PO 1049 7/8/2008 Necrológicas

JOSE MANUEL RIAL Y TRONCOSO

Pepe, el Gallego

JOSE MANUEL RIAL Y TRONCOSO

"La clase obrera necesita líderes de diferentes castas y caracteres. Pero la conciencia segura de sí y de su clase sólo puede cundir cuando en la primera fila se encuentren los propios hombres de la clase, los que han crecido con ella e incorporado a sus personalidades todas las conquistas espirituales y políticas de la clase trabajadora".1

Esto fue, en lo esencial, el gallego Pepe: un hombre de la clase obrera que decidió colocarse "en la primera fila". Es decir, que aplicó el grueso de cuatro largas décadas de su vida a la construcción del Partido Obrero.

El Gallego fue parte integrante de la generación de jóvenes obreros que, en la década del '70, recuperó comisiones internas y sindicatos. Desde su condición de obrero se incorporó a Política Obrera; era parte de la Comisión Interna de la metalúrgica Mereck.

Ya era un nato organizador de la clase, era entrador y acercaba a otros compañeros a debates políticos cruciales que terminaban incorporándolos a la lucha por la construcción de un partido propio de la clase obrera. Por supuesto, Pepe participó activamente de las históricas jornadas de junio y julio del '75, ese ascenso obrero que conquistó los convenios colectivos, aumentos de salarios y que echó a López Rega, artífice de la Triple A.

Ya en la recta final del tercer gobierno de Perón, el Gallego fue parte de la Coordinadora de delegados y comisiones internas combativas de zona Sur.

En la dictadura militó en las Comisiones de Familiares. En los momentos difíciles y de confusión política se puso al hombro la organización del partido y por su empeño personal se fundaron distintas regionales en la zona sur del Gran Buenos Aires, se abrieron trabajos dentro de luchas obreras y populares que casi siempre culminaron con la incorporación de los mejores cuadros a esta maravillosa tarea de construir un partido de la clase trabajadora.

Lo recordamos en una mañana que salió, esposado, de los tribunales de Quilmes. Un camión celular lo devolvía a la prisión. En la puerta, en los segundos que duró su salida, lo alentamos: "Vamos, Gallego". 

 Lo habían detenido en Bosques, en una de las primeras represiones de "los '90" contra el movimiento de desocupados. En la cuna de los piqueteros bonaerenses, Pepe fue uno de los primeros piqueteros. Como tantos otros, se había forjado en la escuela de la organización obrera, en la fábrica y en el barrio. Ya en 1974, Pepe conquistó un lugar en la comisión interna de Mereck. Allí, ganó al Partido a varios de sus principales activistas obreros de la zona sur. Años después del Rodrigazo, de López Rega y de la dictadura, la lucha lo encuentra organizando la comisión de derechos humanos de Almirante Brown. Fue sólo un punto de partida: desde ese momento, Pepe se pone "el Partido al hombro", y es su organizador en un territorio tan vasto como el que va de Lomas de Zamora hasta Florencio Varela.

Ninguna batalla política de la zona prescindió de su compromiso directo, físico, de su coraje. Si la represión avanzaba sobre una marcha, el Gallego permanecía firme, aferrado a las banderas y pancartas que nunca debían caer en las manos del enemigo. Quien quiera ver el video que documenta la lucha de Sasetru contra su desalojo, podrá ver a Pepe arengando a los compañeros, defendiendo la posición conquistada, convocando a resistir.

El Gallego no le escatimó el cuerpo a ninguna batalla, cualquiera fuera su dimensión. Con la misma determinación que en los piquetes, afrontaba los homéricos partidos de fútbol que, en los picnics de la Zona Sur, enfrentaban a "Varela" con "Lanús". Obviando sus dos atados diarios, Pepe fatigaba la pelota hasta vencer. Y, luego, burlarse hasta el cansancio de los compañeros contrincantes. La decisión de entregar la vida estaba presente en cada gesto personal.

En esa mañana que salió esposado de los tribunales de Quilmes, apenas pudimos verlo unos segundos. En la tarde de este lunes 4, cuando lo despedimos en el cementerio de Varela, sus vecinos saludaron su cortejo con igual respeto. "Vamos, Gallego". Algunos, se sumaron.

En la despedida final, le dijimos a sus hijos que recibían un tesoro gigantesco: el orgullo de evocar, en su padre, a un hombre de la clase obrera, a un luchador de toda la vida. Para nosotros, sus compañeros, no se fue cualquiera: se fue un militante del Partido Obrero, un hombre de la Cuarta Internacional.

¡Vamos, Gallego!

1. Trotsky, En homenaje al obrero austríaco Franz Schumeier, febrero de 1913.

M.R., P.H. y L.M.