PO 1092 23/7/2009 Internacionales

GAZA

Testimonios de la masacre

Una investigación elaborada por la ONG de derechos humanos “Rompiendo el Silencio”, que agrupa a ex soldados israelíes, ha provocado gran conmoción en Israel y en el mundo. A lo largo de un informe de 150 páginas, 27 soldados que participaron del asalto a Gaza de fines del año pasado, dan detallado testimonio de las atrocidades cometidas por el ejército sionista contra el pueblo palestino.

“Los crímenes de guerra no fueron hechos aislados”, denuncia la ONG (El País, 16/7), “sino parte de instrucciones precisas”. “Las consideraciones a las que estábamos acostumbrados sobre reglas de combate y sobre no dañar inocentes no se escucharon esta vez... La idea era abrir fuego y no entrar en repercusiones. Si hay un vehículo en el camino, se aplasta; si hay un edificio, se bombardea. Éste es el espíritu que se transmitió”, declaró Amir, sargento reservista que se animó a dar testimonio a cara descubierta. “Si en algún momento nos hablaron de inocentes fue para decirnos que no habría inocentes. Todos eran enemigos” (ídem). El resto de sus compañeros pidieron anonimato para evitar represalias. Con esa excusa, la vocera del ejército, Avital Leibovich, calificó al informe de “una sumatoria de rumores”.

Las evidencias de que en Gaza se produjo una masacre atroz son harto elocuentes. Los informes oficiales sitúan en 1.400 las bajas entre los palestinos, su inmensa mayoría civiles. Estas cifras están lejos de dar cuenta del total de víctimas, dado que aún quedan más de 600 mil toneladas de escombros por remover. Toda la infraestructura del territorio de Gaza fue arrasada. Según la ONU, 50 mil casas, 200 escuelas, todos los edificios oficiales y un millar de fábricas fueron destruidas durante el ataque (Página/12, 16/7), con excavadoras pero fundamentalmente con artillería, helicópteros, tanques y aviones. “Los objetivos de la guerra eran vagos, pero nos dijeron que debíamos arrasar la mayor parte de nuestra zona posible. La idea era dejar un área estéril detrás de nosotros cuando nos marcháramos. Así tendríamos buena capacidad de fuego, visibilidad abierta”. “Tengo la sensación de que el ejército pretendía llevar a cabo una demostración de fuerza espectacular”, fue la conclusión del soldado.

Este es el ejército que cínicamente se presenta como “el más moral del mundo”. Todas estas atrocidades fueron debidamente bendecidas. Uno de los reservistas exhibió folletos con el sello del Ejército y su rabinato “que contenían material político: los palestinos eran filisteos (enemigos del pueblo judío según el Antiguo Testamento, N. de la R.), alienígenas en una tierra que debemos retomar... La guerra entre la luz y la oscuridad era la preparación para la redención”.  

Escudos humanos 

Una de las denuncias más impactantes del informe es la referida a la utilización sistemática de civiles palestinos, incluso niños, como señuelos o “escudos humanos”. Dentro de su código, los militares los llamaban “Johnnies”.

El informe habla de civiles “obligados a entrar en sitios sospechosos frente a soldados que usaban sus hombros para mantener apuntado su fusil” (Ámbito, 16/7). En otras oportunidades, se los obligaba a ingresar maniatados en casas y edificios para “evitar sorpresas”, como bombas escondidas o ráfagas de ametralladoras. También a taladrar las paredes con martillos neumáticos, por si acaso había explosivos ocultos.

Frecuentemente se enviaban civiles, obligados a punta de pistola, a ingresar en viviendas ocupadas por milicianos para negociar y obtener su rendición. “Si no se entregaban, se derribaba la casa sobre ellos” (El País, 16/7).

Mientras esas aberraciones se desarrollaban y los centros urbanos de Gaza eran bombardeados con fósforo blanco, el presidente israelí, Shimon Peres, repetía junto a todo el arco político sionista que Hamas utilizaba “escudos humanos” en sus operaciones.  

Lieberman  

Gobiernos como los de Argentina y Brasil, que alertaban sobre la “desmedida respuesta” israelí a las acciones del aislado y subyugado pueblo de Gaza; los que clamaban “por la paz”, colocando un signo igual entre la resistencia palestina y la brutal opresión sionista; los que se hacen gárgaras de democracia todas las mañanas; estos gobiernos son los que se aprestan a recibir en estos días al canciller de los masacradores, Avigdor Lieberman, y a su comitiva de empresarios (que lucran con los recursos arrancados a los palestinos a sangre y fuego). Es una muestra de la infame catadura moral del “progresismo” regional. “Negocios son negocios”, dirán.

Los criminales de guerra deben ser repudiados y castigados.

Néstor Rivas (Jacyn)