PO 1022 20/12/2007 Internacionales

ESTADOS UNIDOS

La crisis en el Ejército

“¿Están nuestras fuerzas terrestres en bancarrota? Claro que no ¿Pueden llegar a estarlo? Sí, pueden”, dijo el almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor conjunto de las fuerzas armadas de los Estados Unidos ¿A qué obedece semejante “catastrofismo”?

En principio, al “inmenso efecto negativo que ha tenido sobre la capacidad militar norteamericana el tener que librar simultáneamente dos guerras para las que no se había preparado, y que llevan camino de durar más de lo que duró la II Guerra Mundial” (El País, 9/12).

Así las cosas, el Centro para la Nueva Seguridad Americana (CNAS, su sigla en inglés) dice en un informe que “el Ejército no cuenta con una reserva estratégica para defender los intereses de Estados Unidos en caso de nuevas contingencias militares” (ídem).

Ese informe señala que el esfuerzo bélico en Irak y Afganistán obliga a los soldados a pasar demasiado tiempo fuera de su país, con el consiguiente deterioro de su entrenamiento y de su vida familiar. La desmoralización creciente de las tropas se manifiesta, entre otras muchas cosas, en el aumento del número de divorcios y de casos de violencia doméstica en las familias militares.

El desgaste también se observa en los equipos, al punto que, mientras dure la guerra iraquí y por lo menos hasta tres años después de que termine, el Ejército necesitará 12 mil millones de dólares anuales sólo para reponer equipamientos y recuperar su capacidad operacional.

Además, el Ejército sufre un creciente déficit de oficiales: el 54 por ciento de los graduados en West Point en el año 2000 ya se ha dado de baja.

De ahí que el secretario de Defensa norteamericano, Robert Gates, haya dicho: “Sería una calamidad estratégica atacar a Irán en estos momentos” (ídem).

A.G.