PO 1051 21/8/2008 1968, un año revolucionario

22 DE AGOSTO

El Congreso Clandestino del PC sesiona en Praga

A pesar de los tanques

La invasión a Checoslovaquia se transforma rápidamente en un fiasco. No habían pasado 48 horas de la invasión cuando se pone en marcha el XIV Congreso del Partido Comunista. Era precisamente lo que los burócratas del Kremlin querían evitar. Los delegados sesionarán ante la impotencia de los ocupantes y bajo la activa protección del movimiento obrero. Todo cambia: los líderes del ala "reformista", presos en Moscú, serán liberados: es el último recurso para quebrar la perspectiva abierta por el fracaso del intento de resolver los problemas "manu militari". Los "reformistas" jugarán su autoridad para disipar el levantamiento revolucionario de la "primavera de Praga"

El llamado a los delegados electos para el XIV Congreso del PCCh para reunirse inmediatamente en Praga había partido del comité local de la ciudad y había sido trasmitido originalmente por la radio capitalina, horas antes que las tropas rusas consiguieran silenciarla. Pero, a partir de entonces, la red de transmisión clandestina, creada en principio para ser utilizada en caso de un hipotético ataque de Occidente, se ocupó con enorme eficacia de movilizar la opinión pública y convertir al congreso clandestino en la emergencia de un movimiento de masas. En todas las radios del país se escuchaba el llamado a la "conferencia de delegados", adelantando el congreso convocado para el 9 de septiembre. Cuando las fuerzas rusas ocupan el Comité de la capital del PC, intentando armar una trampa para detener a los delegados, la red de transmisión radial previene a los delegados para que se dirijan a una fábrica de la capital, donde militantes y milicianos los conducirán al lugar de la reunión. Así, "un simple llamamiento por radio bastó para que se dirigiesen a Praga los delegados del XIV Congreso, unos por tren, otros por carretera, algunos en bicicleta o a pie. Para conservar secreto el lugar de la reunión ante los ocupantes, se indicó a los delegados que debían presentarse en una gran fábrica de Praga, desde donde los obreros les guiarían clandestinamente al lugar convenido".[1] Por radio también se informa que el congreso se realizará en el edificio del Parlamento, pero la información es falsa y sirve para despistar a la policía. La población hace el resto. Cambian los carteles con las direcciones, desactivan las centrales telefónicas, todo para desorientar a los soldados rusos. Y lo logran.

Las decisiones del Congreso

En Vysocany, pueblo en los alrededores de Praga, los delegados electos se reúnen en la fábrica CKD donde son protegidos por los mismos obreros de la fábrica junto a milicias populares. Todo está preparado para sacar a los delegados hacia otro local de reunión en caso que intervenga la policía o las fuerzas armadas rusas. Bajo este impresionante operativo se pone en marcha el XIV Congreso del Partido Comunista Checoslovaco. Comienza a las 11 de la mañana con 930 miembros; luego llegan desde lugares más lejanos los delegados eslovacos: 1026 delegados se reunirán en definitiva sobre un total de 1250 elegidos en los meses anteriores. Solo ocho dirigentes "conocidos" están presentes en la fábrica CKD. El resto está conformado por una nueva camada de luchadores y otros más viejos separados del partido en las purgas llevadas adelante entre 1948 y 1949. Es "un acontecimiento capital, sin precedentes en la historia del movimiento comunista internacional: el movimiento de masas retomando el partido de su aparato".[2]

El congreso elige en forma democrática un nuevo Comité Central de 144 miembros. Son eliminados todos los dirigentes afines a los jefes de Moscú. Son reelegidos los dirigentes presos y otros amenazados, que reciben una gran cantidad de votos. Alexander Dubcek, en primer lugar, revelando una atadura política a la cúpula de sector "reformista" de la burocracia y que pesará decisivamente en el próximo período. Una mayoría abrumadora de los integrantes del flamante CC son nuevos miembros, entre quienes resaltan antiguos comunistas, dirigentes locales, algunos de los firmantes del "manifiesto de las 2000 palabras" e incluso algunos acusados de trotskistas en los tiempos de la más feroz represión stalinista.[3]

Durante el congreso los debates son breves, el tiempo escasea y existe la posibilidad real de ser capturados. En una atmósfera acalorada pero silenciosa, se lee la declaración del XIV Congreso del Partido. Se afirma que la ocupación extranjera constituye una violación a la soberanía nacional, que en vísperas de ésta no había en Checoslovaquia "ni una contrarrevolución, ni un peligro para el socialismo" y que el país no aceptaría "una autoridad militar de ocupación, ni un poder colaboracionista apoyado en las fuerzas de los ocupantes".[4] Los delegados respaldan como "autoridades legítimamente designadas a Dubcek, aún preso por los capos de la URSS y al presidente Svoboda, otra de las caras más populares de la burocracia 'reformista' y que había rechazado el encargo de los ocupantes de formar un nuevo gobierno. Finalmente, se resuelve exigir negociaciones inmediatas para el retiro de las tropas rusas y convocar a una huelga general de protesta si no se concreta desde el día siguiente, 23 de agosto. Las resoluciones del congreso se hacen públicas inmediatamente.

El viraje de Moscú

La situación política ha pegado un viraje profundo. La cuestión de echar al movimiento obrero insurgente que reaccionó como un resorte frente a la invasión vuelve al primer plano de la agenda, porque desborda los planteos de la burocracia "reformista" e inviabiliza todo el andamiaje represivo de la invasión. El dato "nuevo" es la clase obrera de carne y hueso que se había puesto a la cabeza de la resistencia popular, quebrando todas las especulaciones previas sobre las alternativas de la invasión: son los mineros y obreros del carbón, en huelga desde el comienzo de la invasión; son los trabajadores del ferrocarril, que frenan los transportes del material proveniente de Alemania y Rusia destinado a los ocupantes. Son las ciudades obreras de Checoeslovaquia, donde estallan los incidentes más violentos contra los invasores.

En sólo unos pocos días, el panorama se modifica radicalmente. Los capitostes de Moscú tienen que abandonar la idea de formar un nuevo gobierno. La consigna de la hora es desconocer el congreso realizado en la clandestinidad y oponerle... las autoridades preexistentes, que los hombres del Kremlin habían buscado destronar. En estas condiciones, el presidente Svoboda, encabezando una delegación de dirigentes del PCCh, se prepara para partir a Moscú. La invasión y el secuestro del gobierno nacional checoslovaco se habían convertido muy rápidamente en un colapso político. La dirección del Kremlin convoca a los dirigentes que había detenido del gobierno de Dubcek y propone su restitución a los cargos a cambio de un doble compromiso: por un lado, la aceptación de la invasión; por otro, el control ruso sobre las decisiones del gobierno (derecho a veto sobre cualquier medida del gobierno checoslovaco). El conjunto de la dirección "renovadora", con la única excepción de un dirigente (Kriegel), capitula y firma un documento secreto que establece la ilegalización del congreso partidario independiente realizado en Praga. Pero esto es sigiloso. La tarea del momento es volcar la autoridad de los populares dirigentes "reformistas" para desarmar con maniobras y volteretas el ascenso revolucionario. Comenzará entonces la "normalización" pactada en Moscú. Se acerca el otoño y Dubcek vuelve para enterrar la "primavera".

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1. Pelikan, Jiri: Le congres clandestin, Editions du Seuil, 1970, págs. 9-10.

2. Broue, Pierre: A primavera dos povos comeca em Praga, Kairós, 1979 (1969), pág. op. cit., 145-146.

3. Sobre el Manifiesto de las 2.000 palabras, ver: "Las 2.000 palabras del verano en Praga", Prensa Obrera Nº 1.047, 24 de julio de 2008.

4. Broue, op. cit., pág 14.

Equipo Cuarenta Aniversario