La ofensiva contra la Sierra Maestra comenzó el 24 de mayo. Diecesiete divisiones -con el apoyo de tanques, artillería, aviación, bombas de napalm y asesores norteamericanos- fueron movilizadas para cazar a unos 300 guerrilleros. Al frente de la invasión de la Sierra fue puesto en general Cantillo.
El ejército logró mantener la ofensiva sólo 25 días, en medio de emboscadas que le provocaron grandes bajas y de la hostilidad abierta de los campesinos. El 29 de junio, en el combate de Santo Domingo, la guerrilla inflingió una derrota aplastante a un enemigo superior. Las consecuencias de esa derrota fueron "extraordinarias"(1): el ejército de Batista comenzó a retirarse y, en el curso de un mes abandonó totalmente la Sierra Maestra.
El combate de El Jigué convirtió la retirada en desbande. Los jefes del ejército entraron en pánico. Las unidades se rendían sin combatir ante tropas manifiestamente inferiores en número y armamento. Otras, huían luego de abandonar sus armas, equipos y hasta uniformes.
El fracaso de la ofensiva contra la Sierra Maestra colapsó al ejército de Batista y selló la suerte del régimen.
Desde la Sierra, Fidel Castro se dirigió por radio a "los militares honestos": "Estamos en guerra contra la tiranía, no contra las fuerzas armadas (...) El dilema del Ejército es claro (...) o da un paso adelante, sacuediéndose el cadáver del régimen de Batista (...) o comete suicidio como institución. Aquellos que hoy puede salvar al Ejército, no podrán hacerlo dentro de pocos meses. Si la guerra continúa otros seis meses, el Ejército se desintegrará totalmente".(2)
¿Se trataba de un discurso de propaganda, que buscaba acelerar la descomposición del Ejército, o Castro alentaba un golpe de Estado que abriera la puerta al colapso final del régimen? La historia zanjó el asunto: seis meses después, el ejército de Batista se había desintegrado.
El Pacto de Caracas
El 20 de julio, con el ejército de Batista ya en retirada de la Sierra, se reunieron en Caracas todos los partidos de oposición. Acordaron "una estrategia común para derrotar a la dictadura a través de la insurrección armada". Castro fue designado "comandante en jefe de las fuerzas de la revolución"; esto no significaba, sin embargo, que las otras fuerzas combatientes o políticas fueran puestas bajo su mando.
Dos políticos burgueses, el ex juez Francisco de Urrutía y el ex legislador José Miró Cardona fueron designados como presidente y primer ministro de un futuro gobierno.
"Este acuerdo (...) significaba en realidad un cese meramente temporario de las disputas internas, antes que una estrategia común".(3)
La ofensiva final
En agosto, dos operaciones militares de la guerrilla comienzan a definir el curso de la guerra. La primera es la marcha de Fidel Castro hacia Santiago de Cuba con el objetivo de sitiarla; la segunda es la entrada de las columnas del Che Guevara y Camilo Cienfuegos en las provincias de Camaguey y Las Villas.
La ofensiva de Guevara y Cienfuegos -uno por el norte; el otro por el sur- tenía por objeto dividir la isla en dos y permitir que Castro puediera tomar Santiago sin que el ejército de Batista pudiera recibir auxilio. Era un plan audaz y ambicioso, más aún considerando lo exiguo de las fuerzas del MR26. La columna de Guevara tenía unos 150 hombres; la de Cienfuegos, menos de 100.
En el curso de esta campaña, Guevara mostró una gran capacidad militar. También mostró una gran capacidad política al llevar a una acción común a los distintos grupos locales (MR26, Partido Socialista Popular, Directorio Revolucionario, grupos provinciales) hasta entonces violentamente enfrentados.
Mientras Guevara y Cienfuegos cortaban a Cuba en dos y Castro comenzaba a sitiar Santiago, el Ejército oficial se derrumbaba con una velocidad que sorprendía a los propios jefes del MR26: se sucedían las rendiciones sin combate y las deserciones. El Ejército Rebelde, que a medidados de 1958 contaba con menos de 500 hombres armados, se había duplicado en el curso de pocos meses. Su armamento ya incluía algunos tanques, transportes, ametralladoras, morteros y equipos de comunicación sofisticados. Su principal "proveedor" era el propio ejército de Batista.
Ley de reforma agraria
En octubre, se reunió en la Sierra el "Congreso campesino en Armas", que aprobó la "Ley Agraria de la Sierra".
La ley agraria establecía que todos los tenedores de tierras públicas, arrendatarios, parceros que tuvieran menos de 27 herctáreas se volverían propietarios de sus tierras; los campesinos sin tierras recibirían sus 27 hectáreas, considerada la medida mínima de explotación. Las tierras fiscales serían repartidas; las propiedades de Batista serían confiscadas. Los propietarios que debieran ceder sus tierras serían indemizados.(4) La ley "no proscribía el latifundio" sino que remitía al futuro gobierno la obligación -ya establecida en la Constitución de 1940- de establecer un límite a su extensión.(5)
La ley sólo entraría en vigencia después de la caída de Batista, cuando fuera promulgada por el gobierno revolucionario.
En el mismo mes de octubre, cuando era claro que Batista caería en poco tiempo, el PSP (stalinista) declaró su apoyo al MR26 y solicitó su ingreso al "Pacto de Caracas". Castro reclamó que el pedido fuera aceptado. En La Habana, sin embargo, hubo una fuerte hostilidad al ingreso del PSP, especialmente por parte de los representantes del MR26.(6)
Aún bajo la presión del propio Fidel, fracasaron varios intentos de incorporar al PSP al "Pacto de Caracas". El PSP sólo fue aceptado en el frente sindical, donde su peso era relativamente importante: el FON (Frente Obrero Nacional), que era la "sección sindical" del "Pacto de Caracas", pasó a llamarse FONU (Frente Obrero Nacional Unidos) con la incorporación a su dirección de algunos dirigentes sindicales del PSP. También el MR26 aceptó la incorporación de militantes del PSP en el Ejército Rebelde.
Los yanquis y Batista
Batista fue durante años el agente del imperialismo norteamericano en Cuba. Con el avance de la guerra civil, se produjo una división creciente en el "establishment" diplomático y de seguridad de Estados Unidos acerca de la posición adoptar frente a Batista.
Entre las dos posiciones extremas -la del embajador en La Habana, que presentó el plan para que un comando de la CIA asesinara a Castro en la Sierra, hasta los que planteaban sacarse de encima a Batista- había una vasta gama de posiciones y compromisos.
En marzo de 1958, los norteamericanos declararon un embargo de armas a los dos bandos combatientes en Cuba, lo cual no impidió que continuaran llegando armas norteamericanas a Batista mediante la "triangulación" de los envíos a través de la República Dominicana y Nicaragua e, incluso, como denunció personalmente Castro, de los propios Estados Unidos.(7)
En la medida en que la descomposición del régimen de Batista se aceleraba, se reforzaba el campo de los que impulsaban una "salida política" para llegar a un acuerdo con los vencedores.
En noviembre, en una medida desesperada, se realizaron elecciones presidenciales convocadas por Batista. Foster Dulles, secretario de Estado de Eisenhower, respaldó calurosamente la maniobra. El MR26 anticipó que sometería a juicio a los candidatos que se presentaran a las elecciones y los partidos del "Pacto de Caracas" las boicotearon. Apenas el 10% de los cubanos concurrió a votar.
El fracaso de las elecciones convenció al embajador Earl Smith, el más firme respaldo de Batista, de que los días de su protegido habían terminado. Durante unos pocos días, Smith impulsó la idea de adelantar el traspaso de la presidencia al presidente electo Rivero Agüero. Pero rápidamente cambió de línea y planteó reemplazar a Batista con "un gobierno hostil a él pero no hostil a nosotros"(8); un gobierno del "Pacto de Miami"... sin el 26 de Julio ni Castro (ver Prensa Obrera, anterior).
Pero era demasiado tarde. La descomposición del régimen era imparable y Batista rechazaba obstinadamente entregar el poder.
Notas
1. Thomas, Hugh: "Cuba: The Pursuit of Freedom", Harper & Row, Nueva York, 1971.
2. Citado por Thomas, op. cit.
3. Thomas, Hugh: op. cit.
4. Souza Mizukami, Eduardo y Buzetto, Marcelo: "Revoluçao Inacabada"; en Coggiola Osvaldo (editor), Revolución Cubana: Historia y problemas actuales, Xama, San Pablo, 1998.
5. Valdés Paz, Juan: Procesos agrarios en Cuba. 1959-1995, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1997.
6. Thomas, Hugh: op. cit
7. Huberman, Leo y Sweezy, Paul: "Cuba: Anatomía de una revolución", Editorial Palestra, Buenos Aires-Montevideo, 1961.
8. Thomas, Hugh: op. cit.






