PO 1083 14/5/2009 Salud pública

EXCLUSIVO DE INTERNET

Gripe porcina

La epidemia continúa expandiéndose. Hay un infectado en China (ver recuadro) y "un dramático incremento" de casos en Estados Unidos, que ya tiene 2.532 contagiados y sólo en el fin de semana reconoció otros 300 (La Nación, 11/5). Dado que Estados Unidos se considera "el país mejor preparado para enfrentar la pandemia" (Wall Street Journal, 31/4), es fácil suponer qué sucederá si la gripe llega a Asia, Africa subsahariana o a América Latina, zonas que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), serán las más afectados: "El N1H1 mide la desigualdad mundial" (El País, 4/5). Veamos:

Antivirales. El Reino Unido los tiene sólo para la mitad la población; Japón, para el 25%; España, 10 millones de antivirales. En América Latina: la Argentina tiene ¡600.000 dosis!; Nicaragua, para 3.000 personas (El País, 4/5). Doblemente aberrante: todos coinciden en que la virulencia y extensión de la gripe se agravará en el hemisferio sur porque empieza el invierno, su temporada estacional.

Reactivos. Otro problema grave en Latinoamérica es "la lentitud con que se confirman los casos". Es una de las razones de la diferencia de muertos entre México y Estados Unidos. "Se tarda porque no tenemos los reactivos necesarios", confesó Carlos Soratti, secretario de Salud argentino, quien prometió que "esta semana" empezarán a llegar. O sea que en 20 días el gobierno no proveyó suficientes reactivos para un número exiguo de casos. ¿Qué sucederá si se empiezan a multiplicar al ritmo de Estados Unidos?

Sistema sanitario. La OMS, a partir de la gripe aviar, elaboró un protocolo de atención que fue adoptado por los países ricos, pero "sigue faltando en el Tercer Mundo". El asunto es que, "aunque lo tuvieran, no cuentan con un sistema sanitario capaz de abordar la pandemia". Un brote de cólera mató a 2.000 personas en Zimbabwe a principios de año. "El problema es identificar la gripe H1N1 como tal, cuando ya nos vemos desbordados por neumonías, tuberculosis o malaria, con síntomas muy similares", dice la sudafricana Lucille Blumberg. El nicaragüense Daniel Ortega calculó que, en caso de epidemia, el 20% de la población deberá ser hospitalizada. ¿Qué se puede esperar del destruido sistema sanitario argentino, que no garantiza ni siquiera un control por embarazo, lo que disminuiría sustantivamente la muerte materna e infantil?

La directora de la OMS, Margarte Chan, dice livianamente que el virus es potencialmente más peligroso que la gripe española (que mató a millones de personas en 1918) porque "antes no teníamos tanta población mayor, ni VIH ni tanta diabetes, hipertensión o cáncer. Hasta ahora, el virus está resultando suave, pero hay que tener cuidado por si se llega a poblaciones con las características que acabo de mencionar. Ahora hay más tuberculosis, más malaria. No sabemos qué puede resultar de su combinación con esas enfermedades" (El País, 4/5). Así está la salud de los pueblos bajo el régimen que acumula más innovaciones científicas en la historia. 

El panorama que describe Chan se ajusta a la situación argentina. El Centro de Medicina Tropical y Enfermedades Infecciosas Emergentes de la Universidad Nacional de Rosario afirma que "en nuestro país suman más de diez los focos infecciosos que demandan mayor atención". Las enfermedades son: fiebre amarilla (transmitida por el mismo vector que el dengue), malaria, mal de Chagas, hantavirus, leishmaniasis cutánea (también conocida como la lepra del siglo XXI), leishmaniasis visceral (altamente mortal en otros países), leptospirosis, brucelosis, fiebre tifoidea, rabia, hidatidosis, toxocariasis, larva migrans, encefalitis del Nilo occidental y encefalitis de Saint Louis. "No todas tienen el mismo impacto mediático, pero todas pueden llegar a ser graves y de todas hay focos en el país" (La Nación, 10/5). Habría que agregar otra enfermedad "ligada históricamente a la pobreza" -aunque no sea transmitida por vectores-: la tuberculosis, con 11.000 casos nuevos y 800 muertes por año. 

La salud de la población no puede estar en manos de quienes crean las condiciones sociales y ambientales para la propagación de epidemias, destruyeron la medicina pública y gobiernan para mayor lucro de la medicina privada y los laboratorios. El virus de la gripe porcina ha dejado en fulminante evidencia el carácter pestífero (y mortífero) del capitalismo. La defensa del derecho a la salud también exige que acabemos con este régimen social.

Olga Cristóbal