayo (1946) y señala la perspectiva del gobierno obrero-campesino, de la dictadura del proletariado, aunque el estalinismo había logrado introducirle enmiendas frentepopulistas importantes.

Los mineros de Huanuni, que en 2006 libraron una batalla -dos muertos y decenas de heridos- en defensa de su fuente de trabajo (la “matanza de Caihuasi”) y amenazaban con transformarse en una especie de bastión clasista de oposición al gobierno, han proclamado en un ampliado la necesidad de “apretarse los cinturones por el bien del proceso”. En julio, el presidente visitó Huanuni y anunció un amplio plan de obras públicas en esa región.

Por su parte, la Federación de Fabriles anunció también su voto por la fórmula Evo Morales-Alvaro Linera.

Como se ve, comienza a completarse la cooptación de las organizaciones obreras por parte del MAS. Ése es el resultado al que se ha llegado luego de que las direcciones anteriores y la izquierda se aislaran en el abstencionismo electoral.

El frente que no fue

Jaime Solares, ex secretario ejecutivo de la COB, ha girado del votoblanquismo vacío, sin perspectivas, a un oportunismo electorero casi febril.

Primero intentó organizar un frente electoral con la cobertura legal de Bolivia Social Demócrata (BSD), un agrupamiento con personería gremial desde 2003 (las reformas a la ley electoral hacen muy difícil la presentación de agrupamientos pequeños). El principal dirigente de BSD es el ex diputado (MAS) Arsenio Medrano Tancara, quien aparece entre los cien personajes más ricos de Bolivia y se ha visto involucrado en casos ruidosos de corrupción. La página web de BSD dice que se proponen expresar “la energía, la fuerza, el nuevo renacer, la luz que ilumina el camino...”.

Con esa gente, Solares se proponía organizar “un frente de los trabajadores, anticapitalista y socialista”, según una declaración firmada el 29 de julio. A ese carro también se habían subido el MST, la LOR-CI (PTS), la AMR y otros grupos.

El engendro fracasó porque finalmente BSD anudó un acuerdo con el MAS y, por su lado, Solares comenzó a buscar alianzas a la derecha, como, por ejemplo, con el concejal alteño Roberto de la Cruz; incluso con Alejo Veliz, quien durante el conflicto del año pasado se aproximó a la golpista Conalde.

Abandonadas por BSD y por Solares, las viudas de aquel frente abortado (MST, LOR y los otros) convocan ahora, sin más remedio, a votar en blanco.

Por su lado, Felipe Quispe, perdida la personería de su Movimiento Indígena Pachakuti (MIP), rechazó una invitación de Morales para llegar a un acuerdo con el MAS y armó una alianza con los derechistas Román Loayza, Alejo Veliz, De la Cruz y otros, para bregar, según dicen en una declaración, “por la unidad de Bolivia, la reconciliación de Oriente y Occidente”. Es un eufemismo para presentar, de manera vergonzante, su rendición ante la derecha. Para peor, ante una derecha vencida y dispersa.

Así las cosas, la situación boliviana ha ingresado en un periodo de relativa quietud (periodos que en Bolivia suelen durar muy poco), que deberá aprovecharse para trabajar por una organización política propia de los explotados en la perspectiva socialista del gobierno obrero-campesino.

Alejandro Guerrero