Llega a su fin la huelga de la principal universidad pública del Brasil, USP, después de casi dos meses de lucha. El 5 de mayo se inició la huelga de no docentes, con las banderas de salario; carrera (una nueva carrera docente, reaccionaria, fue aprobada por el Consejo Universitario de la USP, provocando indignación); por la readmisión de Claudionor Brandão, dirigente del Sintusp (funcionarios USP) despedido durante las vacaciones de verano, y contra los procesos contra estudiantes (de la ocupación de la rectoría, en 2007); y contra el proyecto de educación a distancia (Univesp).
Los trabajadores están representados por el Foro de los Seis, que reúne los tres sindicatos docentes y los tres de funcionarios de las tres universidades estaduales. La huelga fue progresando lentamente, con apoyo de asambleas docentes y de estudiantes. Los funcionarios instalaron un piquete en la rectoría de la USP. La rectora, Suely Vilela, entró con una acción judicial y suspendió las negociaciones salariales y de carrera.
El 1º de junio, de madrugada, 150 policías militares (de la PM, fuerza destinada exclusivamente a la represión, con foro de justicia propio), con armas en profusión, desalojó el piquete. El 2 de junio volvió el piquete de funcionarios. El 3 de junio volvió la PM, reprimió al piquete y se quedó. El día siguiente, asambleas generales de docentes y estudiantes decretaron la huelga: 1) fuera la PM (por primera vez en el campus desde 1968); 2) por la reapertura de las negociaciones. Asistimos entonces a una de las dos únicas huelgas del país en este año (la otra es la del INSS, seguridad social).
Actos y asambleas se sucedieron, con más fuerza. El martes 9 de junio hubo un gran acto conjunto frente a la Rectoría de la USP y posterior marcha a la entrada de la USP, con bloqueo de la principal avenida de acceso. La PM pasó a reprimir con gas pimienta, balas de goma y palazos. Blindados de la Fuerza Táctica llegaron en gran número, circulando a toda velocidad y provocando, lo mismo que tres helicópteros de la PM. La confrontación se generalizó en la Ciudad Universitaria, en una batalla de tres horas, que dejó más de una decena de personas heridas y varios detenidos. La represión en la USP se transformó en un escándalo nacional, fue transmitida por todos los canales de TV. El gobernador Serra (PSDB, virtual candidato de la derecha burguesa en las presidenciales de 2010) salió públicamente a defender la represión, provocando el repudio y politizando el movimiento.
En los días siguientes hubo intensa movilización, las asambleas de docentes, estudiantes y no docentes votaron la consiga “fuera Suely” y por la democratización de la universidad pública. Ciertamente, sólo una parte de la universidad estaba parada (cinco facultades y varias dependencias), lo que es habitual (los sectores más vinculados a la burguesía y los circuitos financieros – medicina, ingeniería, derecho, economía– “discuten” la huelga, pero no paran). El punto alto fue el jueves 18 de junio, cuando un acto público de protesta reunió a cinco mil personas en el centro de San Pablo, vigilado por 220 policías, 13 blindados, 50 motos y siete coches policiales: “Fuera Suely” y “Fuera la PM” eran las consignas. La fuerza del movimiento impuso la retirada de la PM, el lunes 22, y la reapertura de negociaciones del pliego sindical y estudiantil. El martes 23, la dirección del sindicato docente propuso, en asamblea masiva, el fin de la huelga; Osvaldo Coggiola encabezó a los oradores que propusieron su continuidad, para no quebrar el frente de lucha con no docentes y estudiantes (la asamblea votó la continuidad con 90% de los votos). El jueves 25 hubo un acto en la Asamblea Legislativa del Estado, en defensa del presupuesto universitario, convocado por los sindicatos; una minoritaria asamblea estudiantil había votado, después de vaciada por las maniobras de la dirección estudiantil (PSTU) y las provocaciones sistemáticas de grupejos, un acto paralelo, el mismo día a la misma hora en otro lugar, que no se realizó... por falta de gente. El movimiento se moría por sus propias contradicciones.
La cuestión salarial no se movió (salvo pequeñas concesiones, no incorporadas al salario, a los no docentes), el proyecto de “universidad virtual” (con una contabilidad que reduce los gastos e hincha artificialmente el número de alumnos) fue archivado (fue la principal victoria), la PM fue retirada. Suely quedó en el cargo, y la democratización de la USP va a ser encaminada a través de un “Foro” con entidades y “personalidades”, o sea, no a través de la movilización unitaria y de bases de los tres sectores. El presupuesto universitario va a sufrir reducciones porque está vinculado a un porcentaje fiscal (una especie de IVA) que está cayendo. La lucha de la USP, sin embargo, conmovió a la sociedad y dejó un rastro de lucha para todo el movimiento obrero y popular (la USP es una especie de “vitrina” del Brasil). La jornada del 9 de junio fue una prueba de fuerzas que se incorporó a la conciencia colectiva y crea una nueva y fresca tradición de lucha. Su continuidad depende de una reorganización política del movimiento, con direcciones combativas que superen la visión corporativista y estrecha de las principales direcciones sindicales, y barriendo a los grupejos provocadores que “participan”, generalmente en la retaguardia, para montar negocios político-electorero-financieros de corto alcance. Una nueva etapa política se esboza en Brasil.






