PO 1076 26/3/2009 Sindicales

EXCLUSIVO DE INTERNET

Mercedes Benz y el fantasma de los noventa

La crisis económica mundial continúa golpeando brutalmente a la industria automotriz. En el caso de Mercedes Benz Argentina, la empresa diagrama la producción en base a una planificación bimensual, a diferencia de los años anteriores cuando la planificación era anual. Para este año se estima una producción de 10.000 unidades frente a las 32.000 de 2008. Sin embargo, la tendencia a la caída se acentúa. Un reciente informe de la empresa notifica a los trabajadores una nueva caída de 400 unidades más para junio y el cese de la producción a partir del 27 de marzo, afectando de tres a cinco semanas de suspensión (hoy hay un régimen de suspensiones rotativas que implica una semana laboral de cuatro días).

Mano dura y más explotación

Al mismo tiempo la patronal viene organizando los grupos de trabajo de manera tal de mantener el mínimo de personal indispensable, lo que redunda en la imposición de múltiples tareas y un incremento brutal de los ritmos para cumplir con la escasa producción. Por un lado cae la producción, y por el otro los obreros sufren un mayor desgaste físico. Sumado a esto hay una fuerte presión disciplinaria: prohibió el uso de celulares y reproductores, hay una estricta vigilancia de los horarios y se prohíbe abandonar el puesto de trabajo sin permiso de los supervisores hasta para ir al baño. El objetivo parecería ser volver el trabajo diario insostenible, convencer que la mejor opción es el retiro voluntario o, en el peor de casos, sumar justificativos para despedir con causa.

El fantasma de los noventa

El anuncio del cierre por un mes revive el fantasma de los casi cuatrocientos despidos que sufrimos en la crisis de fines de los '90. Los obreros que han podido "zafar" de aquellos despidos, recuerdan que al regresar de la suspensión había casi cuatrocientos compañeros menos. La empresa fue llamando uno por uno a la casa, aprovechando el aislamiento de los trabajadores y en secreto los fue despachando. Nada impide que algo similar vuelva a ocurrir ahora. El rumor de que no llegamos a fin de año con el total de la gente suspendida y que la patronal rompería el convenio firmado con el Smata, que la obliga a mantener el personal hasta diciembre, es cada vez más fuerte.

La burocracia "tranquiliza"

En este clima de incertidumbre generalizado, la burocracia del Smata se limita a prometer que "al menor indicio de algún compañero despedido, paramos la fábrica" pero no mueve un dedo para preparar a los trabajadores.

Las afirmaciones de varios delegados sobre la supuesta buena voluntad de la empresa que incluso "estaría dispuesta a dar un aumento del 10%" no ayuda a poner en alerta al personal sino al revés, crea confusión. Empezando porque hoy no resulta convincente que las patronales acepten dar aumentos así nomás. Por citar un ejemplo, Ratazzi de la Fiat acaba de declarar que "ya dimos demasiados aumentos salariales, y hoy el momento es diferente. Cuando crecíamos, era lógico darlos, pero ahora estamos en un momento de ajuste". Y esa es la opinión mayoritaria de las patronales automotrices.

Desde ya que tenemos que exigir el aumento que nos merecemos (y que las empresas están en condiciones de dar por el colchón de ganancias que han acumulado en estos cinco años) pero el reclamo salarial va unido a la preservación de los puestos y a la defensa de las condiciones de trabajo hoy en la mira de los empresarios.

Si se inician las paritarias - tal como informó el sindicato - deberían servirnos para discutir un aumento acorde al costo de vida y también para rechazar los planes de suspensiones, cierres y despidos que están en marcha y para plantear la reducción de los ritmos matadores.

Lo urgente es, frente al cierre inminente de la planta, reclamar garantías de que no habrá más recortes de personal (ya sean directos o encubiertos). Es necesario que una asamblea general, de todos los trabajadores de Mercedes Benz vote el paro y la movilización ante el primer despido y el sindicato debe responsabilizarse por el cumplimiento del convenio, hay que exigir que los días que la planta permanezca cerrada se abonen al 100% del salario conformado.

La aceptación mansa de los planes patronales, que como se está demostrando no sirven para enfrentar el derrumbe industrial, sólo puede significar despidos y miseria para los que trabajamos. Es hora de dar vuelta el argumento: ¡que la crisis la paguen los patrones!

Corresponsal