Desde temprano se la vio cruzar, blanca y radiante, por el cielo platense. Ahí iba ella, la "caprichosa", como le gusta llamarla a Víctor Hugo; la legendaria bocha, que desde lejos se la veía jugar con todos, dueña de nadie.
El domingo dimos muestra de que el fútbol, si no es de los de abajo no es nada.
Porque en el Pereyra Iraola hubo fútbol del bueno, de ese que ya no queda, de ese que ya no se goza. En una veintena de canchas, más de cuarenta equipos de la categoría hombres mayores se dividieron en cuatro torneos relámpago (que regalaron trofeos y camisetas para los campeones), realizados con una impecable organización que generaría envidia al mismísimo "Don Julio". La categoría hombres mayores mostró que el potrero sigue vivo.
Esta categoría dio cátedra a propios y extraños; mostró que el deporte también es un trabajo, y allí la muchachada puso manos a la obra. Porque bien temprano se fueron alistando los equipos. En la previa, por cada zona, entre los favoritos se contaba a "Los quema trenes de Merlo", que aunque venían envalentonados del Oeste tras gambetear a las patotas del imfame Othacehé, no llegaron muy lejos en su grupo. "Los Forjadores del Futuro", en el segundo apartado, apenas si pasaron a la segunda ronda, a pesar de mostrar un juego asociado como si se conocieran de antaño. En cambio, "Piquete en el área", como su nombre bien lo indica, se destacaron por tomar la mitad de la cancha para cortarle la ruta al juego del adversario; por el otro lado, "Los Fiacas", a pesar de lo que parecía decirnos su apodo, a pura garra arañaron el Scudetto en el reducido de la segunda fase.






