Las decisiones del Congreso
En Vysocany, pueblo en los alrededores de Praga, los delegados electos se reúnen en la fábrica CKD donde son protegidos por los mismos obreros de la fábrica junto a milicias populares. Todo está preparado para sacar a los delegados hacia otro local de reunión en caso que intervenga la policía o las fuerzas armadas rusas. Bajo este impresionante operativo se pone en marcha el XIV Congreso del Partido Comunista Checoslovaco. Comienza a las 11 de la mañana con 930 miembros; luego llegan desde lugares más lejanos los delegados eslovacos: 1026 delegados se reunirán en definitiva sobre un total de 1250 elegidos en los meses anteriores. Solo ocho dirigentes "conocidos" están presentes en la fábrica CKD. El resto está conformado por una nueva camada de luchadores y otros más viejos separados del partido en las purgas llevadas adelante entre 1948 y 1949. Es "un acontecimiento capital, sin precedentes en la historia del movimiento comunista internacional: el movimiento de masas retomando el partido de su aparato".[2]
El congreso elige en forma democrática un nuevo Comité Central de 144 miembros. Son eliminados todos los dirigentes afines a los jefes de Moscú. Son reelegidos los dirigentes presos y otros amenazados, que reciben una gran cantidad de votos. Alexander Dubcek, en primer lugar, revelando una atadura política a la cúpula de sector "reformista" de la burocracia y que pesará decisivamente en el próximo período. Una mayoría abrumadora de los integrantes del flamante CC son nuevos miembros, entre quienes resaltan antiguos comunistas, dirigentes locales, algunos de los firmantes del "manifiesto de las 2000 palabras" e incluso algunos acusados de trotskistas en los tiempos de la más feroz represión stalinista.[3]
Durante el congreso los debates son breves, el tiempo escasea y existe la posibilidad real de ser capturados. En una atmósfera acalorada pero silenciosa, se lee la declaración del XIV Congreso del Partido. Se afirma que la ocupación extranjera constituye una violación a la soberanía nacional, que en vísperas de ésta no había en Checoslovaquia "ni una contrarrevolución, ni un peligro para el socialismo" y que el país no aceptaría "una autoridad militar de ocupación, ni un poder colaboracionista apoyado en las fuerzas de los ocupantes".[4] Los delegados respaldan como "autoridades legítimamente designadas a Dubcek, aún preso por los capos de la URSS y al presidente Svoboda, otra de las caras más populares de la burocracia 'reformista' y que había rechazado el encargo de los ocupantes de formar un nuevo gobierno. Finalmente, se resuelve exigir negociaciones inmediatas para el retiro de las tropas rusas y convocar a una huelga general de protesta si no se concreta desde el día siguiente, 23 de agosto. Las resoluciones del congreso se hacen públicas inmediatamente.
El viraje de Moscú
La situación política ha pegado un viraje profundo. La cuestión de echar al movimiento obrero insurgente que reaccionó como un resorte frente a la invasión vuelve al primer plano de la agenda, porque desborda los planteos de la burocracia "reformista" e inviabiliza todo el andamiaje represivo de la invasión. El dato "nuevo" es la clase obrera de carne y hueso que se había puesto a la cabeza de la resistencia popular, quebrando todas las especulaciones previas sobre las alternativas de la invasión: son los mineros y obreros del carbón, en huelga desde el comienzo de la invasión; son los trabajadores del ferrocarril, que frenan los transportes del material proveniente de Alemania y Rusia destinado a los ocupantes. Son las ciudades obreras de Checoeslovaquia, donde estallan los incidentes más violentos contra los invasores.
En sólo unos pocos días, el panorama se modifica radicalmente. Los capitostes de Moscú tienen que abandonar la idea de formar un nuevo gobierno. La consigna de la hora es desconocer el congreso realizado en la clandestinidad y oponerle... las autoridades preexistentes, que los hombres del Kremlin habían buscado destronar. En estas condiciones, el presidente Svoboda, encabezando una delegación de dirigentes del PCCh, se prepara para partir a Moscú. La invasión y el secuestro del gobierno nacional checoslovaco se habían convertido muy rápidamente en un colapso político. La dirección del Kremlin convoca a los dirigentes que había detenido del gobierno de Dubcek y propone su restitución a los cargos a cambio de un doble compromiso: por un lado, la aceptación de la invasión; por otro, el control ruso sobre las decisiones del gobierno (derecho a veto sobre cualquier medida del gobierno checoslovaco). El conjunto de la dirección "renovadora", con la única excepción de un dirigente (Kriegel), capitula y firma un documento secreto que establece la ilegalización del congreso partidario independiente realizado en Praga. Pero esto es sigiloso. La tarea del momento es volcar la autoridad de los populares dirigentes "reformistas" para desarmar con maniobras y volteretas el ascenso revolucionario. Comenzará entonces la "normalización" pactada en Moscú. Se acerca el otoño y Dubcek vuelve para enterrar la "primavera".
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1. Pelikan, Jiri: Le congres clandestin, Editions du Seuil, 1970, págs. 9-10.
2. Broue, Pierre: A primavera dos povos comeca em Praga, Kairós, 1979 (1969), pág. op. cit., 145-146.
3. Sobre el Manifiesto de las 2.000 palabras, ver: "Las 2.000 palabras del verano en Praga", Prensa Obrera Nº 1.047, 24 de julio de 2008.
4. Broue, op. cit., pág 14.






